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jueves 4 de septiembre de 2008

El Zodíaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (2)


En la primera parte de este artículo hablamos de los primeros 3 niveles en la clasificación de inversores utilizada por John Burley.

Hoy continuamos hablando del cuarto grupo de inversores, probablemente el más multitudinario entre los lectores de Rankia a juzgar por los comentarios y por algunas de las consultas:

Nivel 3: Los inversores pasivos

Este numeroso grupo en general está representado por personas educadas e inteligentes. Según los cálculos de John Burley, representan a dos terceras partes de la clase media en países desarrollados. Sin embargo, a pesar de su inteligencia, sus hábitos o creencias acerca del dinero les hacen financieramente analfabetos. Quizás por esa razón Kiyosaki a la hora de utilizar la clasificación de Burley irónicamente les apoda "inversores listos".

Hay que reconocer que los inversores pasivos son realmente "inversores" en el estricto sentido de la palabra. Son conscientes de la necesidad de invertir y con mayor o menor éxito dominan sus hábitos de consumo, lo que les permite obtener el capital para poder hacerlo. Normalmente lo hacen mediante aportaciones a su plan de pensiones o de jubilación. Algunos de ellos también poseen participaciones en fondos de inversión, están invertidos en bolsa o en el mercado de obligaciones (entre otras cosas).

Las tres grandes categorías dentro de este grupo son los inversores "refugiados", los "cínicos" y los inversores "víctimas":


3-A: Los inversores "refugiados"

Esta categoría la componen aquellas personas que han logrado convencerse a si mismas de que no son capaces de entender la forma en la que trabaja el dinero. Son fáciles de identificar, ya que en su vocabulario abundan frases como:

- "Es que soy muy malo/a con los números"
- "A mí nadie me ha enseñado lo que hay que hacer"
- "Nunca entenderé cómo funciona esto de las inversiones"
- "Estoy demasiado ocupado para seguir el mercado"
- "Hay demasiado papeleo"
- "Es que es demasiado complicado"
- "Prefiero dejar la toma de decisiones en manos de profesionales".

Su presunta ignorancia en materias relacionadas con el dinero les lleva a ceder la gestión de su dinero a "profesionales" y confiar que de esta forma las cosas se arreglarán solas. Esto les permite acompañar las frases anteriores con algo como:

- "Pero no pasa nada porque tengo un asesor estupendo"
- "Mi asesor de bolsa lleva mis inversiones y es un/una profesional"
- "Tengo el mejor asesor financiero de la ciudad y no necesito saber lo que está pasando"
- "El Gobierno se hará cargo de mí cuando me jubile"
- "Mi amigo Paco es un agente de seguros muy bueno y hace todo el trabajo por mí".



Evidentemente, este tipo de frases en realidad son meras excusas que sirven para justificar el hecho de haber entregado la gestión de sus finanzas y de su futuro a personas ajenas que desconocen la mayoría de las veces sus circustancias personas y familiares.

Lo que es peor, empeñados en su incapacidad de controlar o al menos entender esta gestión, los inversores "refugiados" tienen muy poca idea sobre lo que se está haciendo con su dinero y cuáles son los parámetros que se utilizan a la hora de elegir las inversiones.

Confiados en sus gestores, los inversores "refugiados" simplemente siguen el mercado como un rebaño de ovejas guiados por perros pastores. El peligro está en que los perros suelen ser lobos, y que el gurú-pastor en realidad no conoce demasiado bien el camino.


3-B: Los inversores "cínicos"

Este tipo de inversores están presentes en abundancia en cualquier rincón del territorio nacional. Todos conocemos a alguien así o incluso nosotros mismos, a veces, podemos comportarnos de esta forma.

Son aquellos cuya frase favorita es "no puede ser". Aquellos que creen que conseguir buenas rentabilidades con riesgo controlado es imposible y cuando se les demuestra lo contrario, encuentran la razón por la que no habrían podido hacer lo mismo. Aquellos que desaniman a los que tienen a su alrededor. Son ellos, los inversores cínicos.

No son mala gente. Son personas inteligentes cuyo miedo a cometer errores está demasiado arraigado en sus cabezas, a veces por culpa de la malas experiencias en el pasado, lo que afecta de forma drástica a su hábitos de inversión.

Desde su punto de vista, todas las inversiones que prometen unos rendimientos más altos que los depósitos bancarios con riesgos asumibles no están disponibles para la gente de la calle. Para conseguirlas es necesario ser un iluminado, tener suerte, ser un chanchullero o estar "bien colocado".

