
Esto me ha hecho plantearme algunos de los rasgos de la antigua banca, y que se habían tornado un problema. Hace unos años, y tampoco muchos, la banca se caracterizaba, al menos en España, por una cartera muy diversificada de clientes, con una amplia red de sucursales, y un publico objetivo al que prestar su dinero basado en particulares y PYMES.
La banca de hoy en día, por el contrario, posee una cartera de préstamos muy concentrada, con equipos muy especializados y pequeños que ofrecen negocio a las grandes empresas y corporaciones, sobre todo en torno a un motor (como los centros comerciales, que agrega sus negocios en torno al llamado “motor”, los cines, pista de hielo…) este motor, en nuestro país se llama construcción.
Ese motor ha sido durante mucho tiempo, más del 50% del PIB y ahora, una vez gripado, dejando muchas deudas por el camino, la banca va a tener que volver sobre sus pasos, y volver a diversificar su cartera, acercándose al cliente, y ofreciendo productos adecuados a las necesidades de los pequeños, y no de los grandes como estaba acostumbrado.
Creo que la banca tiene una larga travesía por el desierto, que va costar mucho esfuerzo y tiempo, y creo que, si no solucionan esto, ni sus problemas de pricing, de los que he hablado en un anterior post, van a tener serios apuros que pueden derivar en algún susto. Es muy posible que, el año que vienen si las cosas siguen como están, veamos a entidades de mediano tamaño ver comprometida su solvencia.