Bitácora de Crisis

La crisis económica en tiempo real.

miércoles 31 de diciembre de 2008

FELIZ AÑO 2009

Tenía en mente una entrada sobre predicciones, pero estoy hasta el gorro. No pienso competir en pesimismo y menos contra servicios de estudios como los del Banco de España, el FMI, Fundación BBVA o FUNCAS, por orden de catastrofismo.

El horóscopo chino dice que 2009 es el año del Buey, ese animal tan currante. Doble lectura: el que tenga empleo que se agarre a él, y olvidemos el capitalismo especulativo para abrazar el modelo del trabajo esforzado. El 2008 fue el año de la Rata, esa otra especie tan acostumbrada a escapar de barcos en apuros. Parece que la sabiduría china tiene fondo real. Y, en cualquier caso, habrá que tener en cuenta lo que ocurra con la economía en ese punto del planeta.

Por lo demás, poco queda por hacer en lo que se refiere a política económica. Acaban de ser disparadas las dos últimas balas: incremento del salario mínimo y subida de las pensiones más bajas. No by the face, porque se lo merecen los implicados, pero sí by the deficit. Algo más de margen le queda al BCE con los tipos del euro, pero presiento que 2009 será para recoger lo sembrado en estos últimos meses.

Bien, las uvas nos han salido algo más caras -no entienden de deflación ni de desinflación-. Pero nos las tomaremos con todo el buen humor. Os deseo lo mejor para este año 2009, que no falten ni la salud ni el trabajo.

Buena noche y buena suerte (no he podido evitarlo).

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sábado 27 de diciembre de 2008

La mentira de la vivienda protegida

La FEMP acaba de sacar una estimación sobre la demanda de vivienda protegida para los próximos cuatro años. La verdad es que hay que echarle un par. El informe está elaborado a base de datos tan heterogéneos como organismos autonómicos y municipales hay dedicados a la materia -unos cuantos, os lo juro- y de noticias de prensa. Sospecho que los grandes números salen, en origen, de los registros de demandantes que manejan los ayuntamientos y, por lo tanto, no creo que sean muy precisos. Aún así, le concedo al informe una doble utilidad: enviar información al mercado libre y alertar a todos sobre el factor suelo disponible.

La información que llega a los agentes económicos a través de estas publicaciones puede no ser muy veraz pero permite marcar el terreno a unos y a otros. A los que no se pueden permitir adquirir una vivienda al precio actual les parecerá imposible, al ritmo que llevamos, acceder a una VPO o similar en los próximos diez años. Qué esperamos con ese goteo de mini-promociones a razón de 30 pisucos cada una. Ni siquiera las grandes Operaciones Campamento, Chamartín o Remonta consiguen mejorar las expectativas de la gente. Por el lado de los vendedores, no creo que estén muy preocupados por una eventual inundación de oferta fresca, que sin duda les haría pupita: ¿os imagináis el efecto sobre los precios si de verdad se construyeran en España 190.000 viviendas nuevas al año a precio asequible? En el caso de Cantabria, se estima una necesidad de 15.000 viviendas para los próximos cuatro años. Pues la realidad es que ni la oferta ni la demanda se creen que el equilibrio se vaya a producir en ese punto.

Otra cosa es que prosperen algunas iniciativas particulares en el 2009, como el alquiler con opción a compra o la conversión de viviendas libres en protegidas. No es precisamente la fórmula de recuperar empleo en el sector, pero tampoco es ese el principal objetivo. Lo cierto es que nuestra crisis doméstica durará menos si el ajuste se produce vía precios -esperar a que el mercado, los bancos o el Estado absorban la sobreoferta no sería buena idea-. Por otro lado, Madrid acaba de proponer que las viviendas protegidas puedan ser vendidas a precio libre en un plazo de 15 años. Aunque puede parecer una medida poco justa, si se aplicara sobre las promociones nuevas podría ser letal para los precios de la vivienda en la capital. Esto sí que sería enviar información de calidad al mercado para que sepa cuál es la situación.

La segunda utilidad del informe de la FEMP era dar parte sobre la disponibilidad de suelo para construir. Se da la circunstancia de que Andalucía, Madrid y País Vasco cuentan con más materia prima para edificar que otras CC.AA, pero las dos primeras también esperan una mayor demanda de vivienda protegida en relación con el suelo edificable, junto con Cataluña y la Comunidad Valenciana. Sólo Asturias cuenta con más suelo del que necesita -y no creo que los ecologistas estén por la labor de explotarlo demasiado-. Creo que el viejo debate de liberalizar el suelo, tal y como está el mercado, tampoco tiene mucho sentido. En otros blogs compañeros de Rankia hay argumentos de sobra en contra de tirar de VPO para solucionar el problema de la vivienda, imprescindible leer a Echevarri y a Fernan2.