Cuando alguno de sus amigos inversores le habla de una operación que haya realizado con éxito, el inversor cínico siempre encontrará un motivo por el que sería completamente imposible que él o cualquier otra persona pudiese repetirlo. Puede ser una información privilegiada obtenida gracias a un puesto inalcanzable para la gente de a pie, o un capital inicial demasiado elevado, o contactos imposibles de obtener, o ... (continuad vosotros)

Incluso cuando alguien le enseña de forma detallada qué es lo que tiene que hacer para mejorar las rentabilidades ofrecidas por los bancos, el inversor cínico seguirá alegando que en su país o ciudad este método no funcionaría o no sería legal o que su circunstancias actuales no le permitirían hacerlo.

Los peor de todo es que este tipo de personas también contagian sus miedos a la gente que tienen a su alrededor. Son auténticos expertos en explicarte exactamente cómo y por qué la inversión que tienes delante va a fracasar. Esto les hace muy peligrosos porque muchos de ellos hablarán con autoridad, sus argumentos podrán parecer razonables y el hecho de que algunos de ellos sean personas exitosas (en ámbitos ajenos de la inversión) puede hacer que acabes aceptando sus argumentos. Cuanto más tiempo estés a su lado, más te desanimarás y más probable será que, en vez de tener un sano respeto a las inversiones, empieces a tenerles miedo.

¿Por qué lo hacen? Simplemente porque si las personas a su alrededor acaban triunfando, esto significaría un golpe demasiado duro para su forma de pensar. Tendrían que aceptar que se estaban equivocando y reconocer la verdadera razón por la que no logran ser inversores de éxito: evidentemente, no se trata de sus circunstancias personales, sino de su miedo y de su incapacidad para hacer el esfuerzo de adquirir los conocimientos y las destrezas necesarias para tener mayor posibilidad de éxito en los mercados.

Es habitual para los inversores cínicos caer en la "parálisis del análisis": quedarse en una permanente fase de análisis de la inversión hasta que sea demasiado tarde para realizarla. Después de perderla, suelen lloriquear y culpar a sus circunstancias o predicar su fracaso, mientras sus amigos, inversores de niveles más altos, siguen realizando buenas operaciones de forma regular.

Cómo consecuencia de criticar de forma continua todas las oportunidades que les pasan por delante, al final los inversores cínicos están obligados a conformarse con inversiones de bajo riesgo y bajo rendimiento, lo que no hace más que fortalecer sus creencias, sobre todo en épocas de crísis.

John Burley recomienda estar lo más alejado posible de personas de este tipo en cuanto a las inversiones se refiere. En su opinión, la cobardía de los cínicos hace que intenten retrasar a los demás para que acaben en el mismo nivel dónde se encuentran ellos.



3-C: Los inversores "víctimas"

El tercer tipo de inversores pasivos son los inversores "víctimas". Como todos los inversores pasivos, son personas inteligentes, capaces de controlar sus hábitos de consumo y conscientes de la necesidad de invertir.

El problema principal de sus creencias y hábitos de inversión son la falta de humildad y de prudencia (que tanto sobra a los cínicos) junto con la inexistencia de una estrategia o un plan de inversión bien definido.

Estas dos carencias hacen que los inversores de este tercer grupo sufran constantemente en los mercados, lo que da origen a su nombre: "víctimas". Existen también muchos otros nombres que podríamos aplicarles, casi tantos como los vehículos de inversión que utilizan. Podemos llamarles "inversópatas", "apostadores", "especuladores fracasados", buscadores de la "Fórmula mágica" o perseguidores del Santo Grial.

La estrategia de inversión de los "víctimas" consiste en la continua búsqueda del "Secreto": una formula de éxito que les permitirá enriquecerse de forma instantánea. Desesperados por encontrarla, se pasan su vida inversora saltando de un tipo de inversión a otra, buscando constantemente nuevas y más apasionantes maneras de invertir.

Están en todo: acciones, bonos, divisas, commodities, futuros, inversiones alternativas, CFDs, hedge-funds, OPVs y cualquier otro tipo de inversión exótica conocida POR la humanidad.

Contrariamente a los ahorradores y los cínicos, a los inversores víctimas les encanta el riesgo, o al menos lo desprecian o infravaloran. Disfrutan utilizando instrumentos sofisticados como calls, puts, warrants, opciones, contratos por diferencia, etc aunque no conozcan cómo funcionan realmente y de qué manera afectan a su exposición al riesgo.

Sus constantes y repetitivos fracasos hacen que no confíen en su propio criterio. Buscan activamente y confían de manera excesiva en la opinión de los demás en cuestiones de qué, cuánto, cómo y por qué comprar y vender. Son "víctimas" fáciles para los brokers, gurús, prensa financiera y vendedores de todo tipo de inversiones.

Si les preguntas cómo les va, siempre te dirán que han ganado algo o quizás están más o menos "empatados" (pero ponen muchas esperanzas en este nuevo vehículo de inversión que acaban de comprar gracias a los consejos de su periodista financiero favorito...).

