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5 de mayo de 2008

El comercio es un invento divino



Hermes es hijo de Zeus, el que domina los rayos, y de Maya, la más joven de las pléyades hijas de Atlante. Nació en Arcadia, en una cueva del monte Cileno. Aún era un niño de pañales, cuando un día, aprovechándose de un descuido se bajó de la cuna, y él solo, llegó a Tesalia donde Apolo cuidaba los rebaños. En un arrebato de codicia, robó doce vacas, cien terneras y un toro, y los llevó hasta Pilos. Luego se encontró la concha de una tortuga y se le ocurrió la idea de tensar sobre la cavidad de la concha unas tripas de vaca. Hermes, acababa de inventar la lira; luego, regresó a su cueva.

Apolo, gracias a su arte adivinatorio descubrió todo el asunto, entonces, se fue al monte Cileno para quejarse ante Maya. Pero esta le mostró al niño en su cuna. Apolo acudió a Zeus, le explicó el suceso y el dios que amontona las nubes, enseguida ordenó a Hermes que devolviera lo que había robado, pero el niño mostró la lira y dijo a Apolo: “Te cambio esto por los animales”. Apolo quedó prendado de aquel instrumento musical y respondió: “Trato hecho, y no se hable más”.

Los dos hermanos hicieron las paces y volvió la tranquilidad al Olimpo. En aquel momento quedaba hecho el invento más divino; el mayor y más importante entre todos, porque marcó el principio de la civilización, el robo dejo de ser la forma habitual de conseguir, y pasó a ser un delito. Entonces, se abrió la puerta al progreso por permitir cualquier intercambio imaginable, sin desenvainar la espada.
Después de un tiempo, Hermes inventó la siringa, que es esa flauta que tiene dos cañas; y también se la vendió a Apolo, quien en pago le entregó El Caduceo, que es una varita mágica que lleva dos serpientes enroscadas y es símbolo del poder y la inteligencia. Tanto llegó a gustarnos el comercio, que desde entonces nos afanamos en comprar y vender cuanto más mejor, con el fin de llegar a conseguir el poder de comprar más, y más caro.

Lo raro, lo verdaderamente difícil, es encontrar algún mortal capaz de nadar contra corriente, y que se sienta feliz sin necesitar lo superfluo. El sueño dorado de cualquier hermes, es naturalmente, tropezarse con muchos y muy buenos apolos.

A pesar de que hoy se compra y se vende más que nunca, creo que el arte del genuino comercio está muy descuidado. Se dice que la guerra empieza cuando fracasa la diplomacia, pero bien podría ser que la guerra fuese consecuencia de la falta de buen comercio.

28 de abril de 2008

Quita y no pon, se acaba el montón







He oído por la radio a un famoso comentarista de economía y bolsa, parece ser que es un profesional de altos vuelos y no me extrañaría que también sea impermeable, ya que he observado que no se moja ni aún cuando llueve; y digo, ¿para qué quiero oír al experto informador que dice?: Ni si, ni no, ni que me sé yo.

Comprendo que los profesionales quieran nadar y guardar la ropa; comprendo que quieran, pero comprender no es aceptar, quisiera que si quieren pescar peces se mojen el culo. Este hombre ha dicho esto: “La bolsa no está para lanzarse a comprar ni para cortarse las venas”. Y esto lo dijo sin que le temblara la voz. He comentado el caso con un buen amigo mío, y este, que cuando la cosa lo merece sabe destilar cualquier clase de ácido, me ha dicho: “entonces, si no debemos comprar ni cortarnos las venas, ¿qué es lo que debemos hacer, dejarnos largas las venas?.

El rey Creso preguntó al Oráculo de Delfos qué era lo que le deparaba el destino si se decidía a atacar a los persas, y la Pítia le respondió: “Si cruzas el río Hálys un imperio caerá”. Creso tenía sabios a sueldo que no supieron interpretar correctamente el vaticinio, porque el oráculo había dicho una gran verdad totalmente inútil.

Hubo un tiempo en que los que no presumían se limitaban a decir cosas tan simples como estas. “ De donde no hay, no se puede sacar” o “quita y no pon, se acaba el montón” o “no hay más cera que la que arde”. Claro que estas personas no esperaban que se les homenajeara por decir estas verdades, ellos las daban gratis y con amor. Otros más cultos que vivían sin tener que madrugar y nunca iban a escardar, decían otras cosas como esta:

“Para pensar y para hablar, es bueno tener presente el principio de no contradicción”. Y ahí va el principio: Una cosa no puede ser ella misma y la contraria al mismo tiempo. A pesar de que el enunciado de este principio se conoce desde hace miles de años, aún nos resistimos a hacerle el honor que merece; y es que, la ambigüedad es la más rentable de las mentiras. Sobre todo si aquellos a los que se engaña están felices por tener una coartada para hacer lo que les venga en gana, y les excuse suceda lo que suceda.


Antes de que se escribieran millones de folios sobre el principio de no contradicción, la idea ya estaba implícita en esta vieja sentencia: No usarás dos varas de medir. Hoy ya no se hablaría de dos varas sino de muchas más.


Creo que Creso nunca debió consultar al oráculo y creo que solamente lo hizo para descargarse de responsabilidad. Cuando años antes preguntó a Solón: “Dime, ¿conoces a alguien más feliz que yo?”. Sin saberlo, claro está, ya estaba ganando su futura derrota. Más tarde, vencido y reducido a esclavo, supo recuperar la libertad y la fortuna. Esto lo hizo, sin duda alguna, con la ayuda de Zeus y de Atenea, los que portan la Égida, y puede que hasta aprendiera a ser feliz, sin escuchar más oráculos de Delfos ni de ningún otro sitio.


NOTA: La Égida es la piel de la cabra Amaltea. Zeus y Atenea son los únicos dioses que la poseen, la llevan sobre los hombros y se sirven de ella como escudo que les hace invulnerables. A la cabra Amaltea se le desprendió un cuerno y de él brotaron los bienes más preciados para la vida de los mortales, por eso le llaman Cuerno De La Abundancia o Cornucópia.







7 de abril de 2008

A la Naturaleza no le interesa nuestra felicidad


Con paciencia y observación, he llegado a la creencia de que intentamos alcanzar la felicidad del modo más natural. Inmediatamente he de decir que creo que lo natural es precisamente lo menos conveniente para nuestro propósito. Dicho esto, sé que debo prepararme para resistir, porque tener creencias enfrentadas a las de la mayoría de la gente con la que he de convivir tiene tela marinera.
Parece lógico comprar acciones de una compañía de la que se sabe que navega con viento a favor y la gobierna un buen navarca; pero resulta que esa compra era realmente buena cuando aún no se hablaba de ella. Somos muchos los que nos ponemos largos en una acción que ha subido más de lo que se merece y luego decimos –“era natural que comprara”. Eso es porque solemos creer que lo que se ha de hacer es precisamente lo que más se parece a lo que hacen todos. Esto no sería malo, si la mayoría hiciéramos lo más conveniente, pero la cosa se complica cuando casi todos hacemos lo que es natural.

Dicen que el poder no se limita a sí mismo, pero he visto algunos que limitan su poder por fidelidad a unos principios y no por eso dejan de tener poder; sin embargo, la codicia no se limita a si misma, porque si lo hiciera, ya no sería codicia. Muchos antiguos trataron el tema de la felicidad y curiosamente casi no la nombraron. Ellos solamente hablaban de lo importante que es alejar el mal, dando por sentado que si se consigue, lo demás llega rodado. Y otra cosa curiosa, aquellos vejetes aconsejaban escapar de la pobreza, pero insistían en aclarar que no debemos afanarnos en conseguir más y más; porque la riqueza trae consigo muchos desvelos, y para conseguirla o mantenerla, a veces nos obliga a traicionarnos nosotros mismos.

La Naturaleza ha dispuesto que si llegamos a nacer, padezcamos enfermedades que sirvan para seleccionar a los más resistentes, además nos ha dotado de ambición y orgullo suficientes para competir sin descanso entre nosotros, con el fin de conseguir mejorar la selección; la Naturaleza nos ha dotado también de la calentura suficiente para desear y lograr el apareamiento. Llegada otra generación, a la Naturaleza no le importa si este o aquel muere pronto o tarde, o si padece o no. Ella no se ocupa de esas nimiedades, le basta que las generaciones se sucedan.

