“Lo que fue, eso será, y lo que se hizo se hará, pues no hay nada nuevo bajo el sol”. Esto se dice en el libro de la Eclesiastés (asamblea), escrito allá por el ochocientos a.C..
Las ventas en descubierto existían ya en la Roma antigua. Nada hay de sorprendente en el hecho de que aquella gente fuera tan marchosa, la vida era menos cómoda de lo que es hoy; y si el esfuerzo para vivir era mayor, mayor sería su amor a la vida. Ejercitaban los músculos, pero también, sabían idear cualquier negocio para ganarse un denario.
Veasé el ejemplo:
Licio vende a Orosio una casa propiedad de Clodio, sin necesidad de informar previamente a este último. Vendedor y comprador ajustan el precio y fecha de entrega. Luego, Licio debe comprar la casa de Clodio para entregarla a Orosio, y en el caso de que Clodio se niegue a vender a Licio, Licio deberá indemnizar a Orosio por la oportunidad perdida. Este intermediario ganaba más que los agentes inmobiliarios, pero también arriesgaba más.
Otro ejemplo:
Antonio está ocupado armando un barco para partir en busca de mercaderías, que él espera comprar a cinco y vender a ocho; pero dado que hay buenos y malos momentos para la navegación, los barcos mercantes suelen partir a un tiempo y arribar con pocos días de diferencia, por lo que llegan al mercado a oleadas. Estas circunstancias, causan algunas veces una gran abundancia de oferta y una caída del precio. Por esta razón y con el fin de asegurarse un beneficio, Antonio antes de partir, pone a la venta parte de las mercaderías que espera adquirir en otros territorios; pero si durante el viaje de regreso recala en algún puerto y allí encuentra un mejor comprador, puede vender, y al llegar a su destino deberá comprar a precio corriente las mercaderías que ha de entregar.
Ni que decir tiene, que el comprador de estos futuros, a su vez, podía venderlos a otro que estuviera interesado; y al igual que el mercader viajero, cualquier ciudadano romano podía vender sin tener, si barruntaba que más tarde podría comprar a un precio mejor. Este contrato de compra-venta no tenia carácter real sino obligacional, pues el vendedor entregaba la propiedad pero no la posesión, ya que en el acto, no se hacia la traditio (entrega) de la merx (mercadería). El comprador se comprometía a pagar el precio y el vendedor a hacer entrega de la pacifica posesión, en fecha futura. Por lo tanto se trataba de productos apalancados. Nada hay nuevo bajo el sol.
Los puertos eran frecuentados por los que querían saber si las legiones progresaban bien o si el trigo egipcio llegaría pronto. Los precios oscilaban a tenor de las noticias. Por las calzadas romanas los veloces jinetes de postas, transportaban la correspondencia; y la información urgente, se transmitía a través de los telégrafos, que de día eran de humo, y por la noche de fuego. Estos procedimientos ya se usaban en la Persia imperial, mil años antes, y tanto servían para el amor, el comercio, o la guerra; que al fin y al cabo son la misma cosa.
Para que una operación de compra-venta fuera legal no era necesaria la presencia de los interesados, estos podían servirse de intermediarios; de este modo, un habitante del Laccio podía comprar y vender una finca en Sicilia, varias veces, sin salir de su pueblo.
Los romanos, durante la época de la república no eran aficionados al comercio, y su economía estaba construida sobre el arado y la espada. Más tarde, en la época imperial aprendieron tanto de los semitas, que hoy, no hay forma de comercio que ellos no practicaran ya. Las transacciones estaban reguladas por el Derecho Romano, tan sólidas eran las leyes de Roma, que las nuestras, "las buenas", solamente son una pequeña variante de aquellas.
Hago una pregunta a todos: ¿podría el banco Central Europeo devaluar el Euro, si el banco emisor se pone a prestar dinero a entidades en peligro, y estas no pueden hacer honor a su deuda?. los que no han comprado fondos, ni planes de pensiones, y no tienen su dinero invertido en bolsa o renta fija, sino que lo mantienen en plazos fijos, o cuentas remuneradas y no han participado en esta melé, ¿pueden llegar a sufrir la bancarrota del banco donde depositaron sus ahorros? Y si fuera así, ¿habría bastante fondo de garantía para tantos?. Agradecería que alguien me informe acerca de lo que podría pasar, para ir haciéndome el ánimo y para que no me coja de sopetón. Gracias anticipadas.
 Releyendo a kipling me detuve en estas palabras suyas: “…y lo que es más, serás Hombre, hijo mio”. ¿Que ocurriría si este autor no fuera contemporáneo nuestro, sino antiguo, y por lo tanto creyendo que era tonto, nos resistiéramos a hacer exégesis de los símbolos que utiliza para darnos a entender sus ideas?.
Si estas mismas palabras se hubieran encontrado en una lápida de autor desconocido, y los arqueólogos le otorgaran una antigüedad de miles de años, posiblemente nos quedaríamos perplejos ante un padre cuyo hijo no es hombre, pero puede llegar a serlo. ¿Acaso sería que el padre no era hombre?. Sabemos que Kipling escribe “Hombre”, no como especie, sino como cualidad de prudente. En cambio no entenderíamos tan fácilmente a otro autor, que hubiera escrito algo parecido miles de años atrás. Y puesto que gracias al cine, tenemos la creencia, de que nuestros antepasados además de brutos eran unos fantasiosos, pensaríamos que aquellas palabras eran la revelación del conjuro de alguna divinidad creadora, ocupada en formar el primer hombre.
En la Ilíada, La escena en que Aquiles engancha el cadáver de Héctor al carro y lo arrastra hasta desfigurarlo y casi romperlo, ante el disgusto de Atenea, la diosa sabia, nos dice realmente, que lo hizo con la desaprobación de todos los presentes, dotados de inteligencia. “Ante el disgusto de la Diosa Atenea”, es la forma escogida por Homero para decir que frente a un acto tan reprobable la inteligencia se enfadó.
Pero si aquel hombre hubiera escrito de forma llana; su obra no le hubiera sobrevivido. Gracias a que se expresaba así, ha llegado hasta nosotros, y o se le comprende, o se le disfruta como si solo hubiera hecho el relato de una memorable fantasía épica, de esta forma sirve a todos, en todas las épocas.
Quisiéramos que los escritos más antiguos se entendieran leyéndolos al pié de la letra. No comprendemos lo que nos querían decir los que hablaban de la zarza que ardía sin llegar a consumirse, pero si que entendemos lo que quiere decir ,“Se me encendió la bombilla”.