Bueno, no es un mal tema para proponer en el Día de los Inocentes. Felicidades a los agraciados.

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martes 23 de diciembre de 2008

Cuento de Navidad

Como todos los días, Mr. Scrunch se levantó de la cama malhumorado. En esta ocasión tenía una razón nueva para olvidarse del resto del mundo: la Bruja de Sort se había largado con el dinero invertido por miles de inversores incautos, que no se explicaban por qué había fallado -precisamente este año- una operación tan rentable, tan segura y tan líquida. La credibilidad de Scrunch había quedado más tocada que la de los Presupuestos Generales del Estado para 2009.

Pero esto no debía quedar así. Embriagado por la ira, se juró a sí mismo que nadie disfrutaría de la Navidad del 2008. Ni corto ni perezoso, se puso en contacto con su amigo el de la SGAE para proponerle un negocio seguro: pasar la cesta por cada villancico que sonara en cada hogar español. Sin embargo, se llevó una desagradable sorpresa:

- Lo siento, Scrunch, no te creas que no lo habíamos pensado -contestó el amigo. Si hubiera prosperado la jornada de 65 horas, nuestros enanos habrían hecho una buena refriega. Pero ya ves, hasta ellos reclaman sus derechos conquistados.

Scrunch estaba atónito, en la SGAE no perdían ocasión para hacer dinero. Pero lejos de amilanarse, decidió intentarlo con otro amigo infiltrado en el Ministerio de Economía. A ver si entre la necesidad de recortes innecesarios y la obsesión por la laicidad del Estado, convencía a alguien para suprimir las manifestaciones navideñas de alegría. Pero, de nuevo, se dio de narices contra el sistema:

- Mala suerte, Scrunch, aquí ya no mandamos -contestó el funcionario amigo. Todas las decisiones de ese estilo se toman en Moncloa. Aquí nos limitamos a cumplir órdenes. Y el viejo ya se lo planteó pero, ya sabes, los achaques...

Inaudito. Scrunch no podía imaginar cuánto habían cambiado las cosas en los últimos meses. Pero aún le quedaba un último cartucho por quemar: su amigo el fontanero, que estaba fijo en la residencia presidencial. Y esta vez no se fue con las manos vacías:

- Pues te diré que el jefe está muy optimista y, además, no quiere líos con la Iglesia. Pero tengo que darte una buena noticia: esta mañana ha venido Touriño y ha pedido dinero para su hecho diferencial. ¡Se ha cargado el espíritu de la Navidad!

FIN.

Feliz Navidad. Sin malos rollos.

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miércoles 17 de diciembre de 2008

Argumentos imprescindibles en un debate (serio) sobre la jornada laboral

Venga, ya está. La directiva no ha salido adelante. Podemos respirar tranquilos porque todo va a seguir igual. Y, por cierto, flipadito me tiene la clase política y mediática de este país, porque nadie se ha atrevido a plantear el más mínimo debate sobre la desregulación de la jornada laboral en Europa. Me pilla la cuestión en medio de mis clases de Formación y Orientación Laboral, dedicadas precisamente a esto de las horas de curro y tengo a mis alumnos revolucionados, aunque con matices. Los más exaltados en la defensa de los derechos conquistados -aprovecho que no conocen mi alias- son los que menos golpe han dado en la vida -por edad, no necesariamente por vagancia- mientras que hay quien, por experiencia, ya está curado de espanto y le resbala el concepto de jornada máxima porque la suya no tiene límites. Currantes flexiseguros, oiga, incluido algún autónomo. Referencias: Macro.

