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La empresa desmaterializada
13 de Febrero de 2008
La entrada de Gurús hace unos días a propósito de las nuevas fórmulas de distribución comercial me recordó que tenía pendiente escribir algo sobre el tema. Aunque realmente es algo extensible a todas las empresas, a como ha cambiado la visión de lo que es o debe ser una empresa desde hace poco, muy poco tiempo.
Tradicionalmente habia una concepción patrimonialista de las empresas. Las mejores empresas eran las grandes corporaciones, con megabalances que arrojaban cifras mareantes de activos y pasivos. Se buscaba la integración vertical del negocio y la propiedad de los activos o la la vinculación más fuerte que se pudiera establecer con ellas. Las empresas eran propietarias de sus instalaciones, fabricaban sus productores con trabajadores que estaban en su nómina. Y digo fabricaban porque las empresas intentaban producir la mayor parte de las piezas o componentes de sus productos. Y a la hora de la venta, muchas tenían su propia red de distribución, con su propia plantilla, etc...Este era el prototipo de lo que nuestros padres entendían como empresa (vamos, un edificio con mucha gente y una chimenea que echa humo). Sin embargo, a finales del siglo pasado el asunto fue tornando. Creo que en parte por la influencia japonesa, o mejor dicho por la presión comercial japonesa. Esa cultura de stocks 0 amenazaba a Occidente, y de que manera. Pero por otro lado, creo que en Occidente se empezó a imponer una concepción financiera muy norteamericana. Frente a la concepción europea, que pone su énfasis en los activos, con especial detalle en el inmovilizado, en el norteamericano parece que se pone más fuerza en la liquidez. Si observamos un balance europeo las partidas están ordenadas de mneos a más liquidas. En EEUU es justo al revés, la tesorería /deudas a corto son las que encabezan ambas partidas del balance. Si a esto le unimos una concepción sumamente financiera de la contabilidad, y una defensa del small is beatiful, la conclusión es que cuanto más pequeño sea un balance, mejor. Más fácil de gestionar, aparentemente. El dinero debe estar en permanente movimiento, generando rentabilidad, en el mercado. La misión de la Gerencia y del Director Financiero es incrementar las rotaciones de ese dinero. Es mejor el que más vende, el que más mueve, con menos activos, con menos deudas. Adios a los ociosos activos inmobiliarios, adios a los grandes saldos en liquidez. Hola a la presión sobre los deudores para reducir los plazos de cobro, hola los recortes en los plazos de pago a los clientes (esto es fácil decirlo en EEUU, aquí en España vete a contárselo a El Corte Inglés). Este es el caldo de cultivo, que junto con otros factores, ha forzado a un cambio de concepción de las empresas. Del modelo antes citado se ha pasado a otro muy distinto. Empresas donde el inmovilizado no es suyo (alquileres, leasing, renting). Empresas donde la mayoría de sus plantillas son empleados de ETT o de subcontratas de terceros, que realizan gran parte de la producción, dentro o fuera de las instalaciones de la empresa cliente. Empresas donde se han externalizado departamentos como el de Administración/BackOffice. Empresas que basan su expansión comercial en las redes de franquicia en vez de la expansión propia. Empresas que colaboran puntualmente para proyectos concretos separándose inmediatamente después. Y etc y etc. Si nos fijamos una empresa con un balance mínimo, con una plantilla mínima, puede mover cifras ingentes. Aunque realmente hay quien puede señalar que, en cierta medida, el resto de colaboradores, socios, partners, también son realmente parte de la empresa. Los limites se vuelven difusos, pero habría un núcleo duro y unas estructuras flexibles que dependen de él. Ese núcleo duro que compone la empresa viene a ser el alama de la empresa, aquello que no se debe ni se puede subcontratar. Si nos ponemos filosóficos, las empresas ya no es que se hayan deslocalizado. Las empresas se están desmaterializando poco a poco. En un símil con el mundo de la cocina, estamos ante un caso de deconstrucción empresarial. Las empresas se reducen a su mínima expresión, entendiendo por ta el reducirse a la esencia de lo que es una empresa, que son LAS IDEAS. Todo lo demás se puede contratar en el mercado, pero las ideas entendidas como la base de los productos/servicios y de los sistemas de gestión, constituyen el alma de la empresa. Adelanto que esto tiene sus puntos positivos y sus puntos negativos, pero prefiero tratarlas en el siguiente post en el que explicare como se traslada esta concepción al mundo financiero.
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