 Para escapar del laberinto, Ícaro aprendió a volar; pero el sol, derritió la cera con que el hombre pájaro sujetaba sus alas. La consecuencia fue un costalazo de los que hacen historia. La percepción de los limites nos exaspera, pero aunque alguien pudiera viajar por los cuerpos celestes, se encontraría siempre en espacios limitados. En pleno campo, la vista de una cordillera atrae nuestra atención, mueve nuestra curiosidad y nos crea el deseo de ver lo que hay al otro lado. Tenemos la sensación de vivir en el laberinto, porque no escrutamos suficientemente en lo próximo y no percibimos todas las posibilidades. Realmente casi desconocemos el área en que nos desenvolvemos. A propósito, hace unos días mi amigo Francisco Llinares dijo una frase flipante: “El universo es infinito también hacia dentro”. La bolsa es uno de esos lugares, que prometen llevarnos más allá. Pero la bolsa no se inventó para que cualquiera pudiera ganar dinero y autoestima casi sin esforzarse. Al contrario, se inventó para que los que ya tenían mucho, aun pudieran ganar más. Los que tienen una empresa próspera, no venden parte de ella entre los anónimos, por bonhomía o filantropía. Ganar algo en ese maremagno, que es la bolsa, donde los que creen ser cazadores pueden llegar a ser la presa, requiere la paciencia de la leona y la astucia de la zorra. Si algún novato pierde, y escocido, se aparta de la bolsa, puede que se libre de mayores peligros; pero el que tenga la suerte del principiante, puede hacer dos cosas: Una es coger el dinero y salir corriendo, la otra es ponerse a estudiar. A propósito del dinero, Quevedo dijo que el dinero no cambia a las personas, lo que hace es descubrir lo que hay en el interior de cada uno.
He separado estas paginas del libro de Jenofonte “Los ingresos públicos”, también trata este autor del mismo tema en “La republica de los atenienses” y en “Hierón”. Me he permitido apostillar entre paréntesis y negrita, para destacar que hoy, es como ayer. Lo escrito con letra normal son palabras de Jenofonte. Aquellos antiguos estaban a la última moda; me parece que lo que nos diferencia de ellos es que nosotros utilizamos la electricidad. Antes de que terminara el siglo IV a. C., Jenofonte decía así:
Luego, puesto que hay escasez de viviendas dentro de la muralla, si la ciudad permitiera (control del suelo) adquirir solares que edificar (recalificación) si lo solicitaran y reunieran los requisitos indispensables (hay que pagar la mordida), creo que con ello muchas más personas pondrían más interés en adquirir una vivienda en Atenas, si se les dieran facilidades para el pago (puesta en marcha de un boom inmobiliario).
A su vez, de qué forma más cómoda y lucrativa puede dedicarse la ciudad al comercio, voy a decirlo ahora. Efectivamente, en primer lugar, El Pireo tiene, sin duda, refugios excelentes y muy seguros para las naves donde se puede anclar y descansar sin miedo al mal tiempo. Por otro lado, en la mayoría de las ciudades, los comerciantes se ven obligados a importar algo a cambio, de lo que exportan, pues fuera casi no existe moneda fuerte. Mas en Atenas es posible exportar, a su vez, muchísimas más cosas que necesitan los hombres, y si no quieren importar algo a cambio, exportan una buena mercancía y cobran con plata pues donde quiera que la vendan, siempre obtienen más de lo inicial (el verdadero dinero siempre vale).
Y si por los responsables del comercio (ministerio de Industria y Comercio) propusieran premios para quien resuelva las cuestiones del modo más justo y rápido (concesión de licencias de importación), con el fin de no entorpecer la navegación a la persona que lo desee, también con ello se dedicaría al comercio más gente, y con más gusto (reducción arancelaria).
Asimismo, es bueno premiar a comerciantes y armadores con los asientos de preferencia en el teatro (palco de honor en los campos de futbol). Y de cuando en cuando, ofrecer los derechos de la hospitalidad (cenas de lujo y bares de alterne) a quienes se estime que benefician a la ciudad por la importancia de sus barcos y mercancías, pues con esos premios (sobornos), como si se tratase de ayudar a los amigos (trafico de influencias), serían más diligentes no solo por la ganancia, sino, además, por el premio.
Es evidente que cuantos más extranjeros establecieran negocios aquí (nacimiento de las multinacionales) y nos visitaran (fomento del turismo), tanto más se importaría, se exportaría, se despacharía y se vendería y además, se cobrarían mas sueldos y entrarían más impuestos (nada hay nuevo bajo el sol).
Por supuesto, para tal incremento de los ingresos es preciso no prever ningún gasto más de los aprobados por votación para obras de beneficencia (adios al 0´7) y administración (se congelan los sueldos de los funcionarios públicos ). En cuanto a otras actividades que, a mi parecer, pueden convertirse en fuente de ingresos, reconozco que hará falta una inversión para ellas; pero, realmente, no pierdo la esperanza de que con decisión puedan contribuir los ciudadanos a tales empresas, cuando considero que la ciudad contribuyó mucho cuando acudió en ayuda de los arcadios a las ordenes de Lisistrato y también con Hegesilao (misiones militares en el extranjero). Sé también que a veces, para abrir mercados, se envían trirremes con gran gasto, sin estar claro si resultará mejor o peor, y sé que nunca recuperan lo que aportan, ni siquiera una parte (misiones comerciales en el extranjero). Por supuesto, los ciudadanos, no harían ninguna adquisición tan buena como la que obtendrían del adelanto para esta inversión. A quien haga una inversión de diez minas o más (1 mina=450g de plata), se le convertirían casi en un veinte por ciento más, en el plazo de un año, gracias a que el sueldo que viene ganando un marino es un trióbolo por día (1 óbolo=0´75g de plata). Los atenienses que quieran suscribir deuda recibirán más de lo que han invertido, y, además, es una inversión estatal que se considera que es el negocio más seguro y estable (lo mismo decimos hoy, pero deuda publica con cupón del 20% anual es un chollo sobre todo si se cobra en plata).
También creo yo que, si quedaran inscritos como bienhechores a perpetuidad, harían inversiones muchos extranjeros (captación de inversión extranjera), e incluso, algunas ciudades que aspiran a figurar registradas con esa distinción (ciudades hermanadas). Espero que ciertos reyes, tiranos y sátrapas, también deseen participar de tal favor (depósitos de capital en tierra extranjera, por si acaso…).
Un talento pesaba 27 kg de plata y se dividía en 60 minas Una mina pesaba 450 g de plata y se dividía en 100 dracmas Una dracma pesaba 4´5 g de plata y se dividía en 6 óbolos Un óbolo pesaba 0´75 g de plata Las monedas menores eran de cobre, con el fin de que su tamaño fuera mayor, pero su valor intrínseco era el correspondiente en plata.
