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                                                       FERNANDO ESTEVE MORA

Me puedo equivocar. Pero me da que no. Tengo para mí que la gente religiosa, la gente con mentalidad religiosa puede acabar teniendo una especial proclividad al homicidio, al asesinato. Y no me estoy refiriendo exclusivamente a los creyentes en las viejas deidades sanguinarias. a los fieles de Baal, de Khali o de las religiones precolombinas de aztecas o incas, sino también a los fieles de las religiones -digamos que- "civilizadas" y "pacifistas": cristianos, musulmanes, budistas, sintoístas etc.

Y es que los bienintencionados intentos de mostrar que estas religiones son intrínsecamente pacíficas y pacifistas no me resultan demasiado creíbles. Por lo que sé de la historia europea, plagada como lo está de sanguinarias persecuciones y matanzas y guerras por "razones" religiosas, no me ha resultado enteramente  convincente la por otro lado muy recomendable obra de Karen Amstrong, Campos de sangre: la religión y la historia de la violencia.  Lamentablemente no puedo recurrir a  la monumental y enciclopédica Historia Criminal del Cristianismo de Karlheimz Deschner, que sólo conozco de oídas, pues -quizás sospechosamente- su  edición en castellano es  inencontrable. Y ¿qué decir de esos bienintencionados intentos de interpretar la yihad islámica sólo como una "guerra" interior contra uno mismo, a la vez que no hay país que no dedique abundantes presupuestos a la lucha contra el  yihadismo? Y, por último, ¡qué  patético ha sido ver cómo  algunos residuales herederos del  hippismo de los años sesenta, se han visto recientemente obligados a "caerse del guindo" y aceptar que sí, que los monjes budistas de Birmania, han amparado y fomentado la "limpieza étnica" contra  los musulmanes rohínyás!

Dos advertencias antes de seguir. La primera es que mi hipotesis de que toda creencia religiosa acaba tarde o temprano fomentando los comportamientos homicidas  no se refiere solamente a las creencias religiosas en Alá, Cristo, Buda o el Tao u otra entidad divina más o menos personal. También las ideologías laicas, una vez devienen en religiones apocalípticas, acaban siendo  igualmente homicidas. ¿Cuánta sangre derramada cabe dentro del "todo" del "Todo por la Patria" típico de las religiones nacionalistas? ¿Y qué decir de los innúmeros crímenes a los que ha llevado el  "Todo por la revolución"? Como ha mostrado John Gray en su Misa Negra. Religión apocalíptica y la muerte de  la Utopía, una vez una ideología deviene en creencia apocalíptica, en guía obligada para llegar a  un futuro "mejor", el camino hacía la tortura y el asesinato de quienes no colaboran en la realización de ese sueño por parte de quienes sí  lo hacen está no sólo abierto, sino que es casi obligado.

La segunda advertencia es que lo que sostengo no es que TODA la gente religiosa devenga SIEMPRE por el mero hecho de serlo en  homicida. No, en absoluto. Abundan las personas religiosas que han dejado testimonio ion su muerte de su compromiso con la no violencia. Lo que quiero decir es que  la mentalidad religiosa, toda mentalidad religiosa, promueve lógicamente de modo  estadísticamente significativo para mí, los comportamientos  homicidas. Todos los seres humanos somos potencialmente homicidas, asesinos, de otros seres humanos. Creo que es razonable pensar que los seres humano, tenemos una capacidad genética -que compartimos con otros primates, como los chimpancés o los gorilas- para la agresión intraespecífica. Pero la genética no es el destino. Para que esa potencialidad a la violencia contra otros que tenemos todos los humanos se convierta  en algunas ocasiones en realidad, en acto, en homicidio o asesinato se requiere de  la presencia de muchos otros factores. Y aquí, lo que vengo a decir es que la mentalidad religiosa es uno de ellos en la medida que facilita la expresión de esos genes homicidas.   

Pero, ¿por qué? Obviamente no soy ni muchísimo menos el primero que se sorprende de esa incongruencia entre el pretendido pacifismo de todas las religiones más o menos universales (es decir, que no sólo las aceptan un determinado grupo étnico o social) y la realidad de su implicación en actos agresivos de todo tipo: persecuciones, matanzas y guerras. Hay explicaciones de todo tipo. Pues bien, frente a rebuscadas explicaciones filosóficas, sociológicas e históricas, se me ha ocurrido hoy una sencilla explicación para esa incongruencia, para ese probabilístico fomento al homicidio de las religiones, desde la Economía que paso a exponer.

Veamos, frente a lo que nos pasa a los ateos, los creyentes creen en que la vida humana no concluye con la muerte, sino que hay un "más allá" donde, de alguna manera, siguen "viviendo" los que mueren. Una vida eterna "allá arriba", en "el cielo", más real o verdadera y más satisfactoria o feliz que la que se vive "aquí abajo". En consecuencia, provocar la muerte de otro, para un ateo, cuando este otro no la desea, es por lo general infligirle un daño inconmensurable, infinito si se quiere, pues le supone a la víctima el perder TODO posible disfrute o bienestar ulterior. No hay nada más allá de la muerte. Con ella acaba todo.

