La Vuelta al Gráfico
El blog de Tomás V. García-Purriños García

Podemos cambiar el mundo

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Publicado por TomasGarciap el 14 de mayo de 2011
Cada vez que, como consumidores, adquirimos un producto, estamos dando una opinión positiva sobre el mismo. Estamos diciendo que nos parece correcto cómo ha sido elaborado. Aceptamos cada una de las fases de producción y de transporte del mismo. Algo tan sencillo como comprar un lápiz significa que nos parece correcto el modo en que se ha tratado todos los elementos que lo componen (excepcionalmente descritos en este vídeo del genio M. Friedman). Es decir, estamos votando que nos parece correcto que sigan cortando la madera como lo hacen y donde lo hacen, que la sigan transportando del mismo modo, que paguen el mismo salario a los empleados... y así paso a paso toda la enorme cadena que nos lleva hasta el lápiz.

Parece una broma, pero la verdad es que comprar es una gran responsabilidad. 


 


 

Desde hace algún tiempo existe un movimiento que lucha por un "comercio justo". Una de las exigencias de este movimiento es que se señale de dónde vienen los productos. Por ejemplo, si compramos tomates, que sepamos exactamente si son franceses, españoles o marroquíes. Pero el movimiento va todavía un paso más allá:exige que se informe si las personas que hicieron posible ese tomate recibieron un salario "justo" por su trabajo. No exigen que el comercio sea justo sino que se informe al consumidor y que éste sea el que decida qué mundo quiere. 
 
Lo cierto es que a veces, cuando pensamos qué es lo que nosotros como individuos podemos hacer por mejorar el lugar en el que vivimos, nos termina por vencer el desánimo. ¿Qué podemos hacer nosotros solos contra todo un planeta egoísta? Incluso si conseguimos organizarnos, ¿qué somos unas cuantas personas? Parecemos pequeñas hormigas tratando de cambiar la corriente de un río. En general, nos infravaloramos. Creemos que son necesarios los héroes, los líderes, sin entender que a lo mejor nosotros mismos ya somos esos héroes. Héroes de la cotidianeidad. Dijo René Jules, un ecologista francés del siglo pasado -un héroe-: "piensa globalmente y actúa localmente". Es decir, las pequeñas cosas que tú puedes hacer, gastando cinco minutos de tu vida, aunque parezcan una gota en el océano son actos enormes que, por supuesto influyen en la globalidad. Aunque sea poco, es algo. 
 
Si queremos que las cosas sean diferentes no debemos pensar lo solos que estamos, sino que nuestro comportamiento y nuestra actitud de verdad sirve para cambiar las cosas. Por ejemplo, que las personas nos demos cuenta de lo importante que es comer sano está ayudando no solo a mejorar de nuevo nuestra dieta, sino a que las empresas cada vez más creen nuevos productos sanos. Hace unos años era impensable entrar en una hamburguesería y comer una ensalada de la huerta que estuviese rica. Hoy es normal. Este cambio no se ha producido de manera violenta. Esa es una gran mentira que ha hecho muchísimo daño a la política de los últimos siglos. Los grandes cambios se fraguan durante años y se producen poco a poco y en silencio, a partir del cambio en la mentalidad de los pueblos, no de sus líderes ni de quiénes los gobiernan. Si en un burguer te sirven ensalada es porque la gente la pide, nadie les ha obligado hacerlo.
 
Nadie más que "la mano invisible", que es dirigida por cada uno de los consumidores. Así, de repente el supermercado se ha llenado de productos "sanos". Lo mismo que ha pasado con los coches y su camino para reducir las emisiones de gases nocivos para la atmósfera. Las empresas no son ONGs, su objetivo es conseguir el máximo beneficio. Y normalmente las enormes multinacionales son entes sin alma, sin deseos y sin moral porque no son seres humanos: su personalidad es tan solo jurídica. Tienen la moralidad que le exijan sus dueños. Sus dueños y sus clientes. Si los clientes exigimos moralidad y ética en una empresa -"este chorizo no lo compro porque esta compañía mata a los cerdos a puñetazos"- las empresas ofrecerán moralidad y ética. Así es como cambiamos el mundo.
 
Al final, capitalismo o socialismo no son más que palabras que representan un sistema también sin alma. Son las personas que lo componen las que le dan personalidad. 
 
En el mundo de la inversión durante la última década se pusieron de moda los llamados fondos éticos. Estos fondos de inversión invierten en empresas que además de ser rentables, cumplen con unos requisitos éticos fundamentales y de responsabilidad social. Gracias a esto muchas empresas decidieron, para obtener financiación de estos fondos, cumplir esos requisitos éticos. Rápidamente en casi todas las facultades de prestigio aparecía la asignatura "ética de los negocios". En muchas de las certificaciones más importantes referentes al análisis de inversiones, como el CFA o el CAIA, una de las partes más importante es la ética. Poco a poco estos fondos de inversión han evolucionado y ahora existen entidades que no solo invierten en empresas socialmente responsables sino que además compran aquellas que no lo son para, una vez propietarios, exigirles que lo sean. Esa es la forma que tiene el ser humano de cambiar el mundo sin cambiar nuestra forma de vida. Tanto en el ahorro como en el consumo tenemos la opción de dar nuestro voto de cómo deberían ser las cosas. Pero un voto de los que valen, porque al que dejas de votar deja de ganar dinero. 
 
