Tristán el subasteroInformación y opiniones sobre el mundo de las Subastas Judiciales desde la mirada de un subastero.
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Agente doble en las subastas
10 de Febrero de 2010
Por eso me sorprendí tanto ayer cuando me contó que había leído el último post, "Bichos ¿víctimas o verdugos?" -en el que dejé claro que no tenía intención de prestar ayuda a ningún ocupante en contra del legítimo adjudicatario de su vivienda- y me dijo que o yo era un hipócrita santurrón o tenía muy mala memoria y me recordó un mal asunto en el que estuve metido a finales de los noventa. Así que mientras me pienso si divorciarme o no por el insulto recibido, voy a refrescar mi memoria con el relato de los hechos: Resulta que yo no he sido siempre un subastero de baratillo que cobra por sus honorarios un pobre 6%. Esta es una situación excepcional obra de la crisis. Hasta hace muy poco mis honorarios oficiales consistían en una lustrosa comisión del 10% que aunque a muchos les parecía exagerada, la pagaban sin rechistar porque era mucho más lo que ellos ahorraban. No soy el subastero más listo, ni el que más sabe, ni el que tiene más dinero, ni más pisos, ni muchísimo menos. Pero sí soy el segundo subastero más honesto de España y digo el segundo porque quedaría feo que dijera directamente que soy el más honesto. La honestidad asegurada tiene un precio. Y yo lo cobraba sin excepción. Pero hubo un cliente que fue más listo que yo y en una subasta en la que no había cesión de remate, por lo que habíamos comprado directamente a su nombre, al salir de la subasta me dijo que mis honorarios eran excesivos y que o los negociábamos o no iba a ver un duro. Generalmente tardo meses en encontrar el piso adecuado a cada cliente, a veces muchos meses, pero en esta ocasión le llamé solo unos días después de habernos conocido porque dio la casualidad de que había una subasta que encajaba perfectamente con sus deseos. Por eso debió de parecerle que no había sudado suficientemente la camiseta. ¡Maldito! Si hay algo que no soporto es que me vacilen. En una breve discusión en la que dejó claro que tenía la sartén por el mango, le dije que yo soy como las putas de lujo, que regalan el polvo a quien quieren pero que nunca regatean su precio. Que me pagara o no, pero que no le iba a descontar ni un duro. Entonces me salió el colmillo retorcido que guardo para las grandes ocasiones y desde los juzgados me fui, abrasado en justa cólera, a ver al demandado, proponiéndole pagar los honorarios de mi abogado y del procurador para retrasar en todo lo posible que el adjudicatario obtuviese la posesión. Con un poco de suerte podíamos intentar incluso suspender la subasta. El abogado consiguió algo bastante difícil, que se admitiese a trámite su recurso y, lo que aún es más difícil, que dicho recurso paralizase todas las actuaciones del juzgado que había subastado. En aquellos años eso significaba la friolera de un par de años en la Audiencia Provincial y fue un verdadero jarro de agua fría para el cliente gorrón, quien volvió a contactar conmigo a los dos o tres meses, cuando conoció la maniobra. Tras una sabrosa discusión de la que saboreé cada minuto, con mi mejor cara de angelito le dije que hablaría con mi abogado en cuanto me pagara mi 10% más los honorarios del propio abogado. Qué lástima que unos días después de haber cobrado tuviera que decirle que mi abogado se había puesto estupendo negándose a cambiar de bando alegando que su honestidad y el Colegio de Abogados no se lo permitían. Al fin y al cabo no todos tenían tan pocos escrúpulos como él mismo. Vaya, al final ha resultado que mi mujer tenía razón y que al menos en una ocasión jugué con el equipo contrario. Lo del divorcio tendrá que esperar. Artículos relacionados con "Agente doble en las subastas"
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