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Crónica de un asesinato anunciado: el caso de los rentistas financieros

Crónica de un asesinato anunciado. El caso de los rentistas financieros.

Fernando Esteve Mora

 

¿Quién le iba a decir a Keynes que quienes se encargarían de asesinar a los que podemos denominar con justeza rentistas de las finanzas o del dinero, iban a ser los bancos centrales, lo más opuesto que cabe imaginar a unos rojos revolucionarios marxistas? Pero me parece que así están siendo las cosas en estos tiempos. Es, por otro lado, la crónica de una muerte anunciada...por el propio Keynes.

 

(Bien es cierto que Keynes no usó la palabra asesinar sino otra más suave: la “eutanasia” de los rentistas (por cierto, ¿se puede decir eutanasiar a la acción de practicar la eutanasia?). Solo que dado que los rentistas no son como la gente normal y no han deseado nunca ser “eutanasiados”, quizás utilizar la palabra asesinar sea usar la expresión correcta).

 

Pero quizás lo primero sea explicar quiénes son los “rentistas” de las finanzas o del dinero, que son aquellos de quienes hablaba Keynes. Pues bien, los rentistas del dinero son, al igual que los demás rentistas, aquellos agentes económicos que obtienen unos ingresos no por lo que hacen productivamente con su dinero, sino por dejar que otros lo usen. Al igual que el propietario de un piso es un rentista y obtiene una renta o alquiler del mismo por permitir que otra persona lo ocupe, el tenedor de dinero, (que lo tiene ya sea porque lo haya heredado, lo haya ahorrado o lo haya robado, da aquí lo mismo) es también un rentista.

 

Y NO, un rentista financiero NO ES UN INVERSOR . No se le puede llamar así porque obtiene de su dinero un ingreso (un interés) no por usarlo en una inversión productiva (o sea, que aumenta el volumen de bienes y servicios que satisfacen las necesidades de otros), sino cuando meramente lo obtiene por prestarselo a otro para que este sea quien lo utilice productivamente (éste sí que sería un inversor auténtico).

 

Para Keynes en suma, los rentistas del dinero eran gente tan improductiva como todos los otros tipos de rentistas (como por ejemplo, los de la tierra) que obtenían unos ingresos no por ganárselo haciendo bienes y servicios para venderselos a otros, no por lo tanto por hacer algo, no por arriesgarse a hacer algo, sino simplemente por el mero hecho de ser propietarios de “algo” (que puede ser dinero, tierras, minas, derechos de paso, derechos a explotar monopolísticamente una concesión gubernativa, etc., etc.) que los demás necesitan para consumir o producir.

 

Para Keynes, la desaparición de los rentistas financieros sería por lo tanto una excelente noticia en la medida que ello haría que los ingresos generados en las actividades económicas productivas irían en su integridad solamente a quienes las hacen realmente (empresarios y trabajadores), lo que les estimularía a hacerlas, y no se desviarían en parte a pagar a unos improductivos rentistas que se apropiarían de parte del producto social por el mero hecho de ser propietarios de lo que otros usan productivamente.

 

Dicho de otra manera, Keynes tenía claro que había una diferencia radical y conceptual entre los capitalistas, los propietarios del capital que vivían de las rentas del mismo, y los empresarios, hoy llamados emprendedores, que son los que tratan de usar de esos recursos con fines productivos para aumentar la oferta de bienes y servicios que satisfacen necesidades humanas y que en contrapartida a esta productiva labor obtienen una remuneración; los beneficios.

 

Para Keynes, la revolución violenta y cruenta que pretendían los marxistas para acabar con el capitalismo carecía enteramente de sentido, pues en su opinión el propio capitalismo acabaría de modo pacífico con él mismo. Tal cosa acontecería cuando la abundancia de capital fruto de la expansión económica adel sistema capitalista llevase a que el tipo de interés, o sea, el rendimiento que obtenían los capitalistas-rentistas del capital-dinero (o sea, los auténticos capitalistas) disminuyese progresivamente hasta desaparecer, y con el, con la desaparición del interés desaparecería la clase que de él vivía -los capitalistas- y el propio capitalismo. Eso era la eutanasia del rentista-capitalista a la que Keynes dedicó unas páginas magníficas en su Teoría General.

