Pero se obvia que el Mercado, o sea todos nosotros, especuladores incluídos, prefiere la transparencia a la opacidad. Los road-shows como el de Campa y Salgado no favorecen la credibilidad, sino todo lo contrario, porque a pesar de que se puedan pedir favores inconfesables a inversores institucionales, sólo se conseguirá parchear una malla cuya inercia será imparable. Jugar con fuego es peligrosísimo, y el Mercado tiene malas pulgas.No podemos modelar el Mercado desde la política, y mucho menos si no sólo no es unánime, sino que es una auténtica jaula de grillos. Grecia es tan sólo la punta de un iceberg a la deriva que los políticos tratan de mantener helado a base de declaraciones, road-shows y medidas opacas a 30 grados y a plenos sol.
Quizá la cuarta y más importante razón para no hacer públicas las medidas sea la necesidad de nocturnidad, es decir, que algunas o muchas de las medidas que se implanten sean simple y llanamente ilegales, y por tanto inconfesables. Razones de Estado (no se sabe cual) que se esconden bajo la piel de evitar que los especuladores interfieran en el proceso. La cabeza de turco perfecta para la coartada. Y mientras, los políticos y burócratas esperan la sumisión del Mercado. Nos vamos a quemar...