Virus, desastres nucleares y mercados financieros

El coronavirus se está propagando, pero ¿podría ser la cura peor que la enfermedad? Vamos a analizar por qué tendemos a exagerar los riesgos de este tipo de eventos y examinaremos las posibles consecuencias en el terreno macroeconómico y en los mercados financieros.

Si tienes que elegir entre las siguientes opciones ¿Cuál elegirías?

A) 1 riesgo de 12.000 de perder 250$

B) 1 riesgo de 50.000.000 de perder 850.000$

Aunque el riesgo de pérdida de B es inferior, supongo que elegirías la opción A dada las serias consecuencias que podría causar la B en caso de que fracase. De la misma forma, esto también explica el por qué nos preocupamos más por el coronavirus pero no la simple gripe, que de hecho es más letal.

A fecha de publicación, ha habido 24.554 casos reportados de coronavirus (2019-nCov) y 492 muertes reportadas (Organización Mundial de la Salud). Dado que China anunció a la OMS los primeros casos el 31 de diciembre de 2019, el virus parece haber extendido rápidamente.

El coronavirus obtiene su nombre por su apariencia a una corona a escala microscópica. No son nuevos, ya convivían con nosotros desde hace más de 10.000 años. Los murciélagos y los pájaros son, en general, los portadores de este tipo de virus, pero ahora es frecuente encontrarlo en otras especies, incluso en humanos. 

El coronavirus suele causar infecciones respiratorias leves en humanos. En algún caso inusual (SARS, MERS y
Nuevo coronavirus) puede causar neumonía y puede ser llegar a ser letal. Se cree que la transmisión de persona a persona es a través de gotitas respiratorias (estornudos y tos). A estos virus no les gusta el calor, se debilitan cuando están expuestos a una temperatura de 56ºC por 90 minutos

Número de casos probables y muertes acumulados por SARS

La Figura 1 muestra cómo se desarrolló el brote de SARS en 2002-03. El primer caso conocido fue en 16 de noviembre del 2002 en China, pero no fue diagnosticado hasta mucho más tarde. De hecho, inicialmente se pensaba que el SARS solo era un problema en Hong Kong y Vietnam, pero fue expandiéndose (especialmente a Singapur, Estados Unidos y Canadá). Sin embargo, cuando China dio a conocer los datos a la OMS el 26 de marzo de 2003, se hizo evidente que representaba aproximadamente el 60% de los casos y muertes mundiales y, de hecho, fue la zona de origen del virus (ver la nota al pie de la Figura 1).

El número de casos de SARS se aceleró con el tiempo. Como ocurre con las epidemias de gripe, lo peor del brote de SARS ocurrió durante el invierno y el inicio primavera, con un aplanamiento de los casos durante el segundo trimestre.

Se dice que el nuevo coronavirus tiene una menor tasa de mortalidad que el SARS (alrededor del 2% vs. casi el 10%). Estrictamente hablando, esto es cierto, pero ten en cuenta cómo la tasa de mortalidad por SARS aumentó con el tiempo (de alrededor del 3% en las primeras etapas al 10%). Se estima que los totales de casos de SARS y de muertes fueron de 8.096 afectados y 744 muertes.

Aunque el SARS se extendió a 29 países, alrededor del 87% de los casos y muertes fueron en China y Hong Kong y solo 11 países registraron muertes (Canadá se mantuvo con 47 muertes y una tasa de mortalidad del 17%).

Gráfico de comparación del brote de SARS y coronavirus

La Figura 2 muestra cómo el nuevo coronavirus se ha desarrollado mucho más rápido que el SARS (en términos de casos), aunque el número de muertes sigue siendo bajo (por ahora). Esta velocidad de transmisión es uno de los aspectos más aterradores de este brote, que fue detectado por los medios y los mercados dando lugar a inquietudes en la población en cuanto a su peligrosidad. Los gobiernos de todo el mundo están tomando medidas preventivas y la economía china se encuentra en forma de bloqueo temporal. 