 

Dicho con otras palabras. Dado que los ingresos de los rentistas, de cualesquiera rentistas, o sea, sus rentas, dependen directamente de que lo que tienen tenga valor, o sea, de que sea ESCASO en términos relativos. Es decir, depende de que la demanda de “eso” de la que son propietarios tienda a crecer a tasas superiores a lo que crece su oferta.

 

Esto es lo que estaría ocurriendo ahora mismo con las rentas de los propietarios de pisos en algunas grandes ciudades como Barcelona y Madrid. Que debido a la creciente demanda de alojamiento turístico causada por el incremento de turistas (generado a su vez en buena medida por las aerolíneas low-cost) , y dado que la oferta de alojamientos (pisos para alquilar) en los centros históricos de las ciudades (aquellos que únicamente merecen la pena ser visitados pese a los esfuerzos o, mejor dicho- gracias a los esfuerzos de urbanistas y arquitectos que han sido incapaces de generar barrios o lugares ya no digo medianemente vivibles sino siquiera visitables en las ciudades en el último medio siglo) no puede crecer al mismo ritmo, el resultado está siendo la subida brutal de alquileres.

 

(Nota para los de Podemos: Esta subida no puede ser controlable a menos que la demanda de alojamiento se modere. La legislación de control de alquileres, en este tipo de situaciones, sólo acaba produciendo mercados negros)

 

Pues bien, si aplicamos este esquema a los propietarios de dinero (o sea, los ingresos de los caìtalistas) se tiene que sus “rentas” dependen de que el capital-dinero (como bien lo denominaba Marx) sea escaso en términos relativos, o sea, de que su oferta crezca menos que su demanda. Y lo que está sucediendo en los últimos tiempos es precisamente lo contrario: que el capital-dinero se ha hecho relativamente muy pero que muy abundante. Y es ese hecho, el que hay liquidez de sobra a escala mundial, lo que explica la caida de los tipos de interés e incluso está debajo de la extraña inversión en la curva de tipos (yield curve) que hace que los tipos a corto sean hoy más ALTOS que los de largo, lo que en principio es una aberración o una anomalía para la lógica económica, pues dado que la inseguridad y la incertidumbre son mayores conforme tratamos de predecir el futuro, los tipos de interés para los prestamos a largo plazo deberían ser más altos "lógicamente" que los tipos para los prestamos a corto plazo.

 

En efecto, lo que han hecho los bancos centrales en los últimos tiempos ha sido políticas monetarias claramente expansivas (cĺasicas o convencionales, y “modernas”-lo que se ha venido en llamar flexibilización cuantitativa- o no-convencionales ) como única forma aceptada políticamente para sacar a las economías del marasmo generado por la crisis financiera de 2007-8 (siguiendo así las recomendaciones de los economistas más ortodoxos).

 

El problema es que ese aumento brutal en la oferta de dinero que ha acabado en las cajas de los bancos y en las cuentas de las grandes empresas que nadan en liquidez, ha sucedido a la vez que, desde diferentes sectores, se habla de una situación de “estancamiento secular”, o sea, de que no hay sectores que requieran inversiones de tamaño tal que se traduzcan en un crecimiento de la demanda de dinero para financiarlas de un volumen equivalente. A lo que parece, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación no permityen un fácil rentabilización. Sólo empresas monopolisticas o cuasimonopolisticas están rentabilizando esas nuevas tecnologías (Google, Amazon, Facebook, etc.). Pero esta nueva revolución tecnológica no rquiere inversiones de capital semejantes a las que requirieron revoluciones tecnológicas del pasado (la asociada a la máquina de vapor, la asociada a la electrificación, la asociada al motor de explosión y la urbanización, o la asociada a la química del plástico). Dicho en otras palabras, la demanda de capital-dinero se ha retrasado frente a la oferta de capital-dinero para inversión. El resultado ha sido que los tipos de interés han tendido a disminuir, a acercase a tipos cero, e incluso a tipos negativos de interés, para bonos emitidos por estados seguros a diez años.O sea, que el mero hecho de tener dinero ya no rinde nada. Ahora para extraer algún rendimiento del dinero el capitalista ha de dejar de ser rentista y ha de arriesgarse financiando a emprendedores y compartiendo su suerte, o sea, el propietario de dinero ya no tiene un rendimiento o renta garantizados con seguridad por el mero hecho de ser su propietario, sino que sólo puede obtener una expectativa de rendimiento cuando se lo presta a un emprendedor. El antiguo rentista financiero está desapareciendo ante nuestro ojos, compo Keynes anticipó.

