Bitácora de crisis

La crisis económica en tiempo real

Argumentos imprescindibles en un debate (serio) sobre la jornada laboral

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17 de diciembre de 2008
Venga, ya está. La directiva no ha salido adelante. Podemos respirar tranquilos porque todo va a seguir igual. Y, por cierto, flipadito me tiene la clase política y mediática de este país, porque nadie se ha atrevido a plantear el más mínimo debate sobre la desregulación de la jornada laboral en Europa. Me pilla la cuestión en medio de mis clases de Formación y Orientación Laboral, dedicadas precisamente a esto de las horas de curro y tengo a mis alumnos revolucionados, aunque con matices. Los más exaltados en la defensa de los derechos conquistados -aprovecho que no conocen mi alias- son los que menos golpe han dado en la vida -por edad, no necesariamente por vagancia- mientras que hay quien, por experiencia, ya está curado de espanto y le resbala el concepto de jornada máxima porque la suya no tiene límites. Currantes flexiseguros, oiga, incluido algún autónomo. Referencias: Macro.   Leer más
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Crisis 3ª parte: la deflación

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14 de diciembre de 2008
Esto de la crisis es como una saga por entregas. El capítulo primero fue "Subprime: el virus definitivo", que trataba de un contagioso mal contraído por la banca mundial a través del consumo de hipotecas en dudoso estado. El virus se propagó en forma de desconfianza, acabó con la liquidez de todo el sistema financiero y obligó a los gobiernos a desangrar sus arcas públicas para salvar al moribundo. Ahora mismo estamos en el capítulo segundo de la saga: "El eslabón perdido". En él nos hemos enterado de que la economía real tiene su relevancia, cosa que no teníamos nada clara en los tiempos de la barra libre financiera: resulta que sin confianza y sin liquidez tampoco hay consumo ni inversión ni, en consecuencia, trabajo. Y viceversa: el hundimiento de la economía en su base deja inútil todo intento -monetario o fiscal- de salvar al mundo. Con el nivel de desempleo que se ha generado y la morosidad subiendo, no es probable que los bancos vuelvan a entrar en el juego del préstamo a discreción, por mucho que protesten Trichet, Sarkozy y Pepe Blanco.
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Se acaba la munición

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10 de diciembre de 2008
Hoy estoy un poco tocapelotas, lo advierto. Normalmente me gusta dar una de cal y otra de arena al gobierno, por aquello de que algunas medidas requieren tiempo de cocción. Pero es que ya llevamos un largo camino andado en esto de la crisis y seguimos alimentándonos de soluciones recalentadas en el microondas. Y a uno que es del norte le gusta comer producto fresco y contundente, nada de congelados para salir del paso.

Utilizo el símil culinario para emprenderla contra el Presupuesto del próximo año, que acaba de ser vetado en el Senado y, a pesar de ello, no va a servir de nada porque con toda seguridad nos lo cuelan en el Congreso. Y no, no voy a hablar de política ni de compañeros de camastro. Sólo que no me parece propio de Solbes eso de dar por buenas unas cuentas desactualizadas y, por lo tanto, inútiles. Precisamente Solbes fue quien convirtió los PGE en herramienta de política económica -al servicio de la disciplina de Maastricht, eso sí-. Este año, sin embargo, volvemos a las andadas: el Parlamento va a aprobar un documento de mero trámite, legal y seguramente homologable con los presupuestos de los vecinos, pero inservible. Porque oiga: no vamos a obtener los mismos ingresos creciendo al 1% que retrocediendo al -0,7%. Y si el paro se sitúa en el 13% en lugar del 11% -disculpad el ataque de optimismo- el gasto en prestaciones por desempleo se nos va, no digamos si el Gobierno se decide a subirlas como acaba de prometer.   Leer más
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Las virtudes de un modelo económico sano

