Blog de Consumerista
Reflexiones sobre consumo, responsabilidad civil, sanidad, medioambiente y ciudadanía.

Decrecimiento, productividad, sostenibilidad, calidad de vida (2ª parte)

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Publicado por Consumerista el 31 de enero de 2008
Una economía política antisistema.

Si tomamos la definición de la Economía como la disciplina que pretende la mejor asignación de recursos escasos , la pretendida ortodoxia de los economistas al uso queda más que comprometida. Un sistema económico que busca producir más y más, crecer sin freno, incluso aunque en ese proceso se agoten las materias primas (incluyendo el agua, los bosques, el aire limpio...) es algo contrario a toda racionalidad económica. Cuando a los ecologistas nos llaman antisistema, yo siempre replico que es al contrario, que nosotros los ecologistas somos los defensores del sistema, que antisistema son quienes defienden el modelo productivo actual: sencillamente, este modelo no podrá subsistir cuando se agote el petróleo, el gas natural, el uranio, el agua y el aire limpios y tantas otras materias primas.

Sostenibilidad y perversión de la «responsabilidad ambiental».

Precisamente el concepto de sostenibilidad hace referencia a que el sistema económico y social sea perdurable, que pueda mantenerse en el tiempo sin riesgo de un fin más o menos abrupto, catastrófico, por el agotamiento de las materias primas y del suelo que necesita (una economía basada en la construcción y el uso masivo de energía, como la española, necesita siempre más suelo para construir más edificios, autopistas y vías para el AVE, más centrales eléctricas, más canteras y minas). Por eso, cuando políticos y ejecutivos hablan de la sostenibilidad de sus proyectos y alardean de su compromiso medioambiental, hacen un ejercicio de hipocresía indignante. Lo único que pretenden es la "sostenibilidad" de sus cargos y de sus ingresos millonarios, pero están destruyendo toda posibilidad de seguir creando riqueza de aquí a pocos años.

Y obsérvese que la perversión de este modelo llega incluso a la agricultura y ganadería, donde se habla de una revolución verde que se pretende que permite producir más alimentos que permitirían luchar contra el hambre en el mundo, pero que lo que hace en realidad es arruinar campesinos, hacerles dependientes de las grandes corporaciones del sector perdiendo toda autonomía y, de paso, perder una enorme riqueza en biodiversidad y en sabiduría popular, talar selvas y contaminar acuíferos (sobre la falacia de que las hambrunas africanas se derivan de la insuficiente producción de alimentos en el mundo, recomiendo la lectura de Rendición o hambre, de Robert Kaplan, reportaje sobre las hambrunas en Etiopía, Eritrea, Sudán y Somalia de los años 1970 y 80, que acaba con muchos mitos y pone en su sitio tanto a los gobiernos occidentales como a los del antiguo bloque comunista). Lean, por ejemplo, a Vandana Shiva (aquí están colgados muchos artículos suyos, en inglés) o, cuando menos, este breve pero expresivo artículo del Director de Veterinarios sin Fronteras (por cierto, que en esta web también hay abundante información sobre este problema).

Frente a tanta hipocresía, se propone otro modelo económico basado en la búsqueda de la sostenibilidad real, es decir, de un sistema que no agote recursos que no son renovables. Y aquí llegamos por fin a la propuesta de DECRECIMIENTO.

Decrecimiento­­ =!= recesión

Que nadie se asuste, el decrecimiento no consiste en una recesión económica buscada de propósito. Ni en cerrar empresas indiscriminadamente y mandar a la gente al paro. No se trata de crear pobreza, sino todo lo contrario. Se trata de buscar que TODOS puedan salir de la pobreza, de que TODOS puedan disfrutar de las ventajas de nuestra civilización (y ese TODOS incluye a africanos, latinos, asiáticos, enfermos, ancianos, viudas, madres solteras, campesinos, empleados de maquiladoras...; y también a las generaciones venideras).

Se trata de cambiar conciencias y modos de vida para ser más conscientes de nosotros mismos, para no dejarnos llevar por el marketing y otras influencias interesadas en que gastemos más -lo que nos obliga a trabajar más- y actuar en busca de la felicidad.