El primer dinero fiduciario de la historia es el que instituyó Licurgo, legislador de Esparta. Andaban los ánimos revueltos en la ciudadanía y los ancianos encargaron a Licurgo que les dotara de una ley que les permitiera adquirir la dignidad, ¡y vaya que este hombre legendario lo hizo!. La ley que introdujo a Esparta en la historia no mencionaba ni un solo derecho, solamente fijaba las obligaciones; el cumplimiento de la ley espartana generó una forma de vida muy distinta de la que tenían los atenienses.  Áticos y laconios nunca se entendieron entre sí y solamente se unían para defenderse de ataques de los bárbaros, y cuando no acechaba el peligro exterior, ellos se enzarzaban en guerras, alguna tan larga como la que se conoce con el nombre de Guerra del Peloponeso. Los atenienses se consideraban hombres libres por tener leyes liberales; pero no transitaban tranquilos por la noche, por miedo a los bandoleros. En cambio, los espartanos decían que su libertad nacía de su sometimiento a la ley y mantenían abiertas las puertas de sus casas de día y de noche, sin miedo a ser atacados, robados o ultrajados. Los áticos hablaban y hablaban sin parar, y en consecuencia discutían constantemente; en cambio, los laconios callaban; los áticos eran dados al lujo y a la buena mesa, los laconios eran frugales. Un día, Jerjes, rey de los persas, contrató a un cocinero capaz de prepararle un plato de la famosa sopa negra de Esparta; y cuando Jerjes la probó mostró su desagrado y exclamó: “¿Cómo es posible que unas gentes que comen tan mal se resistan fieramente a formar parte de nuestro imperio, sabiendo que nosotros podríamos proporcionarles riqueza y refinamiento?.” Y el cocinero contestó: “Precisamente ahí está la gran dificultad para vuestros propósitos de conquista; los que comen una sopa que se hace con pan duro, ajo, agua, sal y un poco de sangre de cerdo, siempre vencerán a los que comen platos refinados. y especiados. Además, aquellas gentes, en pleno invierno, se bañan en las aguas del río Eurotas y lo mismo soportan el frío, que el calor. Tienen dos reyes al mismo tiempo, así, cuando uno de ellos va a la guerra, el otro se encarga del gobierno. La ekklesía (asamblea) está compuesta por veintiocho ancianos, En Esparta nadie habita en palacios, ni siquiera los príncipes, y las reuniones de gobierno se celebran al aire libre en pleno campo, al lado del río Cnación, a la altura del puente Bábica. De esta manera celebran las asambleas, sin pórticos ni otro tipo de edificios: “Pues piensan, que los lujos no contribuyen a la recta deliberación, sino que, más bien, la perjudican al volver frívolos e inconstantes, por una vana presunción, los espíritus de los concurrentes.” (lo entrecomillado son palabras de Plutarco). Pues, volviendo al dinero fiduciario, resulta que Licurgo fue el primero que lo instituyó, y lo hizo así: Mandó acuñar unas grandes monedas en forma de lingotes pero no eran de plata o cobre, no, simplemente eran de hierro, al que previamente sometían a una transformación que lo dejaba inútil para la fabricación de herramientas, por lo que carecía de valor intrínseco. Era tanto el volumen y el peso de ese dinero, que no resultaba fácil hacer chanchullos o enriquecerse de forma ilegal, sin que los vecinos se dieran cuenta. Creo que en una isla del Océano Pacífico hay un dinero en forma de enormes discos de piedra, son tan grandes aquellas piedras que sus dueños las dejan a la puerta de su casa y además necesitan ayuda para poder transportarlas. Cuando de pequeño me enteré de lo del dinero aquel de piedra, me partí de risa. ¡Pobre de mí!, me reía de aquella gente, sin percatarme de que yo, solo tenía en el bolsillo un pedacito de papel pintado. El dinero fiduciario espartano ahuyentó a los mercaderes extranjeros, puesto que al prohibirse en Esparta el oro y la plata, no quisieron ir a venderles nada, pues les pagaban con hierro inútil, fuera de aquel país. Quizá sin proponérselo, Licurgo se convirtió en el primer abanderado del movimiento antiglobalización.
 Allá por el año 1750 una tienda de París que vendía objetos de lujo, abrió un escaparate; este fue el primero en Francia y posiblemente en toda Europa. Casi al mismo tiempo, otra tienda se anunció repartiendo octavillas en la calle. Estos dos hechos crearon polémica. Fueron muchos los que dijeron que era un acto inmoral tentar a los ciudadanos incitándoles a comprar lo que no es necesario para la vida. La disconformidad que cada uno tenemos con la vida que nos toca vivir, y la creencia de que todo podría haber sido mejor, nos animan a creer que cualquier cambio mejorará nuestras vidas. Por esta razón, aceptamos fácilmente cualquier novedad, con la esperanza de mejorar. En eso nos parecemos al jugador, que no duda en arriesgar demasiado, atraído siempre por la esperanza de que un golpe de suerte le colme de bienes. Lo desagradable es que el saco, donde guardamos los deseos conseguidos, tiene un agujero y nunca se llena. Decía Platón que lo nuevo no es bueno por ser nuevo. Y Buda, después de pasarse una temporada bajo la higuera, llegó a la conclusión de que lo mejor es no desear. El problema está en que ese deseo es muy difícil de conseguir, y además es un deseo malo. Hoy he recibido un fax procedente de una caja de ahorros con la que nunca he tenido trato. Y para eso, han utilizado mi fax, mi papel, mi tinta, y mi atención, sin pedir mi permiso. Esta experiencia ha sido para mí totalmente nueva y totalmente mala. Este fax viene a palo seco y carece de presentación, de saludo, y de despedida, y además se pasa de tosco.
 Hermes es hijo de Zeus, el que domina los rayos, y de Maya, la más joven de las pléyades hijas de Atlante. Nació en Arcadia, en una cueva del monte Cileno. Aún era un niño de pañales, cuando un día, aprovechándose de un descuido se bajó de la cuna, y él solo, llegó a Tesalia donde Apolo cuidaba los rebaños. En un arrebato de codicia, robó doce vacas, cien terneras y un toro, y los llevó hasta Pilos. Luego se encontró la concha de una tortuga y se le ocurrió la idea de tensar sobre la cavidad de la concha unas tripas de vaca. Hermes, acababa de inventar la lira; luego, regresó a su cueva.
Apolo, gracias a su arte adivinatorio descubrió todo el asunto, entonces, se fue al monte Cileno para quejarse ante Maya. Pero esta le mostró al niño en su cuna. Apolo acudió a Zeus, le explicó el suceso y el dios que amontona las nubes, enseguida ordenó a Hermes que devolviera lo que había robado, pero el niño mostró la lira y dijo a Apolo: “Te cambio esto por los animales”. Apolo quedó prendado de aquel instrumento musical y respondió: “Trato hecho, y no se hable más”.
Los dos hermanos hicieron las paces y volvió la tranquilidad al Olimpo. En aquel momento quedaba hecho el invento más divino; el mayor y más importante entre todos, porque marcó el principio de la civilización, el robo dejo de ser la forma habitual de conseguir, y pasó a ser un delito. Entonces, se abrió la puerta al progreso por permitir cualquier intercambio imaginable, sin desenvainar la espada. Después de un tiempo, Hermes inventó la siringa, que es esa flauta que tiene dos cañas; y también se la vendió a Apolo, quien en pago le entregó El Caduceo, que es una varita mágica que lleva dos serpientes enroscadas y es símbolo del poder y la inteligencia. Tanto llegó a gustarnos el comercio, que desde entonces nos afanamos en comprar y vender cuanto más mejor, con el fin de llegar a conseguir el poder de comprar más, y más caro.