Sin embargo, es interesante preguntar por qué tales brotes nos resultan ser tan aterradores, especialmente cuando comparamos el número de muertos en el último mes (menos de 500 muertos) a las 21.000 personas que mueren en accidentes de tráfico cada mes en China (112.000 fallecidos a nivel mundial) o cerca de 40.000 muertes globales mensuales por la gripe estacional (suponiendo que las muertes se distribuyen de manera uniforme durante todo el año). 

Se calcula que la gripe estacional afecta de 340 millones a 1.000 millones de personas cada año (un 5-15% de la población mundial), pues la probabilidad de contagiarse es considerablemente alta. Se calcula que el número de muertes es de 290.000 a 650.000 fallecidos por año. Este número es muy alto, pero sigue siendo inferior al 0.1% del número de casos. Por lo tanto, el riesgo de contraer la gripe estacional es alto pero las consecuencias son muy limitadas. 

Basándose en los datos disponibles hasta el momento, parece que tenemos pocas probabilidades de contraer el nuevo coronavirus (menos del 0,01% si asumimos los 25.000 casos hasta ahora son repetidos todos los meses durante todo el año). Incluso con una tasa de mortalidad tan alta como el SARS (del 10%), la probabilidad de contraer y morir por este virus sería menos del 0,001% (alrededor de 30.000 muertes en total). Pues, hay un pequeño riesgo de contraer el virus pero las consecuencias de contraerlo son muy serias. 

Slovic y compañía realizaron experimentos sobre la percepción del riesgo. Descrubrieron que aunque los "expertos" tuvieran una comprensión decente del riesgo que representan diversas actividades, sustancias y tecnologías, no era lo mismo para los "profanos". En particular, los "profanos" (los grupos de estudiantes y las mujeres miembros de La Liga de Mujeres Votantes) calificaron la energía nuclear como la más peligrosa (entendiéndose como el "riesgo de morir") entre 30 categorías, mientras que los "expertos" la calificaron en la posición 20 (que es exactamente donde se calificó según la evaluación de los investigadores sobre el número de muertes en los EE.UU). Por otra parte, los "profanos" calificaron la energía eléctrica (generación de energía tradicional) como la 18ª más peligrosa, mientras que los expertos la ubicaron en el noveno puesto (y fue el quinto). A propósito,  las tres categorías más peligrosas son: fumar, bebidas alcohólicas y vehículos de motor (los "expertos" las identificaron correctamente pero pusieron los vehículos de motor en el primer lugar).

Además, la percepción de los "profanos" sobre el alto riesgo de la energía nuclear no se basó en su estimación del número de muertes promedio en un año (su estimación promedio fue de 20 muertes frente a la estimación de los investigadores de 100). Más bien, vino de su creencia sobre lo que sucedería en un año con un desastre. Según las respuestas dadas, más del 40% de los participantes creían implícitamente que habría más de 10.000 muertes en un desastre nuclear en un año y más del 25% de los encuestados esperaban 100.000 o más muertes (en otro trabajo, Slovic encontró que los encuestados estiman que de un accidente nuclear grave el número de muertes puede llegar a cientos de miles o incluso millones). Slovic comparó esto con la estimación del "peor de los casos" de 3.300 muertes inmediatas por el accidente nuclear de máxima credibilidad, con una probabilidad de que ese accidente sea 3.0000000: 1 (Comisión de Regulación Nuclear de Estados Unidos, 1975).

Slovic concluyó los tres factores forman nuestra percepción del riesgo: temor, familiaridad y la cantidad de personas expuestas. Este marco parece ideal para explicar la reacción al nuevo coronavirus. Como su nombre indica, es nuevo, de ahí la falta de familiaridad (miedo a lo desconocido). En segundo lugar, el hecho de que puede ser letal infunde temor. Finalmente, en teoría, todos podríamos estar expuestos, lo que aumenta el número potencial de muertes.

La pandemia de la gripe española (1918-20) es un gran ejemplo de este último punto: se cree que 500 millones de personas contrajeron esa cepa de gripe (un tercio de la población mundial) y que 50 millones a 100 millones de personas murieron (10%- 20% del número de casos y 3%- 7% de la población mundial).