Éxito social

Vivimos en una sociedad de consumo en que el principal objetivo en la vida de cada individuo es alcanzar el éxito social. Éxito que se manifiesta en la posesión de cosas, de bienes materiales, que además han de ser de lujo. Debemos tener el mejor coche (perdón, no en singular, hay que tener al menos uno por cada miembro de la familia), de la marca A, las prendas de vestir han de ser de la marca T, las deportivas N; hay que comprar una segunda vivienda para el mes de vacaciones, los últimos productos tecnológicos... La compra de cada uno de esos productos nos produce una satisfacción casi orgásmica... y casi de la misma duración: no ha transcurrido un mes desde la compra del último modelo de telefóno, y ya ha salido otro; el vecino de enfrente se ha comprado un coche B más potente que el mío y el compañero de trabajo un chalet en la costa con más jardín. ¡Qué frustración! Hay que trabajar más y más para ascender escalones sociales y para poder pagar las mensualidades de la hipoteca, del préstamo del coche, de la tarjeta de crédito, de la tarjeta de compra de E.

Pero esa carrera alocada hacia el éxito y la ostentación tiene como contrapartida el fracaso escolar y la rebeldía cuasidelictiva de los hijos, que crecen sin contacto con los padres, siempre trabajando (los dos). Y luego tener que acudir al abogado a que te defienda de las demandas de las financieras a las que no has podido pagar los recibos que se van sumando mes a mes (sí, esa señora tan digna, siempre con su abrigo de pieles y el collar de perlas incluso para ir al supermercado).

Consumismo, entre el aburrimiento y la ambición.

No hay tiempo para desarrollar aficiones, inquietudes culturales o sociales... Llega el fin de semana y no sabemos que hacer con el tiempo libre. Una comilona y a pasear al centro comercial, a ver las novedades de moda y tecnología y la última película producida en H.

La ambición es una virtud cardinal. Valoramos a los demás por su ambición para superarse en la sociedad. Recuerdo que ya en 1988 viajando por Estados Unidos, visité a un amigo en Houston. Era un judío sudafricano cuya familia se había trasladado a Texas cuando las cosas empezaron a ponerse feas para los blancos, al que había conocido el año anterior trabajando en un kibbutz. Tras llevarme a dar una vuelta en coche por Houston (éste es el barrio de las casas de un millón de dólares, éste el de dos millones, en aquel club no dejan entrar negros ni judíos...) me llevó a un restaurante mexicano que ponía bien claro en un cartel a la entrada que allí lo que se hablaba era inglés. Y se puso a criticar a los inmigrantes mexicanos porque no trataban de integrarse en el país: no se molestaban ni siquiera en aprender inglés para poder conseguir mejores empleos y ganar dinero en serio; se conformaban con trabajos de jardineros, peones y cosas así, trabajando unas cuantas horas para ganar lo justo para vivir y luego se pasaban el resto del día en casa con sus familias... ¡Qué vida tan miserable! En cambio él era un tipo modélico: cincuenta horas de jornada semanal, no más de una semana de vacaciones al año, camino de tener su propio negocio y hacerse rico.

Pobreza y racismo.

La propuesta del crecimiento sin fin como remedio contra la pobreza se ha demostrado ineficaz. A pesar del crecimiento de la producción global, la pobreza no disminuye. Miles de millones de personas en todo el mundo siguen por debajo del nivel de la pobreza, incluso de la pobreza extrema. Los objetivos del milenio, para acabar con la pobreza extrema en el mundo, no se están cumpliendo.

Mujer mursiMe replicarán: China e India se están desarrollando, está disminuyendo la pobreza en esos países. Sí, una fracción muy reducida de la población de esos países ha salido de la pobreza, pero la mayoría sigue como estaba. O peor, porque los avances económicos de unos se han logrado a expensas del medio ambiente en que viven todos: nueve de las diez ciudades más contaminadas del mundo son chinas (de esta noticia hace ya nueve años) y la contaminación mata a 750.000 chinos al año. Y son conocidas las condiciones de trabajo en las fábricas chinas, que llegan incluso a la esclavitud.

El rechazo que algunos manifiestan a los inmigrantes en el fondo se debe a la conciencia de que no hay bastantes recursos en el planeta para que nuestro estilo de vida se extienda a todo el mundo; que para que nosotros podamos seguir con nuestro ritmo desenfrenado, es preciso mantener a la mayoría de la humanidad en la pobreza.

Objetivo: Decrecimiento

Frente a este modelo injusto, insostenible, alienante, embrutecedor, se propone el DECRECIMIENTO.