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09 de diciembre de 2008
Como continuación de mi entrada anterior, en la que me refería a los siete pecados capitales de la economía, y en la misma línea mística, me parece oportuno hablar de las siete virtudes que el sistema tendría que trabajarse para su propia salvación y la nuestra. Cada uno se tome estas propuestas con la seriedad o con la sorna que quiera.
  1. Contra la soberbia, la humildad. Ni el mercado es perfecto, ni la intervención pública nos curará de todos los males. Acepten los gobiernos que son limitados y que necesitan de la coordinación mutua y de la colaboración de todos los agentes económicos.
  2. Contra la avaricia, la generosidad. La cual no tiene nada que ver con lanzar millones desde el helicóptero, sino de asegurarse de que todas las ayudas lleguen a sus destinatarios. Para ello es imprescindible que cada uno asuma su parte del ajuste en beneficio de todos.
  3. Contra la lujuria, la castidad. Nada que ver con la abstinencia, sino con el consumo responsable y con el sentido del ahorro. Cierto es que los gobiernos y las clases directivas no fomentan mucho estas buenas costumbres pero, al menos, deben predicar con el ejemplo.
  4. Contra la ira, la paciencia. Santa virtud que brilla por su ausencia entre las clases políticas, ansiosas de resultados inmediatos. El nuevo modelo económico necesita ser cocinado con mucho tiempo.
  5. Contra la gula, la templanza. Hay que poner freno a las conductas acaparadoras del pasado. No se trata de dejar de invertir sino de hacerlo con moderación y en actividades de alto valor nutritivo, perdón, añadido.
  6. Contra la envidia, la caridad. No me refiero a la bien entendida, sino a la perfectamente entendida, que no puede dejar a un lado los objetivos del Milenio. Los recursos son escasos y deben estar bien repartidos. Y si no lo entendemos desde el punto de vista ético, pensemos egoístamente: la única forma de evitar los grandes movimientos de población, el cambio climático y demás amenazas globales contra nuestro estilo de vida pasa por el diseño de un orden económico y político justo y multipolar.
  7. Por último, contra la pereza, la diligencia. Y no es que los españoles seamos vagos, el problema es que tenemos muy poca iniciativa, peor movilidad y no nos identificamos en absoluto con los objetivos de la empresa. Y esto no se soluciona con un helicóptero lanzando billetes de 500 euros.

No he apuntado nada nuevo, pero no está de más refrescar de vez en cuando los valores de base. No confundir con la moralina mitinera de algunos.   Leer más

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Los pecados capitales de la economía

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07 de diciembre de 2008
La época del diagnóstico de la crisis ya ha quedado superada y ahora es el momento de las respuestas. Además, no me gusta esa política -tan española- de búsqueda de culpables que nos ata al quién ha sido en lugar de llevarnos al qué ha pasado y cómo ha sido. Y ya es un poco tarde para juicios morales del tipo si no se hubiera actuado de aquella manera. Dicho esto, hoy voy a ser un poco infiel a mis principios y voy a hacer juicio moral, eso sí, en clave de entretenimiento. Me propongo demostrar que las causas de la crisis económica son siete (y el que esté libre de participar en alguna de ellas que lance el primer comentario en su descargo). A saber:
  1. La lujuria. Ese deseo irreprimible por el vil metal, no como un medio para obtener cosas sino como el único y supremo fin de esta vida. Difícil reconocer públicamente semejante adicción: todo el mundo dice que el dinero no da la felicidad (es la tarjeta de crédito la que la garantiza).
  2. La gula. Consumo desmedido, compulsivo e irresponsable en esos templos contemporáneos llamados centros comerciales. Mi amigo ingeniero dice que estamos equivocados al comparar los datos de consumo actual con los de los últimos años de bonanza. En efecto, creo que tenemos que replantear las referencias de nuestras tasas de variación porque el próximo ciclo favorable no puede basarse en los mismos comportamientos.
  3. La avaricia. Promotores, intermediarios y especuladores de diverso pelaje no interiorizaron aquello de que el último duro lo gane otro. La base de la pirámide parecía lo suficientemente robusta como para aguantar un crecimiento ilimitado de los precios y resultó que lo que había debajo era una gran bolsa de productos incobrables y de expectativas manipuladas. De nuevo la avaricia rompió el saco.
  4. La ira. Cuan dañino es el enojo contra el sistema antaño tan suculento, las amenazas de regalar los pisos antes que venderlos a precio de mercado y la negación insistente de los datos en contra. La ira no puede traer nada bueno.
  5. La envidia. Ese vicio tan español. Porque el vecino tiene coche nuevo. O porque el compañero de trabajo se va a las antípodas de vacaciones. Y si hace falta pedimos un poco más al banco para gastos, al fin y al cabo nadie tiene por qué enterarse. Será un secreto entre el banquero, el notario y nosotros. Y seremos la envidia de otros.
  6. La soberbia. El mercado lo puede todo, todo y todo. Y el Estado no digamos.
  7. La pereza. Otro vicio muy ibérico. Y es que trabajar es de pobretones. Se vive bien de rentas y de plusvalías. Si nos aburrimos ya pondremos un bar o una inmobiliaria. Y si no, nos sacamos una oposición para no preocuparnos de nada en los próximos cuarenta años. Total, el Estado siempre paga.

