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07 de diciembre de 2011 (18:34)
Lección 5.
Lección 6. Milenaria fábula oriental, sin moraleja conocida (Mirad los traders a ver si encontráis alguna). El gran dragón estaba alegre en su cueva. Le gustaba la que había elegido de morada, pues nadie era más fuerte que él. De repente, un diminuto e insolente murciélago entro en la cueva y dijo al dragón: “¿Me quedaré aquí a dormir, abandona la cueva?”. El dragón no daba crédito a tamaña insolencia, y le lanzó una llamarada de fuego tremenda, que el murciélago esquivo fácilmente. Le lanzo varias dentelladas, pero el diminuto murciélago lo esquivaba en vuelo y le mordía con sus pequeños dientes, en las junturas de las escamas, haciéndole sangrar y causándole gran dolor. Tras un rato el dragón, humillado y malherido dejó la cueva. El pequeño murciélago loco de alegría se puso a cantar y a revolotear, diciendo: “Soy el más grande, ni siquiera el gran Dragón es rival para mí”. Anochecía, y se acercó revoloteando a la entrada de la cueva, donde había una tela de araña gigante, que no vio, y en la que calló. Llegada la noche, el murciélago murió, de frio y hambre. La araña salió de su cueva y dijo: “Soy la mejor, nadie puede conmigo…..”.
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