El Blog de Consumerista

Comentarios jurídicos y reflexiones sobre consumo, responsabilidad civil, sanidad, medioambiente y ciudadanía.

viernes 29 de junio de 2007

Destrucción a toda costa

Greenpeace España acaba de publicar su informe anual Destrucción a toda costa, relativa a la pérdida del paisaje del litoral español por la edificación masiva en el mismo de urbanizaciones y grandes complejos hoteleros, así como de campos de golf. Ha contabilizado proyectos que supondrían la construcción de 3.000.000 de nuevas viviendas, 200.000 nuevas plazas hoteleras, más de 300 campos de golf y más de 100 nuevos puertos deportivos, en números redondos. Y dice que se han conocido 90 casos de corrupción urbanística con más de 350 implicados. Y creo que algunas de esas cifras todavía se quedan cortas, porque en Asturias (que es lo que conozco directamente) computa menos de 34.000 viviendas y plazas hoteleras, cuando la suma de los proyectos en curso hace unos meses llegaban, sólo en cuanto a las viviendas, a 90.000 (60.000 si excluyen las de Gijón y Avilés). Es de suponer que si se han quedado tan a la baja en Asturias, haya ocurrido lo mismo en otras comunidades.

Este fenómeno denota que hay cosas van mal en muchos aspectos, y tendrá resultados negativos también en variados sentidos. En primer lugar, es una muestra de que España sigue un modelo económico basado fundamentalmente en la construcción, sector que constituye un porcentaje elevado del PIB nacional ¿un 18%?; es un actividad que exige ocupar mucho suelo (que se va comiendo a la naturaleza, al paisaje, a las actividades agrarias...) con el coste de oportunidad que eso tiene (ese suelo no se puede dedicar a otros usos más productivos ni preservar por su riqueza natural); conlleva también un gran consumo de cemento, ladrillo, cerámica, etc. (canteras que se comen los montes); mucha agua (que restamos de su ciclo natural) y energía (más cambio climático); y muy poca tecnología, muy poco I+D+i, muy poco desarrollo real. Así nos encontramos con las quejas de economistas (creo que en este artículo hay un error de redacción cuando señala entra los puntos fuertes de la economía española que mantenga el mismo modelo económico de los últimos treinta años; y, por mi parte, discuto que la renuncia a la energía nuclear sea un error, sobre eso escribiré seguramente más adelante) y organismos internacionales sobre la baja productividad española y con el peligro de que, con la saturación del mercado y el fin de la burbuja inmobiliaria, la economía deje de crecer ¿riesgo de recesión? Es un modelo económico tercermundista, porque se basa en el agotamiento del suelo y el consumo masivo de agua y energía, que emplea mucha mano de obra sin cualificar y hace poco uso de las nuevas tecnologías. Podría decirse que España es el país con una economía tercermundista más rica. También se ha dicho con cierta ironía que este modelo denota que el modelo familiar que más crece en España es el del piso vacío.

Esta construcción masificada, no sólo en la costa, también en muchos lugares del interior, conlleva una pérdida de valores culturales. La cultura de los pueblos está imbricada en su medio, su entorno, su paisaje. Amamos la tierra en que nacimos, jugamos y crecimos; el paisaje es un elemento fundamental en la configuración del carácter de las gentes del lugar. Siempre queremos volver a ese lugar en que nos fuimos haciendo hombres y mujeres. Pero si lo mercantilizamos, si donde antes teníamos el huerto, el patio de juegos, el bosque en que pasear, el río en que nos bañábamos, pasamos a tener una finca parcelable y edificable, y después una urbanización para veraneantes foráneos (o una barriada-dormitorio) y el río es sólo un canal de suministro de agua, hemos perdido una parte esencial de nuestra memoria, de nuestro ser. Hemos perdido nuestra raíz. Ya no tenemos un sitio del que digamos: ésta es mi tierra. Ya no tenemos paisanos con los que compartir unas tradiciones y cultura, sino vecinos molestos y ruidosos. Ya no somos de ningún sitio. Ya sólo tenemos.


Supone también una perversión de la vida política, de la democracia. Y no me refiero sólo, ni siquiera principalmente, a la corrupción, que es el aspecto más evidente. Un alcalde corrupto no actúa movido por el bien común, sino por el dinero que le han metido en el bolsillo, y no le importa por encima de qué intereses públicos o privados tenga que pasar para lograr su lucro espurio. Con el agravante de que la corrupción se ha banalizado; determinados programas de prensa y televisión presentan los casos de corrupción como unas extravagancias más de esos personajillos pseudopopulares que no tuvieran ninguna relevancia para la convivencia ni la vida pública; sin más transcendencia que la que pudieran tener sus supuestos amoríos o enfrentamientos. Así ocurre que esos alcaldes corruptos incluso se hagan más populares y puedan volver a presentarse a las elecciones y ser reelegidos.


