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La volatilidad subyacente de las titulizaciones, saliendo de un mundo en blanco y negro hacía un mundo en colores
05 de Agosto de 2009
La complejidad de algunos de los instrumentos que se hallan en los mercados financieros, puede dar origen a atractivos beneficios o a cuantiosas pérdidas. Es labor de los inversores el preocuparse por valorar adecuadamente el riesgo de las posiciones que asumen, sin embargo en el caso de instrumentos derivados de deuda, como puede ser por ejemplo las titulizaciones, el riesgo o volatilidad de los activos subyacentes no siempre se utiliza de forma correcta en la medición del riesgo del instrumento derivado. Queda en manos del mercado el decidir si la información disponible actualmente es la suficiente, o si entre las lecciones de la crisis financiera actual se encuentra la que indica la necesidad de utilizar mayor información con el fin de hacer una mejor valoración del riesgo. ---------------------------------------------------------------- Las titulizaciones, esos complejos instrumentos financieros a los que se atribuye una buena parte de la responsabilidad por la crisis financiera mundial que actualmente da señales mixtas en torno a su finalización, tienen incorporado un sesgo de asimetría de la información que no permite que se evalúe adecuadamente su volatilidad, frente a esto los inversores deben buscar que el mercado empiece a recoger y reflejar esta información de mejor manera. Comencemos por definir a grandes rasgos las características de estos instrumentos, el proceso de titulización consiste básicamente en tomar los activos financieros de una institución (en el caso de una entidad bancaria, estamos hablando de los flujos futuros de dinero que se dan como consecuencia de haber otorgado un préstamo) y convertirlos en títulos valores que son puestos en circulación en el mercado financiero para que sean adquiridos con un descuento por los inversores. De esta forma los inversores pueden tener acceso a instrumentos financieros que pueden llegar a tener una calificación AAA en función de las mejoras crediticias que tengan incorporadas (como la garantía de un bien sobre el préstamo subyacente, o swaps de tipos de interés), y las entidades financieras originadoras pueden tener acceso a mayor liquidez, además de retirar de sus balances el riesgo correspondiente a las operaciones crediticias subyacentes de la titulización. El problema de este instrumento es que su propia estructuración esconde la variable volatilidad, dejando en la superficie solo la variable rendimiento, es ahí en donde los inversores se encuentran con un problema de asimetría de la información al momento de decidir si invertir o no en estos instrumentos. En la actualidad la calidad de estos instrumentos se encuentra dada por el rating que le da al título alguna de las conocidas agencias calificadoras, sin embargo en el pasado reciente se ha podido verificar que los modelos de rating no pudieron capturar de forma adecuada el riesgo de los activos subyacentes de los títulos y es así que el mercado ha presenciado el downgrading de rating de varias emisiones de titulizaciones sobre cartera hipotecaria, cartera PYME y cartera comercial, lo que llevó en su momento a paralizar la actividad del mercado secundario de titulizaciones. A diferencia de un bono de deuda corporativa, cuya calidad se puede medir no solamente a través de su cotización en mercado secundario, sino también indirectamente a través de la cotización de la acción de la corporación emisora, una titulización no tiene una forma de medir su calidad cuando el mercado secundario se halla paralizado, esto se debe a una característica propia de la deuda originada por los bancos, el riesgo de los préstamos otorgados es visto con una naturaleza binaria, o los créditos son “exitosos” o entran en “mora”[1], utilizando lenguaje más coloquial se puede decir que el resultado de un crédito puede ser o blanco o negro. Sin embargo, en la realidad se puede verificar el deterioro de una cartera subyacente de créditos a través de diversas metodologías, entre las cuales se puede mencionar la de roll rates que indica el porcentaje de capital de la cartera que pasa del estado “vigente” al estado “atraso” y posteriormente al estado “mora”. Esta información se encuentra disponible para las entidades originadoras de los créditos y para los estructuradores de la emisión de titulización, y si bien se hace pública a través de reportes de periodicidad variable, los inversores no siempre la utilizan para evaluar el componente de riesgo del instrumento derivado. Conclusiones La complejidad de instrumentos financieros como las titulizaciones, que son producto de los avances de la ingeniería propia de los mercados financieros, puede dar origen a muchos beneficios cuando se comprende de manera adecuada la naturaleza del instrumento y cuando se puede valorar correctamente el riesgo que tiene asociado, sin embargo esta misma complejidad puede dar origen a la no comprensión real del riesgo asumido, ocasionando serias pérdidas a los inversores y afectando incluso a los mercados de otro tipo de activos. Queda en manos del mercado decidir si es suficiente contar solo con los ratings de la agencias calificadoras, o si los inversores al momento de iniciar y hacer el seguimiento de sus inversiones, deberán ser más exigentes con la información solicitada y requerir datos que les permitan salir de un análisis en blanco y negro hacia un análisis en colores, en donde puedan distinguir de mejor forma el riesgo que tienen los instrumentos financieros que ya han sido mencionados. [1] “Time to tackle the real evil: Too much debt”, Nassim Nicholas Taleb y Mark Spitznagel, Financial Times, 13 de Julio de 2009. Art. realizado por Jose Pablo Rocha Argandoña, miembro de ValoresyBolsa, para Rankia La volatilidad subyacente de las titulizaciones, saliendo de un mundo en blanco y negro hacía un mundo en colores |