Cabreados con el sistema financiero

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Hace ya más de un año que ocurrió la hecatombe. La administración Bush deja caer al banco Lehman Brothers, ya sea como ejemplo, o porque no tenía idea de le podía pasar. Dos días más tarde, el 17 de septiembre de 2008, EEUU nacionaliza a la aseguradora AIG. ¿Cómo una entidad si y otra no? ¿Con una bastaba el ejemplo? ¿O el pánico que desató la primera hizo imposible dejar caer a la segunda? De todas formas, este rescate costó la nada despreciable cifra de 55000 millones de dólares pagados por el contribuyente.

La derogación a finales de 1999 de la ley Glass-Steagall (promulgada en 1933 por Roosevelt) permitió que la banca de inversión (a la que acuden las empresas a emitir acciones, donde los inversores van a hacerse un fondo de inversión, etc) y la banca comercial (la de préstamos) volvieran a unirse.

Con este procedimiento se hizo más peligroso hacer caer un banco, por una sencilla razón: eran más grandes. Si las actividades arriesgadas de las empresas hubiesen afectado tan sólo a la banca de inversión... habrían quebrado empresas y alguna gente habría ido al paro, pero hubiese sido soportable. Lo que no es de recibo es que las especulaciones de unos directivos volatilizaran los ahorros de miles de personas, eso si es demasiado. El ex-presidente de la Fed Paul Volcker ha pedido que esta ley vuelva. Aunque no nos cebemos tanto con EEUU, ya que en muchas partes del mundo la banca no se fusionó, porque nunca estuvo unida.

Quiero declarar que yo respaldaría cualquier rescate bancario (si es que sirve de algo mi opinión). El problema es único y grave: los rescates bancarios los paga el contribuyente, no nos engañemos, pero cuando el sector bancario obtiene beneficios éstos no son devueltos a las arcas públicas, los beneficios se los reparten los directivos. En este caso la negrita representa indignación y enfado.

Un caso: Como ya se ha dicho, AIG fue nacionalizada (adquirir el 80% de los valores de la empresa es el eufemismo de nacionalizar) el 17 de septiembre de 2008, y el 15 de marzo de 2009, los directivos se reparten 165 millones de dólares pagados por el país de la economía libre, qué ironía. En este caso por lo menos hubo escarmiento. El Tesoro estadounidense dijo a AIG que si querían más ayudas, deberían devolver las primas. Nueve de los diez directivos así lo hicieron.

Otro caso peor todavía: Royal Bank of Scotland (RBS para los amigos), en octubre de 2008, recibió 25000 millones de dólares en forma de rescate financiero. Y ahora se ha propuesto pagar a sus directivos primas más gordas que antes de la crisis. Los directivos presionan al gobierno británico para que aprueben las primas, ya que tiene el 70% del cotarro, y amenazan con que si no aprueban, se producirá una fuga de talentos (dicen que ganarían más dinero en otros países). Hasta qué punto puede ser perversa la actitud de estas entidades, además de que siguen a flote gracias a las ayudas, necesitan pagar bien a los directivos que demostraron una enorme "visión" del riesgo, la visión de que les dieron tortas por todos lados.

Creo que es bastante razonable que si los gobiernos se hacen cargo de las entidades, podrían encargarse de dar créditos, ya que la sequía del crédito se hace cada vez más patente a pesar de los beneficios de los bancos. Es lo económico y moralmente correcto.
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