Poblado del Sahel
Pero, decía, la corrupción no es el lado más dañino para la vida política de esta edificación masiva. Lo peor es que los regidores municipales ya no diseñan las actuaciones en función de los intereses ciudadanos. El urbanismo, las infraestructuras, el gasto público, etc. va a estar determinado no por las iniciativas responsables y planificadas de unos gestores públicos democráticamente elegidos precisamente para cumplir esas funciones, sino por promotores inmobiliarios que sólo buscan su mayor provecho, su mayor y más rápido enriquecimiento. Las ciudades, grandes y pequeñas, deberían ser el resultado de una política que ordene el crecimiento en función de las necesidades de vivienda y dotaciones; que reserve el suelo previsto para las nuevas edificaciones que demande el crecimiento de la población y la actividad económica, para las dotaciones públicas (centros sanitarios, escuelas, guarderías, instalaciones deportivas, centros sociales, residencias de ancianos, parques...) y los viales y servicios precisos; que permita y fomente la actividad económica; y todo ello mediante un diseño que favorezca la movilidad con el mínimo consumo de energía y la mínima contaminación atmosférica y acústica; y todo ello preservando los espacios naturales, el paisaje, la actividad agraria. En cambio, la construcción masificada actual pervierte todo ese sistema porque ya no es el Plan General de Ordenación Urbana lo que define la política territorial, sino los convenios urbanísticos que proponen los promotores. Ya no se construye donde existen dotaciones, las comunicaciones sean más fluidas y se produzca menor impacto al medio natural, sino donde el promotor vaya a obtener un lucro mayor: donde pueda comprar más barato y vender más caro. ¿Y dónde se dan estas circunstancias? En los parajes naturales mejor conservados; en ellos pueden comprar el suelo más barato, ya que no existen otros usos urbanos o industriales que les den valor económico material; y pueden vender más caro porque adornan su oferta justamente con lo mismo que destruyen: el paisaje, el entorno. Requieren además la apertura de nuevas carreteras, porque las antiguas quedan colapsadas; nuevas conducciones de agua, luz, gas, nuevo saneamiento..., con lo que hay que atravesar las fincas colindantes, proceder a expropiaciones, cerrar explotaciones agrarias. Y esas nuevas urbanizaciones costeras, o esas nuevas ciudades dormitorio, se construyen sin ninguna dotación de uso público; aunque el promotor tenga la obligación de ceder un porcentaje de suelo al Ayuntamiento y una serie de cargas, siempre es posible eludirlas de una u otra manera. Sólo después de que los nuevos vecinos lleven cierto tiempo allí instalados se darán cuenta de que les faltan una serie de servicios propios de toda población, y comenzarán a demandarlos al Ayuntamiento y a la Comunidad Autónoma. Y estas administraciones tendrán que sufragarlos con los impuestos de todos, porque no se lo exigieron antes al promotor.

Y ¿por qué aceptan los Ayuntamientos esos convenios, pudiendo rechazarlos? Pues porque no hay visión de largo plazo, ya no hay estadistas con visión de futuro, sino políticos del corto plazo, que quieren presentar resultados tangibles en el término de cuatro años en que se convocan las siguientes elecciones. Esta política crea mucha actividad económica, mucho negocio y mucho empleo -aunque sea a corto plazo y sin cualificar-. Durante los cuatro o cinco años que dura la promoción se puede presentar la gran creación de empleo que originó la política municipal, ya no hay paro en la comarca. Pasan las elecciones, termina la obra de la urbanización y hay que promover otra para que no baje el empleo y puedan volver a presentar los buenos resultados de empleo y crecimiento para las siguientes elecciones.


Por otro lado, con esta política se incrementan los presupuestos municipales: licencias, impuesto de bienes urbanos, tasas de alcantarillado o recogida de basuras. Los ayuntamientos están mal financiados, sigue sin resolverse esa cuestión a nivel nacional, por lo que tienen que buscarse recursos por su cuenta, y ésta es la vía más sencilla. Lo malo es que la obsesión por la financiación olvida el resto de criterios a tener en cuenta; y también que detrás de las nuevas urbanizaciones vendrán las exigencias de los vecinos de mejorar los accesos porque los originales se saturaron; de poner servicios e instalaciones, de hacer una ciudad de lo que se diseñó como barrio-dormitorio. Con lo que nuevamente nos encontramos con más necesidad de financiación.