Aparte de alimentarnos, respirar, dormir y poco más, casi todo lo que hacemos “porque es natural”, acaba produciéndonos dolor de cabeza. Es extraño que cuanto más esclavos somos de la Naturaleza, más libres nos creemos ser. Ella manda y nosotros obedecemos. Esto pasa porque ella es una bruja que nos tiene sometidos.

Puesto que somos Naturaleza y hemos de vivir en ella, no es bueno que le plantemos cara, pero es conveniente no darle gusto en todo y hacerle algunas trampas antes que hacérselas a nuestras familias, nuestros amigos o a los que colaboran con nosotros haciendo negocios.

Hace ya dos mil años, Cicerón dijo: --“no transites por la amplia avenida donde todos circulan con aparente comodidad. No vale la pena”. Creo que más o menos vino a decir que a veces es conveniente tener una opinión contraria al mercado. Bastante impertinente debió de ser este hombre, porque lo asesinaron y no fue para robarle.

24 de marzo de 2008

Me duele el dolar

Ser o no ser:
Hace muchos años me dijeron que mantener dólares era una buena práctica, eso se decía porque los bancos centrales de muchos Estados del mundo los tenían como reserva y respaldaban sus propias monedas con esta divisa; además, eso también lo hacían la mayoría de las compañías comerciales de mucho postín.

También me dijeron que durante muchos años la mayor parte del comercio internacional se hizo en dólares. Me ilusionaba la posibilidad de hacer con mi pequeña economía lo mismo que hacían los Estados soberanos. Todo esto me bastó para dejarme engatusar por esta idea y yo solito tomé la decisión de que para cubrirme en caso de una crisis monetaria me convenía tener la divisa esa. Así que dicho y hecho, hace ya tiempo que me compré un dólar seminuevo pero en buen estado, lo tengo en el cajón de mi mesita de noche, de esta forma he combatido el insomnio durante varios años.

Con todo, ya no me sirve para dormir mejor, por las noches me despierto sobresaltado y preocupado por la salud de mi dólar, enciendo la luz y lo miro, no se si es mi imaginación, pero me parece que cada día que pasa se debilita más.

Todos sabemos que el valor de las divisas fluctúa igual que la renta variable. Jugué al juego que se me proponía, confiando demasiado en la eficacia de la economía americana; lo que nunca pensé fue que precisamente esa eficacia podría ser la causa de que un día enfermara mi dólar.

Después de la llegada del euro, el dólar alcanzó a cotizar a 1´20 €, ¿no sería la aparición del euro la que dio la oportunidad para entrar en fase de distribución y luego dejar languidecer la cotización?, al fin y al cabo, esta técnica es clásica en la bolsa.

Estoy empezando a pensar en el buen negocio que sería para el banco emisor permitir que el valor de su billete llegase al suelo; después de todo, él nunca se ha comprometido a cambiármelo por una determinada cantidad de trigo. Ya he hablado con el que me vendió el dólar y dice que él no responde; además me ha recordado que fui yo quien quería que me lo vendiese; y dice, que entonces cuando le compré el billete yo estaba convencido de que hacía una operación mollar y que por lo tanto yo debería haber supuesto que el vendedor saldría perdiendo, consecuencia de este razonamiento, él ha afeado mi actitud por no haber tenido remordimientos de conciencia. Es de suponer que algo así pensará también el banco que emitió mi dólar, que seguramente está riéndose de mis pesares. La ingenuidad me animaba a creer que después de poner un billete en circulación, alguien debería tener la responsabilidad de cuidar su salud, para que mi dólar no se perdiera como lágrimas en la lluvia.

Me preocupa que un día los que pueden decidir decidan que ya ha terminado la vida útil de mi billete y lo canjeen por otra moneda nueva, si fuera así, ¿dónde podré hacer el canje de mi difunto dólar por su sustituto? ¿Tendré que ir a EE UU para cambiarlo?.

A lo mejor, solamente se trata de una operación hecha con el fin de comprar a bajo precio los dólares que antes vendieron caros, y finalmente mi dólar vuelva a recobrar la salud. Quizá sea mejor que no espere más, venda mi dólar mañana y me compre un puro caliqueño para fumármelo a su salud.

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Caliqueñohttp://www.caliqueno.net/articulos/elcaliqueno.htm

8 de marzo de 2008

Quisiera ver a Ulises en el “parqué”



Todos los días cantan las sirenas, las oigamos o no. En pocos segundos pueden dar la vuelta al mundo en busca de una víctima que se deje embelesar y les preste su cuerpo y su vida. Durante el tiempo que dura el encantamiento, las sirenas se divierten de lo lindo, luego, cuando un punto de cordura nos llega, después del fracaso, las sirenas se van en busca de otro que se deje poseer y con quien puedan divertirse un rato o unos días.

Esto sucede porque las sirenas no tienen cuerpo, como pampoco lo tienen la serenidad, la ambición, la constancia, o la astucia, todas estas y otras cualidades buscan alojamiento en nosotros y de nosotros depende que se queden o salgan corriendo.

Unas cualidades se cuidan de nuestro bien, en cambio otras sin sentir remordimientos se cuidan en destruirnos. Al fin y al cabo, cada una de ellas actúa según su natural, y al hacerlo cumple con su obligación. Pero nosotros podemos elegir como hizo el prudente Ulises. Él dejaba que Atenea se paseara a gusto por su caletre o por su sesera, que lo mismo da.

Ulises era tan astuto, que cuando le preguntaban quien era él, normalmente respondía: -- yo soy nadie. Aquel hombre sabia lo que hacía; un rey fuera de su reino y perdido en cualquier playa del Mare Magnum tenía más posibilidades de mantenerse con vida diciendo, “soy nadie”. Mil años más tarde los estrategas que desfilaban triunfantes en Roma, llevaban un esclavo pegado a ellos como una sombra y el esclavo les susurraba: --recuerda que has de morir. Esto se hacia para evitar que se envanecieran en exceso con tantos halagos y honores.

La diosa Atenea, nunca fue un ser fabuloso ni se paseó por el Olimpo comiendo y bebiendo ambrosía y nectar como una posesa, realmente la diosa Atenea no come ni bebe y no es otra cosa que la mismísima sabiduría, además y afortunadamente, es inmortal; por eso se dice que es una Divinidad. Desde que Prometeo robó el fuego de los dioses para dárselo a los mortales, y los dioses en venganza, nos enviaron a Pandora y su maldita caja llena de calamidades, Atenea se afana intentando ayudarnos fetén.

La Divina Atenea inspiró a Ulises para que construyera el caballo de madera, y también Ella le ayudó a escapar de Polifemo. La Diosa anudó las ataduras que impidieron a Ulises correr en busca de las Sirenas, las sogas que le sujetaron solamente son una alegoría, en realidad eran hilos más resistentes que las cuerdas de esparto engrasado; él estuvo bien amarrado por sus convicciones y por la disciplina. Atenea le cedió el coraje suficiente para abandonar el abrazo de la bella Circe, y le dio ánimo para alejarse de Nausica, la hermosa que con un roce de su mano le despertó a un amanecer rosado.


Mucho me gustaría ver como se las maravillaría Ulises hoy en día, navegando por el “parqué” de cualquier bolsa del mundo. Para su bien, él solamente tuvo que enfrentarse a monstruos y “monstruas” de siete cabezas y navegó a bordo de las cóncavas naves, pero nunca lo hizo en la banda ancha, ni en la a.d.s.l.





