
He recordado una vieja historia que alguien me contó, hace ya dos décadas, cuando empecé a interesarme por la inversión en Bolsa y que hoy creo especialmente oportuno contar y compartir con todos.
La historia trata de dos granjeros. Uno de ellos empezó siendo pobre, el otro rico, pero ambos recogen la misma cosecha.
¿Cómo puede ser eso?.
Porque lo que importa no es el tamaño de la cosecha, sino el precio que se pagó por la semilla.
Por un lado tenemos al granjero rico, que está orgulloso de lo que ha conseguido en la vida y que, sin embargo, no tiene éxito porque pagó demasiado por sus semillas. Probablemente dispuso de mucho dinero con el que comenzar sus inversiones que, tal vez, consiguió mintiendo, robando o engañando al pobre.
Por otro lado tenemos al granjero pobre, que ya no es pobre. Ahora tiene algo aunque, al principio, no tenía casi nada. A lo largo de su vida ha obtenido más beneficio que el rico y es un hombre con éxito.
El granjero que empezó pobre recoge la misma cosecha que el rico pero, para ello, necesitó comprar y plantar más semillas.
El beneficio, por tanto, es la diferencia entre la semilla y la cosecha. El beneficio es consecuencia de la inversión. En la Bolsa ocurre igual. Un poco de semilla puede producir una gran cosecha si se sabe cuándo comprarla y cómo usarla. No se planta en otoño ni se recolecta en primavera. Cada acción tiene su propia estación para la siembra. Si se planta y se recolecta en la estación adecuada, entonces, incluso una pequeña cantidad de semillas puede producir una cosecha abundante.
Como a buen entendedor, pocas palabras bastan; acabaré este post diciendo que, a día de hoy, el precio de las más selectas semillas (acciones) españolas ha caído en picado a los niveles mínimos del año 2003 y las de EE.UU. están en cotas no vistas desde 1997.