La realidad es que pierden dinero en la inmensa mayoría de los casos. Demasiadas veces y demasiado dinero. Compran caro y venden barato guiados por sus emociones. Sin embargo, no les gusta hablar de sus pérdidas. Prefieren recordar con orgullo "la pasta que sacaron con Terra en el 2000".

Por muy ilógico que parezca, a pesar de sus pésimos resultados, la incurable ansia de "invertir" hace que los "víctimas" sigan volviendo a los mercados. Anhelan encontrar en algún rincón del universo financiero esa fantástica oportunidad que les permitirá recuperarlo todo y enriquecerse de una vez y para siempre.

Como es de esperar, la falta de planificación y de estrategia combinada con los continuos saltos de una inversión a otra, les quitan la oportunidad de aprender de sus errores, descubrir y mejorar sus hábitos de inversión. Tampoco consiguen desarrollar su capacidad innata de pensar y actuar con criterio propio y de forma independiente.

Acostumbrados a seguir los criterios de los demás y entregar su dinero para las inversiones de moda, los inversores "víctimas" se convierten, quizás, en los inversores más desafortunados que existen.


En la última parte hablaremos finalmente de los inversores inteligentes, los del nivel 4, 5 y 6 para descubrir cuáles son los hábitos y los conocimientos que les permiten ser inversores de éxito; y discutiremos sobre la aplicación de esta tipología desde nuestro punto de vista como Family Office. Hasta entonces.

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miércoles 3 de septiembre de 2008

El Zodiaco de los inversores. Y tú, ¿de qué tipo eres? (1)

La vuelta de vacaciones, desde mi punto de vista, representa una magnífica oportunidad para poner en práctica las reflexiones que muchos de nosotros hayamos podido realizar alejados del barullo del día a día.

Para reforzar nuestras buenas intenciones de corregir el rumbo de nuestra vida y mejorar nuestra gestión patrimonial después del descanso estival me ha parecido interesante ofrecer a los lectores un material muy ilustrativo ante que nos ayudará a definir mejor dónde nos encontramos y hacia dónde queremos ir.

Se trata de una especie de Zodiaco de los inversores, una clasificación realizada por John Burley, inversor norteamericano cuyas investigaciones acerca del dinero han hecho que personas tan famosas como Donald Trump, Robert Kiyosaki o Anthony Robbins le inviten a participar en sus seminarios y cursos educativos. A pesar de parecer una simple clasificación, nos ayuda a descubrirnos mejor a nosotros mismos y nuestros hábitos en cuanto al dinero se refiere.

Es posible que parte de los lectores rechace dicha tipología, quizás por lo reveladora que puede llegar a ser. Sin embargo, estoy convencido de que para los demás será muy interesante vernos reflejados en alguna de estas descripciones para mejorar dentro de lo posible nuestros hábitos y nuestros modos de actuar como inversores.

Como la descripción entera es un poco larga para un sólo artículo, la dividiremos en varias partes. Así también tendremos más tiempo para reflexionar conjuntamente acerca de lo que aprendamos sobre nosotros mismos leyendo estas líneas y para definir cuál es realmente nuestra situación actual y dónde queremos estar dentro de estos 7 niveles.

Empecemos pues:

A pesar de lo que podamos llegar a pensar, a la hora de clasificar a las personas por su actividad como inversores, dicha tipología tiene muy poco que ver con los ingresos de cada uno. Se trata de los hábitos que tenemos a la hora de manejar el dinero que pasa por nuestras manos. "Lo importante no es lo que ganas, sino lo que haces con el dinero".

La clasificación tiene 7 niveles: del 0 al 6, en función de la inteligencia con la que cada inversor maneja sus finanzas. Los primeros 4 niveles representan a aquellos que necesitan mejorar su inteligencia financiera, grupo donde, desgraciadamente, se encuentra la mayoría de la población; mientras que los últimos 3 hablan de inversores "inteligentes". Recordemos que el hecho de pertenecer a cada uno de las categorías no tiene nada que ver con nuestro nivel de ingresos y somos nosotros mismos quienes decidimos lo lejos que queramos llegar dentro de esta tipología.


Nivel 0: Los inversores inexistentes

Las personas que pertenecen a esta categoría no son realmente inversores porque no disponen de dinero para invertir. La razón es muy sencilla: gastan todo lo que ganan.

Este grupo de personas no son conscientes o no quieren saber nada acerca de su relación con el dinero y sus hábitos de consumo. Sus finanzas están tan mal gestionadas que algunos de ellos ni siquiera pueden obtener la aprobación bancaria para un préstamo. (Aún así, irónicamente, su situación financiera muchas veces es mejor que la de las personas que sí pueden acceder a los créditos.)