4 de marzo de 2008

Nasruddin, su burro, y Los Mares Del Sur


Parece ser que Nasruddin Khodja nació en Turquía en el año 1208 y que durante toda su vida fue un hombre muy simpático, y además no era tonto. Fue educado en la escuela islámica de Konya, y estuvo dotado de un gran sentido común e ironía. Fue sucesivamente sirviente, monje derviche, mulá y finalmente imán. De él se cuentan graciosas anécdotas como estas:

Una vez, Nasruddin se cayó por las escaleras y se hizo mucho daño. Quedó en cama donde a pesar de la medicación sufría terribles dolores. Sus amigos se acercaron a visitarle.
-Bueno hombre, eso no es nada. Podría haber sido mucho peor…-- dijo uno.
- Al fin y al cabo no tienes ningún hueso roto…- añadió otro.
- Verás qué pronto estás recuperado…- dijo un tercero.
- Nasruddin, sufriendo un intenso dolor, los sacó a gritos de la habitación, diciendo:
- ¡Fuera todos de aquí! ¡Que no entre nadie más, a menos que se haya caído alguna vez desde lo alto de las escaleras!.
Otra:
Una mañana el mulá Nasruddin se encontró con un amigo, al que encontró con mal aspecto.
-¿Qué te ocurre? –Le preguntó el mulá.
-Verás, es que todas las noches me acuesto, me duermo, y sueño que hay un monstruo horrible debajo de mi cama. Me despierto y miro debajo de la cama, pero allí no hay nada. Sin embargo, luego no puedo volver a dormir. Ahora mismo voy a casa del doctor, para que me dé un remedio aunque me cueste cien dinares.
-Hombre,--replicó el mulá – yo puedo darte un remedio por sólo treinta.
El vecino le dio inmediatamente el dinero.-¿Cual es el remedio?.
-Ve a tu casa y sierra las patas de la cama.
Esta que viene es la buena:
También cuentan de él, que un buen día se fue al mercado con la intención de vender su burro; había meditado bien el asunto, y pensaba que sería afortunado si conseguía que le pagaran treinta dinares por su viejo burro.
No tardó en encontrar un tratante que estuvo de acuerdo con el precio que Nasruddin pedía, y cerraron el trato.
Feliz y contento se marchaba Nasruddin a su casa, cuando escuchó una voz que gritaba así:
-¡Venid aquí, voy a subastar este precioso burro! ¡fijaos bien en su hermosa cabeza, y sus fuertes patas!. ¡El precio de salida es de cuarenta dinares! ¿Hay quien dé cincuenta?. Pronto alguien dijo: -¡Doy cincuenta!, y otro replicó: -¡yo pago sesenta!, y otro más dijo: -¡yo doy setenta!.-Setenta dinares a la una, setenta a las dos,…De pronto, Nasruddin se alzó sobre las puntas de sus pies y grito: ¡Yo pago ochenta dinares!. A continuación recogió su viejo burro, pagó los ochenta dinares y muy orgulloso regresó a su casa.

¿Somos muchos los Nasruddines que vamos de casa al mercado y del mercado a casa?. Lo que hizo este hombre quizá sirva para explicar lo que ocurrió en la bolsa inglesa en el año 1720, con la Compañía de los Mares del Sur.






28 de febrero de 2008

Grafitos en Pompeya




No sé si había una bolsa de comercio en Pompeya, pero sí que existían entonces, las compañías por acciones especialmente para el comercio de ultramar. El costo de armar una nave que llegara a Britania en busca de latón, o a Hispania en busca de oro y plata, o a Etiopía en busca de inciensos, etc., requería un reparto del riesgo.


EL VESUBIO



Por obra y gracia del Vesubio, el día 25 de agosto del año 79, Pompeya dejó de existir. En veinticuatro horas la vida desapareció por efecto de los gases venenosos y a continuación, una lluvia de cenizas cubrió la ciudad con una capa que llegó a ocho metros de espesor.


Precisamente, las cenizas fueron el medio que sirvió para conservar la ciudad casi intacta. Por esa razón ha llegado hasta nosotros en todos sus detalles. La ceniza conservó las herramientas, ajuar y los muebles, incluso se puede observar la calidad de la carpintería de las ventanas. De otras ruinas, se recupera normalmente mosaicos, estatuas y objetos de barro o metal, en Pompeya, además de esto, se han conservado las pinturas de las paredes.

Las excavaciones empezaron en 1.738 por orden de Carlos III de España, rey también de Nápoles y Sicilia, y aún hoy, después de doscientos setenta años queda mucho por desenterrar. El trabajo de los arqueólogos ha catalogado ya más de diez mil grafitos, que son “la tira”, si tenemos en cuenta que la población no llegaba a cincuenta mil personas. La mayor parte de los grafitos se hicieron con carbón, pero también se hicieron con pintura, especialmente de color rojo. Las condiciones climáticas de Pompeya, no permiten su persistencia más de unos diez años en contacto con el aire. Si a esto unimos el terremoto del año 62 y la limpieza que usualmente se hacía de las fachadas, los más antiguos de estos grafitos deben de ser del año 60. Se copiaron cuando se les vio salir a la luz, y hoy ya se han desvanecido.


Muchos de esos grafitos proceden de manos furtivas que injurian, y otros, tienen cierta finura de sentimientos.

A continuación pongo una pequeña muestra de que ayer y hoy son la misma cosa.

Uno con intención política: “Mástulo con su cofradía de mentulados os ruega que votéis como edil a Gneo Helvio Sabino, digno de ese cargo público".

Este es un clásico: “Serena odia a Isidoro”.
Entre dos puertas de una casa: “Si cagas aquí, ay de ti”.
En una esquina: "Me he meado en la cama. Lo confieso, he cometido un pecado, pero si me preguntas, hospedero, la razón, te diré: no tenía orinal".

A la izquierda de una puerta, uno erótico festivo: “Me he jodido a la tía de la taberna”.

A los pocos metros del anterior: "Me han jodido aquí".

Uno de carácter comercial: “En las posesiones de Julia Espuria, hija de Félix, alquilan unos baños muy cómodos y bien equipados para gente distinguida, tiendas con sus habitaciones y comedores en el primer piso desde el trece de agosto hasta el trece de agosto dentro de seis años, durante cinco años completos. Si a alguien le interesa, póngase en contacto con nosotros”.
Este para el final: “Mucho me maravillas, pared, al no caerte hecha pedazos, abrumada por el peso de tantos ocios escribidores”.

Francisco Llinares ha hecho una propuesta para defender los intereses de los inversores minoritarios que suscriben títulos del AIAF.
En el artículo Carta abierta al presidente de AUDASA, propone lo siguiente:
HUELGA DE SUSCRIPCIONES CAIDAS DE TODOS LOS TITULOS QUE LUEGO ENTREN A COTIZAR EN EL AIAF.
A la que me adhiero en un intento de difundir esta iniciativa.

20 de febrero de 2008

No quiero ser gato

Cuentan por ahí, que hace unos dos mil seiscientos años, Esopo, un hombre que se ganaba la vida contando fábulas en las ferias de los pueblos, un día dijo así:

"Estaba un escorpión a la orilla del río intentando encontrar el medio para cruzarlo, cuando vio llegar una rana; cuando la tuvo al alcance de su voz, le dijo:

Ayúdame a cruzar, que yo solo, no me atrevo a hacerlo. A lo que la rana contestó: Si te dejara subir a mi lomo, tú podrías matarme. El escorpión replicó: no tengas miedo, piénsalo bien, si yo te matara la corriente me llevaría y me ahogaría sin remedio. A pesar de que las ranas no tienen un pelo de tontas, esta se dejó convencer; le permitió subir sobre su lomo y cuando ya estaban en medio de la corriente, el escorpión clavó su aguijón en la cabeza de la rana, que al verse ya herida de muerte, dijo: ¡Desgraciado! ¿Cómo has podido faltar a tu palabra?, me matas, y tú te matas también. El escorpión contestó: Lo siento por los dos, pero está en mi naturaleza".

Algo tiene mi gato en su naturaleza que le impide mejorar su vida. En mi casa no tenemos calefacción central y por eso, en los dormitorios conectamos radiadores, de esos de aceite que funcionan con electricidad, para dormir calentitos. Nuestro gato, que es muy friolero, se acomoda a los pies de la cama con nosotros, y todos tan contentos. Pero a eso de las cuatro y media o cinco de la madrugada, él se despierta, salta a la cama, y nos topa con fuerza como si fuera un toro de Pala.

Esto lo hace en un intento inútil, para conseguir que nos levantemos y le demos su desayuno. Consecuencia de su inoportuna actitud, es que pocos minutos más tarde está de patitas en el pasillo pasando frío. Pero es que mi gato no se entera de que poseer es renunciar. Y yo, ¿qué es lo que debería hacer en la bolsa para ganar más y perder menos?. No tiene gracia que sepa lo que ignora mi gato, y no sepa lo que ignoro yo.