La solución no va a venir por la Ley del Suelo recién aprobada, por mucho que manifieste que va a acabar con la especulación y garantizar el cumplimiento del fin social de la propiedad inmobiliaria (ver, respectivamente, el final del apartado I y el VII de la Exposición de Motivos). Mientras no se afronte con todas sus consecuencias la financiación municipal, se recorte la capacidad urbanística de los Ayuntamientos -al menos de los pequeños-, se prohíban los convenios urbanísticos y se haga efectivo el derecho de los vecinos a participar en las políticas que afecten al Medio Ambiente, los promotores seguirán tabicando la costa.
Tampoco la liberalización absoluta del suelo que reclaman algunos y propone, entre otros Fernan2 -con quien, por lo demás, estoy muy de acuerdo, es la solución; la "mano invisible" de que hablaba Adam Smith ya se demostró en muchas ocasiones que no existe o, en todo caso, funciona sólo a favor de los especuladores, no del bien común. Pero es que, además, esa liberalización es lo que hizo el PP con su Ley del Suelo: antes sólo se podía construir donde lo establecía expresamente el PGOU; con la reforma del PP, todo el suelo sería edificable, salvo los terrenos especialmente protegidos, si bien con el matiz de que fuera de las zonas urbanas se exige una determinada extensión de terreno para poder hacerse la vivienda; y esto a su vez con el matiz de que cualquier promotor puede proponer un convenio urbanístico para desarrollar un plan parcial en cualquier zona del municipio, incluso las zonas protegidas por la norma urbanística. Este modelo ya se ha demostrado que no funciona: el PP lo defendió diciendo que la liberalización del suelo abarataría la construcción y la vivienda, y en cambio lo que ha hecho es incrementar los ingresos de los promotores y destruir numerosos parajes naturales, entre ellos casi toda la costa mediterránea y los archipiélagos, y en el Cantábrico vamos por el mismo camino. Y, desde luego, los precios de las viviendas no han bajado, sino todo lo contrario.

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10 opiniones:

Anonymous Joaquim dijo...

La pasada semana oí en la radio a un contertulio opinar repetidamente (machaconamente diría) sobre lo absurdo de que no todo el suelo español fuese urbanizable. Por la emisora que es (Radio Intereconomía), supongo que formará también parte del coro pro campos de golf en todas partes.

Una pena.

Salu2

9 de julio de 2007 22:53  
Blogger Consumerista dijo...

Sí, Joaquim, seguramente forma parte de ese coro, formado principalmente por quienes tienen interés en que las cosas funcionen así. Hay mucho dinero a ganar a costa de unos paisajes que son patrimonio de todos.

10 de julio de 2007 12:37  
Blogger Tristan dijo...

Y dale con la Ley de PP. Esa ley era de puta madre, pero nunca pudo aplicarse porque Jordi Pujol ´consiguió que fuera declarada inconstitucional por invadir competencias autonómicas.
si se hubiera llegado a aplicar, los pisos ahora valdrían exactamente la mitad de lo que valen. Y mi hipoteca sería de risa.
Tristan

10 de julio de 2007 19:44  
Blogger Echevarri dijo...

Lo cierto es que suena duro en España decir que el suelo esta liberalizado. Mi experiencia practica es que de eso nada. Los tramites burocraticos son inmensos, y la maraña autonomica salvaje. En suelo que no estd eclarado urbano, salvo casuistica muy concreta es muy dificl construir...
Por otro lado Tristan tiene razón. Anque la culpa no fue de Jordiu Pujol, fue de los simpaticos padres de la Constitución que cedieron las competencias en urbanismo a las CCAA. Algo absolutamente demencial, como se ha visto con el tiempo. Pero no hay narices para recuperarlas...

10 de julio de 2007 20:15  
Blogger Consumerista dijo...