Sorprendentemente dentro de esta categoría podemos encontrar a muchos "ricos" con ingresos muy altos, cuya capacidad de ahorro es escasa o nula debido al elevado coste de su estilo de vida.

A la hora de responder a la pregunta sobre sus problemas financieros, muchas de estas personas seguramente dirán que no ganan suficiente dinero. Creen que un mayor nivel de ingresos lo solucionaría todo cuando, en realidad, en la mayoría de los casos están "sobreviviendo" con unos ingresos que hace unos años les parecían "de ensueño".

Estos inversores inexistentes no logran comprender que su problema no radica en sus ingresos (o en la falta de los mismos) sino más bien en sus pésimos hábitos financieros.


Nivel 1: Los consumistas a crédito

Las personas que se encuentran en este nivel se parecen mucho a los del nivel 0, pero su situación se agrava debido a su incontrolable afán de endeudarse para adquirir bienes de consumo. Si alguna vez deciden invertir, también lo hacen con el dinero prestado.

Lo que mejor saben hacer los integrantes de este grupo es gastar, y todo el dinero que llega a sus manos acaba evaporándose. Su nivel de vida a menudo es envidiado por la gente de su alrededor, ya que suelen presumir de caprichos caros como relojes de oro, coches deportivos o incluso yates. Lo que no está a la vista es que toda esa lujosa vida ha sido en realidad adquirida a crédito.

Igual que los inversores inexistentes, la mayoría de los consumistas depositan todas sus esperanzas en aumentar su nivel de ingresos. Mientras tanto, su modelo de "planificación financiera" consiste en conseguir más tarjetas de crédito o refinanciar su hipoteca para poder obtener más dinero y así comprar más cosas (cómo no, también a crédito).

En el mejor de los casos, este tipo de personas va "sobreviviendo" hasta fin del mes. Su solución para paliar la falta de liquidez es pedir dinero prestado aumentando así su nivel de deuda, sin pensar demasiado en las consecuencias a corto y largo plazo.

La mayoría de los consumistas acaban atrapados en un círculo vicioso de deuda, incapaces de detectar que su mayor problema consiste en sus hábitos de consumo y no en la falta de ingresos. A pesar de que el potencial de recuperación de este grupo es mayor comparado con el del nivel 0, muchos de ellos pierden toda esperanza mientras avanzan a pasos agigantados hacía una bancarrota financiera y emocional.




Nivel 2: Los ahorradores

El tercer tipo de inversores son los ahorradores: personas que apartan una "pequeña" cantidad de dinero de forma regular. Es más habitual que ahorren para consumir (una TV, un nuevo coche, un viaje), en vez de para invertir.

Normalmente estos ahorros están colocados en cuentas corrientes, depósitos, cuentas de ahorros y otros productos de bajo riesgo. En caso de disponer de un plan de pensiones, su gestión está realizada por un banco o una compañía de seguros.

A los ahorradores les dan miedo las finanzas y no están dispuestos a correr ningún riesgo. Incluso cuando se les demuestra que hoy en día el dinero pierde su valor debido a la inflación, y que el tipo de interés después de impuestos que perciben en sus cuentas de ahorro es negativo, ellos no suelen estar dispuestos a cambiar sus hábitos de inversión.

Los mejores "amigos" de este grupo son las compañías de seguros, que exprimen al máximo su miedo a invertir y su necesidad de sentirse "seguros" (¿de allí el nombre?). Les facilitan todo tipo de productos ganando con ello suculentas comisiones. Lo más "agresivo" que pueden llegar a comprar este tipo de "inversores" es un seguro de vida multiahorro.

Como bien comenta John Burley, esta estrategia funcionaba bien para las generaciones anteriores que vivían en tiempos de baja inflación, escasa presión mediática para fomentar el consumo y buena protección por parte de sistemas gubernamentales como la Seguridad Social.

Sin embargo, en este nuevo mundo del siglo XXI, factores tales como el aumento de carga fiscal, la crisis de organismos como la Seguridad Social y el sistema de pensiones y el alto precio de la vivienda combinado con mayor esperanza de vida han hecho necesario un cambio de estrategia que, desgraciadamente, los ahorradores se niegan a realizar.

Evidentemente, este nivel de "inversores" goza de una mejor salud financiera en comparación con los niveles anteriores, pero desafortunadamente lo que les espera a la mayoría de ellos es la mediocridad económica.

En la segunda parte del artículo hablaremos de los "inversores pasivos", una amplia categoría donde, seguramente, encontraremos muchas similitudes con muchos de los lectores de los blogs financieros. Hasta mañana.

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lunes 1 de septiembre de 2008

No eres un inversor como tu quieres ser..