El gato es muy hábil y aprende muchos trucos para conseguir lo que le pide el cuerpo, pero no acierta a hacer lo que más le conviene. Un perro, un caballo, o un ratón ya lo habrían comprendido, pero mi gato no lo consigue. ¿Será que no puedo ganar en la bolsa porque hago lo que me pide el cuerpo, igual que hace el gato?.
A él, el jugo gástrico le empuja a reclamar comida; a mí las molestias en el estómago y la
flojera de piernas me empujan a comprar o vender acciones cuando no debo hacerlo. Mi mente,
para escapar del remordimiento, me miente y encuentra otros culpables.
Ni siquiera los nacidos en Madrid pueden permitirse ser gatos cuando están frente a la bolsa.
A propósito de Esopo; él solía decir, que lo que se descubre con facilidad, con facilidad
se desprecia.

18 de febrero de 2008

Al estilo de Caravaca que cada uno fume de su petaca

El artículo de José María, publicado el viernes día 15: “Ganador: Francisco Llinares”; me hace dudar de que se refiera al debate que escuché el jueves pasado. Francisco reconoció que no sabía de análisis fundamental, y me parece que al terminar el debate no había aprendido nada, así pues, no ganó.

Una vez, un hombre se acercó a un conocido y le dijo: ¿Quiere que cambiemos unas impresiones? A lo que el otro contestó: ¡No, que salgo perdiendo!

Es normal que muchos reclamemos humildad en los demás sin procurárnosla nosotros mismos, y además les exhortemos para que se desarmen completamente. Lo raro sería que fuera al revés; eso hace tiempo que no lo veo.

La oratoria es una herramienta poderosísima. Platón decía que no se debería enseñar a ningún hombre, nada que no fuera aritmética, gramática o gimnasia, hasta que este cumpliera los cuarenta años de edad; y ya entonces, cuando hubiera demostrado sus cualidades humanas, los maestros decidirían si era prudente o no, instruirle en los conocimientos que dan poder.

Uno de los que enseñaron retórica fue Aristóteles, y advirtió de sus peligros. Por mi parte, no comprendo a aquellos antiguos que explicaban como se hace, lo que no se debe hacer.

José María, porque se nota que el debate no te hizo feliz, propongo que nos relajemos todos con estas palabras de Aristóteles:

“Placentero es, con todo, tras ponerse a salvo, acordarse de las fatigas”.

O estas otras también de Aristóteles:

“Pues luego también con los dolores, disfruta el hombre acordándose de que mucho padeció y trabajó mucho”.

o con este dialogo entre Alceo y Safo:

Alceo.—Quiero decir algo, pero me lo impide la vergüenza.
Safo.—Si tuvieras el deseo de cosas buenas y bellas y no te revolviera tu lengua a decir algo malo, la vergüenza no te dominaría los ojos, sino que hablarías de lo que es justo.

Lo mejor del debate que nunca existió, fue que no se interrumpieron el uno al otro.

13 de febrero de 2008

Bendito dinero


Antes de que se inventara el dinero, los intercambios comerciales eran un desastre. Los que solamente tenían trigo para cambiar y necesitaban una manta, se desesperaban si el tejedor rechazaba el trigo y a cambio pedía lana o queso. Seguramente el mercado en la plaza se inventó para que se pudiera hacer cambios múltiples a tres o más bandas, y que finalmente, después de mucho discutir, cada uno consiguiera lo que necesitaba.

Esta forma de proceder posiblemente crearía mucha violencia verbal y también física, además, siempre habría algunos que tendrían que volver a sus casas sin conseguir cambiar sus géneros, y en consecuencia, se producirían robos ante la imposibilidad de conseguir lo que más necesitaban. Alguno tendría en su casa un montón de sandalias, hechas con primor, y sin embargo ese año pasaría hambre.

Uno de los héroes Homéricos pagó cien toros por una armadura, para ello fue necesario llevar los toros por veredas y cordeles, en un viaje que duró un mes. El taller que vendió la armadura, tuvo que alimentar los toros durante el tiempo que los retuvo, hasta que los cambió por materiales y otros enseres. Por esta razón, nadie sabrá si vendió la armadura cara o barata dependiendo de su habilidad para desenvolverse con los toros. El problema era el mismo que existe hoy en el mercado internacional pero sin contar con los seguros de cambio ni futuros sobre divisas.


También era motivo de pequeñas guerras entre ciudades vecinas; por ser unos, los dueños de la madera, y los otros del ganado. Después de mucho discutir, algunas veces acababan a palos y salían con la cabeza caliente y los pies fríos, unos, mientras los otros se dedicaban al saqueo general y arramblaban con todo lo que encontraban a mano.

Precisamente, la causa de que los espartanos se negaran a enfrentarse a los persas en el mes de junio, fue la necesidad que tenían de cosechar el trigo antes de partir a la batalla. Por esa razón, Leónidas fue a la guerra solo con su guardia personal de 300, que por ser muy pocos y para que otros griegos no les afrentaran por su demora, decidieron ir directamente a la boca del desfiladero de Las Termópilas y morir allí, frenando todo lo posible el avance de los persas. Esta fue la causa del retraso del ejército espartano y no la que se cita en la película 300. Después de la siega, todos los hombres útiles de Esparta llegaron a Platea, sitio donde la alianza griega ganó la batalla y la guerra.

Desde su aparición, el dinero engrasó los engranajes del desarrollo mercantil. Con este sistema ya se empezó a tranquilizar el mercado, y el que buscaba la manta podía comprarla sin necesidad de llenar de trigo la casa del tejedor. Con el metal fácil de transportar y guardar, compradores y vendedores, respiraron mejor y muchos alborotos desaparecieron del panorama. Ahora viene lo malo, la mejoría de las relaciones fue efímera, porque como es habitual entre nosotros, acostumbramos a celebrar cada mejora que conseguimos, pero pronto encontramos la manera de crear una nueva causa para empezar un nuevo conflicto. Rápidamente, el dinero que tanto bien hizo al principio, se convirtió poco más tarde, en origen de casi todas las neurosis, para alegría de los psiquiatras, que por fin, lograron comer caliente todos los días.

Dado que todos deseamos tener cualquier cosa que otro también desee, creo que yo mismo si alguna vez alcanzo a tener todo lo que hoy deseo tener, seguramente me angustiaré por no alcanzar a comprarme una “America´s cup” para mi solo, que eso, si que mola cantidad.

La palabra hebrea leshalem (pagar) se vocaliza también shlemut (integridad) y shalom (paz). Dicho de otro modo, pagar es un medio de lograr la paz entre las personas.

31 de enero de 2008

La suerte no ha nacido aún


No conocía el libro que ha recomendado quant_Notes. El libro es de Nassim Nicholas Taleb, y el título es: “¿Existe la suerte?”. Lo voy a comprar, lo voy a leer y quizá entonces cambie de idea; pero hoy, creo que la Tiqué de los griegos, la Sors de los romanos y la Providencia de los cristianos no existen.

Algunos de los que hablan de la suerte no saben que se trata de una diosa, cuidadín con hablar mal de ella no sea que se enfade.

En las religiones más antiguas no aparece la Diosa Fortuna; algunos le dan esta cualidad a La Diosa Isis, pero en realidad fueron los romanos los que la apodaron Patricia y la asimilaron a la suerte. En el viejo Egipto no era así. La primera Teogonía que se conoce es la de Homero, en ella no hace mención a la Fortuna, el primero que la menciona es Hesíodo que la presenta como hija de Océano y Tetis.

Para los romanos fue la Diosa Sors y para los cristianos es La Providencia, aunque esta última no es un ente independiente, sino una cualidad de Dios. La diferencia con las anteriores es que La Providencia solamente procura el bien. Así que los hechos malos que son inexplicables, supongo que son descendientes del Demonio. He leído que La Providencia aparece ya en el Antiguo Testamento, pero la he buscado en la Toráh y no la he encontrado, ni con ese, ni con otro nombre.