Lo raro, lo verdaderamente difícil, es encontrar algún mortal capaz de nadar contra corriente, y que se sienta feliz sin necesitar lo superfluo. El sueño dorado de cualquier hermes, es naturalmente, tropezarse con muchos y muy buenos apolos.
A pesar de que hoy se compra y se vende más que nunca, creo que el arte del genuino comercio está muy descuidado. Se dice que la guerra empieza cuando fracasa la diplomacia, pero bien podría ser que la guerra fuese consecuencia de la falta de buen comercio.
   He oído por la radio a un famoso comentarista de economía y bolsa, parece ser que es un profesional de altos vuelos y no me extrañaría que también sea impermeable, ya que he observado que no se moja ni aún cuando llueve; y digo, ¿para qué quiero oír al experto informador que dice?: Ni si, ni no, ni que me sé yo.
Comprendo que los profesionales quieran nadar y guardar la ropa; comprendo que quieran, pero comprender no es aceptar, quisiera que si quieren pescar peces se mojen el culo. Este hombre ha dicho esto: “La bolsa no está para lanzarse a comprar ni para cortarse las venas”. Y esto lo dijo sin que le temblara la voz. He comentado el caso con un buen amigo mío, y este, que cuando la cosa lo merece sabe destilar cualquier clase de ácido, me ha dicho: “entonces, si no debemos comprar ni cortarnos las venas, ¿qué es lo que debemos hacer, dejarnos largas las venas?.
El rey Creso preguntó al Oráculo de Delfos qué era lo que le deparaba el destino si se decidía a atacar a los persas, y la Pítia le respondió: “Si cruzas el río Hálys un imperio caerá”. Creso tenía sabios a sueldo que no supieron interpretar correctamente el vaticinio, porque el oráculo había dicho una gran verdad totalmente inútil.
Hubo un tiempo en que los que no presumían se limitaban a decir cosas tan simples como estas. “ De donde no hay, no se puede sacar” o “quita y no pon, se acaba el montón” o “no hay más cera que la que arde”. Claro que estas personas no esperaban que se les homenajeara por decir estas verdades, ellos las daban gratis y con amor. Otros más cultos que vivían sin tener que madrugar y nunca iban a escardar, decían otras cosas como esta:
“Para pensar y para hablar, es bueno tener presente el principio de no contradicción”. Y ahí va el principio: Una cosa no puede ser ella misma y la contraria al mismo tiempo. A pesar de que el enunciado de este principio se conoce desde hace miles de años, aún nos resistimos a hacerle el honor que merece; y es que, la ambigüedad es la más rentable de las mentiras. Sobre todo si aquellos a los que se engaña están felices por tener una coartada para hacer lo que les venga en gana, y les excuse suceda lo que suceda.
Antes de que se escribieran millones de folios sobre el principio de no contradicción, la idea ya estaba implícita en esta vieja sentencia: No usarás dos varas de medir. Hoy ya no se hablaría de dos varas sino de muchas más.
Creo que Creso nunca debió consultar al oráculo y creo que solamente lo hizo para descargarse de responsabilidad. Cuando años antes preguntó a Solón: “Dime, ¿conoces a alguien más feliz que yo?”. Sin saberlo, claro está, ya estaba ganando su futura derrota. Más tarde, vencido y reducido a esclavo, supo recuperar la libertad y la fortuna. Esto lo hizo, sin duda alguna, con la ayuda de Zeus y de Atenea, los que portan la Égida, y puede que hasta aprendiera a ser feliz, sin escuchar más oráculos de Delfos ni de ningún otro sitio.
NOTA: La Égida es la piel de la cabra Amaltea. Zeus y Atenea son los únicos dioses que la poseen, la llevan sobre los hombros y se sirven de ella como escudo que les hace invulnerables. A la cabra Amaltea se le desprendió un cuerno y de él brotaron los bienes más preciados para la vida de los mortales, por eso le llaman Cuerno De La Abundancia o Cornucópia.
  Con paciencia y observación, he llegado a la creencia de que intentamos alcanzar la felicidad del modo más natural. Inmediatamente he de decir que creo que lo natural es precisamente lo menos conveniente para nuestro propósito. Dicho esto, sé que debo prepararme para resistir, porque tener creencias enfrentadas a las de la mayoría de la gente con la que he de convivir tiene tela marinera. Parece lógico comprar acciones de una compañía de la que se sabe que navega con viento a favor y la gobierna un buen navarca; pero resulta que esa compra era realmente buena cuando aún no se hablaba de ella. Somos muchos los que nos ponemos largos en una acción que ha subido más de lo que se merece y luego decimos –“era natural que comprara”. Eso es porque solemos creer que lo que se ha de hacer es precisamente lo que más se parece a lo que hacen todos. Esto no sería malo, si la mayoría hiciéramos lo más conveniente, pero la cosa se complica cuando casi todos hacemos lo que es natural. Dicen que el poder no se limita a sí mismo, pero he visto algunos que limitan su poder por fidelidad a unos principios y no por eso dejan de tener poder; sin embargo, la codicia no se limita a si misma, porque si lo hiciera, ya no sería codicia. Muchos antiguos trataron el tema de la felicidad y curiosamente casi no la nombraron. Ellos solamente hablaban de lo importante que es alejar el mal, dando por sentado que si se consigue, lo demás llega rodado. Y otra cosa curiosa, aquellos vejetes aconsejaban escapar de la pobreza, pero insistían en aclarar que no debemos afanarnos en conseguir más y más; porque la riqueza trae consigo muchos desvelos, y para conseguirla o mantenerla, a veces nos obliga a traicionarnos nosotros mismos. La Naturaleza ha dispuesto que si llegamos a nacer, padezcamos enfermedades que sirvan para seleccionar a los más resistentes, además nos ha dotado de ambición y orgullo suficientes para competir sin descanso entre nosotros, con el fin de conseguir mejorar la selección; la Naturaleza nos ha dotado también de la calentura suficiente para desear y lograr el apareamiento. Llegada otra generación, a la Naturaleza no le importa si este o aquel muere pronto o tarde, o si padece o no. Ella no se ocupa de esas nimiedades, le basta que las generaciones se sucedan. Aparte de alimentarnos, respirar, dormir y poco más, casi todo lo que hacemos “porque es natural”, acaba produciéndonos dolor de cabeza. Es extraño que cuanto más esclavos somos de la Naturaleza, más libres nos creemos ser. Ella manda y nosotros obedecemos. Esto pasa porque ella es una bruja que nos tiene sometidos. Puesto que somos Naturaleza y hemos de vivir en ella, no es bueno que le plantemos cara, pero es conveniente no darle gusto en todo y hacerle algunas trampas antes que hacérselas a nuestras familias, nuestros amigos o a los que colaboran con nosotros haciendo negocios. Hace ya dos mil años, Cicerón dijo: --“no transites por la amplia avenida donde todos circulan con aparente comodidad. No vale la pena”. Creo que más o menos vino a decir que a veces es conveniente tener una opinión contraria al mercado. Bastante impertinente debió de ser este hombre, porque lo asesinaron y no fue para robarle.
