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Planificación financiera y patrimonial

Etiqueta "Economía": 8 resultados

El futuro drama de ser jubilado

Mucho se ha escrito en las últimas semanas (casi puedo hablar de meses…) sobre el tema de las pensiones en España. Y la verdad es que, sin hacer muchos números, cualquiera puede darse cuenta de que, a menos que sea pensionista o este próximo a la jubilación, cobrar una pensión “decente” en este país va a ser misión imposible.

Parece bastante claro que factores como el descenso de cotizaciones y cotizantes, una pirámide poblacional invertida y un modelo de gestión que no se supo (o no se quiso) modificar a tiempo, y que ahora se contempla casi como una estafa piramidal, otorgan una importancia cada vez mayor a la generación de ahorro privado destinado a cubrir las necesidades que surjan en el momento de nuestro cese de la vida laboral.

Sin embargo, existen ciertos “nubarrones” que se ciernen sobre el ahorro privado (en general) destinado a las pensiones (en particular), nubarrones que de cuando en cuando asoman a la opinión pública pero sin mucho ruido, ya que no conviene (a quienes los gestionan) que el público en general esté alerta. Y si la crisis del sistema público de pensiones puede generar dolores de cabeza, no digamos estos nubarrones…   Leer más

La podredumbre política

Quiero ser muy claro desde el principio: este post va a tener muy poco que ver con ideas de inversión en fondos, planes de pensiones o cualquier otro activo financiero. Aunque, como comprobaran, si tiene que ver con nuestros bolsillos.

Todas las ideas que expondré a continuación parten de un tweet que, hace unas semanas, pude leer y, por supuesto, contestar:

Barroso

 

Los que me hayan leído asiduamente, saben que intento abstraerme del ruido del día a día; asimismo, saben que no soy precisamente un analista político. En este país hay muchos, algunos muy buenos, y, seguro, mejores que un servidor.

Pero, sinceramente, creo que los políticos no solo pueden poner en peligro la recuperación económica con sus decisiones: Son los que nos han llevado a la crisis actual, los que nos mantienen en ella y los que pretenden mantenernos en ella una buena temporada. Y quede muy clara una cosa: no hablo ni a favor ni en contra de ninguna idea. El problema viene de todos los lados y no es exclusivo de España, ya que muy pocos países (por no decir ninguno…) se salva de la mediocridad (cuando no bajeza absoluta) imperante en la clase política. Sirvan como ejemplos lo ocurrido recientemente en Italia (donde alguno acumula tanto poder que se cree por encima del bien y del mal) o EE.UU. (donde los políticos están dispuestos a dejar quebrar el país antes de ceder ante ideas distintas a las propias).   Leer más

Carta abierta a un ahorrador indignado

Estimado Sasha,

me permito contestar a tu intervención en mi anterior post a través de este, ya que creo que planteas una serie de cuestiones lo suficientemente interesantes como para que sean tratadas en el blog.

Antes de nada, deduzco de tus palabras que tus padres se han visto afectados por las quitas de las preferentes de Bankia. Si es así, lo lamento, sinceramente, y espero que puedan recuperar todo lo que puedan de dicha inversión.

Planteas en tu comentario varios temas entremezclados, e intentaré contestarte a todos ellos.

En primer lugar, ironizas sobre cómo formar al gran público. Vaya por delante que, de todos los colectivos que mencionas, creo que al menos uno puede y debe formarse en temas económicos de carácter general: los estudiantes. ¿Tan malo es que un joven de 17-18 años acabe su enseñanza secundaria sabiendo qué es el Euribor, o que implica endeudarse o cómo puede gestionar su propia economía? Conceptos básicos, nada de complicadas formulas, lo necesario para poder defender sus intereses como adulto. ¿Tan malo resulta? En mi opinión, no, y es algo de lo que hemos carecido y creo que en su mayor parte carece la sociedad. Y teniendo en cuenta lo ocurrido en los últimos años, tal vez le hubiese ahorrado muchos disgustos a mucha gente…   Leer más

Los productos estructurados y la cuadratura del círculo

Uno de los productos que más han proliferado en los últimos años son los estructurados. En sus múltiples variantes (Depósitos, simples o combinados con depósitos tradicionales, bonos, notas, seguro de ahorro, etc.), este tipo de productos ha sido ofrecido a innumerables ahorradores que, hartos de ver como sus inversiones bursátiles no dejaban de perder dinero, veían en este tipo de productos una excelente oportunidad de obtener unos buenos beneficios sin necesidad de poner en riesgo toda su inversión. Pero, ¿existe la cuadratura del círculo?