Os emplazo a una próxima entrada sobre las siete virtudes de una economía como Dios manda. Y nunca mejor dicho.   Leer más

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La eficacia de la política económica

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04 de diciembre de 2008
En mi última entrada comentaba que la política económica -no me refería sólo a la que se perpetra en España, pero sí principalmente- ha sido sustituida por una suerte de activismo económico, un hacer cosas sin orden ni hilo conductor, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Lo relevante de las medidas que se están aplicando no es que sean keynesianas (impulso de la demanda) o clásicas (reformas estructurales) y, de hecho, no están las cosas como para renunciar a explotar el Presupuesto vía inversión pública, aunque sea a costa de la ortodoxia del déficit cero. Pero sí es importante que se cumplan unos principios básicos, y son los que quiero apuntar hoy.
  1. Lo primero, cada medida propuesta debe tener un objetivo prefijado. Si no lo tenemos claro podemos estar quemando cartuchos inútilmente. El mejor ejemplo, a mi juicio, lo vemos en las políticas monetarias aplicadas por Trichet y Bernanke hasta antes de ayer: el primero utilizaba los tipos de interés para controlar la inflación; el segundo se dedicaba a bajarlos según le pedía el cuerpo. El resultado es que el tipo de interés del dólar ha quedado inutilizable como instrumento de política económica y ha obligado al resto de bancos centrales a coordinarse a la baja, con el fin sobrevenido de no alterar demasiado al mercado de divisas.
  2. La aplicación de las medidas debe ser automática. O, de otro modo, si inundamos el sistema bancario de dinero y luego tenemos que esperar a que los bancos se den por aludidos, estamos apañados. Ya he perdido la cuenta de las veces que ha salido Solbes pidiendo a los destinatarios que hagan llegar el dinero a familias y empresas. Lo mismo ocurre con el Plan de Vivienda: si al final todo se resuelve diciendo a los propietarios que bajen precios, entonces no se entiende para qué tanta intervención a golpe de presupuesto. En cambio, la aplicación de desgravaciones fiscales no tiene ese inconveniente, su efecto -beneficioso o perjudicial- se transmite como una descarga eléctrica.   Leer más
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El final de la política económica

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29 de noviembre de 2008
Mis alumnos suelen acudir a mí para calmar su insaciable curiosidad por todo lo que ocurre con la actualidad económica. No oculto mi satisfacción por ello, especialmente porque veo que la crisis ha conseguido romper la tradicional indiferencia de la gente por las cuestiones financieras y políticas. Un poco más y conseguiremos igualarnos a la prensa deportiva. Sin embargo, empiezo a acusar un cierto exceso de responsabilidad y es que las cosas hay que explicarlas bien, pero sobre todo, es necesario aprovechar la oportunidad para construir una buena pedagogía sobre la crisis económica, que nos permita enviar mensajes de calidad a la gente. Y los medios tradicionales no están ayudando mucho, que digamos. De hecho, los profesores de economía o de materias transversales relacionadas nos estamos convirtiendo en bomberos, apagafuegos vocacionales de los incendios provocados por los medios.
Etiquetas: política · economica

Parte de crisis: la economía sufre contracciones de parto

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23 de noviembre de 2008
Me encuentro en pleno pico de producción (exámenes, evaluaciones, proyectos). Apenas he sacado tiempo para un par de contestaciones y echar un vistazo a algunos de los blogs compañeros. En el fondo, esto también forma parte del blogueo, y tan importante o más que lo que yo cuente desde mi posición privilegiada. Así que estoy de acuerdo en que esto no es un foro, pero tampoco una conferencia seguida de ruegos y preguntas. Un blog es algo así como una conversación en torno a un café o a unas cañas y debería ser una actividad agradable y espontánea para todos. De todas formas, me disculpáis la espera. No quiero que este espacio se vuelva Bitácora en crisis.