Pues eso…que no eres un inversor como tu quieres ser o te gustaría, eres un inversor como quieren que seas los bancos.
Lo siento, es así. La buena noticia es que puedes dejar de ser así desde ya, ahora mismo, solo tienes que dudar, preguntar y preguntarte, poner en tela de juicio lo que te dan masticado, reflexionar.
El gran obstáculo para cambiar es el miedo, lo vemos muchas veces en nuestros clientes al principio, es un miedo a romper la inercia como inversores, a seguir con las cosas conocidas aunque nos hayan ido mal pensando que en el futuro ya irán mejor y la industria financiera te ayuda con todas tus fuerzas para que no cambies, para que no te apartes del camino marcado.
En el blog de Joan Planas he encontrado algo que nos puede muy bien ilustrar todo esto.
El experimento de los monos
Unos investigadores colocaron 5 monos en una habitación cerrada y en ella una escalera con unos plátanos colgados de lo alto, el primer mono que los vio subió la escalera para cogerlos, en ese momento los investigadores activan una ducha fría que los deja helados impidiendo que los cogieran, otro mono intenta subir y vuelven a activar la ducha fría, así sucesivamente hasta que cuando un mono intenta subir el resto le pega para no recibir la ducha fría, al final ningún mono se atreve a subir.
Los investigadores cambian a uno de los monos por uno de nuevo y cierran la ducha, ya no los volverán a duchar, el nuevo mono que ve los plátanos lógicamente sube las escaleras a buscarlos pero los demás lo pegan para que no suba. Cambian un segundo mono que al ver los plátanos también corre a cogerlos pero el resto lo impide pegándole, incluido el nuevo que le pega con entusiasmo, no sabe porque pero también le pega.
Así sucesivamente hasta que cambian a los 5 monos iniciales, y en ese momento si llegara un sexto mono, ninguno de ellos vivió la ducha de agua fría, pero si el sexto mono intentará subir a coger los plátanos ¿que haría el resto?
Le pegarían, y si pudieran hablar y se les preguntara porque hacéis esto ¿que dirían?
- Pues no lo se pero aquí siempre se ha hecho así.

Este video de Pilar Jericó no tiene desperdicio.

video


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viernes 29 de agosto de 2008

Master en finanzas para niños ricos

Hace un par de años leí un artículo en La Vanguardia que me llamó la atención. Hablaba sobre un sitio en Santa Bárbara (California) donde durante el verano enseñaban finanzas a los hijos de millonarios norteamericanos. Eran como unas colonias o campamentos de verano donde el objetivo no era acercarse a la naturaleza, si no aprender a hacer dinero.
Imaginémonos a 24 niños entre nueve y trece años en el primer curso de verano de “Money Camp”, miran atentamente a Elisabeth Donati, fundadora del primer programa infantil de “alfabetización financiera”.
Los niños repiten a unísono:
- “¡Soy el consejero delegado de mi vida!” (y los niños simulan el redoble de un tambor de circo y escriben “Libertad” en su cuaderno de ejercicios).
- “¿Por qué es importante el dinero?”
- “Es lo que hace que nuestro país sea tan importante”. Contesta uno.
Les enseñan a hacer dinero en el mercado inmobiliario, a través de empresas propias o en bolsa.
Elisabeth da la vuelta a la clase con un billete de cien dólares en la mano.
- “Podéis tocarlo si queréis”.
Preguntada sobre si no son muy pequeños para aprender los vicios de Wall Street, Elisabeth responde: “Les hablamos de drogas y sexo, ¿Por qué no de dinero?
En las paredes cuelgan carteles con frases como: “Invertir con la cabeza y no con el corazón”, “No guardar todos los huevos financieros en el mismo cesto”. Desde el segundo día ya empiezan a conocer conceptos como la amortización de préstamos hipotecarios, los retornos sobre inversiones (ROI), estrategias bursátiles, etc.
Un niño de once años hijo de un abogado de patentes de Washington DC explica: “Quería venir a Money Camp para tener un negocio o ser abogado y necesito aprender a gestionar el dinero. Hasta ahora lo había dejado en manos de mis padres”, decía con una pasmosa seguridad en si mismo.
Otro de doce años quiere aprovechar el curso para asegurar su futuro con el sector inmobiliario.
La filantropía de Bill Gates o de Warren Buffet hace que los niños reconcilien sin problemas el deseo de ganar mucho dinero con la inocencia de su edad: “Si me hago rico, podré donar dinero a buenas causas”. “Quiero ganar suficiente dinero para mantener a mi familia y hacer caridad. No estoy interesado en ser un billonario”.
Curiosamente en nuestro país saben manejar el dinero de una forma más correcta los niños que no son ricos que los que tienen una posición muy acomodada, salvo excepciones claro. Éstos últimos conocen muy bien las herramientas de consumo (saben manejar a edad temprana tarjetas de crédito, por ejemplo) pero muy poco conocen como sus progenitores o sus abuelos supieron gestionar la creación de riqueza. Esto es parte de la causa de que los patrimonios se pierdan en las generaciones siguientes además de otras muchas.
Muchos saben que Warren Buffet en el colegio vendía coca-colas mientras sus compañeros jugaban a la pelota. No tiene porqué ser así, los niños han de ser niños y saber jugar y disfrutar de la posición que han conseguido para ellos sus padres, pero creo que no es buena idea esperar a la universidad y el master para aprender estos temas.

