Estados Unidos y China: el diablo está en los detalles

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Da la sensación de que pueden pasar años y seguiremos hablando de la guerra comercial o el Brexit. El viernes parecía el principio del fin de uno de los dos temas más candentes entre la comunidad inversora, pero todo sigue en el aire. Lo que está claro es que, si no hubiese nada que hacer, no habría reuniones entre las dos principales economías del mundo, así que hay que ser optimistas.

La reacción alcista del viernes en Wall Street fue perdiendo fuelle conforme avanzaba la sesión, pero es de destacar que las negociaciones no se rompieran y que los inversores puedan mantener viva la esperanza de un acuerdo. El pacto al que llegaron es sólo verbal, habrá que esperar unas semanas para poner todos los puntos por escrito, y todos sabemos que Trump puede abrir su cuenta de Twitter en cualquier momento y hacer saltar todo por los aires. De momento, no está contemplado quitar los aranceles de diciembre, así que podríamos concluir que se trata de un pacto verbal e incompleto.

Durante la sesión del 11 de octubre, volvimos a tener una lectura positiva a nivel de amplitud con más de 2.000 valores subiendo y 112 nuevos máximos. Al cierre de la sesión, sólo los sectores defensivos cerraron en rojo: utilities, inmobiliario y productos básicos de consumo. Ya hemos comentado en alguna ocasión que el asalto a los nuevos máximos estaba marcado por un exceso de precaución. Veremos si esto no es fruto de un día y, conforme pasan los días, estos sectores van perdiendo fuelle, dejando atrás esta fase de risk-off.

En medio de todo esto, los resultados empresariales parecen relegados a un papel secundario. No hay que olvidar que esta semana muchos gigantes de Wall Street presentarán sus cuentas: Johnson&Johnson, Netflix, Coca Cola o American Express. Especial atención también al sector bancario, con nombres como JP Morgan, Bank of America, Morgan Stanley o Citi en el punto de mira. Esto podría ser el catalizador que las bolsas necesitan para romper sus resistencias, ya que cada vez hay menos a lo que agarrarse desde el punto de vista macroeconómico.

La fuerte presencia internacional de muchas empresas estadounidenses hace que el fin de la guerra comercial sea algo de un valor incalculable, ya que las futuras tasas de crecimiento de la mayoría de las compañías van a provenir de China debido a la aparición de una nueva clase media. Una clase media que, por otro lado, no tendría ningún reparo en consumir los productos patrios de grandes marcas que empiezan a surgir en el gigante asiático en detrimento de las grandes firmas norteamericanas. El futuro del crecimiento económico a nivel global pasa por un acuerdo entre ambas partes en el corto o medio plazo. El mundo queda a la espera.

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