Con las movilizaciones de los últimos días de los transportistas se abre la veda para que colectivos varios en apuros se movilicen pidiendo que Papá Estado acuda en su ayuda. En breve, es de suponer que al baile se apuntarán los damnificados por el sector de la construcción, si bien, mucho nos tememos que al no disponer de camiones para cortar las carreteras y colapsar todo el país, su repercusión será menor, y por ende, su poder coaccitivo en la negociación con el Gobierno. Cabe suponer que desfilarán con la patronal encabezando la manifa de turno y mendigando toda una retahíla de sancedes: chupar más subvenciones, acrecentar la inversión pública en infraestructuras públicas, impulsar las viviendas híbridas (mitad precio libre, mitad precio concertado), una reducción de impuestos, suelo más barato, etc. Resumiendo: despilfarrar dinero público en un sector que está más que enterrado y que ya nunca volverá a ser ni sombra de lo que que fue en los años del "Dorado Inmobiliario Español". O lo que es lo mismo, exigir la tan cacareada socialización de pérdidas cuando sus ganancias de años pasados fueron privativas. Pero que nadie se engañe, ZP hará lo que ha estado haciendo hasta la fecha, NADA, y no es porque no pueda tener buena disponibilidad para actuar, y más en una coyuntura de movilizaciones generales como la actual, sino porque su margen de maniobra es limitadísimo. Tan mal está la cosa, que ni tan siguiera el bueno de ZP puede permitirse hacer un poco de populismo barato y sacarse de la manga alguna ayuda o subvención (no importa lo estúpida que sea, si alguien la cobra cuela) porque con las últimas concedidas antes de las elecciones se ha dilapidado todo el superávit estatal de los últimos años. Pero bien, es lo que toca después de años permitiendo que en esta país la banca sin escrúpulos, las cajas de dudosa solvencia, los "hay untamientos" corruptos, los pasapiseros, los promotores-inmobiliarios-intrusistas, las tasadoras y compañías de suministro en general campasen a sus anchas haciendo lo que les ha dado la gana. Ahora toca pasar la penitencia por todos estos años de excesos, y promete ser muy larga y dura. Dios no pille ya confesados...