Muchas veces el cliente particular se siente abrumado por la cantidad de información contradictoria que recibe (y sobretodo por la cantidad de información en general) de los profesionales del mercado en diferentes medios de comunicación. La mayoría de las veces escuchar a estos profesionales puede inducir a errores graves de operativa (y con grave me refiero a que afectan a sus bolsillos) que termina por convertir a los inversores en personas desconfiadas y muchas veces enfadadas con todo lo que se haga llamar analista (o “analistos”, como se les acaba llamando).

El objetivo de este artículo es tratar de explicar lo que yo considero las fuentes principales de los errores que se cometen (por parte de los inversores y por parte de los analistas) para poder aprovechar al máximo los consejos de los profesionales, que muchas veces son muy interesantes. En cualquier caso, conviene tener en cuenta que al final más información no significa más éxito. Hay que saber seleccionar y eso uno lo termina aprendiendo solo con la experiencia.

Para empezar, es importante saber distinguir entre un analista de una empresa, un analista independiente, un gestor, un asesor, un ventas… Cada uno tiene su cometido y escuchar a cada uno tendrá sus ventajas e inconvenientes dependiendo del tipo de consejo que estemos buscando. Independiente no tiene por qué significar más fiable al igual que si trabaja para una empresa importante no significa que sea mejor.

Conviene saber que los profesionales que trabajan para las empresas no pueden tener posiciones de trading abiertas en los valores que recomiendan (en algunas compañías no pueden tener ningún valor en su cartera) y que además, las personas que dan recomendaciones no pueden saber qué posiciones de corto plazo tiene abiertas la casa en su cuenta propia y si las sabe debe abstenerse de hablar sobre esos valores. Esto es como todo y seguramente habrá trampas, pero les aseguro (y mucho más en estos tiempos en que prima la transparencia ante el cliente) que no es habitual. Lo bueno de los independientes (y lo malo, claro está) es que no tienen “decisiones de equipo” y por lo tanto son mucho más libres dando opiniones propias.

Lo más importante que tenemos que entender aquí es que aunque se les llame analistas, raramente veremos en los medios lo que en el mundo financiero se conoce como analistas en sentido estricto. Lo que nos encontraremos serán estrategas.

Un analista en sentido estricto tiene una carga de trabajo tan importante que nunca podrá estudiar más de cinco o seis compañías a la vez, por eso en las empresas especializadas los analistas se dividen por equipos. De esta manera, en un consultorio nunca veremos un analista especializado en utilities, básicamente porque el analista sabe muchísimo del sector al que se dedica, pero no tiene por qué conocer otros sectores. Sin embargo los estrategas suelen o trabajar con las recomendaciones de su equipo de analistas o hacer análisis técnico, que sí permite cubrir un número mayor de valores.

El trabajo de un analista consiste básicamente en averiguar el valor de la compañía. El estratega empleará estas valoraciones para conseguir valor en la cartera del cliente.

Solucionado el tema del nombre tenemos que entender que a partir de ahora cuando me refiero a analista o a profesional estoy hablando de un estratega (o si lo prefieren, responsable de inversiones o director de análisis, son sinónimos)

Uno de los errores más comunes suele ser no comprender en qué consiste el objetivo final del trabajo de un analista. En general, se piensa que es acertar la mayoría de las veces, sin embargo el objetivo final es mucho más primario: ganar el máximo dinero a sus clientes. Lo de acertar o no acertar es una cuestión de prestigio y sobretodo de suerte, y en esto habrá años buenos y años malos. Un año malo de pérdidas significa perder un cliente. Sin embargo un año malo de errores sin pérdidas no será tan grave.

El error aquí está en la diferenciación entre ganar dinero y acertar: si yo hago 200 recomendaciones a un cliente en un año y me equivoco en 199 pero gracias a unos stops correctos consigo que el cliente limite su pérdida y en la única operación ganadora consigo que el cliente gane el doble de lo perdido y además bata la inflación del año ¿soy buen o mal asesor? Este es un caso extremo, claro. Normalmente y gracias a la ley de los grandes números al final el analista acertará más o menos el 50% de las veces.

