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Corto plazo, historias, manadas y qué hemos hecho en nuestra cartera

Key Capital

Vivimos en un mundo acostumbrado a esperar resultados inmediatos. Queremos que los paquetes se entreguen el mismo día, que las velocidades de Internet sean más rápidas y que el café esté listo para ser recogido antes de que lleguemos a la cafetería. La gratificación instantánea se ha convertido en una obsesión.

No es de extrañar que este enfoque a corto plazo también se haya trasladado al mundo de la inversión. Los responsables de gestionar nuestros ahorros ganados con esfuerzo y el dinero que necesitamos para los años de jubilación son a menudo juzgados a corto plazo. No hay que apresurar a un enólogo durante el proceso de maduración de un vino, no hay que apresurar a un ingeniero que construye un puente y seguro no hay que apresurar a un cirujano que realiza una intervención a corazón abierto. Todos estos profesionales necesitan tiempo para hacer bien su trabajo. Inversores como Sir John Templeton, Walter Schloss, Charlie Munger y Warren Buffett tuvieron un rendimiento inferior al del índice S&P 500 aproximadamente el 30% del tiempo.

La gran mayoría de los participantes en el mercado consideran las acciones como trozos de papel que se negocian, no como un derecho o representación de los beneficios subyacentes de una empresa. Estos inversores toman sus decisiones de inversión sobre la compañía que han comprado en función de los movimientos a corto plazo del precio de sus acciones, en lugar de basarse en el rendimiento y las perspectivas del negocio subyacente.

De esta manera, una caída del precio de las acciones debe implicar que las perspectivas se están deteriorando, y viceversa. Pero los precios de las acciones se mueven por todo tipo de razones, y muchas de ellas no están relacionadas con los fundamentales del negocio. Los humanos se guían por emociones y a menudo reaccionan de manera exagerada; los sesgos psicológicos a menudo llevan a hacer lo incorrecto en el momento equivocado. En consecuencia, las cotizaciones bursátiles pueden tener poco que ver con el valor de una empresa, ya sea demasiado alto o demasiado bajo. Básicamente, los precios de las acciones son a menudo irracionales.

Esta es la belleza y la gran oportunidad en los mercados de valores. Estos mercados están repletos de participantes emocionales que no saben lo que poseen, lo que valen sus acciones y que compran y venden en los momentos equivocados. Las emociones más que los hechos guían sus decisiones de inversión. A veces ni siquiera se trata de personas, sino de dos algoritmos programados para vender a precios de mercado, pase lo que pase. Ningún precio es el precio equivocado para un algoritmo.

Tienes que tener una actitud que te aleje de verte influenciado por el mercado, como dijo Warren Buffett en una ocasión. Mira el valor del negocio de la empresa y no al precio de la acción, porque el precio de la acción no significa nada. A largo plazo, el precio de las acciones de una empresa debe reflejar el valor de los beneficios futuros de esa empresa.

Las historias venden. A menudo nos las creemos sin pensar ni cuestionar. Y pueden tener un peso injustificado en nuestras percepciones. En consecuencia, las historias a menudo impactan los mercados y nuestras decisiones de inversión cuando no deberían. Seguro que ha visto una situación en la que un analista o periodista escribe alguna historia sobre una acción o un sector. Entonces el mercado lo toma como un hecho y la acción o el sector se hunde como resultado.

¿Por qué creemos esas historias? ¿Por qué nos aferramos a estas narrativas que no son ni correctas ni exactas en lo que a los hechos se refiere? La respuesta es que estamos así armados, la humanidad en realidad no ha evolucionado mucho desde los días que pasamos cazando y recolectando. Una de las habilidades clave que nos permitió progresar desde estos inicios primitivos y alcanzar la cima de la cadena alimenticia, fue la colaboración. Y la colaboración requería historias. Yuval Noah Harari señala en su libro Sapiens: “Somos los únicos mamíferos que podemos cooperar con numerosos extraños porque sólo nosotros podemos inventar historias ficticias, difundirlas y convencer a millones de personas de que crean en ellas”.

Superar la atracción de las historias requiere mantener la mente abierta, recopilar todos los hechos y poner a prueba las tesis de inversión. Antes de actuar sobre historias y narraciones es importante probar su validez. Esto debe hacerse recogiendo más información.

Los seres humanos somos animales de manada. Sobrevivimos en grupos coordinados y alineamos nuestro comportamiento con los que nos rodean. Muchos inversores buscan la seguridad percibida de la multitud, subiéndose al carro cuando una acción o sector determinado está de moda y saltando cuando el sentimiento se vuelve negativo. Así es como las burbujas del mercado crecen y estallan. La codicia colectiva hace subir los precios, al igual que el miedo colectivo hace lo contrario.

Albert Einstein dijo una vez: “La locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.” No puedes hacer lo mismo que los demás y esperar resultados superiores.

Así, ¿qué hemos hecho recientemente en nuestra cartera?

  • Pensar diferente: El Value Investing a menudo lleva a buscar oportunidades donde menos “apetece” ir. Estas oportunidades se encuentran hoy en día en sectores cíclicos como el del automóvil o las materias primas y en áreas geográficas como los mercados emergentes y Europa. También donde la inestabilidad política es alta, como en el Reino Unido debido al Brexit. Ahí hemos ido a buscarlas.
  • Pensar a largo plazo y no a corto plazo: Tras las fuertes caídas de la segunda mitad de 2018, vimos la oportunidad de sentar las bases de una mayor rentabilidad futura, pues surgió la oportunidad de comprar muy buenos negocios, que teníamos en nuestro radar, a precios muy atractivos en lugares “incómodos”.
  • No creer la “historia”: La reciente tensión en la disputa comercial entre los EE.UU. y China, que se ha intensificado especialmente después de las sanciones impuestas a Huawei, afectó a los precios de las empresas de nuestra cartera, no a sus fundamentales.
  • Hacer nuestros deberes y confiar en los datos: a medida que las empresas daban a conocer sus resultados, revisamos todas nuestras tesis de inversión para asegurarnos de que siguen siendo válidas.

Todas estas decisiones, manteniendo la cobertura de nuestra cartera en un 60-65%, nos llevan de tener una cartera valorada a 12x P/E a una cartera actual por debajo de 10x, con una rentabilidad por dividendo superior al 4% y, lo que es más importante, con una rentabilidad potencial anualizada del 11% a una del 15%. La diferencia de estos cinco puntos de rentabilidad potencial adicional es que, si hoy invertimos 10.000 euros y en cinco años obtenemos un 10% anual, tendríamos 16.105 euros (+61%), mientras que si la rentabilidad es del 15%, obtendríamos 20.114 (+101%), un 40% más.

Cuando plantas un árbol, le das tiempo para crecer mientras el sol y la lluvia lo nutren. No desentierras continuamente el árbol para comprobar sus raíces, y no se entra en pánico en el invierno cuando caen sus hojas porque es sólo parte natural del ciclo. Lo mismo se aplica a la inversión. Hay que dar a la cartera el tiempo que necesita para crecer y generar beneficios a largo plazo, y no entrar en pánico cuando el crecimiento se estanca temporalmente frente a un índice. Una visión de largo plazo da tranquilidad y aumenta el poder de componer de la inversión.

Atentamente,
Equipo de Inversión Key Capital OCHO



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