
La apuesta de Pascal es un argumento creado por el filósofo y matemático francés Blaise Pascal en una discusión sobre la creencia en la existencia de Dios. El argumento plantea que, aunque no se puede asegurar que Dios exista, resulta más rentable creer que existe que no creerlo. La razón es que, aún cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuese extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría: la vida eterna en el cielo. En cambio, si no existiese, ni ganaríamos ni perderíamos nada.
Su argumento venía a decir lo siguiente (no es literal):
Si no creyeramos en Dios y existiese, estaríamos condenados al infierno; si no existiese, ni ganaríamos ni perderíamos nada.
Si creyeramos en Dios y existiese, ganaríamos el paraiso; si no existiese, ni ganaríamos ni perderíamos nada.
Con lo cual queda demostrado que es más rentable creer (ganamos o no) que no creer (perdemos o no).
Llegados a este punto, más de uno/una ya se estará preguntando si he tenido algún trance místico o, peor aún, si he dejado de tomar la medicación. Tranquilos, no se trata de nada de eso.
Si he recurrido a esta cita es porque me parece que muchos gobernantes, empresarios, asalariados, economistas, analistas e inversores se atienen a la apuesta de Pascal para evaluar la crisis económica actual y su evolución en los meses venideros.
Su argumentación podría resumirse así:
Si no creyeramos en la recuperación de la economía y los mercados y existiese, nos perderíamos todas las oportunidades de negocio y/o inversión; si no existiese, nos quedaríamos igual, ni ganaríamos ni perderíamos nada.
Si creyeramos en la recuperación de la economía y los mercados y existiese, nos beneficiaríamos de todas las oportunidades de negocio y/o inversión que pudiésemos; si no existiese, nos quedaríamos igual, ni ganaríamos ni perderíamos nada.
Con lo cual quedaría demostrado que es más rentable creer (ganamos o no) que no creer (perdemos o no).
Pero esta argumentación no se sostiene por ningun lado. Suele pasar que, cuando se trata de obtener beneficio, olvidamos lo más obvio y terminamos aceptando y justificando de la forma más burda, porque nos conviene, discursos triunfalistas como el actualmente predominante tanto en los medios de comunicación como en los medios financieros y políticos.
No es una cuestión de fe. Estos son, a principios del otoño de 2009, los hechos que las manipulaciones estadísticas están tratando de ocultarnos:
Desempleo
La evidencia de un desempleo masivo, sobre todo cuando terminen los subsidios, y sus desastrosas consecuencias en la estabilidad política y social de los países.
Quiebras y Déficit
La explosión en el número de quiebras de empresas y el déficit galopante de todas las administraciones públicas.
Los empresarios no invierten
La capacidad de producción se reduce en proporciones históricas y las existencias se renuevan con cuentagotas.
Los consumidores no consumen
Los consumidores, agobiados por las deudas y la falta de confianza, minimizan su gasto. Si no hay dinero, no se compra. Sus ingresos disminuyen o, simplemente, desaparecen por falta de empleo.
Los bancos no prestan
Los bancos no prestan más porque se saben insolventes, a pesar del polvo «dorado» lanzado a los ojos de la opinión pública estos últimos meses.
Crisis monetarias
Lo estamos empezando a ver con el dólar estadounidense y sólo es el principio. Luego lo veremos en otras monedas, como una reacción en cadena.
Se están tomando demasiadas medidas para tratar de esconder la realidad cuanto sea posible… a la espera de la recuperación. Pero, por desgracia, la recuperación no llegará a tiempo... aunque, tal vez, nos convenga más creer que sí.
¡Que Dios nos pille confesados!.