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lunes 25 de agosto de 2008

¿A quién llevas en la cordada?


Hace ya unos meses que Edurne Pasaban volvía de hacer cima en su décimo ocho mil, el Dhaulagiri de 8.167 metros situado en el Himalaya nepalí. Edurne ha logrado su objetivo de alcanzar la cima del Dhaulagiri en el tercer intento, después de haber fracasado en los años 1998 y 2001. Su meta es hacer los catorce ochomiles. En esta proeza, como en todas las anteriores, no ha subido sola, ha estado arropada por un grupo de experimentados alpinistas curtidos en las alturas.

Oyéndola hablar sobre el equipo que estuvo con ella en toda la travesía, me hizo ver la similitud de un equipo de cordada con un family office.

Sin éste equipo, Edurne sola no lo hubiera conseguido, aún a pesar de contar con todos los proveedores del material necesario: cuerdas, mochilas, piolets, etc. Los proveedores no están con ella en la montaña, se quedan en sus casas. Ella sola lo hubiera tenido muy difícil para hacer cima en solitario y luego volver aunque le hubieran depositado a su lado toneladas de material. Sin equipo no hubiera conseguido finalizar el durísimo descenso que tuvo que padecer en el K2. Sin equipo no hubiera conseguido un nuevo éxito cuando tuvo que afrontar una subida con vómitos producidos por un alimento en mal estado.

"En ese momento fue cuando sentí más cercano el calor de mis amigos Ferran, Asier e Iván, que me empujaron a mi novena cima", relata Edurne.




No se si será por mi afición a las montañas pero respecto a nuestro patrimonio veo indispensable tener a los mejores unidos a mi cordada y que no me convenzan de usar una cuerda determinada porque tienen comisión del sponsor. En la montaña nos jugamos la vida, pero con nuestro patrimonio nos jugamos la vida de los nuestros y ambas cosas no son para jugar.

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viernes 22 de agosto de 2008

Tómese un zumito a mi salud.

Expansión publicó hace unos días un revelador artículo: "Cómo sacar jugo a 30.000 euros en plena crisis", con gráficos en versión papel, en el que se hacía una comparativa de las estrategias aconsejadas por ocho entidades de inversión para conseguir "carteras rentables y de bajo riesgo", según citaba textualmente dicho artículo. Las entidades eran las siguientes: Inversis, Dexia, Atlas Capital, Tressis, Banif, Abante, Unicorp Patrimonio y Lloyds TSB España.

A estas entidades se les pidió una estrategia para conseguir rentabilidades para 30.000 € de entre un 5 y un 10% a un año vista "sin asumir elevados riesgos". De entrada ya debemos decir que el primer error de planteamiento es no definir más detalladamente qué significa "sin asumir elevados riesgos". Por otro lado las estrategias de inversión no deberían recetarse sin tener en cuenta la situación de cada inversor: Sin saber si esos 30.000 € son una parte importante o ínfima de sus patrimonios, si están sobrecargados o no de inmuebles, si obtienen rentas fijas, inmobiliarias, corporativas o laborales más o menos cuantiosas, si su capacidad de ahorro es nula o abundante, si su situación familiar tiene que afrontar obligaciones económicas crecientes como por ejemplo atención a enfermos y/o personas mayores, si su nivel de gasto familiar es cuantioso o austero en proporción a sus activos, si realizan donaciones filantrópicas, si su interés se centra en el crecimiento patrimonial, en las inversiones de uno u otro tipo o en el disfrute de sus recursos, si sus objetivos vitales son abordables en sus actuales situaciones patrimoniales, si quieren legar sus bienes de una forma u otra (todo un mundo), si tienen mayor o menor aversión a la fiscalidad (otro mundo), si... en fin mejor no os aburro más, mismamente lo que contempla un PGR. Lo que es evidente es que estas ocho entidades se han limitado a recetar una medicina mediática y no terapéutica para todos los lectores del artículo en cuestión, sin importarles nada más. Pero lo peor es que la mayoría de lectores leerán ávidamente sus consejos sin ni siquiera plantearse la mitad de las cuestiones que hemos citado ni, por supuesto, tomarse la molestia de comprobar si los consejos que leyeron el pasado año fueron acertados. Y si no aprendemos de nuestros errores, jamás nos los quitaremos de encima ni mejoraremos.