Tristan, la Ley sólo se declaró inconstitucional en parte, otra siguió en vigor. Y entre lo que está vigente, es la parte que permite que los promotores puedan impulsar convenios urbanísticos para construir en donde les salga más barato. El hecho de que a ellos les salga más barato no quiere decir que luego te bajen a ti el precio, sino que ganan más porque a ti te cobran lo mismo. Así que la liberalización del suelo no ha servido para abaratar las viviendas, sino para aumentar los beneficios de los promotores. Una vez más, se demuestra que el mercado por sí solo no funciona.
Echevarri, la prueba de que está liberalizado es que, haciendo todos esos trámites, acabas construyendo. Tienes unas limitaciones, porque te exigirán una determinada superficie si estás fuera del núcleo urbano para poder hacerte la vivienda, pero si tienes la superficie acabas construyendo. Y los trámites tiene que hacerlos también el promotor que construye en el centro de la ciudad; lo que pasa es que el comprador no se entera, porque esa parte ya se la da hecha el promotor.
De todas formas, el tema de la destrucción de la costa, el paisaje, etc. no va por el propietario de un terreno que se quiere hacer una casa aislada, sino por los promotores que van comprando a precios de risa en parajes bien conservados para hacer una urbanización.
Aunque el propietario que se hace su casa aislada también plantea sus problemas, porque necesita accesos -puede haber camino o no, asfaltado o no, y si no está asfaltado querrá asfaltarlo-, llevar el tendido de la luz, el teléfono, el agua, etc., y según donde esté tiene que hacerlo todo nuevo, lo que tiene su carga visual, puede conllevar servidumbres sobre los predios vecinos...

10 de julio de 2007 21:14  
Blogger Consumerista dijo...

Además, volviendo sobre lo anterior, fijaos en la perversión del sistema: el propietario de una finca que quiere hacerse una casa fuera del núcleo urbano tiene que someterse al PGOU o normativa urbanística local que exista en su defecto, que le exigirá que tenga un mínimo de 700, 1.500, 8.000 o los que sean metros cuadrados para poder hacerse una vivienda unifamiliar. Esta normativa está aprobada por el Ayuntamiento democráticamente elegido en razón, se supone, del interés público.

En cambio, el promotor que quiere construir fuera del núcleo urbano puede proponer al Ayuntamiento un convenio urbanístico para no tener que someterse a esa norma; de forma que en un paraje natural en el que antes no se podía construir porque el planeamiento lo declaraba "de especial protección paisajística, o forestal", o exigía, pongamos por ejemplo, 8.000 metros para poder hacer una única vivienda unifamiliar, ahora el promotor podrá construir una urbanización entera, incluso bloques de viviendas. El promotor no se somete al plan, sino que lo sustituye en su propio interés. Y ¿cuándo habéis visto que las viviendas construidas en una de esas urbanizaciones tengan precios asequibles para una pareja joven, para un matrimonio con un sueldo mediano?

11 de julio de 2007 13:17  
Blogger Merco dijo...

No estoy de acuerdo, desde mi punto de vista,creo que está mas que comprobado en la historia que el mercado se auto regula para bien o para mal pero siempre busca su
punto de equilibrio. No creo que la culpa de todo esto sea los promotores o los grandes magnates del suelo ya que ellos solo se dedican a buscar suelo, comprarlo barato y vender casas caras (principio básico creo para ser empresario o inversor compra barato-vende caro).Esto es una cosa básica, el empresario libre, vende su producto al precio que el quiere y luego los individuos eligen. Se habla de abusos pero los pisos se siguen vendiendo, porque entonces el empresario va a bajar su producto si lo puede seguir vendiendo. Yo si creo que el mercado funciona solo, incluso con la mano de dios de por medio, el mercado mas de una vez en la historia se ha autoregulado
Otra cosa es la corrupción desde los ayuntamientos haciendo concesiones y fijando precios a los amiguetes de turno por ello si hubiera mas control esto no pasaria y la oferta y la demanda entraria en juego y se darian concesiones de suelo o de construcción al que mas aportara no ya a las arcas sino tambien en infraestructuras para el municipio.
Por lo tanto y termino mi argumentación creo que todas las medidas por liberalizar los mercados son buenas ya que el proteccionismo y la intervención del estado en el mercado ha sido siempre nefasta.

Saludos y enorabuena por tu blog.

11 de julio de 2007 21:06  
Blogger Consumerista dijo...

