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Etiqueta "BCE": 19 resultados

¿Seguirá vigente el “long – short” estrella de 2017?

El BCE tiene un problema: si los inversores siguen comprando euros a mansalva, el programa de estímulo monetario - el famoso QE - no habrá servido de nada.

El mandato del BCE es muy claro: tiene que mantener la estabilidad de precios en la zona euro y, al menos hasta el día de hoy, un IPC anual “cercano al 2%” es lo que los bancos centrales consideran estable y deseable.

Como estábamos muy por debajo del objetivo, el BCE se lanzó a inyectar dinero en la economía, con la esperanza de que dicho estímulo fomentaría el crecimiento y repuntaría la inflación.

Pero esos cálculos no tuvieron en cuenta el profundo cambio económico que se estaba produciendo en la economía mundial y, muy especialmente, en las economías avanzadas. El comercio electrónico, el auge de las energías alternativas, el vehículo eléctrico o hibrido, la robotización y un nuevo modelo laboral donde la capacidad de negociación salarial es cada vez menor, están cambiando la estructura de formación de los precios. Presionan a la baja, es decir, son factores desinflacionista.   Leer más

Siga al dinero

La mayoría de los analistas y estrategas del mercado trabaja con números. A más números, mejor. Existen incluso casos extremos de gente que, a más se equivocan, más números miran. Como si por ver más números fuera a cambiar la dirección del mercado y el resultado de sus inversiones. De hecho, para mí la diferencia entre un buen y un mal estratega financiero no está en que cometa errores – todos los cometemos – sino en su capacidad de analizar sus errores, rectificar a tiempo y sacar conclusiones de los mismos.

Yo por supuesto que miro los números. Son los que nos señalan las grandes oportunidades de compra, o si una tendencia se mantiene dentro de los parámetros de la cordura. Pero, en mi opinión, en los mercados hay varias cosas tan o más importantes que los números. Una de ellas son los flujos de dinero.   Leer más

Don Tancredo, de gira por la Unión Europea

El don Tancredo, o la suerte de don Tancredo, era un lance taurino con cierta afición en la primera mitad del siglo XX. Consistía en que un individuo que hacía el don Tancredo, esperaba al toro a la salida de chiqueros, subido sobre un pedestal situado en mitad del coso taurino.
Wikipedia
 
Una de las cosas más alucinantes que he visto en política en los últimos tiempos – y ya es decir – es la actitud de los políticos europeos de que el riesgo de deflación – y sus consecuencias económicas – es un asunto que no va con ellos. Literalmente.
 
La “estrategia” es la de “ya lo arreglará el BCE”, el cual, inexplicablemente, limita sus críticas a que le dejen solo ante la deflación con frases tipo “hay que hacer reformas”, cuando saben perfectamente que sin una acción política concertada de primer nivel es imposible generar un crecimiento serio en la eurozona, premisa necesaria para evitar una espiral deflacionista.

Como es Suecia, que hasta le funciona el QE

El índice de referencia occidental de la eficiencia, la seriedad, la sanidad, la educación cívica, y no sé cuántas cosas más, suele ser Suecia. Por no tener, casi no tienen corrupción, lo cual para un español es todavía más alucinante que todo lo demás.
 
Pues ahora, como si no les bastara con ser cuasi perfectos, van y les funcionan el QE y los tipos de interés negativos.
 
El banco central de Suecia hace tiempo que empezó su proceso de estímulo monetario. Mucho antes que el BCE. Y también inició antes el proceso de forzar a los bancos a prestar dinero cobrándoles por el que mantenían en las cajas del banco central ¿Les parece fuerte que a la banca de la eurozona le cobren un 0,4% anual por tener su dinero a buen recaudo en el BCE? Pues en Suecia la tasa anual es de casi un 0,6%. Y en estos temas unos “pipos” – puntos básicos/decimales - son una pasta. Los tipos de interés cero o negativos no han frenado el consumo, sino que, sea o no por eso, ha aumentado. ¿Y el paro? Bien, gracias: del 7,6%. Ya lo quisiéramos aquí.

La eurozona, el nuevo D. Tancredo de la economía global

La tentación más habitual cuando en un país surgen problemas de crecimiento es devaluar la divisa. Si quieres vender pero sin que bajen internamente los precios, nada como bajarlos sólo de cara al exterior, es decir, devaluando la divisa.
 
Las devaluaciones pueden ser forzadas por el propio mercado – caso de la mayoría de las divisas emergentes a lo largo de los últimos doce meses -, provocadas por las autoridades – caso de China y sus dos recientes ampliaciones de banda de fluctuación – o simplemente inducidas (bajando, por ejemplo, el tipo de interés que se pagan por tener activos en una determinada moneda).
 