Lo importante será entonces qué esperanza matemática tengan los resultados finales de sus operaciones. Su trabajo por tanto consiste principalmente en seleccionar las acciones con un riesgo bajo en términos de stop (es decir, que la pérdida posible sea muy inferior a la ganancia posible). Ahí es dónde está lo realmente complicado (predecir con seguridad el movimiento no es complicado, es imposible), es a lo que realmente debemos prestar atención y es lo que distingue un analista bueno de uno mediocre.

Otro error habitual es pensar que un analista puede ver el futuro. No voy a entrar en la discusión de si existen o no los videntes, pero con total seguridad si uno pudiera ver el futuro encontraría formas mejores de utilizar ese don antes que dedicarse al análisis de bolsa. Es mucho más ético prevenir catástrofes o mucho más eficaz ganar un par de veces el euromillón. Y si buscamos notoriedad, mucho más rápido predecir acontecimientos de la vida de los famosos.

Así pues, un analista está obligado una vez termine el estudio de un valor que considere interesante a plantear diferentes escenarios posibles, asignarles probabilidades y plantear una estrategia para cada uno de ellos. Un ejemplo muy típico es el de un analista diciendo, si el IBEX supera los 9.220 entonces puede llegar hasta los 9.800, pero si pierde los 9.100 lo más probable es que recorte hasta los 8.500. Señalar diferentes escenarios no significa no “mojarse”, lo que significa es que el profesional entiende que la economía es algo variable y muy complicado de predecir.

En un escenario macroeconómico intervienen tantos factores que no existe mente humana ni de máquina que pueda tener en cuenta todos ellos. Es más, lo que a veces influye negativamente otras lo hace positivamente (véase la inflación, o el precio del petróleo, por ejemplo). La única solución viable es la creación de escenarios (dicho de forma “moderna”, hacer un “stress test”)

Aquí se verá si un profesional es bueno o no dependiendo de la cantidad de veces que el escenario al que asigne mayor probabilidad se cumpla, y sobretodo cómo aproveche las diferentes probabilidades de cada uno de los mundos que plantea. Es decir, debe hacer ganar (o por lo menos, no perder y con no perder incluyo también el coste de oportunidad) dinero a los clientes aunque el escenario que ocurra sea muy diferente al esperado.

Pero los errores más frecuentes, y en ellos la culpa es sobretodo del analista, vienen derivados de sus colaboraciones con los medios (apariciones en televisión, radio, prensa…) Aquí es donde el analista tiene una gran responsabilidad y donde muchas veces falla sobretodo en las formas (y por supuesto, aunque me esfuerce por evitarlo, me incluyo).

En bolsa no hay verdades absolutas, así que todo aquel que pretenda tener la razón se equivoca solo por pretender algo semejante. No es sólo que el analista no tiene una bola de cristal sino que además es más fácil decir que el IBEX va a recortar hasta los 6.000 en la televisión que decírselo a un cliente. Con un cliente uno siempre es mucho más prudente y siempre se le plantean más posibilidades.

También es cierto que la relación con un cliente es mucho más estrecha y ante cualquier duda se le puede llamar para corregir malas posiciones. En cualquier caso, debemos desconfiar de entrada de cualquiera que no plantee por lo menos dos escenarios: uno alcista y otro bajista y sobretodo de cualquiera que nos diga una cifra clara y segura.

Relacionado con este último párrafo otro error es el de quedarse con el titular de la noticia y no molestarse en leer el contenido. Hablar de bolsa no es hablar de fútbol y leer un medio económico no es leer un diario deportivo. Es importante conocer todo lo que ha dicho un profesional antes de valorarlo, no basta con leer el titular, que normalmente puede y debe ser algo sensacionalista para atraer la atención.

Y lo más importante, si no creemos en los profesionales de la bolsa o si pensamos que es imposible predecir los movimientos de la bolsa, tenemos una herramienta potentísima creada principalmente por los premios Nóbel Markowitz y Sharpe: la teoría moderna de la cartera. Gracias a esta teoría (complicada en sus matemáticas, sencilla de entender) podremos obtener rentabilidades acordes con nuestro nivel de riesgo y el movimiento de la cartera (y por lo tanto las comisiones) será mínimo.

No obstante, no espere batir al mercado de esta manera. Aunque claro, otra discusión interesante sería saber si es o no posible batirlo… ¿La dejamos abierta para la semana que viene?

Tomás V García-Purriños García
Asesor Financiero
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