Así que me siento un poco acorralado entre el revuelo social y mis planteamientos liberales. Pero esto no va a quedar así. A riesgo de perder amigos y lectores, os propongo algunos elementos que no deben faltar en cualquier discusión sobre las 60/65 horas. No pretendo poner mi opinión por encima de otras. Tampoco quiero que se confunda este debate con otros sobre la productividad, la salud o la conciliación familiar. Sólo que hoy me apetece ser el abogado del diablo. Comencemos.
  1. La propuesta trataba, en primer lugar, de quitar puertas al campo, no de imponer un horario de trabajo. Bien utilizada, la libertad de entendimiento entre empresario y trabajador es cosa buena.
  2. Que nadie intente convencerme de que la mitad de jornada generaría el doble de puestos de trabajo. No cuela.
  3. Como trabajador no me gusta que me limiten lo que quiero ganar a base de leyes, penalizaciones por pluriempleo o impuestos regresivos. Para vivir mejor hay que currar, parece que se nos olvida este pequeño detalle.
  4. Si quiero quedarme un par de horas para terminar un trabajo no me apetece oír insinuaciones de trepa ni acusaciones de competencia desleal. Por desgracia, hay empresas donde está mal visto subir el nivel de responsabilidad.
  5. Trabajar 12 horas diarias nos equipara con los autónomos. En estas condiciones, igual ya no es tan descabellado plantearse un cambio de bando. Y, claro, esto es demasiado para los eternos aspirantes a funcionarios.
  6. Si pensamos que la directiva es mala porque entonces los inmigrantes nos van a quitar el puesto, entonces sí tenemos un serio problema colectivo. Pero no os preocupéis, no os imagináis lo que han aprendido de nosotros muchos de ellos. Expresiones como yo por 700 euros no salgo de casa se oyen también con acento de culebrón.
  7. Estamos en el país de la economía sumergida. ¿Cuántas horas extra aflorarían si eliminásemos regulaciones absurdas que no se van a cumplir jamás? Sería más eficiente que contratar más inspectores.
  8. Por último, habrá que plantearse por qué nos vienen ahora con esto de las 60 horas. ¿No tendrá que ver con que algunos sectores no cuentan con mano de obra suficiente? Nuestro mercado laboral ya no es tan sencillo como en los años 50: pueden convivir perfectamente una tasa de desempleo galopante con agujeros de personal cualificado.
Lo dicho, este debate necesita elementos de fondo, no nos sirve de nada quedarnos en el discurso de los derechos conquistados. Aunque admito que no tengo claro si el empresario español está preparado para utilizar correctamente la desregulación de la jornada máxima. Entonces quizá no tenga sentido plantear ningún debate.



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domingo 14 de diciembre de 2008

Crisis 3ª parte: la deflación

Esto de la crisis es como una saga por entregas. El capítulo primero fue "Subprime: el virus definitivo", que trataba de un contagioso mal contraído por la banca mundial a través del consumo de hipotecas en dudoso estado. El virus se propagó en forma de desconfianza, acabó con la liquidez de todo el sistema financiero y obligó a los gobiernos a desangrar sus arcas públicas para salvar al moribundo. Ahora mismo estamos en el capítulo segundo de la saga: "El eslabón perdido". En él nos hemos enterado de que la economía real tiene su relevancia, cosa que no teníamos nada clara en los tiempos de la barra libre financiera: resulta que sin confianza y sin liquidez tampoco hay consumo ni inversión ni, en consecuencia, trabajo. Y viceversa: el hundimiento de la economía en su base deja inútil todo intento -monetario o fiscal- de salvar al mundo. Con el nivel de desempleo que se ha generado y la morosidad subiendo, no es probable que los bancos vuelvan a entrar en el juego del préstamo a discreción, por mucho que protesten Trichet, Sarkozy y Pepe Blanco.

Pues bien, sin haber cerrado este segundo episodio de la crisis, ya estamos viendo el trailer del siguiente, y promete ser apasionante: "El combate final". Será una batalla encarnizada contra la Deflación, un enemigo desconocido -salvo para los curiosos seguidores de la mitología japonesa- que provoca una espiral de precios a la baja, basada en la destrucción de las expectativas y en el hundimiento de la demanda.

Tengo que decir que, de momento, me apunto a la corriente oficial de la desinflación, es decir, lo que estamos viendo es un enfriamiento de los precios, después de una buena temporada de subidas con un componente especulativo importante. Ahora bien, si vamos a mentar a la bicha, hagámoslo con propiedad. Para hablar de deflación, no basta con ver al IPC goteando por debajo del 3%, ya que este indicador no deja de ser un cálculo sobre una cesta de bienes de consumo. Necesitamos contrastar datos de calidad sobre la depreciación de activos como la vivienda y otros indicadores como el Indice de Precios Industriales. Cierto que no tienen buena pinta, aunque hay que decir que el alquiler sigue por encima del IPC , algunos precios públicos van a ser revisados al alza y el petróleo puede volver a las andadas en cualquier momento. Además hay que dejar claro que esta reducción de precios es mala noticia porque se basa en una contracción de la demanda y no en una mejora de la productividad -por lo tanto, no somos más competitivos y no nos vale para corregir nuestro poder adquisitivo ni nuestro déficit exterior-. Y por último, el enemigo no es más poderoso por la debilidad de la demanda sino porque ataca al corazón de la economía: las expectativas de los agentes económicos. Y es que en la deflación se sabe cuando se entra pero no cuándo se sale. Baches como los del 93, las punto.com o el corralito argentino -por citar ejemplos de mi época- quedarán como anécdotas al lado de la depresión en la que nos podemos estar metiendo.

