Fuera llovía. Eso estaba bien. Le ayudaba a David a concentrarse en su trabajo. Miró por última vez las gotas golpear contra las ventanas de su despacho, antes de volver a sumergirse en su trabajo. Y dicho y hecho, se enfrasco en la lectura de la documentación que tenía delante suyo, mientras tomaba notas rápidamente sobre un folio en blanco.
David era un abogado especializado en temas inmobiliarios. Tenía la inmensa fortuna de trabajar en un sector que le apasionaba, lo que evidentemente se transmitía al exterior. Con el tiempo se había forjado una interesante cartera de clientes. Y entre ellos estaban los Martínez, un grupo familiar que acostumbraba a realizar operaciones de inversión inmobiliaria. Y en una de ellas estaba trabajando justo ahora.
Realmente era una operación muy muy muy menor, para las que estaban acostumbrados a realizar. Ni por importe, ni por complejidad, ni por ninguna variable que se le ocurriese descollaba. No estábamos ante la compra de una unidad de ejecución, no se trataba de impulsar un cambio de uso de un inmueble de industrial-comercial a residencial. No, nada de eso. Simplemente se trataba de la compra de un Chalet inserto en una gran finca en medio del campo, en una pequeña localidad. Los Martínez habían olisqueado una compra interesante. Un matrimonio se había separado recientemente y habían puesto en venta el inmueble. El precio, dada la situación, parecía muy interesante.
David había repasado posibles contingencias, asegurándose de su no concurencia (retractos legales de colindantes, expedientes urbanísticos en curso, etc...). Todo parecía en orden. Básicamente solo le faltaba cotejar la información registral y comprobar que el matrimonio tenia plena disposición sobre la finca, así como comprobar las posibles cargas, afecciones y demás información sobre la finca. Para mayor certeza y seguridad, para su estudio iba a utilizar por una lado la Nota Simple que había solicitado al Registro de la Propiedad su Notaría de confianza, donde iba a firmar la operación, y que se iba a utilizar como fax de cargas por el Notario. Y por otro un Certificado Registral (lo que implicaba una responsabilidad personal del Registrador sobre la información allí contenida).Una vez se hubiese asegurado de tenerlo todo controlado, se encargaría de hablar con los vendedores para que le indicasen como se iba a repartir el dinero entre ellos y de que manera querían cobrarlo.
Mientras escuchaba el sonido del fax descargando el fax de cargas que le remitía la Notaria, se dedico a releer una vez más la copia de la escritura pública de los vendedores. Sin ninguna incidencia digna de reseña. Se levantó, recogió el fax y verificó los datos registrales de la Nota simple recibida con la Escritura Pública y con el Certificado que había recibido el día antes. Efectivamente, era la finca 5500 del Registro de VC. Y si, coincidía la descripción de la escritura con la de Nota Simple. Allí estaban los vendedores como propietarios del 100% de la finca y con plena capacidad para disponer, y no había una sola carga, ni una sola afección, ni nada de nada. Limpia como la patena. La firma sería cantar y coser.
Y si era así, ¿por qué tenía la sensación de que se le escapaba algo? En algún lugar de su cerebro, una alarma se había encendido, pero no era capaz de saber la causa. Su instinto animal le ponía en sobreaviso. Cerró los ojos, y comenzó a recordar....
Ahí estaba. Descolgó el teléfono y llamó al agente inmobiliario que llevaba a los vendedores. Le enredó en una charla intrascendente, confirmándole la hora a la que quedarían al día siguiente en la Notaría, y asegurándole que le volvería a llamar para concretar el resto de extremos. Y ya de paso aprovecho para constatar que aquel era el único inmueble del que eran propietarios. Y entonces David profundizó con su globo sonda....
Bueno, ya me dirás como hacemos lo de la hipoteca del Banco C...
Y el API le dijo que sin problemas, que ya conocia la cantidad (180.000 euros), y que una hora antes de la firma se haría con el certificado del banco y lo aportaría a la firma.
Efectivamente, la memoria de David no le había jugado una mala pasada. Recordó perfectamente el comentario de su jefes, y es que los vendedores no podía hacerse cargo individualmente del pago del préstamo. Esa afirmación había surgido muy al principio, hacia casi medio año. Y justo ahora había vuelto a su mente.
Pero...¿dónde estaba el préstamo hipotecario? Repaso el certificado, repaso el fax de cargas. Y por supuesto la escritura. Todo concordaba. Ni rastro de ninguna hipoteca. ¿Y si el préstamo estaba a nombre de ellos pero no se encontraba hipoteca esa finca? No, tal y como le dijo el API no tenían ningún inmueble más, y además el propio Banco C. les había dado un certificado para cancelar el Préstamo Hipotecario a propósito de la venta del chalet.
¿Por qué no se reflejaba la Hipoteca, cuando era evidente que estaba ahí?