El decrecimiento sostenible busca eliminar todo aquello que de innecesario, superfluo y alienante hay en nuestras vidas para lograr una economía sostenible. Si aprendemos a conformarnos con un utilitario en lugar del todo terreno, además de contaminar menos ahorramos un montón de dinero (y todavía más si caminamos, vamos en bicicleta por la ciudad y alrededores y utilizamos el transporte público para distancias mayores, y por demás mejoramos nuestra salud al hacer algo de ejercicio); si compramos la ropa y demás bienes que estrictamente necesitamos, y evitamos marcas que por el simple hecho de llevar un logo incrementan el 250% el precio; si compartimos bienes diversos que son perfectamente utilizables por muchos (incluso en Estados Unidos entienden esto mejor para algunas cosas: las lavadoras son de uso común en los edificios de pisos y en las urbanizaciones), si sacamos los libros de la biblioteca; si apagamos las luces y electrodomésticos que no estamos utilizando... ponemos nuestro granito de arena para evitar agotar los recursos naturales y ahorraremos mucho dinero.

Si no necesitamos tanto dinero para pagar cosas superfluas, podremos trabajar menos horas. Podremos dedicar más tiempo a estar con nuestra familia y amigos, a hacer deporte, a nuestras aficiones. A ser nosotros mismos, a desarrollar nuestra personalidad, cada uno a su modo.

En cuanto a las fábricas existentes, no se trata de cerrarlas indiscriminadamente. Hay que sustituir progresivamente las formas de producción contaminantes, las que agotan los recursos, por otras, en la medida en que haya alternativas no agresivas contra el medio ambiente; obligar a las empresas en todo caso a aplicar las mejores técnicas disponibles. Y, cuando no sea posible sustituirlas, habrá que evaluar el daño medioambiental por un lado contra el beneficio social que puedan reportar, para decidir lo que proceda.

Hay que crear también un nuevo marco de relaciones Norte-Sur. El sur tiene derecho a desarrollarse y alcanzar nuestro nivel de vida, pero eso no puede llevar al colapso del planeta. Por eso, es necesario moderar nuestro consumismo; y también realizar las transferencias de tecnología al Sur necesarias para que puedan crearse las infraestructuras y medios de producción apropiados sin arruinar su territorio. Que puedan dar el gran salto del subdesarrollo a una economía del tercer milenio respetuosa con el medio. Si se acaba con la pobreza en el Sur, fin del complejo de los xenófobos: sin pobreza no hay emigración.

Objeciones y réplica.

Ya sé la réplica a esta propuesta, ya la he oído y leído muchas veces: eso lleva a la recesión económica, a más paro y pobreza, a la ruina de la economía. Lo primero que se puede contestar, es que eso ya lo está haciendo el actual modelo insostenible: sigue habiendo paro en todos los países; sigue habiendo pobreza, no sólo en el Tercer Mundo, también en nuestro país y en todo Occidente; y habrá más pobreza según avance la desertificación y se agoten recursos naturales. Lo segundo es que este modelo no tiene por qué llevar a una recesión, sino a una economía basada en otras prioridades: podría haber muchos más servicios sociales de todo tipo: centros de día y residencias para mayores y minusválidos; centros deportivos; centros sociales; bibliotecas; escuelas; mucho más empleo en el transporte público, en la sanidad... De hecho, hasta en el Wall Street Journal se habla de la creación de puestos de trabajo de cuello verde como un objetivo a perseguir por la política económica; y existen empresas específicas para la búsqueda de empleos de ese tipo.

Se dirá también que ya se está transformando la economía porque se desarrollan energías renovables que no contaminan ni agotan recursos y la tecnología actual es más eficiente, contamina menos. Esto es una falacia, porque esas nuevas fuentes de energía no están sustituyendo las antiguas, sino añadiendo, sumando a lo ya existente, y con ello se está fomentando una mayor demanda. Se sigue contaminando lo mismo, o incluso más. Además, esas nuevas fuentes de energía renovables también tienen su impacto ambiental, aunque no contaminen: son necesarios diversos materiales para su construcción (p.ej., el silicio para las placas fotovoltaicas ya escasea); ocupan suelo; los parques eólicos y las huertas solares tienen impacto paisajístico. En cuanto a la eficiencia, es cierto que, por ejemplo, los coches actuales contaminan menos que los de hace quince años, pero también hay muchos más coches y se utilizan cada vez más, así que cada vez contaminan más globalmente. Aparte que muchos de los coches más antiguos no se retiran del mercado, sino que se venden en África: la ciudad más contaminada en que he estado es Tananarive, la capital de Madagascar, un país paupérrimo. Pero Tana está atascada de coches de cuarenta o más años en pésimas condiciones de mantenimiento y que hacen la atmósfera irrespirable, mucho peor que la de México DF, que tan mala fama tiene.


Para conocer mejor la propuesta del Decrecimiento.

