Estimado Madoz,
Tomando como referencia tu análisis resulta tan anecdótico que uno nazca en un metro cuadrado ubicado en Singapur como en Cuenca o Tánger. Uno debería ser el mismo independientemente de dónde nació o de dónde reside. Sin embargo la experiencia de miles de millones de personas a lo largo de la Historia nos demuestra que la cultura, las tradiciones, los usos, las leyes o (incluso) factores como la luz ambiental, la temperatura o la dieta impactan en los individuos y en su carácter. Es decir, en su percepción de la vida.
Siguiendo tu ejemplo, debería resultar tan "absurdamente nacionalista" sentirse español como francés por el mero hecho de haber nacido a un lado u otro de una línea imaginaria llamada frontera. O de hablar una lengua distinta en la intimidad del hogar.
Creo que sí puedo estar profundamente de acuerdo contigo si nos referimos a los nacionalismos como clichés que pretenden simplificar la complejidad humana (eso de "los tacaños", "los alegres", "los trabajadores" o "los brutos" hace tablas rasas ante realidades que superan esa boba percepción del otro).
En cambio sí comprendo que alguien sea capaz de sentirse perteneciente a una comunidad humana aún soportando el hecho contrario que impulsa a otros a pretender obligarle a borrar dicho sentimiento para unirse a una uniformidad que es artificial por naturaleza: no hay peor forma de intentar convencer a alguien de algo que hacerlo a la fuerza. De hecho si echamos un vistazo a la Historia de "los conflictivos" tras cada acción de fuerza hubo reacción en sentido opuesto al pretendido. Para tomar nota.
Saludos,