 
En primer lugar, cabe preguntarse ¿qué es un producto estructurado? Podemos definir un producto estructurado a cualquier tipo de producto cuya rentabilidad y/o duración depende de la evolución de uno o varios valores o índices bursátiles (aunque existen y han existido también productos dependientes de la evolución materias primas, tipos de cambio, índices de precios o índices de Renta Fija como el Euribor), a los cuales definimos como subyacentes.
 
La composición de este tipo de productos suele ser muy similar a la de un fondo de inversión garantizado, con una parte (la mayoritaria) invertida en un título de Renta Fija que suele garantizar al menos una parte del importe invertido (otra característica bastante común, aunque no todos los estructurados sean garantizados) y el resto (que suelen ser todos o parte de los intereses que genera ese bono) invertido en un derivado, generalmente opción exótica, sobre el subyacente o la cesta de subyacentes elegidos. La principal diferencia con los fondos garantizados es que los estructurados suelen tener la posibilidad de auto cancelarse antes de la fecha de vencimiento prevista si se dan una serie de circunstancias predefinidas, hecho que no se da en los citados fondos. Suelen ser, asimismo, productos alcistas, es decir, donde se obtiene dinero si el subyacente sube, aunque también existen estructurados bajistas.
 
Otra característica común a todos ellos es la complejidad de los contratos. He tenido la oportunidad de analizar un buen número de contratos de este tipo de productos y, en algunos casos he necesitado leer los contratos más de 5 y 6 veces… para empezar a vislumbrar como funcionaban las formulas de calculo que proporcionaban los valores determinantes de la rentabilidad del producto (y en algún caso, todavía me daba a cuenta a posteriori de que había cometido un error…).
 
Pese a ello, su funcionamiento suele poder explicarse de forma muy sencilla, con el fin, entre otros motivos, de que el posible inversor pueda centrar su atención en el tipo de interés de los cupones que puede cobrar, o en que podrá ver como gana dinero si la bolsa sube y no perderlo si baja…, aunque eso no siempre sea así…
 
En mi opinión, los productos financieros son “buenos” o “malos” en función del resultado que obtenga el inversor, no debiendo desechar de mano ninguno. En este caso, han existido autenticas “joyas” que han permitido obtener a sus inversores rendimientos del 5, 8 o 10%, con subidas del subyacente inferiores al 1%.
 
Sin embargo, y por desgracia, no puede decirse que la mayoría hayan obtenido resultados si quiera similares. Lo cierto es que la gran mayoría de inversores en estos productos han recibido, en el mejor de los casos, el importe invertido, cuando no una sustancial pérdida en sus inversiones. Pocos son los que pueden decir que hayan obtenido rentabilidades positivas, y aun menos los que hayan podido obtener rentabilidades por encima de las ofrecidas por alternativas como los fondos de inversión.
 
El motivo de esta situación es claro. Las entidades, a la hora de montar este tipo de productos, utilizan aquellos subyacentes que, estando entre los más conocidos para el público general, tengan las mayores probabilidades de caer en bolsa, con el fin de ofrecer rentabilidades lo más atractivas posibles; otra opción es utilizar subyacentes muy conocidos y fórmulas de cálculo lo suficientemente complejas como para evitar que, aunque se dé un ciclo alcista, el producto no solo devuelva el principal sino que, además, no pague cupones.
 
Ejemplos de estas situaciones hay cientos, aunque me quedaré con uno, no especialmente negativo, y un detalle para la reflexión.
El ejemplo es el de una Nota Garantizada a dos años de CaixaBank que toma como subyacente el Ibex 35. Este producto garantiza tanto el capital como un cupón anual del 3,25%, así como un cupón del 8% a fecha de vencimiento en caso de que la suma de rendimientos del índice durante los 24 meses que dura el contrato sea positiva, computando para ello el 100% de las caídas y las subidas, con un límite, en este último caso, del 1,00%. Durante el periodo de comercialización, a principios del presente 2012, tuve la oportunidad de analizarlo y, teniendo en cuenta que tomaba la cotizaciones de referencia los días 28 de cada mes, o inmediatamente posterior, pude comprobar que, tomando los datos históricos del Ibex, el citado cupón extra se habría cobrado en 14 de 229 ocasiones posible, es decir, la probabilidad de obtener el cupón ascendía a un 6,11%. El resultado, el esperado: desde mayo, los titulares del producto saben que solo cobrarán los cupones anuales del 3,25%, nunca el 8% extra.
 