 Ser o no ser: Hace muchos años me dijeron que mantener dólares era una buena práctica, eso se decía porque los bancos centrales de muchos Estados del mundo los tenían como reserva y respaldaban sus propias monedas con esta divisa; además, eso también lo hacían la mayoría de las compañías comerciales de mucho postín. También me dijeron que durante muchos años la mayor parte del comercio internacional se hizo en dólares. Me ilusionaba la posibilidad de hacer con mi pequeña economía lo mismo que hacían los Estados soberanos. Todo esto me bastó para dejarme engatusar por esta idea y yo solito tomé la decisión de que para cubrirme en caso de una crisis monetaria me convenía tener la divisa esa. Así que dicho y hecho, hace ya tiempo que me compré un dólar seminuevo pero en buen estado, lo tengo en el cajón de mi mesita de noche, de esta forma he combatido el insomnio durante varios años. Con todo, ya no me sirve para dormir mejor, por las noches me despierto sobresaltado y preocupado por la salud de mi dólar, enciendo la luz y lo miro, no se si es mi imaginación, pero me parece que cada día que pasa se debilita más. Todos sabemos que el valor de las divisas fluctúa igual que la renta variable. Jugué al juego que se me proponía, confiando demasiado en la eficacia de la economía americana; lo que nunca pensé fue que precisamente esa eficacia podría ser la causa de que un día enfermara mi dólar. Después de la llegada del euro, el dólar alcanzó a cotizar a 1´20 €, ¿no sería la aparición del euro la que dio la oportunidad para entrar en fase de distribución y luego dejar languidecer la cotización?, al fin y al cabo, esta técnica es clásica en la bolsa. Estoy empezando a pensar en el buen negocio que sería para el banco emisor permitir que el valor de su billete llegase al suelo; después de todo, él nunca se ha comprometido a cambiármelo por una determinada cantidad de trigo. Ya he hablado con el que me vendió el dólar y dice que él no responde; además me ha recordado que fui yo quien quería que me lo vendiese; y dice, que entonces cuando le compré el billete yo estaba convencido de que hacía una operación mollar y que por lo tanto yo debería haber supuesto que el vendedor saldría perdiendo, consecuencia de este razonamiento, él ha afeado mi actitud por no haber tenido remordimientos de conciencia. Es de suponer que algo así pensará también el banco que emitió mi dólar, que seguramente está riéndose de mis pesares. La ingenuidad me animaba a creer que después de poner un billete en circulación, alguien debería tener la responsabilidad de cuidar su salud, para que mi dólar no se perdiera como lágrimas en la lluvia. Me preocupa que un día los que pueden decidir decidan que ya ha terminado la vida útil de mi billete y lo canjeen por otra moneda nueva, si fuera así, ¿dónde podré hacer el canje de mi difunto dólar por su sustituto? ¿Tendré que ir a EE UU para cambiarlo?. A lo mejor, solamente se trata de una operación hecha con el fin de comprar a bajo precio los dólares que antes vendieron caros, y finalmente mi dólar vuelva a recobrar la salud. Quizá sea mejor que no espere más, venda mi dólar mañana y me compre un puro caliqueño para fumármelo a su salud. Artículos relacionados Papel moneda, la gran mentira.Nace una nueva divisa¿Me pagan con espejitos y cuentas de cristal?Caliqueño http://www.caliqueno.net/articulos/elcaliqueno.htm
 Todos los días cantan las sirenas, las oigamos o no. En pocos segundos pueden dar la vuelta al mundo en busca de una víctima que se deje embelesar y les preste su cuerpo y su vida. Durante el tiempo que dura el encantamiento, las sirenas se divierten de lo lindo, luego, cuando un punto de cordura nos llega, después del fracaso, las sirenas se van en busca de otro que se deje poseer y con quien puedan divertirse un rato o unos días.
Esto sucede porque las sirenas no tienen cuerpo, como pampoco lo tienen la serenidad, la ambición, la constancia, o la astucia, todas estas y otras cualidades buscan alojamiento en nosotros y de nosotros depende que se queden o salgan corriendo. Unas cualidades se cuidan de nuestro bien, en cambio otras sin sentir remordimientos se cuidan en destruirnos. Al fin y al cabo, cada una de ellas actúa según su natural, y al hacerlo cumple con su obligación. Pero nosotros podemos elegir como hizo el prudente Ulises. Él dejaba que Atenea se paseara a gusto por su caletre o por su sesera, que lo mismo da. Ulises era tan astuto, que cuando le preguntaban quien era él, normalmente respondía: -- yo soy nadie. Aquel hombre sabia lo que hacía; un rey fuera de su reino y perdido en cualquier playa del Mare Magnum tenía más posibilidades de mantenerse con vida diciendo, “soy nadie”. Mil años más tarde los estrategas que desfilaban triunfantes en Roma, llevaban un esclavo pegado a ellos como una sombra y el esclavo les susurraba: --recuerda que has de morir. Esto se hacia para evitar que se envanecieran en exceso con tantos halagos y honores.
La diosa Atenea, nunca fue un ser fabuloso ni se paseó por el Olimpo comiendo y bebiendo ambrosía y nectar como una posesa, realmente la diosa Atenea no come ni bebe y no es otra cosa que la mismísima sabiduría, además y afortunadamente, es inmortal; por eso se dice que es una Divinidad. Desde que Prometeo robó el fuego de los dioses para dárselo a los mortales, y los dioses en venganza, nos enviaron a Pandora y su maldita caja llena de calamidades, Atenea se afana intentando ayudarnos fetén. La Divina Atenea inspiró a Ulises para que construyera el caballo de madera, y también Ella le ayudó a escapar de Polifemo. La Diosa anudó las ataduras que impidieron a Ulises correr en busca de las Sirenas, las sogas que le sujetaron solamente son una alegoría, en realidad eran hilos más resistentes que las cuerdas de esparto engrasado; él estuvo bien amarrado por sus convicciones y por la disciplina. Atenea le cedió el coraje suficiente para abandonar el abrazo de la bella Circe, y le dio ánimo para alejarse de Nausica, la hermosa que con un roce de su mano le despertó a un amanecer rosado. Mucho me gustaría ver como se las maravillaría Ulises hoy en día, navegando por el “parqué” de cualquier bolsa del mundo. Para su bien, él solamente tuvo que enfrentarse a monstruos y “monstruas” de siete cabezas y navegó a bordo de las cóncavas naves, pero nunca lo hizo en la banda ancha, ni en la a.d.s.l.
 Parece ser que Nasruddin Khodja nació en Turquía en el año 1208 y que durante toda su vida fue un hombre muy simpático, y además no era tonto. Fue educado en la escuela islámica de Konya, y estuvo dotado de un gran sentido común e ironía. Fue sucesivamente sirviente, monje derviche, mulá y finalmente imán. De él se cuentan graciosas anécdotas como estas: Una vez, Nasruddin se cayó por las escaleras y se hizo mucho daño. Quedó en cama donde a pesar de la medicación sufría terribles dolores. Sus amigos se acercaron a visitarle. -Bueno hombre, eso no es nada. Podría haber sido mucho peor…-- dijo uno. - Al fin y al cabo no tienes ningún hueso roto…- añadió otro. - Verás qué pronto estás recuperado…- dijo un tercero. - Nasruddin, sufriendo un intenso dolor, los sacó a gritos de la habitación, diciendo: - ¡Fuera todos de aquí! ¡Que no entre nadie más, a menos que se haya caído alguna vez desde lo alto de las escaleras!.
