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El seguro. Luces y sombras

Artículos sobre seguros, los productos financieros y el consumidor.

Etiqueta "Crisis": 11 resultados

Un cuento sobre la banca

Hace mucho tiempo que no colgaba unas líneas en este blog. Os pido disculpas.

Aterrizo de nuevo para compartir con vosotros un vídeo y también un estudio que han realizado dos académicos alemanes acerca del sector financiero internacional tras entrevistar a varios miles de profesionales de los sectores de bolsa, trading y banca. No quiero ofender a nadie y nadie debe ofenderse si su actitud no queda dibujada en este contenido. Si se ve a sí mismo en este cuadro mi consejo como ser humano es que reconsidere lo que hace, antes de molestarse conmigo o con los autores a que me refiero.

Armin Falk, de la Universidad de Bonn y Nora Szech de la Universidad de Bamberg han llegado a la conclusión de que ciertos profesionales del sector financiero tienen dos escalas de valores distintas. Una que utilizan en su vida privada y otra a la que recurren en su vida profesional. En su informe indican a título de ejemplo que “un bróker podría poner objeciones a la hora de comprar una prenda de ropa que manifiestamente haya sido confeccionada por niños o en condiciones de explotación laboral. Sin embargo, no dudaría en comprar y vender acciones de dicha firma textil” llegando a suponer que hablamos de bipolaridad. Afirman que sus entrevistados llegan a afirmar que su comportamiento “justifica cualquier decisión con tal de cerrar una beneficiosa operación monetaria, incluso si causa perjuicios a otras personas”.   Leer más

Tristeza

 

Hace mucho tiempo que no colgaba unas líneas en este blog.
 
Estoy triste, viendo la forma en que un país cargado de oportunistas sucede a otro cargado de oportunidades.
 
Me entristece, profundamente, que los ciudadanos renieguen tan fácil y docilmente a los logros que alcanzaron quienes sufrieron décadas por darnos un mundo mejor. No plantamos cara a quienes nos gobiernan, a quienes dicen que ahora hay que anteponer los intereses de los especuladores y de los Consejos de Administración de la Banca nacional e internacional a aquellos de los ciudadanos.
 
Me entristece, profundamente, que los ciudadanos, aborregados y sumisos sean capaces de tolerar sin más que unas palabras murmuradas los abusos a que son sometidos por una banca agresiva con sus libertades, con su intimidad, con su dinero.
 
Me entristece, profundamente, saber que las cifras del paro dan fe de que en la calle hay más del 20% de los españoles y españolas con capacidad de trabajar. Pero también me da una pena terrible saber que una parte importante de ese 20% tampoco quiso trabajar cuando importábamos trabajadores de otros países porque aquí no los había. Se le llama a eso paro estructural. Como también me da una pena terrible saber que hay otra parte importante de esos dos dígitos que trabaja pero no cotiza, que chupa del esfuerzo de todos y resta de lo que podría servir a otros por pura avaricia. 
 
Me entristece, profundamente, que los derechos por pensiones se recorten endureciendo las condiciones de acceso mientras los lobbies de banca y seguros se frotan las manos pensando en la única alternativa que el Estado deja: ¡Ellos!
 
Me entristece, produndamente, me duele ver que se recortan camas en los hospitales de referencia, que quienes sufren se agolpan en los corredores esperando una cama o mueren en el pasillo como perros. Eso sí, la masa debe acabar pidiendo a gritos un modelo privatizado y esa es la mejor manera de que acabe haciéndolo.
 
Me entristece, profundamente, ver la foto del político arremangado en su despacho (se supone que trabaja) y en la misma página a los niños en clase con el abrigo puesto. Calefacción para uno, frío para todos. Los Mosqueteros pero al revés ¡Qué listos!
 
Me entristece, profundamente, que quienes cuidan de quienes más cuidados necesitan dejen de hacerlo porque nadie paga las subvenciones con que resuelven la vida de tantas personas necesitadas. Muchos seguirán enviando limosnas, como se hacía antaño, a los negritos del África mientras niegan el pan al negrito que vive en el barrio de al lado o el dinero a quien ayuda a nuestros miseros, que no miserables. Los miserables son otros.
 
Me entristece, profundamente, que los Mercados dicten quien debe ser pobre y quien rico en este mundo. Me duele que por la avaricia de los especuladores un país entero pase a ser rehén por décadas de quienes se harán de oro con solo ordeñar sus recursos y a su pueblo. Por todo ello no es casual que en España, gracias a la crísis, esté creciendo el número de millonarios a un ritmo igual o superior en porcentaje al de familias que caen por debajo del umbral de la pobreza.
 
Mientras tanto, amigos míos, seguiremos aprendiendo a especular, a hacer que otro se empobrezca mientras yo gano y a trabajar en algo tan digno como es la economía virtual, esa que no genera riqueza, ni bienes, ni servicios de valor. Esa en la que tan solo hay que referenciar aquello sobre lo que se apuesta para enriquecerse o perder la camisa.
 
Yo seguiré estando triste cuando vea a mi país sufriendo. Haré lo posible por no ser motivo de preocupación para la gente que de mí depende y seguiré arrimando el hombro para que algo de justicia llegue a los cimientos de la sociedad, tan alejados del ático donde se celebra con champán el reparto de bonus, el despido de miles gracias a un ERE (que pagaremos los ciudadanos) o la inversión de las ayudas del fondo creado con dinero de todos en deuda pública, cuyos intereses también pagaremos entre todos.   
 
Ciudadano, llegó el momento de rescatar un mensaje que JFK lanzó a sus compatriotas: 
 
"No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país."
 
A veces hacer algo por alguien a quien amas consiste en dar un puñetazo sobre la mesa, para que sepa que estas cabreado.
 

Un regalo para lo que nos queda de vida.

Espero que disfrutéis estos videos. Suman unos cien minutos pero creo que os pueden ayudar a enfocar vuestras vidas en lo que realmente importa. 

Mi agradecimiento a Óscar Paz quien me los dio a conocer a través del blog de Carlos Biurrun.