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Las grandes ventajas del mono
19 de Agosto de 2010
A raíz del post Batir el índice mirando los posos del café algunos lectores han preguntado los motivos por los que el mono o la mona acierta indefectiblemente más que las analistas o los analistos. Según mi opinión, ello es debido a las siguientes razones:
Este último punto es el que le da al mono una ventaja imbatible. Todas las analistas y los analistos suelen leer las noticias. No contentos con ello, encima, muchos de ellos se leen el panfleto que preparan las empresas para ser deglutido por los inversores. Por si esto fuera poco, creen que los organismos reguladores y los bancos centrales se pasan el día devanándose los sesos para lograr el bien del pueblo. Y como guinda de la tarta, creen que el telediario es un informativo serio, imparcial y concienzudo. Afortunadamente, el mono nunca cae en ninguno de esos errores. Lógicamente, consigue una ventaja abismal. Estoy convencido de que los amos del mundo consiguen lavar el cerebro de la gran mayoría (incluidos los grandes gestores), para que hagan exactamente lo contrario de lo que deberían hacer y en el momento menos oportuno. Todavía no he conseguido averiguar el método que usan, pero puede ser alguno de estos: a) Conocen el lenguaje de símbolos que usa el cerebro y lo usan a destajo. Un ordenador se comunica con el usuario con un lenguaje estándar, pero en sus operaciones internas usa el código binario. Nuestro cerebro funciona igual: se comunica con nosotros a través del lenguaje materno, pero el subconsciente hace todo su trabajo con el lenguaje de símbolos atávicos, que es común a todos los seres humanos, independientemente de su lengua materna. Como podéis imaginar, si los amos conocen ese lenguaje de símbolos que utiliza el cerebro internamente, nos pueden meter las órdenes que quieran para ser cumplidas cuando se cumplan las condiciones que les dé la gana imponer. Es una teoría algo fantasiosa, pero aporta una explicación lógica de cómo es posible que todos vendan a la vez o compren al unísono el día menos oportuno con el sólo objeto de dar contrapartida a los amos. Esos símbolos se podrían meter en cualquier sitio sin el menor temor de que nadie sospechara que funcionan como propaganda subliminal. También servirían para explicar por qué el 99% de la población se quedan tan panchos mientras les roban el hígado.
1 Sólo leo los titulares que me interesan, nunca las opiniones del periodista o analista. Me interesa saber si alguna entidad lanza una emisión de bonos convertibles o si hacienda va a subir los impuestos. El párrafo donde dice que los bonos son un chollo para el inversor y que la subida de impuestos es el mayor favor que le hacen a los inversionistas, me lo salto. 2 No me creo nada si no lo puedo comprobar personalmente. Después de comprobarlo, pienso si lo que parece un hecho puede haber sido una treta de alguien para que cayera en la trampa. Cuando compruebo que es correcto, lo doy como bueno provisionalmente, pero sin quitarle el ojo ni un momento, y esperando que en cualquier momento la carroza se vuelva a convertir en calabaza. Para que se comprenda el mecanismo, voy a poner un ejemplo: imaginemos que le acabamos de salvar la vida a alguien. A pesar de que hay una probabilidad baja, no se le debe dar la espalda, por si acaso nos apuñala. No hacerlo de esa forma sería pecar de exceso de confianza y, en los mercados, eso te puede matar… por la espalda. 3 Respecto a los medios de in-comunicación, sé que cumplen una máxima sagrada para ellos: nunca muerden la mano que les da de comer. Saber eso me protege bastante. 4 La tele la miro poco, y procuro pensar que estoy viendo la televisión de un planeta de otro sistema solar. De esa manera, consigo que cualquier cosa que hagan no me incumba, pues, al ser de otro planeta, me pilla demasiado lejos para llevarla a la práctica. 5 Respecto a la música, oigo piezas compuestas entre 40 y 400 años antes. De esa forma, si llevaban algún mensaje, ya ha caducado como los yogures. 6 Hace cuarenta años que no he permitido que me inyecten en mi cuerpo nada, y menos cuando son sustancias extrañas a la biología de los seres vivos y las fabrican las empresas de los amos. Seguramente llevo las cosas demasiado lejos, pero más vale prevenir que palmar. Y para terminar un refrán: Aunque la mona se vista de seda, todavía acierta más que los grandes analistas.
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