Desde luego, el día que me aplasté el dedo gordo con un martillo, no fue cosa de mala suerte, ni fue un accidente, fue falta de pericia, y exceso de terquedad. Mis padres ya me habían advertido del peligro, pero eso tampoco fue cosa de suerte, fue consecuencia de su experiencia y su deseo de protegerme. Naturalmente, yo no me dejé proteger, y me reventé el dedo.

Ulises dijo que en la isla de Ítaca, cerca del puerto, existe una gruta, a la entrada de la gruta hay un olivo, (el olivo representa a Atenea diosa de la sabiduría). Los que entran en la gruta, (nacimiento) reciben la influencia del olivo, luego, en el interior de la gruta hay dos rampas, por una descienden los hombres y por la otra ascienden los dioses. (La gruta simboliza el transcurrir de la vida). Puede ser que a partir del momento en que los hombres responsabilizaron a la suerte, dejaron de perfeccionarse. Además, ¿quien puede afirmar que tiene mala suerte porque no consigue alcanzar lo que más desea?. Algunos dicen que cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras suplicas.

Había que inventar la suerte, y se inventó para que fuéramos condescendientes con los demás y con nosotros. Cuando algo puede achacarse a la suerte, se deja de buscar la verdadera causa, y usamos la suerte como tinta de calamar para la memoria y bálsamo de fierabrás para la conciencia.

¿Podemos creer que cada día, la suerte, buena o mala, se genera en cantidad suficiente para afectar a todos los bolsistas del mundo, sin que al final de la jornada falte o sobre suerte?. Está bien que hablemos de la buena o mala fortuna en sentido figurado, pero creer en ella es otra cosa. Se que cuando pierdo en la bolsa, es por mi culpa.

A partir del nacimiento de la dichosa diosa esa que llamaron Tiqué, somos más los que bajamos por la rampa de la gruta, que los que suben.

Algunas veces a la vista de un espejismo he actuado de forma irreflexiva confiando demasiado en las apariencias, después, ante el mal resultado he culpado de mi fracaso a la mala suerte. De esta manera he encajado el coscorrón y no he aprendido nada. Por fin, he comprendido que no puedo culpar a la suerte y seguir sumando chichones. Me permito aconsejar un libro de “ayuda”, donde se explica como unos hacen su propia suerte y a otros se la hacen. Se trata de: “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” de Nicolás Maquiavelo. Alianza Editorial. ¡Y solo me ha costado 8´5 €!.

Ahora un chiste: Un hombre, de profesión aserrador, se cortó una mano en la sierra. Los compañeros lo llevaron al hospital y allí al rellenar la ficha el oficinista preguntó: --¿Cómo ha sido?, los compañeros del herido respondieron:-- Pues verá, estaba este hombre aserrando una tabla, cuando le sobrevino el accidente. Y el oficinista exclamó: -- ¡Pues menos mal que estaba tocando madera!.

28 de enero de 2008

No me gusta el análisis técnico


No me gusta el análisis técnico;
Porque siempre tiene razón.
Porque impide que desarrolle mi capacidad creadora.
Porque desde pequeño he disfrutado desobedeciendo a la razón.
Porque soy inconstante.
Porque no creo en las cosas sencillas que funcionan bien.
Porque no lo he descubierto yo.



Me gusta el análisis fundamental;
Porque cuando pierdo con los fundamentales siempre puedo culpar a otro.
Porque me permite lucirme mostrando lo agudo de mi perspicacia.
Porque se parece al cotilleo.
Porque cuando hablo de los “Pizarros & Cia”, acabo creyendo que soy como ellos.
Porque creo en la información privilegiada.
Porque soy un soñador.



24 de enero de 2008

Del rosa al amarillo

Para detectar un cambio de tendencia, esta figura es la más fiable




5 de septiembre de 1929: Roger Ward Babson advertía de un proximo crash: La mayoría se reía de él.

9 de septiembre de 1929: La revista bursatil Barrons, se burló de él, le llamó "el sabio".

15 de octubre de 1929: El director del Banco National City, manifestó que el mercado de valores se encontraba en estado satisfactorio.

24 de octubre de 1929: El presidente Hoover dijo: "La actividad economica del país y distribución de bienes y mercancias, está en una fase de prosperidad y solidez".

A las once de la mañana del día más negro, un especulador empujó con ímpetu la puerta giratoria de un café en las cercanías de Wall Street. Al entrar, desfiló entre las mesas con aire de triunfo, como lo haría un monarca; el hombre, venía en ayunas desde su casa y quería tomar fuerzas antes de comenzar la dura tarea que cada día, mantenía con las compras y ventas de acciones.

Se acercó a la barra, y como tenía por costumbre, pidió ostras y champagne. Había muchos clientes y los camareros estaban tan atareados, que cinco minutos después aún no le habían servido. En ese tiempo, aquel hombre pudo escuchar por la radio del local las últimas noticias de la bolsa; por lo que cuando pudo dirigirse al camarero le dijo: “No me sirva las ostras, tráigame un café con churros, hoy con eso me basta”. Pasaron unos minutos más y aún no le habían servido, mientras, él seguía escuchando la radio que en ese momento emitía directamente desde la bolsa, dando más noticias y cotizaciones. De pronto, este hombre escondió la cabeza entre los hombros, habló con voz débil, y dijo al camarero. “Usted perdone, no me traiga el café, me conformo con un vaso de agua, es que he perdido el apetito”.

21 de enero de 2008

El oro es ecológico

Se dice, que a partir del momento en que la letra de cambio demostró que era eficaz, fue irremediable que se inventara el papel moneda. Digan lo que digan, mucho antes de todo esto, se inventó la “moneda de palabra”. Esto sucedió cuando un comprador dijo a un vendedor: “mañana iré a tu casa y te pagaré”. Claro que esto, dicho por una persona honrada, ante testigos honrados, era Ley. Si aquel hombre no cumplía su palabra, quedaba deshonrado, y si los jueces ponían la concha de una ostra en la mano del acusado, le hacían patente el rechazo de la ciudad y él debería ir al exilio por el tiempo marcado. Naturalmente eso dolía. Así hacían en Grecia, pero en Persia el castigo era mayor, pues aquella gente tenía la manía de exigir a los hombres decir la verdad.

En esa época, a pesar de que la palabra tenía tanto valor, ni se les pasó por las mientes hacer papel moneda; ellos, simplemente acuñaban oro y plata. Quizá fue por respeto, o porque eran unos antiguos, pero no tontos.

A partir del siglo dieciocho se hicieron muchos intentos para imponer los billetes de banco. Naturalmente, este movimiento lo impulsaron los que gustan de dar gato por liebre; estos, para ocultar su intención, se justificaron diciendo: “si la gente guarda su dinero en lugar de gastarlo enseguida, se frenará el desarrollo económico”, estas y otras razones hicieron que se impusiera el papel moneda. Y así, desde entonces, en los bolsillos solo llevamos promesas, y unos pocos, en los suyos guardan la sustancia.

Como es natural, cuando alguien recibe un vale, siente deseos de cambiarlo por algo tangible. De esta forma, gastamos deprisa, y alimentamos la inflación, que reduce tanto el valor de los billetes que a veces llegan a valor cero.

Alrededor de los años treinta del siglo pasado, los billetes de banco ganaron la partida, al menos, de momento.

Si sumáramos los billetes en circulación con los préstamos anotados en cuenta, los cheques y pagarés pendientes de cobro, las letras de cambio al descuento no vencidas, y las tarjetas de crédito, nos llevaríamos un susto. A mí también me gustaría vivir en jauja, pero vivo en el planeta Tierra.

Por mucho que el cine se esfuerce en presentarnos a los antepasados como ignorantes, si los juzgáramos por sus obras veríamos otra cosa. En la época clásica los esclavos estaban desposeídos de derechos políticos, sin embargo, nadie se atrevió a apoderase de sus propiedades y se les permitía ocuparse en los asuntos de su economía particular. Algunos esclavos fueron célebres por sus conocimientos en ciencias y otros llegaron a ser incluso más ricos que sus amos. Hoy los gobiernos modernos dicen que dan todos los derechos cívicos a los ciudadanos, pero los consideran menores de edad para tocar el dinero verdadero.