Un último apunte sobre política económica: una deflación no se soluciona tirando calderilla desde el aire. Así que olvidemos el gasto público y los tipos de interés. Hay que pedir medidas valientes y creíbles. Ya veis que por muchos ceros que tenga el cheque del gobierno, la gente sigue desconfiando. Tampoco creo en las soluciones a la británica ni a la vasca, que simplemente simulan la bajada real de salarios propia de la deflación y pueden hacer que la profecía se cumpla. Hay que pedir reformas que mejoren la productividad, como la racionalización del horario laboral, la flexibilización del contrato a jornada parcial o la indexación de las subidas salariales al cumplimiento de objetivos. Y además hay que hacerlo ya, para adelantarnos a esos indicadores que todavía hablan de relajación de precios, sin esperar a que la corriente armagedonista -en la que ya está apuntado hasta mi paisano Botín- insinúe el consabido ya-te-lo-advertí.

La saga de la crisis sigue adelante. Por mi parte, espero que esta bitácora de ídem no dure más allá de las uvas del 2009. Buena suerte a todos.


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miércoles 10 de diciembre de 2008

Se acaba la munición

Hoy estoy un poco tocapelotas, lo advierto. Normalmente me gusta dar una de cal y otra de arena al gobierno, por aquello de que algunas medidas requieren tiempo de cocción. Pero es que ya llevamos un largo camino andado en esto de la crisis y seguimos alimentándonos de soluciones recalentadas en el microondas. Y a uno que es del norte le gusta comer producto fresco y contundente, nada de congelados para salir del paso.

Utilizo el símil culinario para emprenderla contra el Presupuesto del próximo año, que acaba de ser vetado en el Senado y, a pesar de ello, no va a servir de nada porque con toda seguridad nos lo cuelan en el Congreso. Y no, no voy a hablar de política ni de compañeros de camastro. Sólo que no me parece propio de Solbes eso de dar por buenas unas cuentas desactualizadas y, por lo tanto, inútiles. Precisamente Solbes fue quien convirtió los PGE en herramienta de política económica -al servicio de la disciplina de Maastricht, eso sí-. Este año, sin embargo, volvemos a las andadas: el Parlamento va a aprobar un documento de mero trámite, legal y seguramente homologable con los presupuestos de los vecinos, pero inservible. Porque oiga: no vamos a obtener los mismos ingresos creciendo al 1% que retrocediendo al -0,7%. Y si el paro se sitúa en el 13% en lugar del 11% -disculpad el ataque de optimismo- el gasto en prestaciones por desempleo se nos va, no digamos si el Gobierno se decide a subirlas como acaba de prometer.

Cuidado, yo no me escandalizo por que se acuda al déficit público -que alguien me explique de dónde recortamos gastos, a no ser que prospere un gran ERE en la administración pública, y va a ser que no-. Lo que no tengo tan claro es que el Gobierno se plantee alternativas ahora que reconocen que la política fiscal se agota -como es natural, insisto en que el Estado no tiene todas las soluciones-. Todas las propuestas que tenemos en la agenda del 2009 tiran de chequera y ni siquiera podemos hacer una previsión fiable de su evolución. Tampoco veo mucho margen de tiempo para introducir cambios legales en materias estructurales como el mercado de trabajo o el alquiler, por mucho acuerdo que se consiga en los próximos meses. Y estas son las medidas que más tardan en hacerse. Al menos, hay que decir que la implantación de la directiva para la liberalización de servicios debería estar en marcha a principios de año y esperemos que haga algo de pupita para bien del consumidor y de la competitividad.

No sólo la política fiscal se agota, tampoco la monetaria parece tener ya mucho recorrido. De nuevo Trichet demuestra que sus palabras tienen más fuerza que sus hechos y ha amenazado con no seguir bajando tipos si los bancos no hacen su parte del trabajo. En el fondo, lo que reconoce el presidente del BCE es que la política monetaria no está siendo eficaz y no tiene sentido quemarla -a diferencia de la Reserva Federal que ahora se agarra a la posibilidad de emitir deuda, y es que cuando no queda cerilla, es el dedo lo que arde-.

Cada vez tengo más claro que los gobiernos -me da igual que sean azules o rojos- no van a ser capaces de sacarnos de esta, así que, por mí, que no se molesten en organizar reuniones maratonianas ni en improvisar nuevos planes. ¿Se dan las condiciones ya para una revolución pacífica en la base de la economía?

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