El crecimiento y la ortodoxia económica

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Después de este semestre tan convulso, con la amenaza de impago de las deudas soberanas de algunos países del sur de Europa -entre ellos España-, reformas fiscales y laborales de extrema dureza, manifestaciones y huelgas con mayor o menor éxito, nuevos desplomes de las bolsas internacionales, una fuerte devaluación del euro y alguna que otra cosa más, aparecen nuevas incertidumbres, algunas tan incipientes que apenas nos damos cuenta, como el constante crecimiento en milésimas del euribor, que anticipa el incremento de los tipos de interés nominales, en un futuro no muy lejano.
Hay que tener en cuenta, que la crisis actual se desencadena cuando durante 2008, hay un intento de retomar el aumento de los tipos de interés oficiales, sin considerar que la importante deuda asumida por familias y empresas, podría ser simple y llanamente inasumible.
Ahora, este nuevo intento, tras la intervención esperada de los estados y bancos centrales, inyectando liquidez al sistema, o sea poniendo en marcha la máquina de los billetes, parece ser definitivo. Este repunte de los tipos puede ser la señal del fin de la crisis y el comienzo de un nuevo ciclo con nuevos fundamentos.
Entre 1996 y 2007, se pusieron en evidencia una serie de dogmas económicos, que nos habían acompañado hasta entonces. Durante esa década, convivieron bajos tipos de interés con baja inflación y tasas notables de crecimiento del empleo. Algo poco académico e inédito hasta entonces.
Hoy en día, algunas de las medidas que se han tomado y se están tomando, pueden perjudicar el crecimiento.
¡Ya estamos otra vez acojonados! ¿Si no hay crecimiento, como vamos a salir de esta?
El mensaje se las trae. Los voceros  ya se encargan de airearlo a los cuatro vientos: el crecimiento está en peligro.
Y yo entonces me pregunto ¿es necesario el crecimiento para tener una economía eficiente y sostenible? ¿No tiene límites el crecimiento en economías muy desarrolladas? ¿Es infinita la capacidad de crecer?
Lo que se trata ahora es de que nos conformemos con los nuevos tiempos: tasa de paro alta, salarios congelados y a la baja, más impuestos y en definitiva a pagar entre todos el despilfarro económico que se ha producido en beneficio de los mercados, “esos señores con mucho poder”, según los definía hace poco el presidente de un gran banco español e internacional. ¿Tremendo, no?
¡Feliz Verano! (si nos dejan)
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