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Salvemos a las marcas
02 de Abril de 2009
(Activando modo irónico)
Pues sí. Yo no me imagino un mundo sin marcas. Menudas parrafadas que se pueden echar sobre el tema en una clase sobre marketing, porque vaya si me dan juego con los alumnos. Sin ellas, muchos profesores universitarios perderían su puesto de trabajo, ya que se dejaría de hablar, por ejemplo, de la competencia monopolística, modelo económico que justifica mogollón de horas de clase. Aún peor: un mercado lleno de productos aparentemente homogéneos sería perversamente perfecto y acabaría con el discurso social de nuestra clase política. Inconcebible. Por el amor de Dios, salvemos a las marcas. Es tarea de todos. Y de todas.
(Desactivando modo irónico) En serio. Lo flipo. Cuando empezó la batalla de estrategias comerciales -recordad: la reducción brutal de costes vía marca de distribuidor de M. frente a la diversificación de producto con precios presuntamente bajos todo el año de C.- no pensé que nos iban a bombardear con el tema hasta los propios medios de comunicación. Y que conste que yo no compro ni en C. ni en M., sino en L. que me queda al lado de casa y encima es producto de mi tierra. Y no es ni la más barata ni la que mejor trata a sus empleados. Pero a mí eso de ir a hacer la compra en mi flamante San Fernando me mola. Y que me la lleven a casa free (*) and by the face también. Es lo que tiene la libertad, que uno compra lo que quiere y donde quiere, y me apetece poco ponerme a calcular los costes explícitos y ocultos de cambiar de establecimiento y/o de etiqueta. En esto me reconozco muy conservador. Aprovecho la ocasión para presentar mis respetos a M. Me he dado una vuelta por uno de sus centros y he probado algunos de sus productos marca de la casa. Estupendos. Un amigo me ha dicho que les llaman cariñosamente La Secta por la felicidad que irradian sus empleados y empleadas. Brillante. Como no te entretienes comparando ocho tipos distintos de garbanzos -me dice otra amiga- te gastas menos y tardas también menos -doble reducción de costes-. Vamos como el supermercado D. -que es la versión pobre de C. pero puesta bonita-. Y, por si fuera poco, esos rumores de que algún producto viene del norte de Africa despierta mis instintos más solidarios y antiproteccionistas. En este aspecto, admito protestas, si os parece, pero os advierto que os cascaré un post de inmediato -si el tiempo me lo permite- sobre consecuencias e inutilidades del compre usted producto nacional. Con esto no quiero decir que C. esté equivocado y que M. vaya a triunfar. Veo dos estrategias bien diferenciadas -incluso complementarias- y totalmente respetables. Faltaría más. Son ellos los que asumen el riesgo y ya tiene su mérito en el país del que arriesgue otro. Ya sólo nos falta que salgan El Coyote y el Correcaminos unidos en favor de la marca ACME. Ahí tenéis una idea gratis, publicitarios. Saludos. (*) A partir de 60 euros de compra.
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