Por contra, para un creyente, el coste que supone el quitarle la vida a otro ser humano es muchísimo más bajo. Es un, un coste finito, limitado, pues, en último término, matar a alguien es -para un creyente- lo equivalente a obligarlo a irse a vivir  un poco antes de tiempo a dónde iba a irse tarde o temprano, o sea "al otro barrio", al "más allá",  dónde -incluso- su vida puede ser mucho más placentera, pues -según creen ellos- ese "barrio" de ultratumba está más que bien:  un "paraíso".

(Repetiré el argumento usando de la jerga económica por si algún lector se siente más seguro con ella. LLaman los economistas "Variación Compensadora"  a aquella cantidad de dinero, de renta monetaria,  que si se le diera a un individuo, le compensaría por la pérdida de bienestar o utilidad que haya sufrido por cualesquiera motivos. Por ejemplo, cuando los trabajadores piden que se les suban los salarios para compensarles por la pérdida de poder adquisitivo de sus ingresos en un contexto inflacionista, lo que están pidiendo es la variación compensadora. Pues bien, el mal, la pérdida que se le inflige a un ser humano, cuando no deseándolo éste por las razones que sea, se le mata es para un ateo enorme, inconmensurable e incompensable, o sea, que sólo una cantidad infinita de dinero podría compensarla.  Por contra,  esa variación compensadora para un creyente que cree en la existencia real de una vida de ultratumba  es mucho más pequeña, conmensurable o evaluable, lo cual se traduce en que para los creyentes el quitarle la vida a otro tiene para ese otro un coste mucho más bajo que para un ateo).

No creo que haya muchas dudas de la validez de la argumentación que acabo de exponer. Tampoco debería haberlas en el siguiente paso de la misma. Que es el de afirmar que matar a alguien no es algo gratuito tampoco para quien lo hace. Sí, como he dicho, creo que  todos tenemos la capacidad para la violencia, para matar a otro, pero no es fácil el llevarla adelante. Y no sólo por la existencia de costes externos (la vigilancia, la capacidad de respuesta del otro, etc.), sino internos.

Y es que ni siquiera para aquellos que se entrenan para ello, los militares, el matar les resulta algo enteramente asumible. Citaré aquí una obra extremadamente curiosa,
On Killing. The Psychological Cost of Learning to Kill in War and Society de un Teniente Coronel norteamericano y luego psicólogo, Dave Grossman, que documenta abundantemente la repulsión innata en individuos normales a matar a otros incluso en situación de guerra, y los costes psicológicos y físicos que ello les supone a los soldados.  Ello se traduce, por ejemplo,  en la increíble "ineficiencia" que muestran los soldados  en el uso del armamento de uso personal, medida por ejemplo por la increíble cantidad de balas usadas por baja causada al enemigo, ineficacia que revela una clara ausencia de voluntad de causar daño.

Pues bien, si se acepta esto último, o sea, que el matar supone un coste psicológico aunque  muy real al que mata porque los seres humanos normales tienen una cierta "resistencia" a matar a otro ser humano, basta entonces con suponer que hay una relación directa entre los dos tipos de costes, o sea, entre el coste que el victimario cree que sufre la víctima  y el coste psicológico que sufre ese mismo perpetrador o victimario  cuando comete el homicidio, para llegar a la conclusión de que  este coste psicológico de un homicidio será más elevado si el perpetrador u homicida  es  un ateo que si es un  creyente, pues para el primero, como ya se señaló antes, el daño causado a la víctima matándola es muchísimo más elevado que para un creyente. Ello se traduce en que ,siendo el coste psicológico que sufre  mayor, el incentivo de los ateos a causar muertes es obligadamente menor por la "ley de la demanda". O, dicho a la inversa, que dado que  el coste psicológico para los creyentes de causar muertes es menor, ello les "incentiva" diferencialmente a cometer ese tipo de violencia.

Lo diré de modo más sencillo: los creyentes tienen una mayor propensión a los comportamientos homicidas por la sencilla y obvia razón de que -para ellos-, la pena o daño que infligen a sus víctimas tiene un menor valor que el que le dan los ateos. En consecuencia, su resistencia innata a cometer esa violencia homicida, que asumo es proporcional a su estimación del daño que causan, es más pequeña. Como sus creencias religiosas les llevan a pensar que las muertes que provocan "no son para tanto",  tienen por ello una mayor predisposición a causarlas pues tienen  "otra" vida después de la que les quitan.

Para evitar que ese incentivo al homicido, inserto lógicamente en cualquier creencia en una vida más allá de la tumba, se llegara a descontrolar  y diera paso a una orgía sanguinaria entre los creyentes,  las distintas religiones han generado sistemas de restricciones que convierten en pecado el comportamiento homicida (por ejemplo, el famoso 5º mandamiento "No matarás" en la religión judaíco-cristianas). Pero nunca esa prohibición ha sido absoluta. Así, por ejemplo, lo habitual es que esa prohibición no se aplicara estrictamente a quienes no compartían la misma religión (así, por ejemplo, matar a "paganos" casi gratuitamente ha sido admisible por casi todas las religiones hasta bien entrado el siglo XIX como ejemplifican los comportamientos de  las naciones colonizadoras).