Inducidas, forzadas o provocadas, al final el resultado es el mismo: la divisa en cuestión se devalúa. Si el que devalúa o le devalúan lo hace en solitario el truco funciona: se exporta más. Pero si todos devalúan, la cosa cambia, porque desaparece la ventaja competitiva. Un caso claro son las devaluaciones chinas: si China devalúa obliga a devaluar a todos los países que fabrican y exportan cosas parecidas, los competidores, que son, sobre todo, las economías emergentes.
 
El que peor se queda en caso de devaluación es el que mantiene el valor de su divisa cuando los demás devalúan. Es como el que se queda de pie y sin silla cuando se para la música en el juego de la silla.

Las buenas noticias no venden. Pero hacen subir a las bolsas.

Creo que era en una magnífica película de Willy Wilder donde un periodista decía eso de que las buenas noticias no venden. En la actualidad habría que añadir que tampoco son “trending topic” en Twitter ni objeto de acalorados debates en la redes sociales. El problema es que esto puede llevar a los inversores a ver solo en las malas noticias y actuar en consecuencia.
 
Y, también en consecuencia, dejar de ganar dinero. 

Tamaño, contenido y duración

Tres palabras ha dicho el señor Draghi el jueves que parecen haber pasado desapercibidas en prensa, redes sociales y comunidad inversora. Era su cumpleaños – literalmente - y debió tomárselo muy bien, porque su mensaje fue un regalo para los mercados. Qué pena que los chinos sean más bien lentos de reflejos y no le hayan seguido el juego, porque se habría acabado la corrección bursátil. Llegan a decir algo al día siguiente parecido a lo de Draghi (estaban a lo suyo, de desfile militar)  y la fuerte subida de bonos y acciones europeas habría tenido continuidad global en lugar de desinflarse al día siguiente. Pero ya nos vamos dando cuenta de que cuando los chinos pretenden manejar los mercados carecen de la experiencia y sutileza florentina de don Mario. El método chino va más de encarcelar a quién vende acciones sin permiso. O en gastarse un pastón en comprar acciones para que dejen de bajar (con resultados muy pobres). Les falta un hervor en estas lides.

El primer regalo de Draghi ha sido el hecho de que haya hablado tan claro y tan pronto. Cuando hace unas semanas escribía en otro medio – y en @AlvargonzalezV que me iban a matar por decirlo, pero que no podía evitar pronosticar que Draghi iba a ampliar el QE – por algún motivo la gente se toma como algo personal que el BCE suba, baje o mantenga la masa monetaria -, lo que no imaginaba es que la predicción fuera a cumplirse tan rápido. No ha dado tiempo ni a que me critiquen.

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Lecciones de una crisis

Aunque la tragedia griega no ha finalizado, si es cierto que esta “temporada” de la “serie” está acabando. Tal y como escribí en otro medio, la temporada acababa si o si el 20 de este mes. Se puede dejar de pagar al FMI – con el permiso de EE.UU. -, pero no a la empresa que te pone el riñón artificial, que en este caso no es otra que el Banco Central Europeo (BCE). No puedes estar viviendo del dinero del BCE y no pagarle el crédito que vence el día 20. Y menos cuando has cometido el error de ponerte en sus manos porque, al hacer un corralito, lo primero que hace cualquier griego es sacar todo lo que pueda - y como sea - del banco.
 
La crisis no ha acabado porque ya sabemos que esto es política, no economía. Grecia no debería haber entrado en el euro y no está en condiciones de seguir en él. Y todavía menos con el daño que ha hecho a la economía y a la confianza de los inversores este último episodio. Pero la decisión política es mantenerla dentro y el precio de esta decisión es subvencionar su permanencia. Y tampoco ha acabado políticamente. Al menos en Grecia. Después del “papelón” que ha hecho Tsipras, la inestabilidad parlamentaria está garantizada.
 
Pero de todo se aprende, y también de esto. A bote pronto se me ocurren algunas conclusiones para después de la batalla.
 

No gana nadie

Aunque al final da la sensación de que ha ganado la Troika, la realidad es que le debían 320.000 millones y ahora hay que poner más dinero, no menos. Una parte para pagarse a sí mismos – los europeos -, otra que va a perdonar el FMI y otra más para recapitalizar los bancos griegos, que se han quedado cual cajas de ahorro españolas. Se habla de hasta 25.000 millones de euros para este menester. Y hay que añadir la más que probable – y lógica - ayuda humanitaria. Leer más

El BCE es un banco central, no un bombero

A veces magnificamos las capacidades de los bancos centrales. Y, nos guste o no, el que manda es el mercado. Una cosa es que la decisión del BCE de comprar 60.000 millones de euros al mes en bonos europeos sea ponerles el viento a favor, y otra, considerarla una red de protección como la del circo. Porque la red es real, pero si lo que cae no es un trapecista sino un elefante, la cosa cambia.
 