No es necesario salir a manifestarse, ni dar la vuelta al mundo dando conferencias, ni coger un megáfono y ponernos en el centro del retiro a gritar por los valores. Que no sea necesario no significa que tampoco esté de más. Es tan sencillo como la próxima vez que compremos café, elijamos aquel que nos asegure un origen justo. O como que el próximo depósito que contratemos con nuestro banco sepamos a quién o para qué prestarán los fondos que les estamos dejando. 
 
No es tan complicado poner nuestro ladrillo. Cuando seamos muchos los que ladrillo a ladrillo hayamos construido una sociedad mejor, el mismo sistema (sea cual sea) será el encargado de poner el cemento.
 
Etiquetas: etica · opinión · comercio justo



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Comentarios
1 Javier 13
14 de mayo de 2011 (19:34)

Estoy totalmente de acuerdo contigo, tu pon lo que pueda otro pondrá otro poco aunque sea mas tarde, poco a poco revosara el vaso, la jarra, el cubo e incluso el océano,

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2 Marcosl
14 de mayo de 2011 (20:49)

"Al final, capitalismo o socialismo no son más que palabras que representan un sistema también sin alma. Son las personas que lo componen las que le dan personalidad."

Muy buen artículo.

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3 Jo.ma
14 de mayo de 2011 (21:22)

Lo recomiendo y lo guardo. Muy bueno. Ahora, pasaré a exponer mi opinión :
''Pero el movimiento va todavía un paso más allá:exige que se informe si las personas que hicieron posible ese tomate recibieron un salario "justo" por su trabajo''
Es completamente cierto que una suma infinita y exponencial de conciencias individuales que sigan en esa dirección, pueden hacer cambiar el mundo, pero la pregunta que yo de verdad planteo es :
¿ Estará dispuesto el mundo ( desde el americano que acapara más del 90% de los recursos de la población mundial a cualquier otro ciudadano de cualquier otro país, que junto con el resto de países desarrollados provocan que entre 500 y mil millones de personas se disputen todos los recursos y su control, para que los otros 5500 o 6 mil millones de personas dejen de comer ) a pagar un salario justo, todos a la vez, sin condiciones ni cortapisas? ¿ Qué pasará, cuando todos en el mundo, vean que esa suma de morales individuales, lleve a la gran masa social a nivel planetario, a otorgar un salario justo, y por lo tanto las mismas posibilidades económicas, la misma capacidad de pago, la misma capacidad de acceso a los mismos bienes y servicio y el mismo porcentaje o nivel de reclamo de los mismos ( desde un ciudadano de la conchinchina hasta el ciudadano más rico del paraíso fiscal más exclusivo ) ?¿ Estará el mundo realmente dispuesto a ver cómo la inflación se dispara tanto, debido al acceso mundial de todos sus habitantes a esos productos de consumo, a retroceder en el tiempo hacia el racionamiento ( imaginad el impacto, no solo tendrían que aprender de la noche a la mañana que la opulencia y los excesos, el derroche y el tirarlo todo o comprarlo por cuadruplicado ya no sirve, sino que se verían convertidos en los nuevos ''chinos e indios'', en base a la concepción que muchos millones de personas siguen teniendo de esos países, en cuanto a hambre y demás... ) ?
Porque seguramente, hasta el más ecologista, hasta el más solidario, hasta el más acérrimo defensor de esa práctica a nivel mundial, lo será, hasta que le toquen el bolsillo o las comodidades de la sociedad en donde vive, comodidades y progresos tan básicos e invisibles, que uno no lo tiene en cuenta hasta que las pierde, pero que al fin y al cabo lo son.
Nótese que no soy fan de las conspiranoias, no lo he planteado desde el punto de vista desde lobbies, de grupos de poder, o desde la perspectiva de no tolerarlo que podrían tener las personas que puede que gobiernen este mundo desde la sombra, sino desde la perspectiva de un auténtico cambio global,de la redistribución llevada al infinito.
Y en segundo lugar, esta otra frase del artículo :
''Por ejemplo, que las personas nos demos cuenta de lo importante que es comer sano está ayudando no solo a mejorar de nuevo nuestra dieta, sino a que las empresas cada vez más creen nuevos productos sanos.''
Hay que tener cuidado también con eso, porque igual que antes había un exceso de digamos, vicios alimenticios, respaldados por corporaciones monstruosamente grandes y poderosas, también están empezando a surgir los oligarcas de las commodities, y sino...¿ A qué viene tanto bombo y platillo con Glencore ? Y como ella, habrá muchas más,control de las materias primas y el agua,que poco a poco, gracias al crecimiento de los países emergentes, han hecho que el trigo, o la patata, o la soja, o una simple lechuga, se haya convertido en la nueva era del petróleo.
Porque lo que te estás ahorrando en sanidad, lo que ganas en calidad de vida, el gasto público que se evitará en medicamentos, en medicina preventiva, y en sostener la estructura sanitaria existente a día de hoy, te lo vendrá a quitar el día de mañana el Bill Gates o el Warren Buffet de los tubérculos, y lo hará metiendo... donde te duela.
Por lo demás, me gusta mucho el artículo.

