Muy bien, así me gusta. Es bueno entrar al trapo y responder a cada cosa. Así podemos intentar entendernos mejor, al menos.
Vayamos por partes y empiezo contestando a tu 1ª cuestión:
Evidentemente, la salud de cualquier empresa es, sin ninguna duda, el requisito más importante para su supervivencia e incluso debe ser imprescindible. Ahora bien, una empresa que se dedica a operar en el sector de los bienes tangibles, en concreto, se supone que tendrá su viabilidad condicionada, mayormente, a la rentabilidad que ofrecen esos mercados. Afinsa, en todo caso, era una multinacional con su negocio ampliamente diversificado y operaba, en el mundo del arte, la numismática y finalmente, también, había adquirido los Derechos para comercializar con oro amonedado.
Está claro, por otra parte, que el mercado por sí solo y como un ente dinámico y fluctuante, que es, no siempre va a responder favorablemente a todos los riesgos asumidos por los inversores. De ahí la crucial importancia de que muchos fueran a confiar en una empresa sólida y saneada, como era Afinsa, en lugar de ir a depositar sus ahorros en algunos Bancos.
El concepto de Filatelia Financiera, es a todas luces erróneo, en tanto que ya ha quedado definitivamente descartado este enfoque y asumido el que corresponde a la legislación mercantil. La idoneidad o no, de todo esto, puede dar lugar a muchos debates controvertidos, pero, en la actualidad solo rige aquello sobre lo que se ha pronunciado el legislador.
Los catálogos, como es obvio, no pueden reflejar, matemáticamente, una cotización que en sí misma, es una magnitud dinámica y volátil. No obstante, indican tendencias y revelan una aproximación a la cotización real en cada momento, bastante ajustada y fiable. Por lo tanto, son elementos orientativos, imprescindibles, para conocer y poder comerciar en ese mercado.
Resulta evidente también, que, en cualquier catálogo se refleja (entre otras cosas) una relación de precios. Lo que les confiere utilidad y una máxima credibilidad, es el hecho, precisamente, de que han sido editados por los propios comerciantes que conocen e influyen sobre el mercado en el que operan. Así, Stanley Gibbons, maneja su propio catálogo de sellos y la propia Afinsa, aún después de intervenida, ha tenido que volver a editar el suyo que es una referencia obligada, para que funcione el mercado filatélico en Portugal.
En una economía de libre mercado, solamente los monopolios tienen una capacidad real, relativa, para imponer los precios. En una gran mayoría de sectores, las autoridades no intervienen ni regulan precios y existe una estructura competitiva, más o menos aceptable. Esto sucede, por supuesto, en el mercado filatélico, también. Por tanto, es inexacto el concepto de manipulación de precios y económicamente incorrecto. Con seguridad, sea cierto que los catálogos cuando se actualizan periódicamente, reducen en contadas ocasiones los precios. Esto, sin embargo, solo puede ser debido a, que, así sucede en la dinámica del propio mercado.
De igual modo, solo aquellos editores que tengan suficiente poder de mercado, conseguirán establecer en el mercado sus precios, con lo cual, deberán reflejar en sus catálogos, fielmente, los precios existentes en el mismo, si esperan que sus catálogos adquieran prestigio y sean reconocidos. En la actualidad, solo existen algo más de una treintena de catálogos de prestigio, independientes y ampliamente reconocidos en el mundo entero. Todos los demás, pueden ser susceptibles, de reflejar, inferiores calidades.
Desde la perspectiva de un análisis puramente legal, no queda otro remedio que comprender, a su vez, la importancia que los catálogos, utilizados en casi todos los ámbitos de la economía en general, tienen. A efectos jurídico - legales, son los que tienen en cuenta, los jueces, en los litigios que traten sobre determinación de precios. En los repartos de herencias, por ejemplo, se contemplan como guía o referencia de valor, los catálogos.
Es lógico deducir, que, deberá existir alguna razón por la que esto se haga así y no de otra manera, en todo el mundo. Se establece en la jurisprudencia internacional y aunque no alcancemos a comprender el por qué, hay que aceptarlo de esta manera.
Nadie debería discutir, ni tampoco afirmar, que, la filatelia, como cualquier otro bien, se revalorice en todo momento y siempre. Ese es el típico y conocido problema de cualquier propaganda. Lo que sí es una realidad innegable es, que, históricamente y en un plazo temporal muy amplio, ha existido una tendencia primaria de fondo, innegablemente alcista. Ello, sin perjuicio de pasar por periodos más o menos inestables, con amplias fluctuaciones o volatilidad en los precios.
Así, según la perspectiva temporal que tomemos, puede darse una revalorización concreta u otra determinada. Lo mismo puede suceder con algunas piezas o sellos, que, en contra de una tendencia general, pueden seguir otra vía o evolucionar por otro criterio.
Aquí, siempre conviene hablar, lo mismo que sucede con todo, de una orientación general y con valores promedio. Sirve de poco o de nada, mirar la curva o el desarrollo lineal, de un determinado valor o de un sello en concreto.