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Algo de psicología inversora
23 de Julio de 2009
El otro día el mercado estaba un poco aburrido y me entretuve poniendo viñetas a un gráfico. No pensaba publicarlo, pero hoy, leyendo uno de los hilos del foro de bolsa, he pensado que quizá no estaría de más publicar la imagen y un post al respecto. Todo viene de un comentario que solicitaba cierta ayuda tras haber comprado acciones por recomendación del director de una oficina bancaria. En cierto modo, me ha hecho recordar un tiempo no muy lejano en que los bancos mandaban cartas ofreciendo a sus clientes comprar sus propias acciones, tomar parte en sus ampliaciones de capital o participar en salidas a bolsa de determinadas empresas. En las cartas se ponderaba la situación económica, se relataba la magnífica situación del banco o de la empresa en cuestión y se describía el gran potencial de revalorización existente. La oportunidad era tan fabulosa, y el banco tan generoso, que hasta ofrecían créditos con interés preferencial y descuento. Lo cierto es que aquellas cartas constituían un estupendo termómetro de la temperatura del mercado y tenían la virtud de activar los radares de posibles distribuciones. La situación actual del mercado es, desde luego, nuevamente propicia para recomendaciones. Ha repuntado la confianza, se habla con tranquilidad de que lo peor ya ha quedado atrás, se puede escuchar que el selectivo español hace nuevos máximos anuales y se espera un nuevo tramo de subidas. El optimismo es siempre un buen caldo de cultivo, y el inversor se deja seducir gustoso por él. Hasta que cae en el pesimismo, en el derrotismo o en la desesperación más absoluta, para pasar posteriormente de nuevo al optimismo y a la euforia. De ahí que se diga que el mercado es irracional, que sea necesario considerar la importancia de los factores psicológicos, y que lo anterior sea un proceso ampliamente conocido y cumplidamente descrito. En realidad, siempre llega un momento en que el talento del inversor se altera, se invierte y se trastoca e, irremediablemente, compra cuando debería vender y vende cuando debería comprar. En realidad, es habitual y consabida la habilidad del inversor para actuar en muchas ocasiones justo al contrario de como debería hacerlo. En realidad, no es infrecuente que el inversor se anticipe al movimiento del mercado o que lo persiga una vez que ya ha quedado definido. Por si fuera poco, semejantes talentos y habilidades suelen brillar y encontrar su máxima expresión en los extremos de mercado, en las situaciones dominadas por el pánico y la euforia, o lo que es lo mismo, por el miedo y la avaricia. En el gráfico se busca reflejar parte de esa psicología inversora a partir de un movimiento previo a la baja y uno posterior al alza. Durante la caída el inversor se anticipa, se lanza a comprar y vive en la esperanza, cree firmemente que las cotizaciones no pueden caer más, que se está cerca de un suelo, que los precios son un chollo y que va a hacer la operación de su vida. El mercado, mientras tanto, se hunde lenta e inexorablemente hasta que los inversores no pueden aguantar más las pérdidas ni la desesperación, momento en el que venden y el mercado se da la vuelta. Durante la subida se produce el fenómeno inverso, el inversor cree que las cotizaciones han subido excesivamente, contempla el movimiento con escepticismo o con desidia y no participa de las alzas o sólo percibe oportunidades de venta. El mercado, mientas tanto, no deja de subir hasta que los pequeños inversores deciden sumarse, no seguir perdiéndose las enormes ganancias y participar de la fiesta, momento en el que compran y se produce un nuevo giro en la dirección contraria. La manera más simple de escapar de ese proceso y de esa irracionalidad es establecer una estrategia operativa o un plan de trading en el que se definan los motivos y niveles tanto de apertura como de cierre de posiciones como el riesgo asumido. Ese pequeño planteamiento ayuda a gestionar las probabilidades y a tratar de usarlas en favor propio, así como a combatir las dudas que se suceden sobre si el valor ha subido mucho o ha bajado mucho o si debería seguir subiendo o bajando. El gráfico mostrado diferencia, así mismo, dos contextos: una caída que implica una quiebra sistémica y una subida que conlleva aparcar ese riesgo y otear indicios de una posible recuperación. El pequeño inversor actúa lógicamente a contrapié. En el primer contexto, se fija en que los activos valen 5 veces menos; mientras que en el segundo, por el contrario, presta atención a los malos datos económicos y a la gravedad de la situación. Finalmente, me gustaría decir que la última frase del gráfico tan sólo pretende ser provocadora y hacer reflexionar al lector sobre el proceso y el tramo en que se encuentra el activo, así como invitarle a la prudencia. Obviamente el valor es alcista, se ha roto una importante resistencia y la teoría reza que cuando se rompe una resistencia se ha de comprar. No obstante, también se podría contemplar que habrá una soberbia ocasión de venta tras el movimiento. Tal vez en el próximo artículo le ofrezca algún argumento técnico que pudiera avalar esa posibilidad.
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