Esta semana tocaba reajustar previsiones económicas. El INE nos ha dicho oficialmente que el PIB ha crecido tres décimas menos que en el trimestre pasado. El FMI prevé una contracción del 0,7% en 2009 y es un poco más optimista que la Fundación BBVA -que habla del -1%- y FUNCAS -que se atreve a prever un crecimiento negativo del 1,5%-. Ante esta escalada de estimaciones, el Gobierno no ha tenido más remedio que reconocer que debe modificar el cuadro macro que sustenta los Presupuestos, que todavía incluía un pequeño crecimiento del 1%. Y lógicamente, este retoque acaba con el castillo de naipes de la política fiscal, porque vamos a rozar el 3% de déficit público, el máximo admitido por los criterios de Maastricht.
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A la mañana siguiente (o Se acabó la fiesta)

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17 de noviembre de 2008
Por fin saco un hueco para dedicar al blog y quiero aprovecharlo para arremeter contra un par de pájaros. Os debía unas palabras a cuenta del famoso informe sobre España publicado en The Economist y no encuentro mejor momento que éste, cuando los líderes del G-20 -y sus acompañantes- ya han vuelto a sus casas con un buen paquete de medidas y una gran resaca de la cena de gala que Bush les ha ofrecido. Buen motivo para manifestarse y protestar el del pasado sábado, si bien no tengo noticia de cómo han ido las concentraciones convocadas en la mayoría de las capitales españolas -y menos en Santander, donde la gente no se mueve ni para la ampliación de capital-. Bien, menos juegos de palabras. Al grano.

El informe de la publicación económica británica estaba escrito para ridiculizar a España, para qué nos vamos a engañar. Comienza con una supuesta entrevista a Mr. Zapatero, todavía aspirante a invitado y continúa recabando información de gente como Mrs. Cospedal. Vamos, que todo muy objetivo. Dedica bastante espacio a contar algo que Alfonso Guerra ya nos había adelantado en su día: que a España no la conoce ni la madre que la parió. Y el tonito del informe revela un irritante chincha-chincha, que se nos acabó la barra libre, como si españoles y británicos no compartiéramos el mismo gen propietario y parecidos problemas de liquidez. Lo único que se salva del informe, por decir algo, es que igual se nos ha ido la mano con la descentralización, aunque lo hace recurriendo a topicazos como que el proceso autonómico lo impulsaron unos pocos separatistas malvados y codiciosos que lo quieren todo, todo y todo para ellos y nada de nada para los demás. Es cierto que no le acabamos de coger el punto al sistema, pero la razón no está necesariamente en su planteamiento centrífugo y clientelista sino en que la economía no tiene por qué funcionar de acuerdo con criterios administrativos, geográficos o políticos. Por mucho que el lehendakari diga que el futuro económico de Euskadi lo van a decidir los vascos con él al frente.

Imaginación

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11 de noviembre de 2008
Toca preparar la reunión del G-20 y Solbes abre la ronda de contactos pidiendo imaginación y soluciones de alta naturaleza. No pide nada el viejo ministro. Los bancos responden que hay que exigir más control, los sindicatos fortalecer la economía productiva -supongo que por contraposición a la especulativa- y Rajoy apela a la recuperación de los valores morales. Grandes palabras pero, de momento, nada que no se haya dicho antes.

Vivimos una crisis de ideas formidable. No sé por dónde va el ministro cuando pide imaginación a los agentes económicos pero entiendo que, una vez agotada toda la gama keynesiana de recetas -vía gasto público o vía garantías- no queda otra que adentrase en el apasionante mundo de las reformas. No olvidemos que nuestro desempleo doméstico tiene un componente coyuntural -achacable al ciclo y la situación financiera- pero también hay un elemento estructural, de forma que, en el mejor de los mundos, nuestra tasa de paro no bajaría del 8% ni maquillada. Y este problema sólo se resuelve tocando ciertos resortes, hasta ahora intocables, en el sistema productivo.   Leer más
Etiquetas: cumbre · economica
Macroymicroblogger

Macroymicroblogger

O la pedagogía de los mercados heridos




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