La reflexión es que, en caso de que les ofrezcan este tipo de productos y considere que encaja tanto en su perfil inversor, como en su cartera, opten por productos cotizados, ya que a veces una venta a tiempo, previa al vencimiento, supone la diferencia entre ganar y perder dinero. Tengan en cuenta un par de datos. Casi diariamente puedo comprobar la evolución en la cotización de unos 170 productos estructurados. Actualmente, un 40,83% cotiza con pérdidas de hasta el 20% o beneficios; el casi 60% restante, tiene pérdidas superiores a ese 20%, aunque hay que decir que hace menos de 6 meses, el porcentaje de estructuras con pérdidas superiores al 20% suponía…  el 81,64% de las estructuras.
 
A partir de aquí, pueden ustedes opinar sobre si existe o no la cuadratura del circulo…
 
PD: Me permito desearles desde aquí  unas muy felices fiestas a todos los lectores de este blog, deseando que hasta el momento les haya sido de alguna utilidad, y que lo siga siendo en 2013. Y como un poco de optimismo no viene mal, aquí les dejo una felicitación que creo transmite un mensaje que conviene recordar en los tiempos que corren…
 
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Productos de Ahorro/Previsión: Características de P.I.A.S. y Seguros de Ahorro

 

Continuando con el análisis que comenzamos en el post de la semana pasada, repasaremos, a continuación, las características de aquellos productos de Ahorro/Previsión no destinados específicamente a la jubilación, diferenciando entre aquellos productos que mantienen ventajas fiscales (los P.I.A.S.) de los que no las tienen (Seguros de Ahorro, Planes de Jubilación (que no de Pensiones, importante matiz), Unit Link…); con respecto a estos, solo haremos una excepción, los Seguros de Ahorro Estructurados, productos que analizaremos más adelante junto con sus “primos” (Depósitos, Bonos, Notas, etc.).

Un Plan Individual de Ahorro Sistemático (P.I.A.S.) no es más que un seguro de ahorro que, con una serie de limitaciones, referentes a las aportaciones y periodo mínimo de duración de la inversión, proporciona unas ventajas fiscales a la hora de rescatar las aportaciones realizadas. Las mencionadas limitaciones afectan tanto a las aportaciones anuales (con un máximo de 8.000€) como al total aportado (con un máximo de 240.000€), así como a la duración mínima del producto (debe haber transcurrido al menos 10 años desde la aportación de la primera prima), además de que tomador, asegurado y beneficiaron han de ser obligatoriamente la misma persona. Además, el producto tiene que denominarse específicamente P.I.A.S. (si bien, los seguros de ahorro o planes de jubilación que cumplan las limitaciones descritas anteriormente y hayan sido contratados con anterioridad al 1 de enero de 2007 podrán acogerse a las ventajas fiscales siempre que se traspasen a un P.I.A.S. antes de ser rescatados) y solo puede existir un contrato por cliente. Cumpliendo todas estas características, el cliente que constituya una renta vitalicia al rescate del mismo podrá ver reducido el porcentaje de renta sujeta a tributación (a través de la base imponible del ahorro) de manera sustancial, y en función de la edad del titular; así, si constituimos la citada renta vitalicia a una edad inferior a los 40 años, el porcentaje de la misma sujeto a tributación asciende a solo el 40%, pero si la constituimos con más de 70 años, el porcentaje sujeto a tributación se reduce a tan solo el 8%. En todo caso, tanto los porcentajes sujetos a tributación como la carga máxima efectiva que soportará el titular del contrato quedan descritos en la tabla adjunta:   Leer más

Renta fija: ese gran desconocido

Dada la seguridad y la rentabilidad que aporta, la Renta Fija debe ser considerada como el núcleo central de nuestras inversiones, ya que, como ya hemos indicado, sea cual sea nuestro perfil, debe tender a sobreponderarse frente a la Renta Variable a medida que nos vayamos acercando a la jubilación.
 
Existen tres formas de acercarse a este tipo de productos: a través de la compra directa de títulos, a través de productos de ahorro / previsión (seguros de ahorro, P.I.A.S., P.P.A., P.P.I., etc.) y fondos de inversión.
 