A pesar de todo, vamos a obviar los errores en el planteamiento fundamental y pasemos a analizar las directrices dadas por estas entidades. Lo primero que nos llama la atención es que todas ellas aconsejan invertir en bolsa entre un 30 y un 42%, a excepción de Banif que no precisa porcentajes (sic), y de Atlas Capital que propone un 20% de bolsa y cuya propuesta nos parece la más distinta, como iremos viendo más adelante. También es destacable que la mayoría aconsejen invertir también en US$, algunos proponen RV americana por aquello de que deberían salir antes a flote que Europa y otros RF corporativa investment grade, criterios ambos que compartimos. Pero otros como, otra vez, Atlas Capital, proponen incluso una inversión en un monetario puro y duro en $ en una clara apuesta por la recuperación de la divisa americana (aunque de dudosa eficiencia puesto que otras inversiones en USD podrían aprovechar el factor divisa y conseguir mejores rendimientos durante el plazo señalado de 12 meses). Además ésta última entidad es la única que incluye un 5% de la cartera propuesta en intereses japoneses, a través del fondo Invesco Japanese.

Otro hecho destacable es que todos, a excepción de Lloyds TSB España, aconsejan invertir al menos un 14% en gestión alternativa. Esas inversiones, como ya hemos comentado en otros artículos, son inclasificables por diversas. Y no siempre las elevadas volatilidades (y comisiones) se ajustan a las necesidades de la cartera. No obstante hemos de decir que en un escenario de RV flat o bajista y con la RF en serios problemas, determinados tipos de la llamada gestión alternativa pueden ser una buena opción, pero nunca de forma indiscriminada como propone, por ejemplo, Banif que invertiría el mayor porcentaje de cartera (una vez más sin especificar) en este tipo de inversión.

También cabe destacar que la mayoría se quedaría "en liquidez" con porcentajes que oscilan entre un 30 y un 45%, ya sean fondos monetarios o bonos, aunque la liquidez de estos últimos deje mucho que desear. Aquí vemos dos claras excepciones: Banif que propone renta fija a 1,66 años, otra vez sin porcentajes, con yields inferiores al 5% (comisiones de compra-venta y custodia aparte); y en el lado opuesto otra vez Atlas Capital que propone un 50% de la cartera en realistas depósitos a un año con tipos superiores al 5%.

Todos, sin excepción, barren para casa escandalosamente. Algunos como Atlas Capital con un 20% de la cartera en un fondo propio de bolsa, pero otros de forma mucho más burda como Dexia, que los únicos euros que deja escapar de la compra de sus fondos son el 5% que propone dejar en liquidez; o Banif que aconseja toda su batería de armamento y comisiones pesadas nada menos que de gestión alternativa.

En resumen, si echáis un vistazo al artículo de Expansión veréis como todas las propuestas parecen directamente sacadas de sus panfletos propagandísticos, quizás con la salvedad de la propuesta de Atlas Capital que modera su afán vendedor, aunque incluso ésta cae en los tópicos más indeseables de carteras modelo (conservadora, mixta, dinámica) en cuanto se visita su web. Visto lo visto, me temo que poco variarían las ofertas de todos ellos fuera cual fuese la premisa inicial de perfil inversor.

Si una propuesta estará más acertada o no pasados 12 meses, sólo lo dirá el tiempo. Pero no se ha definido si hablamos de blindar un patrimonio o de hacer crecer 30 mil euros, ni nada de lo referido en un PGR. Por tanto estas ocho propuestas son poco más que hablar por hablar, salir en la foto publicitaria y estar entre los ocho publicados con mensajes que regalen los oidos de sus posibles presas. Es obvio que las entidades consultadas se han limitado a la pregunta de cómo sacar jugo DE nuestros 30.000€ en lugar de cómo sacar jugo A nuestros 30.000€. Nuestro colega Sherpa ya trató el tema del dinero que no trabaja estrictamente para nosotros.

Lo cierto es que parece que, ante la incertidumbre reinante y el panorama previsto, la RV europea no parece tener buen aspecto según nuestro criterio. La norteamericana pinta mejor, pero quizás no antes de 12 meses, si ese es nuestro horizonte inversor. Sin embargo mirando a más largo plazo, los intereses económicos en EE.UU. parecen más atractivos. No sólo en cuanto a RV, sino también en Real Estate prime e incluso RF corporativa no financiera. La consigna wait and see nos parece prudente para crear un asset allocation que blinde un patrimonio sin prisas, y para ello unos meses en depósitos y una buena selección de RF puede ser el buen camino. Dentro de un criterio más allá del blindaje, determinada gestión alternativa debe tener su lugar, pero conociendo qué se va a hacer con nuestro dinero y qué volatilidades vamos a asumir. Uno de nuestros males actuales es que en ese cajón de sastre cabe todo, incluso la necesidad de cubrir desesperada y ciegamente las espectativas que la RV ha frustrado en los últimos meses. Si además diversificamos la inversión alternativa indiscriminadamente, saber que hacen con nuestro dinero será como buscar una aguja en un pajar. Ante la incertidumbre actual parece que la gestión alternativa vaya a solventar todos los problemas de nuestra cartera, y destinar un cuarto de nuestros activos a un universo desconocido es francamente imprudente.