Otra: Una mañana el mulá Nasruddin se encontró con un amigo, al que encontró con mal aspecto. -¿Qué te ocurre? –Le preguntó el mulá. -Verás, es que todas las noches me acuesto, me duermo, y sueño que hay un monstruo horrible debajo de mi cama. Me despierto y miro debajo de la cama, pero allí no hay nada. Sin embargo, luego no puedo volver a dormir. Ahora mismo voy a casa del doctor, para que me dé un remedio aunque me cueste cien dinares. -Hombre,--replicó el mulá – yo puedo darte un remedio por sólo treinta. El vecino le dio inmediatamente el dinero.-¿Cual es el remedio?. -Ve a tu casa y sierra las patas de la cama.
Esta que viene es la buena: También cuentan de él, que un buen día se fue al mercado con la intención de vender su burro; había meditado bien el asunto, y pensaba que sería afortunado si conseguía que le pagaran treinta dinares por su viejo burro. No tardó en encontrar un tratante que estuvo de acuerdo con el precio que Nasruddin pedía, y cerraron el trato. Feliz y contento se marchaba Nasruddin a su casa, cuando escuchó una vo  z que gritaba así: -¡Venid aquí, voy a subastar este precioso burro! ¡fijaos bien en su hermosa cabeza, y sus fuertes patas!. ¡El precio de salida es de cuarenta dinares! ¿Hay quien dé cincuenta?. Pronto alguien dijo: -¡Doy cincuenta!, y otro replicó: -¡yo pago sesenta!, y otro más dijo: -¡yo doy setenta!.-Setenta dinares a la una, setenta a las dos,…De pronto, Nasruddin se alzó sobre las puntas de sus pies y grito: ¡Yo pago ochenta dinares!. A continuación recogió su viejo burro, pagó los ochenta dinares y muy orgulloso regresó a su casa. ¿Somos muchos los Nasruddines que vamos de casa al mercado y del mercado a casa?. Lo que hizo este hombre quizá sirva para explicar lo que ocurrió en la bolsa inglesa en el año 1720, con la Compañía de los Mares del Sur.
 No sé si había una bolsa de comercio en Pompeya, pero sí que existían entonces, las compañías por acciones especialmente para el comercio de ultramar. El costo de armar una nave que llegara a Britania en busca de latón, o a Hispania en busca de oro y plata, o a Etiopía en busca de inciensos, etc., requería un reparto del riesgo. EL VESUBIO  Por obra y gracia del Vesubio, el día 25 de agosto del año 79, Pompeya dejó de existir. En veinticuatro horas la vida desapareció por efecto de los gases venenosos y a continuación, una lluvia de cenizas cubrió la ciudad con una capa que llegó a ocho metros de espesor. Precisamente, las cenizas fueron el medio que sirvió para conservar la ciudad casi intacta. Por esa razón ha llegado hasta nosotros en todos sus detalles. La ceniza conservó las herramientas, ajuar y los muebles, incluso se puede observar la calidad de la carpintería de las ventanas. De otras ruinas, se recupera normalmente mosaicos, estatuas y objetos de barro o metal, en Pompeya, además de esto, se han conservado las pinturas de las paredes.  Las excavaciones empezaron en 1.738 por orden de Carlos III de España, rey también de Nápoles y Sicilia, y aún hoy, después de doscientos setenta años queda mucho por desenterrar. El trabajo de los arqueólogos ha catalogado ya más de diez mil grafitos, que son “la tira”, si tenemos en cuenta que la población no llegaba a cincuenta mil personas. La mayor parte de los grafitos se hicieron con carbón, pero también se hicieron con pintura, especialmente de color rojo. Las condiciones climáticas de Pompeya, no permiten su persistencia más de unos diez años en contacto con el aire. Si a esto unimos el terremoto del año 62 y la limpieza que usualmente se hacía de las fachadas, los más antiguos de estos grafitos deben de ser del año 60. Se copiaron cuando se les vio salir a la luz, y hoy ya se han desvanecido.  Muchos de esos grafitos proceden de manos furtivas que injurian, y otros, tienen cierta finura de sentimientos. A continuación pongo una pequeña muestra de que ayer y hoy son la misma cosa.
Uno con intención política: “Mástulo con su cofradía de mentulados os ruega que votéis como edil a Gneo Helvio Sabino, digno de ese cargo público".Este es un clásico: “Serena odia a Isidoro”.
Entre dos puertas de una casa: “Si cagas aquí, ay de ti”.
En una esquina: "Me he meado en la cama. Lo confieso, he cometido un pecado, pero si me preguntas, hospedero, la razón, te diré: no tenía orinal". A la izquierda de una puerta, uno erótico festivo: “Me he jodido a la tía de la taberna”. A los pocos metros del anterior: "Me han jodido aquí".
Uno de carácter comercial: “En las posesiones de Julia Espuria, hija de Félix, alquilan unos baños muy cómodos y bien equipados para gente distinguida, tiendas con sus habitaciones y comedores en el primer piso desde el trece de agosto hasta el trece de agosto dentro de seis años, durante cinco años completos. Si a alguien le interesa, póngase en contacto con nosotros”.
Este para el final: “Mucho me maravillas, pared, al no caerte hecha pedazos, abrumada por el peso de tantos ocios escribidores”. 
Francisco Llinares ha hecho una propuesta para defender los intereses de los inversores minoritarios que suscriben títulos del AIAF. En el artículo Carta abierta al presidente de AUDASA, propone lo siguiente: HUELGA DE SUSCRIPCIONES CAIDAS DE TODOS LOS TITULOS QUE LUEGO ENTREN A COTIZAR EN EL AIAF. A la que me adhiero en un intento de difundir esta iniciativa.