Cada vez son más las leyes que dan permiso a los gobernantes para expropiar propiedades rústicas o urbanas y el dinero lo tenemos en vales; nosotros empujamos el coche y otros manejan la dirección y maniobran a su gusto, regulando su valor. Esto realmente hace que los que gobiernan sean todopoderosos, al estilo del Leviatán de Hobbes, por contra si el dinero tuviera valor intrínseco aumentaría la libertad de los ciudadanos.

En Austria se ha acuñado euros de curso legal en monedas de oro, que llevan este apellido: “Filarmónica de Viena”, su peso es de una onza troy, y tengo entendido que los bancos europeos y norteamericanos los reconocen como dinero; claro, que quien tenga euros de oro no creo que los gaste pagando en el banco la factura del gas, pues estas monedas tienen la virtud de multiplicarse como los seres unicelulares. Desde su nacimiento a hoy, uno ya se ha convertido en dos.

Supongo que los que dicen que debemos conservar los bosques, no malgastar el petróleo, mantener la vida animal y todo lo que se mueve, lo harán pensando en nuestros descendientes; pues bien, estoy de acuerdo con ellos, pero creo que al mismo tiempo, también deberíamos ocuparnos en dejar a nuestros hijos una riqueza pronta para utilizar, y para eso a mí no me basta con apuntes en libros que están en manos de otros, y los ahorros en vales tampoco me gustan.

Si regresáramos al patrón oro, o acuñáramos el oro y la plata, posiblemente se frenaría el consumo desbaratado de cachivaches y chirimbolos, que son un estorbo para conseguir la felicidad que deseamos; y posiblemente, tendría gran efecto en la conservación del planeta. Esto sería más efectivo que todos los planes que se han hecho para salvar la biosfera. La solución para gran parte de los males de nuestra sociedad no está en el detergente biodegradable, está en el “oro ecológico” y en la “piedra filosofal”.

El hombre libre es menos libre, si le tienen cogido por donde más duele.

13 de enero de 2008

Papel moneda, la gran mentira.

La mentira llegó con la aparición de la vida. Animales y vegetales de todas las clases mienten con todo el descaro. Unos lo hacen para evitar ser comidos y otros para comer mejor. Los humanos, parece ser que, somos un compendio de todo lo bueno y lo malo, por eso mentimos más. Los camaleones mienten cambiando de color y los más vergonzosos de entre nosotros cambiamos de color cuando mentimos, cosa que viene a ser lo mismo pero al revés.

Mentir para aumentar nuestro tesoro particular es una de nuestras aficiones predilectas. Hace muchos, muchos años, un mercader muy pillo se enriqueció con un truco simple. Recorría los mercados de las islas entre Sicilia y el Ponto Euxino, vendiendo ánforas de aceite a buen precio (ojo al dato, cuando encontremos algo a buen precio debemos alertarnos) siempre daba a probar la mercancía, normalmente el comprador metía un dedo en el ánfora, lo mojaba en el aceite, se chupaba el dedo y quedaba satisfecho de la calidad.

Ahora entraba en acción el vendedor diciendo así: Con la venta de este aceite esperaba conseguir cien ánforas de trigo, pero he tenido noticia de que mi hija ha enfermado y debo partir en un barco que zarpará a mediodía, cuando el sol esté en lo alto; dice el piloto, que a esa hora, sopla el viento Euro, que en esta costa suele ser altano racheado y algo traidor, pero, pese a su mala calidad, servirá a nuestros propósitos, y si Eolo es constante y tenemos buena mar, dentro de diez días llegaré a casa. (Esta digresión del vendedor sirve para distraer la atención del comprador). Solo por esta razón, si de verdad está usted interesado en mi mercancía se la dejo solamente por cincuenta, con el fin de poder regresar a casa donde sobra aceite y falta trigo. Y si usted lleva el trigo a mi barco, yo mismo haré el trasvase y le devolveré los cascos, pues llevo muchas ánforas vacías.

El comprador, más pillo y cobarde que el vendedor, accedía a comprar y corría en busca del trigo para cerrar el trato lo antes posible. Hecha la operación cada uno iba por su camino. El comprador transportaba a su almacén el aceite y aún tardaría unos días en descubrir que en cada una de las ánforas solo había medio palmo de aceite flotando sobre agua clara.

En esta época los pagos se hacían en especie, más tarde se inventó el dinero; mejor dicho, lo que se inventó fue la moneda porque dinero es cualquier cosa susceptible de cambio. La moneda fue de oro, de plata, de cobre, de conchas y de piedras. Las conchas negras valían más que las blancas; y algunos, pintaban las blancas de negro, otros doraban la plata, y otros limaban sutílmente las monedas para quedarse con el polvo. El padre de Diógenes el cínico fue falsificador, se le condenó y se le confiscaron los bienes. No se sabe si Diógenes se dijo a si mismo: “ya que no voy a ser el más rico, seré el más pobre. De una manera u otra seré el más". Y como era hombre que no andaba por las ramas, se fue a vivir a un tonel con vistas al mar.

El papel moneda se empezó a distribuir en los tiempos de la revolución francesa y desde entonces empezó a armarse la gorda. A partir de aquel momento han sido muchas las catástrofes, y como la mayoría de nosotros lo ignoramos, tan tranquilos estamos.

Somos extremadamente críticos con las pequeñas mentiras, cogemos gran cabreo si alguien intenta engañarnos un poquito, pero estamos encantados con las mentiras más grandes, como son: el amor y el papel moneda, y a pesar de que estas mentiras hieren de muerte a muchos, casi todos coquetean con ellas.

La mentira no es propia de las mentes perfeccionadas, al contrario, son las mentes más simples las que más mienten, (fijémonos en los niños); ocurre que hay eruditos dotados de una mente muy simple. Platón dijo: “Erudición no es conocimiento”.

Poco nos preocupa saber si una cosa es buena o mala, verdad o mentira, con tal de que se acomode a nuestros deseos. El mejor cómplice del falso vendedor de aceite, era el comprador que estaba ciego de deseo por llevarse el chollo.

Hay mucho que rascar en el campo del papel moneda.

9 de enero de 2008

¿Me pagan con espejitos y cuentas de cristal?

¿Me pagan con espejitos y cuentas de cristal?. Quisiera no haber hecho esta pregunta, porque ¿ahora que puedo hacer?. De momento la cosa no parece tan grave si con esos espejitos puedo comprarme un buga o tomar una birra, debido a que el que me vende estos caprichos es tan tonto como yo; pero, ¿que sería de mi si un día quien me vende el pan se espabilara y me tirara los espejitos a la cara dejándome en ayunas?, Lo peor es que esto podría suceder justamente en el momento en que hubiera escasez, y el panadero se percibiera de que mi vida estaba en sus panes; pues, yo que me empecino en mantenerme vivo, estaría dispuesto a convertirme en su esclavo a cambio de poder clavar el diente a cualquier mendrugo, como haría cualquier carpanta.

¿Qué es el dinero?. Esta es una horrible pregunta y aquel que tiene la osadía de hacerla, recibe como premio un pedazo de insomnio. Creo que aquellos indios recién descubiertos que recibieron espejitos como pago, fueron más afortunados o más listos que yo, porque ellos no habrían aceptado un papelito con garabatos. Hoy he llegado más lejos en mi ingenuidad y he aceptado como pago, no dinero de ese que hay, sino un apunte, que otro que no conozco, dicen que ha hecho en un disco que no entiendo ni sé que cosa es.

¡Lo gracioso es que me he quedado tan feliz!. Si la proposición de pagarme con papel me la hicieran solamente a mi, estoy seguro de que no aceptaría el trato; pero el hecho de que la multitud acepte, ¿es razón suficiente para que yo acepte también?. ¿Que es lo que cambia en lo sustancial?. Este asunto tiene enjundia y puesto que quiero saber si las acciones de fulano o de mengano, de verdad suben o bajan, ya no me sirve el papelito para cotizarlas, ¿de verdad ha subido el petróleo?, ¿no estarán cantándome una milonga?.

Si una divisa baja respecto a otra y luego vuelve a subir mientras otra se queda donde está, y luego ocurre al revés, pero no tanto, y si lo hacen así una y mil veces y luego vuelta a empezar, ¿Cómo puedo saber donde estoy?. No creo que un buen marino quisiera navegar si los astros se movieran en desorden, y sin saber si el pan es pan, o el vino es vino.