La mayoría de entidades de inversión sabrán sacar el jugo a nuestro dinero, pero quizás no lo lleguemos ni a probar y sin embargo nuestro patrimonio quedará exprimido.
"Pobre hombre... Jamás sabrá lo que es ser joven, porque nació banquero."
Mayer Amschel Rothschild (1744-1812)

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lunes 18 de agosto de 2008

La (in)corrección del precio del Petróleo.

Como en todo rally alcista o bajista de cualquier mercado, también el aumento del precio del crudo está experimentando una corrección a la baja. Para muchos se tratará de una típica corrección técnica, mientras que para otros quizá suponga un techo en la escalada de precios y en la especulación energética. Sin embargo vamos a analizar los fundamentos de esta moderación de precios:

Después de unos tres últimos semestres (2007/2008) con un rally alcista escalofriante, se están dando unas circunstancias coincidentes que provocan la relajación de precios que estamos viendo en las últimas semanas. A saber: Ausencia de tensiones geopolíticas imprevistas, aumento de la oferta y ralentización del ritmo de crecimiento de la demanda, amén de la posible relajación de la especulación pura y dura ejercida sobre estos precios.

La primera circunstancia es muy efímera y podríamos catalogarla de situación de normalidad dentro del caos, aunque personalmente creo que el abuso de situaciones de crisis geopolíticas en los últimos tiempos (desde el 11-s 2001) ha producido una cierta inmunización del mercado ante estos inputs (véase el impacto casi nulo que ha está teniendo el último espasmo ruso-georgiano). En cuanto al aumento de la oferta, se estima como la cifra neta entre la puesta en marcha de nuevas extracciones y el declive de producción debido al agotamiento de los viejos pozos. Y finalmente la ralentización del ritmo de crecimiento de la demanda viene dada por diversos factores: La destrucción de demanda por el alto precio alcanzado, el azote de la crisis económica en el primer mundo, y una cierta moderación en la aceleración de los países emergentes también debida a los efectos colaterales de la crisis del primer mundo. No obstante hay que aclarar que el crecimiento de la demanda de estos países emergentes sigue estando lejos de verse compensado por el menor crecimeinto de la demanda del primer mundo, por eso hablamos de ralentización del ritmo de crecimiento de la demanda y no de disminución de ésta.

Por todo ello, según un reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), la previsión del balance entre el incremento de la demanda y la capacidad de crecimiento del suministro es claramente favorable a la oferta. Pero ojo, sólo para el 2008 y 2009, ya que la IEA contempla que el escenario de crisis de los países industrializados mejorará ya a partir del 2010 y entonces dicho balance se equilibrará. ¿Qué sucederá a partir del 2011? Lo habéis adivinado: La Agencia prevee un claro déficit que sin duda hará repuntar de nuevo los precios hacia máximos históricos.

Desde nuestro punto de vista, el periodo de depresión de los países industrializados se puede prolongar bastante más allá del 2009 y 2010, pero de todos modos el repunte a medio plazo del precio del crudo parece inevitable, debido el enorme tirón consumista de los países emergentes. Consecuentemente, la crisis del primer mundo también parece lejos de ser breve ya que tiene un componente inflacionista de primera ronda muy trascendente en las cifras macroeconómicas, pero lamentablemente (o no) dicha crisis parece poco catalizadora de la moderación del consumo energético futuro.

La corrección técnica que estamos viviendo parece que no es más que eso, corrección en un rally cuyos fundamentos siguen determinando un encarecimiento del crudo a medio y largo plazo. y lo peor es que no parecen haber herramientas paliativas más allá de la moderación del consumo y la búsqueda de la, hoy por hoy, quimera de la energía abundante y barata. Esperemos que la especulación no se lleve por delante incluso la tregua de la corrección antes de tiempo. No obstante hay varias voces que vaticinan las bondades de la crisis energética a través de una mayor eficiencia a consecuencia de la escasez. Y siempre nos quedará la alegría de ser pobres pero eficientes, en contraposición de los desmanes de los ricos y productores de petróleo... o era al revés... qué lío.
"Cuando saltes de alegría, cuida de que nadie te quite la tierra debajo de los pies."
Stanislaw Jerzy Lec

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