Es muy sencillo: 60.000 millones son muchos millones, pero si se compara con el volumen de negociación de toda la deuda pública europea en un mes estamos hablando de que el BCE es una fuerte mano compradora, pero no tiene nada que hacer si todo el mundo se pone a vender. Sí, como ha ocurrido, la mayoría de los inversores decide que tener que pagar al estado alemán por prestarle a diez años vista es excesivo y se ponen a vender todos a una porque piensan que la cosa ha ido demasiado lejos, ya puede comprar el BCE, que los bonos europeos bajan.
 
Llevo años apostando por la deuda europea. Al principio porque consideraba  que el motor de la desinflación era más que suficiente para que cayeran los tipos de interés en el mercado – lo que hace subir el precio de los bonos - y, posteriormente, por la entrada en vigor del QE. Respecto a este último he llegado a decir al inicio que en una situación normal era como “tirar a balón parado”. Por “normal” entiendo un escenario sin cambios significativos, como que salga un dato de inflación o crecimiento  que sorprenda al mercado o que simplemente le entre mal de altura a los inversores. Porque fuera de la normalidad la red de seguridad se desmantela. Porque no existen redes de seguridad si el mercado decide que algo no vale lo que cuesta.
 
No es la primera vez que vemos algo así, pero seguimos pensando que los bancos centrales son omnipotentes. Hace nada, uno de los bancos centrales más ricos del mundo, el de Suiza, tuvo que tirar la toalla ante la presión – en este caso compradora  - del mercado. Muchos inversores internacionales buscaban refugio frente a la caída del euro y compraban francos suizos. Y a veces hasta los propios banqueros centrales se creen más fuertes que el mercado. Así fue el caso del de Suiza, que puso un límite a la apreciación del franco y ya ven donde ha acabado el límite. Todavía lo están buscando.
 
Otro que sabe mucho de esto es George Soros, que vio que la libra no pintaba nada en lo que se llamó el “Exchange Rate Mechanism”, el embrión del euro. Y el solito – bueno, con la ayuda de cierto apalancamiento y algunos colegas especuladores como él– se puso a vender libras a crédito para especular contra la absolutamente artificial banda de fluctuación establecida en el sistema (otra red). Acabo obligando al Banco de Inglaterra a sacarla del “mecanismo” y ganó 1.000 millones de dólares en el proceso.
 
La corrección que ha sufrido el mercado de bonos ha puesto de manifiesto muchas cosas interesantes (ver “El discreto encanto de las correcciones”), pero hay una que no mencioné en mi artículo anterior:
 
el BCE es un banco central, no un bombero.
 
Es más, y esto es una opinión personal: si yo fuera el Sr. Draghi, no habría hecho nada por frenar esta corrección, porque tal y como iban las cosas estaba a un cuarto de hora de tener que comprar bonos alemanes a diez años con tipo negativo, y una cosa es comprar bonos a tipo bajo – los mantienes hasta el vencimiento y listo, que para eso eres el BCE – y otra tener que pagar a varios estados europeos por prestarles dinero. Es más, según lo escribo pienso que si yo fuera el Sr. Draghi habría cogido unos cuantos bonos y habría echado un poco de leña al fuego para poner las cosas en un sitio y que me resultara más cómodo si tengo que seguir comprando miles de millones de euros hasta septiembre. Pero no me crean: es pura teoría de la conspiración ….
 
¡Que tengan una buena semana!
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¿Y yo, cuándo vendo mis bonos?

En Noviembre publiqué un libro -“¿Y yo, que hago con mis ahorros?” (Deusto) – uno de cuyos objetivos era ayudar al inversor conservador a obtener una rentabilidad superior a la que ofrecen actualmente los depósitos bancarios (otro era evitar que le den “gato por liebre” al comprar productos financieros). Y una de las recomendaciones era que invirtiera parte de sus ahorros en bonos europeos. O más concretamente, en fondos de renta fija europea, pues para un particular es mucho más sencillo y fiscalmente eficiente invertir en bonos a través de fondos de inversión que comprar directamente los bonos.
 
La recomendación se ha “pasado” de buena porque desde entonces el precio de los bonos ha subido como la espuma, al calor del proceso de estímulo monetario masivo del Banco Central Europeo (BCE), el ya famoso QE, que consiste precisamente en comprar cantidades ingentes de bonos públicos y privados de la zona euro como forma de inyectar liquidez en el sistema financiero de la eurozona. Y claro, cuando “alguien”, en este caso nada más y nada menos que el BCE, compra 60.000 millones de euros al mes, lo que compra sube. Pura ley de la oferta y la demanda. Y era el motivo principal por el que recomendaba que una parte del patrimonio del inversor conservador – y no tan conservador – fuera a este tipo de fondos. Leer más

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