 Cuentan por ahí, que hace unos dos mil seiscientos años, Esopo, un hombre que se ganaba la vida contando fábulas en las ferias de los pueblos, un día dijo así: "Estaba un escorpión a la orilla del río intentando encontrar el medio para cruzarlo, cuando vio llegar una rana; cuando la tuvo al alcance de su voz, le dijo: Ayúdame a cruzar, que yo solo, no me atrevo a hacerlo. A lo que la rana contestó: Si te dejara subir a mi lomo, tú podrías matarme. El escorpión replicó: no tengas miedo, piénsalo bien, si yo te matara la corriente me llevaría y me ahogaría sin remedio. A pesar de que las ranas no tienen un pelo de tontas, esta se dejó convencer; le permitió subir sobre su lomo y cuando ya estaban en medio de la corriente, el escorpión clavó su aguijón en la cabeza de la rana, que al verse ya herida de muerte, dijo: ¡Desgraciado! ¿Cómo has podido faltar a tu palabra?, me matas, y tú te matas también. El escorpión contestó: Lo siento por los dos, pero está en mi naturaleza". Algo tiene mi gato en  su natura leza que le impide mejorar su vida. En mi casa no tenemos calefacción central y por eso, en los dormitorios conectamos radiadores, de esos de aceite que funcionan con electricidad, para dormir calentitos. Nuestro gato, que es muy friolero, se acomoda a los pies de la cama con nosotros, y todos tan contentos. Pero a eso de las cuatro y media o cinco de la madrugada, él se despierta, salta a la cama, y nos topa con fuerza como si fuera un toro de Pala. Esto lo hace en un intento inútil, para conseguir que nos levantemos y le demos su desayuno. Consecuencia de su inoportuna actitud, es que pocos minutos más tarde está de patitas en el pasillo pasando frío. Pero es que mi gato no se entera de que poseer es renunciar. Y yo, ¿qué es lo que debería hacer en la bolsa para ganar más y perder menos?. No tiene gracia que sepa lo que ignora mi gato, y no sepa lo que ignoro yo.
El gato es muy hábil y aprende muchos trucos para conseguir lo que le pide el cuerpo, pero no acierta a hacer lo que más le conviene. Un perro, un caballo, o un ratón ya lo habrían comprendido, pero mi gato no lo consigue. ¿Será que no puedo ganar en la bolsa porque hago lo que me pide el cuerpo, igual que hace el gato?.
A él, el jugo gástrico le empuja a reclamar comida; a mí las molestias en el estómago y la flojera de piernas me empujan a comprar o vender acciones cuando no debo hacerlo. Mi mente, para escapar del remordimiento, me miente y encuentra otros culpables. Ni siquiera los nacidos en Madrid pueden permitirse ser gatos cuando están frente a la bolsa. A propósito de Esopo; él solía decir, que lo que se descubre con facilidad, con facilidad se desprecia.
 El artículo de José María, publicado el viernes día 15: “Ganador: Francisco Llinares”; me hace dudar de que se refiera al debate que escuché el jueves pasado. Francisco reconoció que no sabía de análisis fundamental, y me parece que al terminar el debate no había aprendido nada, así pues, no ganó. Una vez, un hombre se acercó a un conocido y le dijo: ¿Quiere que cambiemos unas impresiones? A lo que el otro contestó: ¡No, que salgo perdiendo!
Es normal que muchos reclamemos humildad en los demás sin procurárnosla nosotros mismos, y además les exhortemos para que se desarmen completamente. Lo raro sería que fuera al revés; eso hace tiempo que no lo veo.
La oratoria es una herramienta poderosísima. Platón decía que no se debería enseñar a ningún hombre, nada que no fuera aritmética, gramática o gimnasia, hasta que este cumpliera los cuarenta años de edad; y ya entonces, cuando hubiera demostrado sus cualidades humanas, los maestros decidirían si era prudente o no, instruirle en los conocimientos que dan poder.
Uno de los que enseñaron retórica fue Aristóteles, y advirtió de sus peligros. Por mi parte, no comprendo a aquellos antiguos que explicaban como se hace, lo que no se debe hacer.
José María, porque se nota que el debate no te hizo feliz, propongo que nos relajemos todos con estas palabras de Aristóteles:
“Placentero es, con todo, tras ponerse a salvo, acordarse de las fatigas”.
O estas otras también de Aristóteles:
“Pues luego también con los dolores, disfruta el hombre acordándose de que mucho padeció y trabajó mucho”.
o con este dialogo entre Alceo y Safo:
Alceo.—Quiero decir algo, pero me lo impide la vergüenza. Safo.—Si tuvieras el deseo de cosas buenas y bellas y no te revolviera tu lengua a decir algo malo, la vergüenza no te dominaría los ojos, sino que hablarías de lo que es justo.
Lo mejor del debate que nunca existió, fue que no se interrumpieron el uno al otro.
 Antes de que se inventara el dinero, los intercambios comerciales eran un desastre. Los que solamente tenían trigo para cambiar y necesitaban una manta, se desesperaban si el tejedor rechazaba el trigo y a cambio pedía lana o queso. Seguramente el mercado en la plaza se inventó para que se pudiera hacer cambios múltiples a tres o más bandas, y que finalmente, después de mucho discutir, cada uno consiguiera lo que necesitaba.
Esta forma de proceder posiblemente crearía mucha violencia verbal y también física, además, siempre habría algunos que tendrían que volver a sus casas sin conseguir cambiar sus géneros, y en consecuencia, se producirían robos ante la imposibilidad de conseguir lo que más necesitaban. Alguno tendría en su casa un montón de sandalias, hechas con primor, y sin embargo ese año pasaría hambre.
Uno de los héroes Homéricos pagó cien toros por una armadura, para ello fue necesario llevar los toros por veredas y cordeles, en un viaje que duró un mes. El taller que vendió la armadura, tuvo que alimentar los toros durante el tiempo que los retuvo, hasta que los cambió por materiales y otros enseres. Por esta razón, nadie sabrá si vendió la armadura cara o barata dependiendo de su habilidad para desenvolverse con los toros. El problema era el mismo que existe hoy en el mercado internacional pero sin contar con los seguros de cambio ni futuros sobre divisas. También era motivo de pequeñas guerras entre ciudades vecinas; por ser unos, los dueños de la madera, y los otros del ganado. Después de mucho discutir, algunas veces acababan a palos y salían con la cabeza caliente y los pies fríos, unos, mientras los otros se dedicaban al saqueo general y arramblaban con todo lo que encontraban a mano.
Precisamente, la causa de que los espartanos se negaran a enfrentarse a los persas en el mes de junio, fue la necesidad que tenían de cosechar el trigo antes de partir a la batalla. Por esa razón, Leónidas fue a la guerra solo con su guardia personal de 300, que por ser muy pocos y para que otros griegos no les afrentaran por su demora, decidieron ir directamente a la boca del desfiladero de Las Termópilas y morir allí, frenando todo lo posible el avance de los persas. Esta fue la causa del retraso del ejército espartano y no la que se cita en la película 300. Después de la siega, todos los hombres útiles de Esparta llegaron a Platea, sitio donde la alianza griega ganó la batalla y la guerra.
Desde su aparición, el dinero engrasó los engranajes del desarrollo mercantil. Con este sistema ya se empezó a tranquilizar el mercado, y el que buscaba la manta podía comprarla sin necesidad de llenar de trigo la casa del tejedor. Con el metal fácil de transportar y guardar, compradores y vendedores, respiraron mejor y muchos alborotos desaparecieron del panorama. Ahora viene lo malo, la mejoría de las relaciones fue efímera, porque como es habitual entre nosotros, acostumbramos a celebrar cada mejora que conseguimos, pero pronto encontramos la manera de crear una nueva causa para empezar un nuevo conflicto. Rápidamente, el dinero que tanto bien hizo al principio, se convirtió poco más tarde, en origen de casi todas las neurosis, para alegría de los psiquiatras, que por fin, lograron comer caliente todos los días.
