Pues sigo sin estar de acuerdo contigo en cuanto a la solución, Fernan2, estoy más en la línea de Lilian.
Lo de liberalizar el suelo y que cada uno construya donde quiera es algo inviable. Ten en cuenta que no se trata sólo de construir un chalet, o diez o cien. Se trata de solucionar el problema de vivienda de los jóvenes, de quienes se divorcian, de quienes se trasladan de ciudad, de quienes van teniendo más hijos...
Eso no se soluciona con unas cuantas casitas, hay que construir muchas viviendas, y muchas viviendas se hacen en bloques de pisos. ¿Vas a ponerlos en mitad del campo? ¡Anda que no tendría impacto paisajístico!
Pero sigo, no se trata sólo de la edificación, unifamiliar o en bloque. A esa vivienda hay que llegar, hay que ponerle un vial; y ya no vale el camino de tierra que podía existir de tiempo atrás, los nuevos habitantes lo querrán asfaltado; y habrá que llevarles el agua, la luz, el teléfono, internet, el alcantarillado... Y hay que poner también transporte público, que no todo el mundo tiene coche, porque no se lo puede pagar, porque no tiene edad o condiciones físicas, porque le han quitado todos los puntos o por convicción ecologista. Y el transporte público sería imposible de organizar con una población muy dispersa.
En esas condiciones, ¿qué queda del paisaje? ¿Y de la naturaleza? ¿Por dónde correrás ríos, manantiales, las escorrentías? Y ¡qué puzzle de líneas eléctricas, telefónicas, con sus campos electromagnéticos!
Hay una disciplina que se llama ordenamiento del territorio, que trata de diseñar el espacio físico distribuyéndolo de la forma más racional posible (o a eso debería irse).
Y lo más racional, lo más sostenible, lo más económico, es que las viviendas se concentren en las ciudades; en hacer ciudades compactas (lo que no quiere decir que cada parcela deba estar edificada, también tiene que haber parques y otras cosas). En el campo sólo deberían vivir quienes trabajan en él.
La ciudad compacta permite una economía de medios que es esencial en un mundo superpoblado, con recursos escasos (incluido el suelo, el aire limpio...) Permite que se vaya a los sitios andando o en transporte público o en bicicleta, sin tener que depender a todas horas del coche particular (menos atascos, más seguridad vial, menos contaminación, menos estrés, más ejercicio físico, más salud, más independencia para niños, mayores, menos dependencia energética del exterior...
Pero, entonces, ¿cuál es la solución al problema de la vivienda?
Ya apunté antes una solución: los nuevos desarrollos urbanísticos tienen que estar dirigidos por los poderes públicos por medio de los planes urbanos, y dirigidos fundamentalmente a vivienda protegida destinada al alquiler.
Más propuestas: sacar al mercado las viviendas vacías. Para eso hay que convencer a quienes las tienen para que las pongan en alquiler. Será fundamental que la agencia pública de alquileres funcione mejor, con más medios y competencias; cambiar la legislación sobre arrendamientos: hay que proteger al propietario frente a inquilinos desaprensivos y morosos (eso ya lo hace la agencia pública de alquileres, pero todavía hay que mejorar); hay que poner en funcionamiento los juicios rápidos sobre desahucio (está previsto legalmente, pero no se han dotado de medios a los Juzgados y no se ha desarrollado el sistema). Y quizás haya que mejorar la tributación de las rentas.
Y, junto a la zanahoria, el palo: habrá que gravar a quien tenga viviendas vacías en las ciudades durante largos períodos de tiempo. Se dirá que esto atenta contra el derecho de propiedad, pero no es cierto. La propiedad tiene una función social (esto no se lo inventó ningún revolucionario moderno, está en el Código Civil del siglo XIX y en la Constitución de 1978). Y es algo antisocial tener viviendas cerradas sin justificación cuando hay carestía. Es un lujo que no se puede permitir la sociedad ni el planeta.
Otra medida es que hay que renovar los cascos urbanos, sea en ciudades o pueblos: no se puede admitir que mientras haya escasez de vivienda y se proyecte la ciudad hacia fuera, comiéndose la naturaleza, haya edificios ruinosos en el centro, haya parcelas con aprovechamiento urbanístico inferior al establecido en el plan urbano. Para esto también habrá que combinar medidas de fomento (subvenciones, desgravaciones) con gravámenes para quien no cumpla, con posibilidad de llegar a la expropiación por razones de utilidad pública urbanística en los casos más graves.
Y una medida importantísima: alguien debería explicarle a la ministra de vivienda que la han nombrado y puesto un sueldo para que haga algo.
Bueno, lo siento, ¡vaya rollo he soltado! Resumido todo un programa político en materia de vivienda.
Un saludo,
Consumerista.