Los promotores no cejan en su empeño de insistir en que les subvencionen con dinero público. Las razones que esgrimen son varias, no obstante, en los últimos días hemos asistido a un cambio de escenario en la opinión pública respecto al tema; Solbes dijo NO y detrás, varios medios de prensa, tertulias, periodistas, etc. han vapuleado, desacreditado con fiereza, la posibilidad de subvencionar el sector del tocho, entre ellos, un medio tan nuncabajista hasta la fecha como El PAIS. Es de suponer que al percatarse de la reacción tan airada a sus propuestas intervencionistas del Estado, los promotores han cambiado su discurso, encarrilándolo en que supuestamente su máxima preocupación son los trabajadores del sector, y que es por éstos pobres desvalidos por lo que piden las ayudas públicas. Pues que no vayan de tan altruistas, porque si el bien a proteger es el de la ocupación que ellos generan, mayoritariamente toda ella, precaria, temporal, no cualificada, con alta siniestralidad, pagada con dinero negro, etc., y todo ello, en un sector tan poco sostenible, tan cortoplacista, sin prácticamente aporte de valor añadido como es la construcción, pues no, no merece la pena de ser rescatada. Para aquellos que tengan la desgracia de quedarse desempleados, pues no hay mal que por bien no venga, en el sentido que lo mejor que se les puede ofrecer desde el Estado es la garantía de una cobertura pública eficaz en forma de prestaciones públicas de desempleo junto al ofrecimento de un sólido reciclaje profesional orientada hacia otras ocupaciones de otros sectores productivos más solventes. Mientrastanto, los promotores, quizá porque ni ellos mismos se tragan su propuesta, siguen bombardeando con otras medidas tan descabelladas como la vivienda híbrida, esto es, precio entre VPO y vivienda libre. Verdaderamente, se les ve muy desesperados.