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El futuro del déficit público
30 de Diciembre de 2009
Algunos medios de comunicación han hecho eco esta semana de que el déficit presupuestario español alcanzaba el 6,79% del PIB en los 11 primeros meses del año. He estado mirando los datos proporcionados por el Ministerio de Economía, para tener una idea clara sobre la naturaleza de ese déficit, y que posibilidades hay de mantenerlo controlado sin que la economía se resienta. Para poder comparar el año 2009 con los anteriores de forma homogénea, he calculado unas previsiones aproximadas para el mes de diciembre, cuyos datos no se publicarán hasta dentro de unas semanas. En el siguiente gráfico se ve la evolución de los ingresos y pagos de la Administración Central, y el déficit de cada año, desde 2003: ![]() Mientras en 2007 la Administración Central ingresó casi 160.000 millones, en 2009 apenas llegará a los 105.000, es decir, los ingresos han caído un 35%. Por su parte, los pagos, que en 2007 ascendieron a casi 140.000 millones, este año se dispararán hasta los 180.000, es decir un 28,5% más que hace dos años. Entre 2003 y 2007 se acumuló un superávit de caja de 34.000 millones. Entre 2008 y 2009 se acumula un déficit de casi 95.000 millones, es decir, en dos años malos (y eso que el 2008 apenas fue el comienzo) se ha gastado casi el triple de lo que ahorramos en cinco años de boom económico. Viendo estos datos, lo más probable es que tengamos que cargar durante mucho tiempo con el exceso de deuda que se emita para financiar este déficit. Vamos a desglosar ingresos y pagos, para ver que componentes de cada uno de los grupos están provocando este déficit. En éste gráfico vemos el porcentaje de ingreso que supone cada tipo de impuesto para las arcas públicas (con datos de 2009). Podemos apreciar como, desde 2007:Los ingresos por IRPF han caído un 12%. Los ingresos por IVA han caído un 38%. Los ingresos por el Impuesto de Sociedades han caído casi un 53%. ¿Y cómo están los pagos? Vemos lo siguiente: Conclusiones: La recaudación por el resto de impuestos (alcohol, tabaco, hidrocarburos, seguros, tasas, etc.) apenas ha bajado, y la mayoría siguen subiendo al ritmo que lo venían haciendo, a pesar de la crisis. En cuanto al futuro de los ingresos, el año que viene suben el tipo del IVA. Pero no hay que hacer muchas cuentas para comprobar que, si no aumenta el consumo, una subida de 3 puntos no logrará compensar las caídas que se han producido en estos dos años. En el IRPF, la principal reforma que se hará es el aumento del tipo impositivo sobre el ahorro. ¿Compensará este aumento la bajada sufrida en la recaudación de este impuesto? Parece más que complicado. Con los tipos de interés bajos, los depósitos y la renta fija no producirán muchos rendimientos por los que tributar, y las perspectivas inciertas que planean sobre la renta variable no parecen indicar que los mercados vayan a obtener grandes revalorizaciones en los próximos ejercicios, así que el incremento de recaudación con esa subida será pequeño, al menos en lós próximos dos o tres años. Si se sigue reduciendo el empleo, las nuevas caídas en la recaudación serán mayores que el incremento producido por las subidas en el tipo del ahorro. El impuesto de sociedades no parece que vaya a mejorar su recaudación. En una economía con sobrecapacidad, lo lógico es que los beneficios empresariales no suban demasiado en los próximos años. Es más probable que bajen, con lo que la recaudación también lo haría. Sobre los gastos: Los gastos no sólo no han disminuido sino que siguen aumentando a un ritmo cada vez mayor. De momento no hay anuncios de que se vayan a recortar prestaciones a los parados y, a medida que más gente vaya agotando sus prestaciones, el gobierno tendrá que elegir entre dejar a un sector de la población desprotegido o prolongar las ayudas a los desempleados que no tengan ingresos. El actual gobierno del PSOE parece que se inclinará por la segunda opción, así que no parece probable que los gastos públicos vayan a disminuir de momento. El resto de los gastos no parecen que vayan a recortarse (que político se atrevería a despedir funcionarios o reducir las prestaciones sociales). En definitiva... El gasto público esá concebido a medida de los ingresos de 2007, añó en que la economía estaba seriamente recalentada. Aunque la crisis terminase pronto, es complicado que la economía vuelva a producir a los niveles de hace dos años, al menos mientras no aparezca un nuevo sector que compense la caída en la construcción y todos sus sectores auxiliares. Si los ingresos han caído, los gastos han aumentado, y ninguna de las dos cosas va a corregirse de momento, parece que la única solución será seguir emitiendo deuda. Eso nos salva durante unos años, porque el nivel de endeudamiento público de España es bastante más bajo que el de otros países. Por ejemplo, según los datos del Banco de España, a finales de 2008, el porcentaje de deuda pública sobre el PIB español era del 40%, mientras que el de Francia era del 67%, el de Grecia del 99% y el de Italia del 106%. Si nos endeudásemos al 7% del PIB cada año, tendríamos 4 años para llegar al nivel actual de Francia, 8 años hasta llegar a Grecia y 9 para llegar al nivel de Italia. Eso suponiendo que ellos no se endeudasen más, pero lo están haciendo, así que, a pesar de que nuestra economía lo va a pasar peor que otras, el bajo endeudamiento público con el que partimos puede servirnos de colchón durante una buena temporada. Sin embargo, las presiones de Europa para mantener controlado el déficit obligarán al gobierno a ir equilibrando esta situación. Es más que posible que veamos más subidas de impuestos (aunque imagino serán progresivas y no muy fuertes, para no ahogar demasiado a la economía), recortes en el gasto público (especialmente en partidas que no provoquen impopularidad al gobierno) y nuevas emisiones de deuda. Será el gobierno el que vaya jugando con estas tres variables para ir procurando equilibrar las cuentas sin desequilibrar más la economía. La evolución de los datos económicos, la presión de los diferentes lobbies y las presiones de la UE serán lo que irá determinado su postura. Aunque no parece que las finanzas públicas vayan a hundirse en los próximos años, hay dos cuestiones que resultan de lo más inquietantes: -¿Como se reducirá la deuda que se va a acumular en esta crisis? Salvo que venga una termporada de inflación alta, mirando los datos de los países más endeudados, vemos que casi ninguno ha sido capaz de reducir su deuda en los buenos años que pasaron, ¿cómo van a ser capaces de reducirla en los malos? -¿Qué pasará si los tipos de interés suben? No parece probable a corto plazo, pero, tal y como está de endeudado el sector privado y con lo que se va a endeudar el sector público, nuestra economía es más vulnerable que nunca. Una subida de tipos (especialmente si suben los tipos reales) podría provocar una auténtica devastación económica, porque provocaría, de forma simultánea, que los estados más endeudados se vieran obligados a recortar gastos de cualqueir sitio y que el sector privado se viera envuelto en una nueva ola de impagos. Da miedo que nuestros políticos estén haciendo malabares para lograr equilibrios imposibles. Tal vez pasemos a la historia como una generación estúpida que, a pesar de saber que su sistema era insostenible a largo plazo, en vez de corregir los puntos débiles, siguió tensando la cuerda hasta que consiguió romperla.
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