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4 Comstar
15 de mayo de 2011 (06:24)

Las empresas temen al escándalo.
Un ejemplo simple de auditoría ciudadana es el caso de la periodista costarricense Hazel Feigenblatt quien tiene su página web en http://www.quienpagamanda.com/
Es un sitio que se dedica a denunciar abusos al consumidor. No sólo ayuda a los clientes que se quejan a quejarse, sino que sirve a otros consumidores como medio para aplicar la responsabilidad de comprar.

Por ejemplo ella escribió un día sobre una cucaracha en los biscuits de KFC.

KFC deberá indemnizar a estudiante con ¢1 millón por venderle biscuit con una cucaracha incrustada
http://www.quienpagamanda.com/2010/06/kfc-debera-indemnizar-a-clienta-con-%C2%A21-millon-por-venderle-biscuit-con-cucaracha-incrustada/

Como los biscuits no son elaborados localmente, sino importados de la fábrica, puedes presumir que a ti también te podría salir una cucaracha importada, por ejemplo. Y aunque ocurre al otro lado del mar, es relevante para ti. Su sitio web es ejemplo para otros países donde los consumidores quieran organizarse y velar por una actuación responsable de las empresas.

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5 Comstar
15 de mayo de 2011 (06:25)

Las empresas temen al escándalo.
Un ejemplo simple de auditoría ciudadana es el caso de la periodista costarricense Hazel Feigenblatt quien tiene su página web en http://www.quienpagamanda.com/
Es un sitio que se dedica a denunciar abusos al consumidor. No sólo ayuda a los clientes que se quejan a quejarse, sino que sirve a otros consumidores como medio para aplicar la responsabilidad de comprar.

Por ejemplo ella escribió un día sobre una cucaracha en los biscuits de KFC.

KFC deberá indemnizar a estudiante con ¢1 millón por venderle biscuit con una cucaracha incrustada
http://www.quienpagamanda.com/2010/06/kfc-debera-indemnizar-a-clienta-con-%C2%A21-millon-por-venderle-biscuit-con-cucaracha-incrustada/

Como los biscuits no son elaborados localmente, sino importados de la fábrica, puedes presumir que a ti también te podría salir una cucaracha importada, por ejemplo. Y aunque ocurre al otro lado del mar, es relevante para ti. Su sitio web es ejemplo para otros países donde los consumidores quieran organizarse y velar por una actuación responsable de las empresas.

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6 Arricoo
15 de mayo de 2011 (14:16)

Felicidades por la entrada. Una reflexión que hará reflexionar a los que te lean.

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7 Adan esmit
15 de mayo de 2011 (15:01)

Bonitas y didácticas reflexiones Tomás.
"Si queremos que las cosas sean diferentes no debemos pensar lo solos que estamos, sino que nuestro comportamiento y nuestra actitud de verdad sirvan para cambiar las cosas"
Esta frase encierra una gran verdad. ¿Nos seguimos comportando como la masa?:¿donde va Vicente? donde va la gente. O adoptamos comportamientos coherentes con nuestro propio pensamiento y análisis.

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8 Franz
16 de mayo de 2011 (01:56)

No es tan fácil y bien lo sabes. Has introducido en tu artículo personas que afrontan algunas misiones y servicios con mucha atención y formación ante el público. Comentas algo sobre comercios, unos con más dificultad que otros, cada uno es diferente unos dan más soluciones pero eliminan alguna comodidad del cliente. Hay empresas pequeñas que están introducidas en el mundo entero y dan un servicio excelente y al cliente hay que servile esté en lugar que esté. La forma de vida hay que cambiarla como nuestra inversión, conocerás muchos perfiles y a cada cliente le ofreceras el perfil más idoneo para que no pierda dinero. Palabras muy bellas al final del artículo en sí en todo lo que ha escrito, pensaba que era un sueño, meditaba dónde se encuentra ese mundo.
Un saludo

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TomasGarciap

TomasGarciap

Tomás V García-Purriños, CAIA, trabaja en el Advisory Group de MoraBanc Asset Management. En los mercados financieros desde 2003, ha desarrollado su carrera en entidades del sector como Cortal Consors (BNP Paribas), Intermoney, CA Cheuvreux o Morgan Stanley. Tomás es CAIA (Chartered Alternative Investment Analyst), Máster en Bolsa y Mercados Financieros por el Instituto de Estudios Bursátiles y licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.




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