Lo peor es que los que organizan estas charadas nos dicen con aire protector: Tú mira una peli y no te preocupes, de todo esto ya nos ocupamos nosotros.

Quiero saber: por eso, pienso dedicarme a estudiar y aprender todo lo que pueda sobre este interesante asunto. Si alguien puede echarme una mano bienvenido sea, ¡ah! y que no tema, le aseguro que devolveré la mano.

4 de enero de 2008

Dos huevos y dos huevos más

Vino el hijo de un mísero genovés, de las escuelas de Pavía, y pidiéndole el padre algunos indicios de lo que había aprendido en las escuelas; le respondió el joven, haber aprendido tanta sutileza, que le probaría que los dos huevos que estaba comiendo eran cuatro:

Porque siendo el dos, número binario, y conteniendo todo número binario dos unidades, juntando estas dos unidades al número binario, quedarían haciendo cuatro, por ser cuatro dos veces dos.

Quedó absorto el viejo de oír sofisticas e inútiles agudezas, en que el joven había gastado el tiempo, la meditación, y el dinero; y queriendo mostrar que más valía lo rústico de su entendimiento, que lo delgado de su silogismo, sorbió los dos huevos, diciendo: yo como los dos que puso la gallina, come tu ahora los otros dos que formó la dialéctica.

Desengañaos pues, o filosofo inocente y tened por indubitable que hay siglos en que es mucho mejor ser midas que filosofo. Aquí no hay medio entre dos extremos, o ser accionista, o ser accionado, o sorber dos huevos sin sofismas, o quedar atónito sin huevos.

Separata del libro “Confusión de Confusiones” escrito por José de la Vega, en el año1688.

1 de enero de 2008

¿Estás seguro? (Segunda parte de: Lo sé de buena tinta, te lo digo por ser tú quien eres)

Un día llegó la noticia de que la mina esa, no era en realidad lo que se dice un mirlo blanco, al saberlo todos fueron a vender sus acciones, pero se encontraron con que no había comprador y esto es lo peor que puede ocurrirle a un accionista. Los agentes de bolsa, para alegrar un poco la vida de aquellos sufridores, decían “Piense usted que esta pérdida puede servirle para hacer minusvalías y pagar menos impuestos”, ¡je, je! . En una situación como esta, la capacidad de resistencia se mantiene aún muy alta al salir de la casa de bolsa; pero dura poco, por muy refractarios que seamos a creer que algo malo está a punto de sucedernos, siempre que se den estas circunstancias sucederá lo peor. Poco a poco las razones que cada uno tenía para creer que había obrado bien se empequeñecieron, y las expectativas en recuperar su capital se disolvieron en el aire. Las primeras órdenes de venta se dieron en Alemania y pronto se dieron en Inglaterra también.
El precio de las acciones de la mina esa, fue cayendo hasta llegar a nada, por falta de comprador. Cada uno de los accionistas, con mejor o peor conciencia de si mismo, vació el reservorio de su esperanza. Esta situación es muy incómoda, todas las excusas que la víctima fabrica en su defensa se marchitan, y cada vez más sus razonamientos le dicen que no debería haber escuchado cantos de sirenas. (De Ulises hablaré otro día).
Pasaron tres años y el chico listo abrió una nueva oficina de cambio y bolsa, pero esta la abrió en París. El personal que trabajaba en la nueva oficina no sabia de la existencia de la de Londres, y los empleados de la oficina de Londres ignoraban que su jefe tuviera negocios en París. Además, el chico listo compró algunas pequeñas compañías dedicadas al comercio de materias colorantes, perfumes y vinos. El perfume cubre ciertos tufos, una mano de pintura cambia la apariencia y el vino unos dicen que alegra y otros que ayuda a olvidar. El chico listo no entró en estos negocios para reformarse, ni para olvidar, lo hizo porque en Francia son muy populares y así pasan desapercibidos.
Una vez establecido en París, las empresas de su propiedad empezaron a comprar pequeñas cantidades de acciones de la compañía minera esa, y puesto que los accionistas ya tenían la voluntad quebrada, se alegraban de poder poner punto final a su pesadilla, aunque fuera pagando un precio tan alto como la pérdida del noventa por ciento de su inversión. La gracia está en que el chico listo pudo recuperar a precio de saldo las acciones que vendió tan caras a los alemanes, y además pudo comprar las que ya tenían los ingleses cuando él aún iba al colegio, y que sin esta maniobra nunca las hubiera tenido. Poco a poco y sin hacer ruido, en tres años, las acciones fueron pasando a manos del chico listo hasta que tubo la casi totalidad.
Durante el año siguiente, se enamoró de una guapa italiana nacida en Roma y se casó con ella. No se sabe porque extraño motivo, meses más tarde, en Roma se supo, que la compañía minera esa, la que en un momento de ensoñación creyó haber encontrado oro, por fin había sabido encauzarse y ahora explotaba con mucho éxito una cantera a cielo abierto, en cuya arena los diamantes se dejaban coger con pala. Frente a esta información, y además de buena tinta cualquier romano y cualquier otro que respirara entre Nápoles y Florencia y que además no fuera tonto, debía entrar en el negocio de diamantes. Como consecuencia de esta sencilla e infalible razón, nuestro chico listo tranquilamente vendió las acciones que quiso, al precio que le dio la gana, y cuando quiso.
Aún hoy ni alemanes, ni italianos, ni ingleses saben si la mina existió o no existió. Pero yo lo sé y os lo voy a decir bajito. La mina sí que existió, pero el chico listo nunca estuvo interesado en la industria, hubiera hecho lo mismo con una fábrica de agujeros para regaderas. Las pequeñas ambiciones de muchos sirven a la gran ambición de uno solo. Cuando el chico listo escribió a su madre y le robó la inocencia, la convirtió en el instrumento que mejor convenía a su plan, más tarde, utilizó a su propia mujer. El chico listo no siente piedad por sus victimas; las desprecia como a moscas que acuden al panal de miel. El chico listo explota en su beneficio las debilidades ajenas; el crea el protocolo, y los demás lo cumplen inexorablemente. En la bolsa y en la vida misma muy pocas cosas ocurren por azar.
Nota:
Esto sucedió en mil setecientos y pico, mas, hay quién dice que el chico listo no muere y que todos podemos tropezar con él. Un amable comentarista con mucha guasa, me ha devuelto la esperanza. Podemos estar tranquilos, nosotros tenemos la CNMV pero aquellos antiguos solo tenían el Ángel de la Guarda.

28 de diciembre de 2007

Lo sé de buena tinta, te lo digo por ser tú quien eres. (primera parte)

Hace más de doscientos años un joven, agente de cambio y bolsa, salió de su pueblo que está en las proximidades de Fancfort; y como tantos otros han hecho, emigró buscando una vida mejor. Eligió la ciudad de Londres, que por aquella época era la capital de las finanzas, después de que Ámsterdam le cediera el paso.

Durante un tiempo trabajó para un cambista afamado, luego, abrió su propia oficina, y lo hizo bien: Ganó renombre y pudo disfrutar del beneficio que le daba el hecho tener la confianza de sus parroquianos. Se acomodó a las costumbres inglesas, y no permitió que el éxito le hiciera olvidar su familia, ni su pueblo. Escribía frecuentemente a su madre, que ora lamentaba verse privada de la presencia de su único hijo varón, ora presumía de lo listo que era.

Un día, la madre recibió una carta de su hijo en la que afirmaba que pronto regresaría para poderle abrazar; por el momento debía esperar un poco, pues estaba muy atareado en unas gestiones, que requerían toda su atención por lo importantes que eran. Escribía para que la madre estuviera al corriente de los acontecimientos, le decía que estaba comprando todas las acciones de una compañía minera que operaba en África, en la cual habían encontrado un enorme filón de oro.

El momento era muy delicado, porque si alguien llegara a enterarse del hallazgo, las acciones subirían tanto, tanto, que él ya no podría comprar más. Se trataba de una oportunidad especial, y le rogaba que guardara bien el secreto; nadie debía saberlo. Pero si la operación salía bien, y eso podía darlo por hecho, la familia toda, quedaría a salvo de pasar necesidades económicas en el futuro.