Un ejemplo egregio y particularmente reseñable de todo lo que he venido en decir  lo proporciona la  famoso frase atribuida a Arnaldo Amalrico en tiempos de la Cruzada Albigense contra la herejía cátara que emprendió la Iglesia católica en el siglo XIII. Se dice que este legado papal justificó la matanza de todo ser humano, cátaro o no,  de la siguiente manera: "¡Matadlos a todos! Que Dios reconocerá a los suyos". Enteramente coherente. Si la muerte sólo es un "cambio de residencia", no habría que preocuparse nada por si a quienes se mata siquiera "se lo merezcan", o sea, por los que modernamente se conoce como "víctimas colaterales", pues a fin de cuentas a los matados "buenos", Dios les proporcionaría un mejor alojamiento en el Paraíso con lo que acabarían viviendo mejor que en este valle de lágrimas".

En la misma línea, pero más cercano a nosotros tenemos el ejemplo de la conversión en yihad, o sea, en "cruzada" la rebelión armada de Franco y los suyos contra el gobierno legítimo de la II República Española. Al así proceder. la Iglesia española no sólo perdonaba, sino que  amparaba e incitaba toda violencia homicida contra los "rojos". Y esto, por supuesto, continuó tras la guerra, pues los miembros de la Iglesia no se abstuvieron de participar alegremente en la represión consiguiente, incluyendo los más de 50.000 fusilamientos que he leído se calcula que tuvieron lugar tras la guerra. No dudo que, creyentes a machamartillo como eran,  vivieran su presencia en ellos  como si de los empleados de una agencia de viajes al más allá se trataran, pues estaban para dar el "viático", el pasaporte a la otra vida. Delirante y horroroso.

Y, en la misma línea, a todo el mundo debería extrañar el frecuente caso de que, en todas las  guerras, las  partes en conflicto siempre tengan  los necesarios sacerdotes, incluso de la misma religión, para bendecir las armas y perdonar e incentivar de antemano el comportamiento homicida de los soldados.

Puede pensarse que he exagerado, que he escogido los ejemplos según mi conveniencia. Que al margen de la relevancia de mi argumento acerca del papel incentivador al homicidio de la mentalidad religiosa, está el hecho cierto de  que todas las religiones universales, convierten el homicidio en pecado. Pero la cuestión es la de contra quién es el pecado, y la de de qué tipo de pecado se trata. No sé qué pasa en el resto, pero en la que conozco, la cristiana, el pecado que se comete cuando se mata a alguien sin permiso de la "autoridad eclesiástica competente" es contra Dios, pues en esa religión, se afirma taxativamente que todas las vidas son propiedad de Dios (me imagino que esta idea la tomaron los teólogos del papel de dueño de la vida de todos los miembros de la familia que tenía  el "pater familias" en el derecho romano). Es el argumento que, por cierto,  usan todavía hoy los creyentes que se oponen a la eutanasia. De acuerdo, acepto que el concebir el homicido como un pecado, como una ofensa,  hacia Dios es una traba para los comportamientos homicidas. Pero, tampoco es una traba excesiva, pues en último término, matar a alguien sería un delito de robo, consistiría en quitarle una vida, un activo, a su legítimo dueño: a Dios. Y ya se sabe que, en todos los códigos penales, el castigo por un robo es siempre más bajo que el de un asesinato.

En conclusión. Lo siento por los creyentes, pero creo  que queda demostrado que nosotros, los ateos, los "sin Dios", somos más, mucho más pacíficos y respetuosos con la vida humana que ellos, los creyentes, y me da igual en qué Dios crean, y a quienes  tanto se les llena la boca de grandilocuencia y pretendida moralidad en este asunto de la violencia entre humanos.







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  1. #2
    24/04/21 21:20
    Si del total de la humanidad restamos los seguidores de las religiones y las ideologías más o menos mesiánicas, aunque sea difícil de cuantificar, me parece que quedan cuatro gatos. Entre esa escasa grey no se que tanto por ciento tendrá instintos asesinos para poder hacer una comparación más rigurosa. Además, existe una dificultad añadida, la falta de organización alrededor de una institución que conduzca los intereses de los no creyentes les resta mucha eficacia mortífera, como mucho se pueden dedicar a ser asesinos en serie.
  2. Top 100
    #1
    11/04/21 13:57
    Partimos de la base, de que la religión ha sido históricamente el instrumento de control social, de infinitos Países y Gobiernos.
    Esto conlleva que efectivamente, antes de perder el control, llevarán a cabo cualquier tipo de acto, de la índole que sea, con tal de mantener el Poder.

    Por eso, a pesar de ser agnóstico, y respetar los libros sagrados de todas las religiones, hay una que tiene mi especial simpatía: El Judaísmo.

    Por una razón muy simple: ES LA UNICA QUE NO ES PROSELITISTA
    De hecho es lo contrario, o tu madre es judía, o lo tienes bien complicado, para conseguir el reconocimiento social de dicha religión.
    Ante alguien que no sólo no me pide, sino que no me necesita, mi absoluto reconocimiento.