Lo escrito aquí es sólo una aproximación mínima a la propuesta de Decrecimiento sostenible. A continuación propongo algunos enlaces para conocerla mejor:

Blog sobre el decrecimiento
Apprès-Développement (versión española)
Decreixement (en catalán)
Decrecimiento, en francés.
Más decrecimiento en francés.
Decrescita, en italiano.
Consume hasta morir
Artículo de un científico sobre el decrecimiento
Etiquetas: decrecimiento · productividad · sostenible



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5
Comentarios
1 Anonimo
Anonimo
06 de febrero de 2008 (02:13)

En ese modelo de decrecimiento sostenible, ¿qué impide que un cierto sector de población, desarrollando un crecimiento insostenible, someta al resto de la población, esa que practica el decrecimiento sostenible?
Es decir, si actualmente "jugamos" a una guerra absurda de desarrollo insostenible a costa de los recursos de todos, ¿cómo evitar que unos pocos subyuguen a todos?

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2 Anonimo
Anonimo
06 de febrero de 2008 (03:53)

Consumerista,de que vives?Empezaremos por impedir que aquello a lo que tu trabajo añade plusvalia,lo eliminams.Seguro que por a o b contamina directa o indirectamente.El silice es el segundo elemento por cantidad despues del oxigeno en nuestro querido planeta.
Con estos articulos lo lias todo mas.Si se acaban los recursos del modo qque tu imaginas,y no hacemos algo por cambiar,no te preocupes que si que prescindiremos del consumo,pero seguro.

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3 Consumerista
06 de febrero de 2008 (15:01)

Al primer anónimo: No se trata de plantear un sistema absolutamente intervencionista, planificado y reglado, sino de poner de manifiesto la insostenibilidad del actual modelo, que no tiene futuro; de crear una conciencia, una sensibilidad social sobre las consecuencias de nuestra forma de vida; y con ello que cada uno actúe en consecuencia. También, por otro lado, es una propuesta política: frente a las propuestas políticas mayoritarias, que hablan de responsabilidad social y de sostenibilidad pero se quedan en las palabras, se propone una actuación política orientada a la sostenibilidad en serio; pero no por medio de un sistema autoritario, sino todo lo contrario: por medio de una participación social amplia e intensa, en que se puedan debatir todas las propuestas y programas tras informar y asesorar a todos del alcance y de las consecuencias que vayan a tener.

Al segundo anónimo: La verdad es que no entiendo tu comentario. Es obvio que las actividades de todos tienen su impacto en el planeta. Es lo que se llama la huella ecológica. De lo que se trata es de que las actividades de cada uno no tengan un impacto mayor (que la huella no sea mayor) de lo que el planeta puede reciclar o asimilar. Y en la actualidad nos estamos pasando, hay diversos cálculos, los más optimistas dicen que necesitaríamos tres planetas como la Tierra para que nuestro modo de vida pueda ser duradero; y eso sin eliminar la pobreza. Así lo que hay que hacer es tratar de reducir esa huella hasta donde sea "reciclable", y hacerlo antes de que se acaben los recursos naturales, no cuando ya sea demasiado tarde, como parece que sugieres.

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4 Anonimo
Anonimo
15 de febrero de 2008 (00:35)

Gracias del "primer anónimo"

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6 Gfierro
25 de octubre de 2011 (18:03)

Excelente. Ya lo dijo hace mas de 30 años Shumacher

El sistema vive del capital irremplazable al que alegremente suele considerar renta., E.F. Schumacher
El crecimiento infinito del consumo material en un mundo finito es una imposibilidad., E.F. Schumacher

http://blogs.hbr.org/haque/2011/10/make_the_dangerous_choice_to_dissent.html

Hence, my suggestion is this: If you want to live a meaningfully better life, you're going to have to make the dangerous choice to dissent. A life lived meaningfully isn't denominated by digital friends, designer logos, or wads of paper notes. It's denominated by what you've lived, what it's worth to you, and what that's worth to humanity. That's the heart of eudaimonia, a new economic paradigm based on fulfilling human potential — not creating and marketing useless stuff. It's so different from our current conception that I had to reach back to Ancient Greece for a name I thought captured its essence.

Y por último la conferencia de Manfred Max- Neef, un economista que desafía el actual modelo económico y la manera en al que se lleva y enseña la economía.
http://www.youtube.com/watch?v=sXAzjbr8Ys4&feature=player_embedded

Saludos

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Consumerista

Consumerista

Soy abogado especialista en Derecho del Consumo, sobre todo bancario y de seguros.




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