En este primer cuatrimestre del año estamos asistiendo al progresivo e inexorable desmoronamiento del sector inmobiliario de este país. Ya nadie discute que no habrá aterrizaje suave y que el castañazo promete ser de órdago. Hay un principio de colapso. Se ha pasado, sin solución de continuidad, de la mentira pura y dura que negaba la realidad más obvia al desplome en masa de todo el sector que arrastrará en su caída a toda la economía nacional. Fuimos muchos los que advertimos de la situación, pero aún así, al principio se burlaron de nosotros, y más tarde, cuando todo ya era muy obvio, falsearon datos, hasta ahora, que ya nada se puede esconder. Hoy en día, a los que todavía no les ha tocado pasar por el humillante concurso de acreedores, sólo les queda sacarse sus "muertos" de encima porque ya empiezan a oler y eso les delata: como el centenar de promotores catalanes que asfixiados con un Euribor que bordea ya el 5% malvenden sus últimas promociones a precio de coste. Pero el baile tan sólo acaba de empezar y nos ha tocado con la más fea de la fiesta; con una previsión del Euribor a medio plazo que puede irse más allá del 7%, el estropicio en los índices de morosidad puede ser sangrante, vaya, la puntilla definitiva para mucho descerebrado. Y con una previsión de morosidad que se espera llegue a los dos dígitos no hay dotaciones de provisiones bancarias que valgan. Moraleja: nuestro sistema financiero saldrá muy tocado de toda esta crisis.Tan sólo esperamos que al resto no nos toque socializar sus pérdidas cuando no lo hicieron con sus beneficios.