La madre quedó bien impresionada al conocer la noticia, y ni por un momento pensó contársela a nadie, alegre y esperanzada ante un futuro feliz, se preparó una cena a base de col fermentada, patatas hervidas con finas hierbas, un esplendido codillo de vaca, y dos jarras de cerveza. La digestión de la cena debió ser difícil, porque al amanecer, la madre se encontraba en completa desazón, nerviosa e indecisa. Quería respetar la voluntad de su hijo, que tanta confianza le demostraba, pero callar el secreto a sus cuatro hijas, todas casadas y con niños, era demasiado para el corazón de una madre. Después de todo, ¿por qué no ayudarles a ganar un pellizco sin hacer mal a nadie?.

Revuelta así su mente, la mujer cedió a la tentación, y hay que decir que disfrutó al hacerlo. Reunió a sus hijas, les explicó el asunto y les exigió que no dijeran nada a sus maridos. Las hijas prometieron silencio; pero la debilidad ganó la partida, y los maridos se enteraron, y las familias de los maridos, y los amigos de las familias de los maridos, y los amigos de los amigos. Todos acudieron a Frankfort con el dinero que tenían, más el crédito que consiguieron, y todo lo invirtieron en acciones de la dichosa compañía minera esa.

Las casas de cambio y bolsa alemanas se alertaron frente a la avalancha de órdenes, y pensaron que lo mejor sería aconsejar a sus mejores clientes para que compraran. Por aquí y por allá, se decía, “Lo sé de buena tinta, la noticia viene de Londres”.

Pasó poco tiempo y la mujer recibió carta de su hijo, la abrió y leyó:
“Querida madre: afortunadamente el asunto que me ocupaba a terminado de forma feliz. (la madre aquí, no pudo evitar una sonrisa de satisfacción) Resultó ser, que recibí noticias de África aclarando que el filón de una mina de oro que tenía yo, no era tan bueno como decían, (aquí la madre se quedó de piedra) he podido vender en dos meses todas las acciones que había acumulado durante años. Gracias a mi habilidad y al altísimo precio que han alcanzado, no solamente me he salvado de la bancarrota, si no que he ganado una fortuna. Dentro de poco tiempo iré a veros y llevaré regalos”.
Meses después, el chico listo, regresó a su pueblo y se aseguró de que nada le faltara a su familia.(continuará...)

LA INFORMACIÓN PRIVILEGIADA, PUEDE SER BUENA PARA EL QUE
LA RECIBE O PARA EL QUE LA DA: PERO NUNCA ES INOCENTE.

25 de diciembre de 2007

Un pelotazo modelo con 2.600 años de antigüedad


Tales de Mileto era considerado peor que el tonto del bote; los que creían conocerle, muy diligentes todos, le trataban con desdén porque andaba incordiando con raros experimentos inútiles y no emprendía algo serio; en cambio ellos, gente industriosa, se las ingeniaba cada día para ingresar algunas dracmas, e incluso vestir un chitón nuevo el día de la fiesta grande. Tales, habitualmente caminaba de noche pisoteando los sembrados, porque al caminar no perdía de vista las estrellas.
Consecuencia de sus lucubraciones, predijo un eclipse solar. Calculó la vertical de las pirámides al medir la longitud de la sombra sirviéndose de una cuerda; esto lo hizo en el solsticio de verano a la hora en que el sol se encontraba casi en el cenit, no quiso hacerlo en el solsticio de invierno, porque de hacerlo así, hubiera necesitado una cuerda más larga y como buen fenicio, no empleaba más recursos que los necesarios para alcanzar su objetivo. Algunos dicen que desvió el río Halys que se oponía al paso de los ejércitos de Creso, pero no lo desvió, ¡no!, Tales era astuto y no tiraba con pólvora del rey, además, ¿Dónde lo hubiera puesto para que no volviera a molestarle?. Lo que hizo fue excavar un canal en forma de media luna, que tomaba agua del río y se la devolvía siete estadios aguas abajo. Así el ejército vadeó ambos brazos del río más o menos sin problemas.
De todas estas proezas sus vecinos no se enteraban, hasta que tanta befa mosqueó a Tales, y un día, bien dispuesto, se afanó en demostrar que no era el tarugo que todos creían que era. Su cabreo me extraña, no comprendo que un sabio se conmueva porque le llamen tonto.
No tardó en reunir sus conocimientos de meteorología, que eran más de mil, y por ser Tales un hombre que estaba en lo que hacía y no daba puntada sin hilo, concluyó, que justamente el año en curso, los olivos darían la cosecha del siglo. En lo que tarda un sabio al rascarse la calva, llegó a esta conclusión sin necesidad de gráficos, análisis técnico, ni regla de cálculo, solamente con su memoria, papel y un ábaco de madera medio roído por las ratas del vecino; afirman que las ratas eran del vecino, porque Tales tenía la despensa vacía y por esa razón, las ratas no frecuentaban su casa. Conviene decir, que por aquellas fechas el cambio climático favorecía el calentamiento global para satisfacción de todos. Esto permitía ensanchar la tierra de cultivo que antes se limitaba al valle de Mesopotamia y el delta del Nilo. Los que habitaban en otra parte debían conformarse con la ganadería, la minería o montar en barca. No en balde Homero se refirió a los troyanos con el epíteto de: “los criadores de caballos”.
Púsose pues, Tales manos a la obra, se calzó las alpargatas y comenzó a caminar. Recorrió cada palmo del territorio de Jonia y la isla de Quíos, y así obró:
No dejó una almazara por visitar y en cada una de ellas negoció de esta manera: “Mire usted, pretendo alquilar su molino eólico para esta campaña en los términos siguientes: Pagaré el diez por ciento más de lo que ganó usted el pasado año, y puesto que no conozco el negocio, le contrato para que dirija los trabajos, por esto, le pagaré su salario, además, quisiera que una persona elegida entre los ancianos de la ciudad, se encargue de revisar las cuentas. Por supuesto, si el beneficio no fuera suficiente para cubrir el compromiso, usted se embolsará los ingresos obtenidos y para compensarle de la pérdida en sus expectativas, yo me venderé como esclavo y el producto de mi venta será para usted”.
Hay que reconocer que aquel hombre le echó valor y caradura al asunto, porque este mismo pacto lo firmó en cada una de las almazaras.
Llegó el tiempo de la cosecha. ¡Qué espectáculo, señores!, no había suficientes carros para tantas olivas, se trabajó día y noche, se colmaron todas las ánforas y hubo que importar más desde Macedonia. Barcos de los llamados redondos por su amplia manga, partían a todos los destinos conocidos, el precio del aceite bajó, pero era tanta la producción, que a pesar de alguna sisa que le hicieron y en la que Tales no quiso reparar, consiguió una fortuna que invirtió en renta fija del Banco Central Europeo, con sede en el templo de Apolo en Delfos, que prestaba dinero al diez por ciento de interés y lo remuneraba también al diez. Los gastos de administración corrían a cargo del templo, que trabajaba sin ánimo de lucro.
Se atribuye a Tales la famosa frase, “Conócete a ti mismo”, que fue esculpida a la puerta del templo de Apolo, aún hoy no se sabe con certeza, si se esculpió la frase por ser buena, o porque Tales guardaba su plata en el templo.
Convertido en hombre rico, Tales lució túnica de seda persa con orla de oro fino, compró un ábaco de ágata, y tranquilamente se dedicó a estudiar. Fue respetado y admirado por los milesios. Finalmente quisiera decir, que fundó la primera escuela de filosofía que se conoce, mantuvo siempre llena la despensa, y algunas ratas fueron a vivir con él.
EPÍLOGO

El IBEX, lleva quince meses con volumen exagerado, además, en los dos últimos ha dibujado un doble techo que ya ha roto a la baja, ahora está regresando al punto de rotura.
Hay un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado. Tales hoy en día, saldría del pantano para no tocar el fango del fondo, y guardaría su dinero en renta fija.
Tales vivió noventa años, y murió en verano a causa de un golpe de calor, mientras presenciaba un torneo de gimnasia.