Tales de Mileto era considerado peor que el tonto del bote; los que creían conocerle, muy diligentes todos, le trataban con desdén porque andaba incordiando con raros experimentos inútiles y no emprendía algo serio; en cambio ellos, gente industriosa, se las ingeniaba cada día para ingresar algunas dracmas, e incluso vestir un chitón nuevo el día de la fiesta grande. Tales, habitualmente caminaba de noche pisoteando los sembrados, porque al caminar no perdía de vista las estrellas.
Consecuencia de sus lucubraciones, predijo un eclipse solar. Calculó la vertical de las pirámides al medir la longitud de la sombra sirviéndose de una cuerda; esto lo hizo en el solsticio de verano a la hora en que el sol se encontraba casi en el cenit, no quiso hacerlo en el solsticio de invierno, porque de hacerlo así, hubiera necesitado una cuerda más larga y como buen fenicio, no empleaba más recursos que los necesarios para alcanzar su objetivo. Algunos dicen que desvió el río Halys que se oponía al paso de los ejércitos de Creso, pero no lo desvió, ¡no!, Tales era astuto y no tiraba con pólvora del rey, además, ¿Dónde lo hubiera puesto para que no volviera a molestarle?. Lo que hizo fue excavar un canal en forma de media luna, que tomaba agua del río y se la devolvía siete estadios aguas abajo. Así el ejército vadeó ambos brazos del río más o menos sin problemas.
De todas estas proezas sus vecinos no se enteraban, hasta que tanta befa mosqueó a Tales, y un día, bien dispuesto, se afanó en demostrar que no era el tarugo que todos creían que era. Su cabreo me extraña, no comprendo que un sabio se conmueva porque le llamen tonto.
No tardó en reunir sus conocimientos de meteorología, que eran más de mil, y por ser Tales un hombre que estaba en lo que hacía y no daba puntada sin hilo, concluyó, que justamente el año en curso, los olivos darían la cosecha del siglo. En lo que tarda un sabio al rascarse la calva, llegó a esta conclusión sin necesidad de gráficos, análisis técnico, ni regla de cálculo, solamente con su memoria, papel y un ábaco de madera medio roído por las ratas del vecino; afirman que las ratas eran del vecino, porque Tales tenía la despensa vacía y por esa razón, las ratas no frecuentaban su casa. Conviene decir, que por aquellas fechas el cambio climático favorecía el calentamiento global para satisfacción de todos. Esto permitía ensanchar la tierra de cultivo que antes se limitaba al valle de Mesopotamia y el delta del Nilo. Los que habitaban en otra parte debían conformarse con la ganadería, la minería o montar en barca. No en balde Homero se refirió a los troyanos con el epíteto de: “los criadores de caballos”.
Púsose pues, Tales manos a la obra, se calzó las alpargatas y comenzó a caminar. Recorrió cada palmo del territorio de Jonia y la isla de Quíos, y así obró:
No dejó una almazara por visitar y en cada una de ellas negoció de esta manera: “Mire usted, pretendo alquilar su molino eólico para esta campaña en los términos siguientes: Pagaré el diez por ciento más de lo que ganó usted el pasado año, y puesto que no conozco el negocio, le contrato para que dirija los trabajos, por esto, le pagaré su salario, además, quisiera que una persona elegida entre los ancianos de la ciudad, se encargue de revisar las cuentas. Por supuesto, si el beneficio no fuera suficiente para cubrir el compromiso, usted se embolsará los ingresos obtenidos y para compensarle de la pérdida en sus expectativas, yo me venderé como esclavo y el producto de mi venta será para usted”.
Hay que reconocer que aquel hombre le echó valor y caradura al asunto, porque este mismo pacto lo firmó en cada una de las almazaras.
Llegó el tiempo de la cosecha. ¡Qué espectáculo, señores!, no había suficientes carros para tantas olivas, se trabajó día y noche, se colmaron todas las ánforas y hubo que importar más desde Macedonia. Barcos de los llamados redondos por su amplia manga, partían a todos los destinos conocidos, el precio del aceite bajó, pero era tanta la producción, que a pesar de alguna sisa que le hicieron y en la que Tales no quiso reparar, consiguió una fortuna que invirtió en renta fija del Banco Central Europeo, con sede en el templo de Apolo en Delfos, que prestaba dinero al diez por ciento de interés y lo remuneraba también al diez. Los gastos de administración corrían a cargo del templo, que trabajaba sin ánimo de lucro.
Se atribuye a Tales la famosa frase, “Conócete a ti mismo”, que fue esculpida a la puerta del templo de Apolo, aún hoy no se sabe con certeza, si se esculpió la frase por ser buena, o porque Tales guardaba su plata en el templo.
Convertido en hombre rico, Tales lució túnica de seda persa con orla de oro fino, compró un ábaco de ágata, y tranquilamente se dedicó a estudiar. Fue respetado y admirado por los milesios. Finalmente quisiera decir, que fundó la primera escuela de filosofía que se conoce, mantuvo siempre llena la despensa, y algunas ratas fueron a vivir con él.
EPÍLOGO
El IBEX, lleva quince meses con volumen exagerado, además, en los dos últimos ha dibujado un doble techo que ya ha roto a la baja, ahora está regresando al punto de rotura.
Hay un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado. Tales hoy en día, saldría del pantano para no tocar el fango del fondo, y guardaría su dinero en renta fija.
Tales vivió noventa años, y murió en verano a causa de un golpe de calor, mientras presenciaba un torneo de gimnasia.