Gráfico comparación brote de gripe española y coronavirus

Otro elemento de falta de familiaridad del brote es lo que está ocurriendo en China. Muchos occidentales parecen sospechar que podría ser algo chino. Esto quedó claro durante la venta masiva en el mercado de valores por China en 2015, cuando una pequeña devaluación de la moneda podrían hacer que los mercados mundiales cayeran en picado. Dada nuestra falta de conocimiento de un país tan vasto, tendemos a inventar lo que no sabemos y asumir lo peor. Los demás países reaccionaron sugiriendo que China se pusiera en cuarentena de forma efectiva (aunque, para ser justos, ha cerrado gran parte de su propia economía).

Esta actitud hacia China es interesante cuando lo comparamos con lo que sucedió durante el brote de la gripe porcina en 2009 (H1N1 o la gripe española). En el primer mes en que se informaron datos de gripe porcina, EE. UU., Canadá y México representaron el 92% de todos los casos (sólo EE. UU. ya representó el 52%). A mediados de 2010, el número de muertos en todo el mundo había aumentado a 18.449 personas, el 46% de ellos en las Américas (estas fueron las muertes confirmadas por laboratorio, pero el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. Calcula que el número real de muertes es de 151.700 a 575.500 de personas).

La Figura 3 sugiere que el patrón del nuevo coronavirus es muy similar a las primeras etapas de la gripe porcina (aunque el número de muertes es mayor). Sin embargo, no había ninguna sugerencia sobre poner a los Estados Unidos y sus vecinos en cuarentena a mediados de 2009. ¿Es el temor y la falta de familiaridad tanto del virus como de China los factores que están causando una sobrerreacción por parte de los gobiernos no chinos? Quizás en un mundo moderno estar con las manos cruzadas cuando los demás están actuando es un riesgo.

Esto, junto con el bloqueo autoimpuesto dentro de China (quizás debido a errores cometidos con el SARS), corre el riesgo de empeorar la curación de la enfermedad, con una pérdida innecesaria de ingresos y de bienestar. Según la Academia Nacional de Medicina de EE. UU., el costo económico directo global promedio de las enfermedades infecciosas es de alrededor de 60 mil millones de dólares por año. Sin embargo, utilizando un enfoque más completo, Fan y compañía estiman que el costo anual será de 490 mil millones de dólares, que representa alrededor del 0,6% del PIB mundial. Este costo se incurre, en promedio, cada año.

Ese costo promedio no cubre lo que sucede durante las pandemias, cuando es probable que los costos globales se acentúen por las restricciones de tránsito de personas y enlaces comerciales. El Banco Mundial estimó en 2014 que una pandemia en la escala de la gripe española de 1918 incurriría en costos de alrededor del 5% del PIB mundial. Los datos de la OMS indican que el brote de ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona afectó a 28.616 de personas (alrededor del 0.1% de la población) y causó 11.310 muertes (una tasa de mortalidad del 40%). El Banco Mundial estima que esos países sufrieron una pérdida económica acumulada de al menos el 10% del PIB.

Es improbable que los ejemplos como la gripe española y el ébola proporcionen un buen patrón para el brote actual en China (la tasa de mortalidad no parece tan alta como la del ébola y la forma en que lidiamos con las pandemias ha evolucionado enormemente desde 1918). Al mismo tiempo, el daño económico causado a China podría ser mayor que durante el brote de SARS 2002/3. Aunque es difícil saber qué podría haber sucedido de otra manera, las tasas de crecimiento del PIB del Banco Mundial en China para 2001 (8,3%), 2002 (9,1%) y 2003 (10,1%) no sugieren un gran problema. Además, en la medida en que China se vea afectada, el efecto secundario en el resto del mundo ahora puede ser mayor, ya que los datos del Banco Mundial sugieren que la economía china en 2018 representó 15.8% (18.6% PPP) del PIB global vs. 4.2% en 2002 (8,5%). 