Merco, pero no podemos aceptar el resultado del equilibrio a que llegue el mercado, sea bueno o malo. Si es bueno, perfecto; pero si es malo,hay que intervenir para corregirlo, para eso están las políticas públicas, el Estado. Lo contrario sería una dejación de funciones que estaría en oposición con el fin del propio Estado, en todo caso tiene que buscar el bien común, el interés público. Otra cosa es que hasta ahora lo hayan hecho mejor o peor; si lo hicieron mal, en lo que estamos de acuerdo, hay que cambiar a los políticos y poner a otros que inspiren más confianza. O cambiar el sistema, sustituir éste en que todo lo deciden los políticos (con sus compadreos con los dueños del dinero, o no) sin más responsabilidad ni consultas públicas, por otro en que haya una participación ciudadana real y efectiva.

12 de julio de 2007 20:36  
Blogger Merco dijo...

La cuestión no es dejación de funciones o la posible anarquía, yo creo que el estado esta para proteger los intereses de todos, para que cada vez seamos mas libres. Lo que pasa es que vivimos en una utópica realidad de libertad. No estoy diciendo que no seamos libres pero no lo somos del todo. Entiendo que para vivir en sociedad el individuo debe de aceptar una serie de normas que ya de por sí le limitan pero que son necesarias para la convivencia de todos en libertad. Pero sigo sin estar de acuerdo que el estado se deba encargar de corregir nada en el mercado. El estado no debe corregir nada, debe encaminar sus políticas a mejorar, no a intervenir para mejorar, ya que como hemos visto no solucionan nada interviniendo porque al fin al cabo el mercado lo somos todos y se rige por las leyes de oferta y demanda (por mucha intervención al final el mercado se corregirá para bien o para mal). Un estado que interviene no es un estado libre, como explicado antes, el estado debe encaminar sus políticas a mejorar la vida de sus ciudadanos, dando mas facilidades y comodidades para la realización personal del individuo. De esta manera no solo corregiríamos los posibles altibajos del mercado sino que seriamos más dinámicos y libres todos.
En cuestión de vivienda hay muchas teorías para solucionar estos niveles de precios, que si alquileres bajos promovidos por el estado, que si vivienda pública, etc...pero lo que no se paran a pensar es que la única forma desde mi punto de vista de conseguir el equilibrio es dejar al mercado actuar solo.
En vez de intervenir para corregir intervengan para que haya libertad de mercado y que cada actor intervenga en el mercado libremente, con las menores trabas burocráticas posibles y con una ley eficaz e igual para todos. De esta forma habría menos desigualdad social y como es lógico cada cual seria muy libre de gastarse el dinero en lo que él crea conveniente no en lo que el estado le obligue diciéndole que es para el bien común. Creo que el llamado estado de bienestar al final lo podríamos llamar como el estado de la poca libertad y de la desigualdad porque a eso nos a llevado.
En fin, aun me queda mucho camino en la vida y soy muy joven y como podrás observar mi idea es igual de un liberalismo económico que alguno podrá incluso llamarlo radical pero es lo que pienso y me parece bonito poderlo mostrar en tu Blog al lado de diferentes ideas.
Saludos!!

13 de julio de 2007 17:05  
Blogger Consumerista dijo...

Merco, lo que pasa es que el liberalismo radical no lleva a que haya más igualdad, sino todo lo contrario. Quienes tienen el poder del dinero, de la información y de las influencias son cada vez más ricos y quienes parten de una situación de inferioridad están cada vez más abajo. Fíjate que incluso en Estados Unidos, que pasa por ser el modelo de los liberales, el Estado interviene en el mercado de una forma muy intensa, a través de fórmulas variadas, entre ellas la de las subvenciones; p.ej., la agricultura y la ganadería están muy subvencionadas, también determinados tipos de industria, en otros el Estado es el principal cliente...; mientras que hay unos controles muy importantes para otras industrias contaminantes, como las refinerías (sí, a pesar de ser el país de las grandes petroleras, en su territorio ahora hay unas limitaciones muy estrictas para esa actividad, es casi imposible abrir una nueva, pregúntale a Fernan2, que es especialista en inversiones petroleras).
Además, en cuanto a la construcción de vivienda, es preciso que intervenga el Estado si el mercado no puede facilitarla a precios razonables, porque existe un derecho a una vivienda digna, todos deberían tener accesibilidad a una vivienda digna (aunque no esté reconocido como un derecho subjetivo), y el Estado no puede limitarse a mirar qué ocurre.
Lo que me parece muy bien de tus comentarios, y me da mucha satisfacción, es que podamos debatir ideas diferentes aportando argumentos, de forma civilizada, sin insultos, a diferencia de lo que suele ocurrir entre la clase política que padecemos y ciertos sectores de la prensa.
Un saludo.

13 de julio de 2007 17:33  

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