 

Pero lo que Keynes no imaginó fue que los capitalistas-rentistas financieros se resistirían como gato panza arriba a desaparecer. Y lo están haciendo cambiando su fuente de rentas a la manera ricardiana. O sea, convirtiéndose en rentistas de la tierra, o mejor dicho, de la propiedad urbana inmobiliaria.

 

Así está sucediendo que, conforme los tipos de interés han ido cayendo, los capitalistas del mundo occidental -entendiéndolos en el sentido keynesiano del término- se han pasado al sector inmobiliario. Se han dedicado a “invertir” (utilizando esta palabra incorrectamente) en bienes inmuebles para obtener sus ingresos a la manera "clásica". O sea, no como beneficios por hacer "algo", sino como rentas de la propiedad de la"tierra".Nos estamos adentrando así, tras las etapas primero de capitalismo industrial y luego de capitalismo financiero en una tercera nueva etapa, el capitalismo rentista inmobiliario. La suerte es que, en cierto sentido, es una vuelta al pasado y para desentrañar su funcionamiento tenemos las obras de dos grandes economistas y críticos, cuya relectura se va a hacer más urgente cada día. Se trata de David Ricardo y de Henry George, muy olvidado el primero y enteramente desconocido el segundo entre los economistas, con las consecuencias previsibles que de ese olvido se sigue respecto a la inteligencia de los comentaristas en asuntos económicos.

 

                                                                FERNANDO ESTEVE MORA

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  1. en respuesta a yomais
    -
    #5
    10/09/19 22:45

    No. No suelo repasar lo que escribo pues, demasiadas veces, me pasa que si lo releo o me suele aburrir o me da un poco de vergüenza. Como tampoco son textos que pretendan ser lo que no son, pues salen como salen.

    Y sí. En este caso tienes toda la razón razón. Obviamente hay una inversión en la "yield curve" cuando los tipos a corto son más altos que los de a largo. Lo he corregido en el texto, Gracias por la detección del gazapo. Un saludo.

  2. #4
    10/09/19 22:41

    El error sigue estando ahí. Y me parece que no es propio de un profesor dejar sin corregir un texto, que puede tener muchos lectores, con un concepto mal explicado.

  3. en respuesta a yomais
    -
    #3
    Madoz
    10/09/19 19:09

    Cuando se hace referencia a la inversion de tipos, queda entendido sin dar mas explicaciones, que una simple redundancia.

    Muchas Gracias, pero se da por sentado que la inmensa mayoria sabe lo que es, sin mas explicaciones.

  4. #2
    10/09/19 18:44

    Última frase del párrafo undécimo: "...[la] inversión en la curva de tipos (yield curve) que hace que los tipos a corto sean más bajos que los de largo."

    ¿No repasa lo que escribe, Sr. Fernando?

  5. #1
    Madoz
    07/09/19 12:49

    A David Ricardo le habia leido algo, pero no conocía a Henry George y es apasionante.

    Como siempre dando en el clavo de la politica economica internacional.

    Hay profesores de los que se puede aprender siempre, pero sobretodo de los maestros.

    Un saludo