Dado que todos deseamos tener cualquier cosa que otro también desee, creo que yo mismo si alguna vez alcanzo a tener todo lo que hoy deseo tener, seguramente me angustiaré por no alcanzar a comprarme una “America´s cup” para mi solo, que eso, si que mola cantidad.
La palabra hebrea leshalem (pagar) se vocaliza también shlemut (integridad) y shalom (paz). Dicho de otro modo, pagar es un medio de lograr la paz entre las personas.
 No conocía el libro que ha recomendado quant_Notes. El libro es de Nassim Nicholas Taleb, y el título es: “¿ Existe la suerte?”. Lo voy a comprar, lo voy a leer y quizá entonces cambie de idea; pero hoy, creo que la Tiqué de los griegos, la Sors de los romanos y la Providencia de los cristianos no existen. Algunos de los que hablan de la suerte no saben que se trata de una diosa, cuidadín con hablar mal de ella no sea que se enfade.
En las religiones más antiguas no aparece la Diosa Fortuna; algunos le dan esta cualidad a La Diosa Isis, pero en realidad fueron los romanos los que la apodaron Patricia y la asimilaron a la suerte. En el viejo Egipto no era así. La primera Teogonía que se conoce es la de Homero, en ella no hace mención a la Fortuna, el primero que la menciona es Hesíodo que la presenta como hija de Océano y Tetis.
Para los romanos fue la Diosa Sors y para los cristianos es La Providencia, aunque esta última no es un ente independiente, sino una cualidad de Dios. La diferencia con las anteriores es que La Providencia solamente procura el bien. Así que los hechos malos que son inexplicables, supongo que son descendientes del Demonio. He leído que La Providencia aparece ya en el Antiguo Testamento, pero la he buscado en la Toráh y no la he encontrado, ni con ese, ni con otro nombre.
Desde luego, el día que me aplasté el dedo gordo con un martillo, no fue cosa de mala suerte, ni fue un accidente, fue falta de pericia, y exceso de terquedad. Mis padres ya me habían advertido del peligro, pero eso tampoco fue cosa de suerte, fue consecuencia de su experiencia y su deseo de protegerme. Naturalmente, yo no me dejé proteger, y me reventé el dedo.
Ulises dijo que en la isla de Ítaca, cerca del puerto, existe una gruta, a la entrada de la gruta hay un olivo, (el olivo representa a Atenea diosa de la sabiduría). Los que entran en la gruta, (nacimiento) reciben la influencia del olivo, luego, en el interior de la gruta hay dos rampas, por una descienden los hombres y por la otra ascienden los dioses. (La gruta simboliza el transcurrir de la vida). Puede ser que a partir del momento en que los hombres responsabilizaron a la suerte, dejaron de perfeccionarse. Además, ¿quien puede afirmar que tiene mala suerte porque no consigue alcanzar lo que más desea?. Algunos dicen que cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras suplicas.
Había que inventar la suerte, y se inventó para que fuéramos condescendientes con los demás y con nosotros. Cuando algo puede achacarse a la suerte, se deja de buscar la verdadera causa, y usamos la suerte como tinta de calamar para la memoria y bálsamo de fierabrás para la conciencia.
¿Podemos creer que cada día, la suerte, buena o mala, se genera en cantidad suficiente para afectar a todos los bolsistas del mundo, sin que al final de la jornada falte o sobre suerte?. Está bien que hablemos de la buena o mala fortuna en sentido figurado, pero creer en ella es otra cosa. Se que cuando pierdo en la bolsa, es por mi culpa.
A partir del nacimiento de la dichosa diosa esa que llamaron Tiqué, somos más los que bajamos por la rampa de la gruta, que los que suben.
Algunas veces a la vista de un espejismo he actuado de forma irreflexiva confiando demasiado en las apariencias, después, ante el mal resultado he culpado de mi fracaso a la mala suerte. De esta manera he encajado el coscorrón y no he aprendido nada. Por fin, he comprendido que no puedo culpar a la suerte y seguir sumando chichones. Me permito aconsejar un libro de “ayuda”, donde se explica como unos hacen su propia suerte y a otros se la hacen. Se trata de: “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” de Nicolás Maquiavelo. Alianza Editorial. ¡Y solo me ha costado 8´5 €!.
Ahora un chiste: Un hombre, de profesión aserrador, se cortó una mano en la sierra. Los compañeros lo llevaron al hospital y allí al rellenar la ficha el oficinista preguntó: --¿Cómo ha sido?, los compañeros del herido respondieron:-- Pues verá, estaba este hombre aserrando una tabla, cuando le sobrevino el accidente. Y el oficinista exclamó: -- ¡Pues menos mal que estaba tocando madera!.
 No me gusta el análisis técnico; Porque siempre tiene razón. Porque impide que desarrolle mi capacidad creadora. Porque desde pequeño he disfrutado desobedeciendo a la razón. Porque soy inconstante. Porque no creo en las cosas sencillas que funcionan bien. Porque no lo he descubierto yo.  Me gusta el análisis fundamental; Porque cuando pierdo con los fundamentales siempre puedo culpar a otro. Porque me permite lucirme mostrando lo agudo de mi perspicacia. Porque se parece al cotilleo. Porque cuando hablo de los “Pizarros & Cia”, acabo creyendo que soy como ellos. Porque creo en la información privilegiada. Porque soy un soñador.
Para detectar un cambio de tendencia, esta figura es la más fiable 5 de septiembre de 1929: Roger Ward Babson advertía de un proximo crash: La mayoría se reía de él. 9 de septiembre de 1929: La revista bursatil Barrons, se burló de él, le llamó "el sabio". 15 de octubre de 1929: El director del Banco National City, manifestó que el mercado de valores se encontraba en estado satisfactorio. 24 de octubre de 1929: El presidente Hoover dijo: "La actividad economica del país y distribución de bienes y mercancias, está en una fase de prosperidad y solidez". A las once de la mañana del día más negro, un especulador empujó con ímpetu la puerta giratoria de un café en las cercanías de Wall Street. Al entrar, desfiló entre las mesas con aire de triunfo, como lo haría un monarca; el hombre, venía en ayunas desde su casa y quería tomar fuerzas antes de comenzar la dura tarea que cada día, mantenía con las compras y ventas de acciones. Se acercó a la barra, y como tenía por costumbre, pidió ostras y champagne. Había muchos clientes y los camareros estaban tan atareados, que cinco minutos después aún no le habían servido. En ese tiempo, aquel hombre pudo escuchar por la radio del local las últimas noticias de la bolsa; por lo que cuando pudo dirigirse al camarero le dijo: “No me sirva las ostras, tráigame un café con churros, hoy con eso me basta”. Pasaron unos minutos más y aún no le habían servido, mientras, él seguía escuchando la radio que en ese momento emitía directamente desde la bolsa, dando más noticias y cotizaciones. De pronto, este hombre escondió la cabeza entre los hombros, habló con voz débil, y dijo al camarero. “Usted perdone, no me traiga el café, me conformo con un vaso de agua, es que he perdido el apetito”.
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