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La economía real se retrasará, al menos en términos de apreciación financiera, respaldada por la política monetaria, lo que deja a las pequeñas empresas a merced de la deuda bancaria.

Después de dos meses del pico de la pandemia y el colapso de los mercados financieros, terminó la discusión sobre cómo se recuperarían los mercados. Después de que se asignaron casi todas las letras del alfabeto, la recuperación fue indudablemente en V, ¡mayúscula!

Sin embargo, esta realidad de los mercados está muy lejos de la realidad económica, ya que muchas compañías cierran o se endeudan para resistir una eventual recuperación del consumo y la confianza de los diversos agentes económicos. Las medidas anunciadas por los gobiernos han ganado tiempo, pero no impiden que las empresas más pequeñas sean las que más sufren y que desaparecerán antes.

Esta semana del 12 de junio, Inditex, que registró pérdidas por primera vez en un trimestre, continuó su recuperación en la bolsa de valores, después de anunciar la inversión de más de mil millones de euros en ventas en línea. Este es un ejemplo de la concentración en grandes empresas que asistiremos en los próximos años, donde las pequeñas empresas tenderán a cerrar o perder terreno ante las grandes empresas, que pueden invertir en comercio y publicidad en línea.

Los máximos históricos alcanzados por el índice tecnológico Nasdaq estadounidense, por primera vez por encima de los 10.000 puntos, demuestran la voracidad de los inversores en lo que será la próxima ola de revolución económica.

Las redes sociales, software, nube, 5G, inteligencia artificial, biotecnología, IoT, son industrias que ya iban a liderar la próxima ola de crecimiento económico. La gran diferencia es que no se sabía a qué velocidad ni cómo se financiaría. La pandemia de Covid-19 ayudó a resolver este problema, ya que los bancos centrales financiaron gobiernos, empresas, para garantizar un retorno del PIB a su máximo histórico.

Pero el PIB máximo no significa calidad de vida, y mucho menos recuperación económica para todos. La montaña de deudas resultante de este proceso es algo que tendremos que enfrentar en tres o cuatro años, así como la desigualdad económica y social. Hasta entonces, se inició el proceso de aceleración del desarrollo económico. Sin embargo, nadie quiere perder la burbuja tecnológica secular, ni siquiera el Banco Central de Suiza, que no rehuye aumentar su exposición a las acciones estadounidenses más capitalizadas. Sin embargo, la economía real va a la zaga, al menos en términos de apreciación financiera, respaldada por la política monetaria, lo que deja a las pequeñas empresas a merced de la deuda bancaria.

Por otro lado, con tasas cero, pequeños ahorradores o contribuyentes que recibieron apoyo del gobierno, buscan ganancias a corto plazo sin considerar la sostenibilidad de las empresas. Por ejemplo, las empresas en quiebra como Hertz o JC Penney tienen aumentos de más del 1200% y 400%, respectivamente, en dos semanas. Nunca fue tan importante el conocimiento del funcionamiento de los mercados financieros para evitar el desastre que se cierne sobre los pequeños inversores que invierten a través de aplicaciones sociales, gracias a la avaricia, los rumores y los "consejos".

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