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La confianza y la grandeza
22 de Enero de 2009
Un ladrón, sí, pero de confianza
De él saldrán primero las entidades de crédito, porque serán las que de nuevo detectaran en primer lugar que la actividad económica se recupera. Al principio verán que el dinero, la materia prima sobre la que trabajan, vuelve a fluir de nuevo en el mercado interbancario. Después que los indicadores económicos se estabilizan y comienzan a recuperarse y que las empresas dejan los números rojos atrás y comienzan a hacer números negros. Una vez suceda esto los ciudadanos comunes percibirán que la recesión se va alejando y volverán a consumir con mayor optimismo, lo que acelerará la velocidad de salida de la crisis.
Personalmente, creo con firmeza que sucederá lo arriba descrito, pero, honestamente no sé cuantos trimestres faltan. Lo que sí sé es que muchas palancas se están accionado para cambiar el curso de lo acontecimientos. La Reserva Federal ha decidido sacar a la calle toda su artillería por lo que ha inundado el sistema con liquidez recortando los tipos a un rango de precios entre el 0,25 y el 0%. Además, ha prometido comprar emisiones de deuda a empresas con problemas para ayudarles a financiarse, lo que llanamente significa darle a la máquina de hacer billetes . A este lado del Atlántico el Banco Central Europeo ha dejado los tipos en el 2% en enero el nivel más bajo de su historia, sin descartar más rebajas para el próximo marzo. También sé que los gobiernos de todo el mundo han decidido reverdecer el legado del economista británico John Maynard Keynes y están aplicando políticas de intervensionismo estatal en un grado impensable hace unos años. Como muestra, baste recordar que en el 2000 el ex presidente George W. Bush mantenía sus postulados de que reducir el gobierno es bueno para la economía, pero en 2008 se olvidó de estos principios y se vió forzado a nacionalizar parcialmente el sistema bancario nacional.Toda la confianza para Mr. Obama En este largo camino de recuperación de la confianza se ha abierto la era Obama. El nuevo presidente llega al poder con un apoyo popular doméstico e internacional inusitado y con la determinación de estabilizar la economía. Para ello, reformará el marco regulador del sistema financiero estadounidense, recortará impuestos a las clases medias y bajas y apostará por las energias renovables. No es que Obama sea un intervensionista puro, pero el escenario es tan complicado que habrá de intervenir con un paquete de estímulo económico que rondará los 800.000 millones para lo que necesitará el apoyo del Congreso este febrero. Después, dentro de unos semestres, cuando la economía dé signos de recuperación, el gobierno se retirará. La presidencia de Obama es un símbolo de cambio y de audacia. Que un hombre negro dirija la primera nación del mundo y que él y su familia vivan en la Casa Blanca reconcilia a los norteamericanos consigo mismos y con el sueño de los padres fundadores de su nación. Al mismo tiempo, el modo en que fue elegido acerca a Obama a la grandeza, pues no lo ha hecho azuzando los eternos fantasmas y rivalidades de la sociedad, para pescar los votos de su cuerda que los ciudadanos le entregan desde un planteamiento casi tribal. Él es de esos escasos líderes que han llegado al poder aupado por todos y ése es un signo que distingue a los verdaderamente grandes. Él ha conseguido traspasar las barreras raciales, rebasar los límites naturales de su partido y obtener el voto de aquellos norteamericanos que unos años antes jamás habrían votado por un hombre negro y de otro partido. Como el propio Obama afirmó en su discurso de aceptación de la victoria del 4 de noviembre en Chicago “nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América”. Sin embargo, la grandeza de un presidente no sólo se recuerda por el modo en que llega al poder. También por la manera en que lo usa, en la magnitud de los retos que acomete y en el legado que deja. Verdaderamente el trabajo que espera al presidente es inmenso y aterrador. En lo político habrá de vérselas con una guerra en Afganistán y otra en Irak, una eterna masacre en Gaza, un Irán cerca del poder nuclear y una permanente amenaza terrorista internacional sobre suelo estadounidense. En lo económico habrá de lidiar con una recesión que se presenta tan o más dura que la de la Gran Depresión, un déficit histórico cifrado en 1,18 billones de dólares, regalo de la Administración Bush, y un paro en el 7,2%, la tasa más alta en 15 años, después de haber destruido el año pasado 2,58 millones de puestos de trabajo, la factura laboral más elevada en un solo ejercicio desde 1945, aderezado todo con un consumo que se contrajo alrededor del 3% en el último trimestre del año y con la deflación llamando a la puerta. Tareas descomunales para un presidente nuevo que parece se ha sabido rodear de un grupo de hombres y mujeres brillantes, escogidos por su formación y capacidad y no como pago de deudas políticas a su partido. Así pues, tengamos confianza y dejémosles trabajar, porque si consiguen superar los desafíos que se les presentan, Obama entrará en el Olimpo de los grandes presidentes norteamericanos. Y tal vez yo sea un soñador, pero si después de esta elección un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo no es posible no sé cuando lo será. La confianza y la grandeza |