No importa ir tan lejos. Bajemos a nuestras pymes.
¿Por qué un empresario usaba sus primeros beneficios para comprarse el Porche Cayenne?
¿Por qué alguien con dos semanas en una obra compraba una furgoneta, alquilaba una hormigonera y ya tenía montada la "constructora"?
¿Por qué sabios hombres de empresa se atrevieron a jugarse todo a la carta de la especulación inmobiliaria y ni una sola voz de las que avisaron durante una década acerca de la burbuja fué escuchada?
¿Cómo se comprende que políticos con tirón, con la vida regalada y asegurada por sus ciudadanos hayan tirado su vida por la borda por pura avaricia, corrompiéndose?
¿Cómo se comprende que hoy día nuestros banqueros estén dilapidando mediante conductas netamente mafiosas el prestigio y venerable respeto que merecía la institución financiera? ¿Supondrá un riesgo a futuro la venganza de los consumidores y empresarios hoy día ninguneados, sometidos y puteados?
Soberbia, vanidad y un exceso de confianza que yo prefiero llamar ausencia de comprensión del límite. Todo límite ha sido rebasado y eso tendrá un precio.