Entonces, ¿cómo de malo puede ser el efecto económico? Obviamente, si toda la economía china se cerrara durante un largo período, el efecto sería catastrófico tanto a nivel local como global. Aunque no sabemos cuánto durará esto, hay algunos puntos de consuelo: primero, el bloqueo comenzó durante el período del Año Nuevo chino, cuando la economía habría estado cerrada durante una semana de todos modos; segundo, la provincia de Hubei (donde se producen la mayoría de los casos) representó solo el 4,4% del PIB de China en 2018 (según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de China); tercero, según la Comisión Nacional de Salud de China, el 80% de las muertes corresponden a personas mayores de 60 años y el 75% tenía alguna afección subyacente (lo que sugiere un riesgo mucho menor para la población general); cuarto, el bloqueo de China sugiere una acción radical para detener la propagación del virus (a diferencia de lo que sucedió en 2002/3) y, quinto, si la interrupción es corta, la pérdida de actividad económica puede compensarse en períodos posteriores.

Entonces, con suerte, habrá un corto y agudo shock a la baja en la economía china durante el primer trimestre, con recuperación durante el segundo trimestre y segunda mitad del año. Creemos que la mejor prueba de esta hipótesis será por cuánto tiempo los casos diarios y las muertes continúan aumentando. La Figura 4 muestra que las muertes por SARS progresaron de manera exponencial hasta alcanzar su punto máximo y luego disminuyeron rápidamente (lo mismo se aplica al número de casos). Esperamos ver un pico pronto, pero los casos y las muertes continúan acelerándose por ahora. Además, en términos de poner las cosas en perspectiva, durante el mes en que 400-500 personas murieron por coronavirus, es probable que haya habido 7,000- 15,000 muertes en China por gripe estacional.

Gráfico evolución muertos diarios por SARS y mercado de valores de HongKong

Si lo anterior es correcto, esperamos poco efecto notable en los datos económicos de todo el año de China e incluso menos en los agregados globales. Si es así, creemos que los mercados financieros serán impulsados con el tiempo por otros factores (tendencias de crecimiento global y políticas en los Estados Unidos, por ejemplo).

Sin embargo, también creemos que los datos del virus empeorarán antes de mejorar y no nos sorprendería ver más episodios de pánico a medida que los casos y las muertes se aceleran y se propagan geográficamente. Normalmente, esperaríamos ver una mejora a medida que el clima mejore durante el segundo trimestre, pero las medidas extremas tomadas por China podrían avanzar el pico en casos y muertes. La Figura 4 muestra que las muertes por SARS alcanzaron su punto máximo a fines de abril de 2003, que fue cuando el mercado de valores de Hong Kong tocó fondo. Sería conveniente si los dos estuvieran vinculados, pero no estamos seguros: los mercados mundiales eran débiles en ese momento por otras razones (el final de la burbuja de las puntocom y la invasión estadounidense de Irak) y no se observa una correlación similar con los mercados mundiales durante el período brote de gripe porcina (que se centró más en los EE. UU.).

Comenzamos el año creyendo que los mercados bursátiles se estiraron y necesitaban una fase de consolidación. Nos sorprende que el coronavirus haya dado el pretexto y creemos que aún podría empujar a los mercados a la baja. Sin embargo, y a menos que estemos muy equivocados, creemos que el impacto económico de este virus será de corta duración y apenas se notará a finales de año. Por lo tanto, tenemos la intención de utilizar cualquier debilidad futura del mercado para agregar a nuestras asignaciones de acciones (actualmente estamos infraponderados en acciones, consulte nuestra asignación de activos Modelo en la Figura 8). Esperaríamos los mayores rebotes en los activos que más han sufrido en las últimas semanas, especialmente en los mercados emergentes. Como dijo un presidente estadounidense de una era diferente: "Lo único que debemos temer es el temor mismo".

Tabla rentabilidades de activos

Tabla sobre rentabilidades de acciones mundiales

Tabla porcentaje de rentabilidad de los EEUU

Tabla modelo distribución de activos

Tabla modelo distribución de activos en sectores globales

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