Para los lectores
Domingo, 14-06-09
«El 9 de agosto de 1994, ABC me publicó una carta al Director -nos dice PORFIRIO REDONDO AGUADO- titulada Vuelo nocturno, que ahora me gustaría ver reproducida de nuevo porque inevitablemente me ha venido a la memoria el gran paralelismo trágico entre el relato de Saint-Exupéry y la caída en el Atlántico, el pasado 1 de junio, de un avión de Air France. El texto de aquella carta es el siguiente: «Señor Director, entiendo que en la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la muerte de Antoine de Saint-Exupéry no se ha puesto de relieve lo bastante su condición -inseparable sin duda de la de escritor famoso- de aviador que lo fue en los albores de la aeronáutica, uno de aquellos locos con sus locos cacharros, cuyos motores se paraban de pronto en pleno vuelo, que les regaban de lubricante en las cabinas abiertas... Hasta tal punto se corresponde el conocimiento por parte de Saint-Exupéry del peligro de volar en épocas no muy lejanas de la actualidad con el relato que hace en su novela Vol de nuit -editada en 1931- de la desaparición en vuelo de un avión entre la Patagonia y Buenos Aires, que ésta parece premonitoria de la suya propia, acaecida el 31 de julio de 1944 en misión de guerra. Atrapado el avión en plena noche en medio de un ciclón, cerrados e inalcanzables ya los aeródromos hacia los que hubiera podido cambiar el rumbo en vez de seguir hasta Buenos Aires, interrumpida la comunicación por radio con tierra y a punto de agotarse el carburante, dice Sain-Exupéry sobre el piloto en que centra la acción de la novela y que ve inminente una muerte segura: Llega un momento en que te descubres vulnerable... Y fue en ese momento cuando brillaron algunas estrellas en su cabeza, en una abertura entre las nubes, como un cebo mortal. Juzgó correctamente que era una trampa. Ves tres estrellas en un agujero, subes hacia ellas y ya no puedes descender... Pero era tanta su hambre de luz, que subió», concluía la carta.
«La vicepresidenta doña Elena Salgado -comenta FÉLIX BARDERAS SAAVEDRA en relación con la entrevista que publicó ABC el domingo 6 de junio- dice que la crisis ha tocado fondo. Nos encanta oír que si los Bancos están en apuros, se les ayuda; si los vendedores de coches no venden, se les ayuda; si los constructores no venden, se les ayuda; si los Ayuntamientos no tienen dinero, se les da. Yo soy un pequeño comerciante que vendía sellos en una filatelia desde hace 30 años. En cuatro años hemos cerrado tiendas, hemos echado a trabajadores a la calle y actualmente sólo somos dos autónomos. Si vas a pedir dinero a los Bancos, no prestan al arruinado, pero yo le digo a doña Elena Salgado que hace tres años, a sabiendas o no, el Estado arruinó a 400.000 inversores al intervenir Forum Filatélico y Afinsa, pero nadie ha dicho nada de 500 comerciantes del ramo que nada tenían que ver con las inversiones ruinosas de esas empresas, que pagaban sus impuestos y que tenían abiertos sus comercios desde tiempo inmemorial, los cuales han recibido un varapalo en forma de doble crisis. Porque para ellos no llegó por la influencia de los agentes externos de la economía mundial, sino por la intervención directa del Estado. Cuatrocientos mil posibles clientes o aficionados a nuestra actividad han dejado de confiar en un producto que nada tenía que ver con el que se mezclaron. ¿No habrá en ningún rincón de su despacho un pequeño paquete de ayudas para un sector que ha sufrido en silencio la intervención, como un elefante en una cacharrería, de un Estado al que cuando le preguntas, mira para otro lado?».
Desencantado con ABC, nos escribe ALFONSO GÓMEZ-GIL CALVO, quien afirma: «He sido lector de ese periódico muchos años, como antes había sido mi padre, y siempre había pensado que su línea editorial era incorruptiblemente adscrita a la derecha liberal, opción política que en la democrática sociedad actual debiera ser tan respetable como la izquierda. Sin embargo, desde hace algunos años noto que no es así. Yo comprendo que las cosas cambian con el tiempo y los pueblos tienen flaca y caprichosa memoria». Y se pregunta el lector: «¿Tenemos que considerar desaparecida ya definitivamente la opción política de la derecha, por su adscripción a la caduca moral de la familia cristiana y esos rancios valores -se interroga en tono irónico- que algunos vejestorios llaman de la civilización occidental?. ¿Habremos de ser necesariamente partidarios del aborto libre, los matrimonios homosexuales, la eutanasia y, en una palabra, de libertad progresista para que se nos pueda considerar buenos ciudadanos de una democracia socialista? ¿Todos los españoles, para poder ser de verdad demócratas, como dijo el señor Zapatero, y creo que por eso ganó las elecciones generales, debemos abominar del PP, ser izquierdistas y republicanos, afiliarnos al PSOE llamándonos obreros, aceptar no ya el federalismo que tan admirables logros obtuvo en las dos Repúblicas anteriores, sino incluso el Estado confederal de las Repúblicas Ibéricas, dando paso a la Tercera y debiendo exigir la inmediata expulsión de España de la Familia Real? ¿Los que nos jugamos la vida durante la Guerra Civil en el bando vencedor, creyendo en esa cosa rara que llamábamos Patria, tendremos que arrodillarnos ante El Presidente Zapatero, pedir perdón y cumplir la penitencia que decida imponernos, como puede ser ingresar sine die en un campo de concentración de su democrático amigo Chávez. ¿Habremos de abjurar -concluye- del espíritu de concordia que trajo la Transición?».
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