Existen muchas versiones de este timo, aunque todas se basan en lo mismo: convencer al incauto de que si pone dinero en el juego, podrá obtener rentabilidad timando al siguiente. Todo va bien mientras se va consolidando la base de la pirámide con más jugadores. El problema aparece cuando los de abajo ya no tienen dinero para poner y se viene abajo toda la edificación, previa espantada de los que estuvieron forrándose en la cúspide.
Es evidente que el sector inmobiliario en España se ha comportado toda la vida como un gran sistema piramidal. La vivienda siempre ha sido cara en relación con los salarios pero el gen propietario nacional, la confianza en que siempre se vende por más dinero y las facilidades de los bancos han mantenido vivo el crecimiento antinatural de los precios. Ha sido necesaria una crisis financiera mundial para descubrir que la pirámide no tenía una sola piedra sólida en su base.
Todavía quedará mucha gente que piense que los precios no van a bajar (todos los que lo piensan son propietarios). Y es cierto que va a pasar algún tiempo hasta que los rumores se conviertan en hechos incontestables para todos. Mientras tanto, hay un margen importante para que muchos propietarios reduzcan sus pretensiones lucrativas sin necesidad de vender bajo coste. Y lo más importante, los potenciales compradores tienen ahora la posición de fuerza, ya que poseen argumentos elocuentes para negociar a la baja.
No niego que la actividad inmobiliaria ha tenido mucha relevancia como motor económico pero ya hace años que se traspasó la línea roja que separa el negocio legítimo del robo con recochineo.