El Secretario del Tesoro de los EE.UU. comunicó en una rueda de prensa que se va a modificar el enfoque del plan de rescate financiero TARP.

Sin duda, la medida que tiene más calado y ha centrado la comparecencia de Paulson ha sido la estrategia para facilitar el crédito al consumo. En lugar de comprar titulizaciones hipotecarias, el Tesoro se dispone a comprar titulizaciones sobre créditos al consumo, de compra de automóviles o créditos a estudiantes o bien proveer financiación a terceros para que adquieran esos títulos. Tal vez estas medidas afecten sólo a los nuevos créditos concedidos, lo que debería tener un efecto dinamizador inmediato en el mercado crediticio.
Estas medidas van a ser explicadas en la cumbre del G-20 de este fin de semana, lo que quizás podría llevar a la modificación de programas similares aprobados en Europa.
Por otro lado, la Reserva Federal ha publicado un comunicado en el que insta a los bancos a prestar a los acreedores solventes y a evitar la ejecución de los créditos por falta de refinanciación. El tono del mensaje apunta a forzar a los bancos a "cumplir su parte del pacto" una vez que han sido ayudados con capital y liquidez. Esto es otro indicio de cambio del entorno bancario, marcado por una mayor regulación e intervención pública que puede alcanzar incluso a su política crediticia.
La lectura parece clara: los bancos con activos tóxicos ya no van a poder desprenderse de ellos con ayuda del Gobierno de los EE.UU. y todos los esfuerzos se van a centrar el ayudar a los consumidores. Se trata de intentar evitar lo inevitable:La primera recesión de consumo desde 1991.
Evolución del PIB de EE.UU.

La crisis inmobiliaria se prolonga, la falta y encarecimiento del crédito lastra la confianza y el consumo, que se ha paralizado por la menor renta neta disponible.
El efecto sobre el sector financiero es negativo a corto plazo, aunque en términos económicos la nueva estrategia podría ser muy positiva.
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