Con respecto a la primera de ellas, existe un fenómeno muy curioso. Estoy convencido de que mucha gente respondería afirmativamente si preguntásemos si alguna vez han contratado letras o bonos del estado, incluso pagares de bancos, aunque si preguntásemos si alguna vez han contratado Renta Fija, las respuestas afirmativas descenderían notablemente. Al contrario de lo que ocurre con las acciones (que se identifican sin problemas con la Renta Variable), la multitud de nombres aplicados a este producto, así como la "curiosa" costumbre de algunas entidades de incluir dentro de esta categoría a los productos estructurados, hace que mucha gente no tenga claro que tipo de productos engloba esta categoría de activos.
Y es que existen multitud de productos que pueden encuadrarse en esta categoría. Desde los Pagares o Letras del Tesoro hasta las tristemente famosas Acciones o Participaciones Preferentes, pasando por los Bonos, las Obligaciones (en ambos casos, Senior, Subordinada y/o Convertibles en acciones) o las Cedulas Hipotecarias, emitidos tanto por organismos públicos (incluidos gobiernos o entidades supranacionales) como por empresas.
 
Todos ellos tienen en común un funcionamiento muy similar al de los depósitos. Es decir, el cliente invierte un importe y, de manera periódica (o a vencimiento del producto), recibe una remuneración, denominada “cupón” (y que puede ser fijo o referenciado a algún índice interbancario, como el Euribor o el Mid-Swap) por prestar su dinero al emisor del titulo. Esa remuneración depende fundamentalmente del riesgo percibido por la inversión realizada, riesgo que depende de tres factores fundamentales.
Por un lado, el plazo al que esta emitido el titulo. Por regla general, a mayor plazo, mayor cupón debe pagar el emisor, ya que, obviamente, el riesgo asumido es mayor. El segundo factor a tener en cuenta es el riesgo asumido por el tipo de titulo emitido; podemos distinguir hasta tres tipos de emisiones (de mayor a menor riesgo asumido): Preferente, Subordinada y Senior. La diferencia entre las 3 es el orden de prelación de cobro en caso de quiebra y liquidación del emisor, siendo los primeros en cobrar los titulares de Deuda Senior y los últimos (solo por encima de los accionistas) los Preferentes. Cabe destacar que, en el caso de las entidades financieras existe una cuarta categoría, la de las Cedulas Hipotecarias, situada por encima de la deuda senior al estar "sobregarantizada", entre otros factores, por el respaldo de un activo concreto, como es el conjunto de la cartera de prestamos hipotecarios (teóricamente de alta calidad) de la entidad.
 
Finalmente, el ultimo de los factores de riesgo, y que subyace en todos ellos, es el riesgo de quiebra del emisor, que implicaría la perdida, total o parcial, del importe invertido. En este punto es donde entran en juego las ya famosas agencias de calificación de riesgo, ya que su calificación del emisor nos indica un nivel aproximado del riesgo que estamos asumiendo en nuestras inversiones. Cada una tiene su propia clasificación, aunque todas coinciden en establecer dos categorías principales: el grado inversión, que engloba a aquellos emisores cuya situación financiera es mejor (lo que implica una remuneración menor) y el grado especulación, o High Yield (también conocidos como “Bonos Basura”), que engloba a aquellos emisores que se encuentran en una situación financiera más delicada. Pese a que la actuación de estas agencias ha sido puesta en entredicho en múltiples ocasiones, sus análisis merecen ser tenidos en cuenta a la hora de realizar inversiones en este tipo de instrumentos (cabe destacar los análisis que realiza la agencia Egan Jones, quizás no muy conocida, aunque, sin duda, la que refleja de manera más cruda la situación de los emisores).
 
En todo caso, y esta es una de las principales diferencias con los depósitos (junto con la ausencia de cobertura por el F.G.D.), el hecho de que estos instrumentos coticen en mercados secundarios hace que este valor, su cotización, nos proporcione una imagen fiel del nivel de riesgo que estamos asumiendo en cada inversión, ya que, a su vez, será nos proporcionara la T.I.R. de la inversión, es decir, la rentabilidad anual promedio que obtendremos en caso de mantener nuestra inversión hasta su vencimiento y, no tengan duda, cuanto mayor sea esta rentabilidad, mayor será el riesgo que estamos asumiendo. Si bien es cierto que, dado que la situación financiera de los emisores evoluciona a lo largo del tiempo, podemos encontrarnos con que títulos con rentabilidades muy altas (por encima del 7%) pasan con el tiempo a ser consideradas como inversiones "seguras", y viceversa, como le ha sucedido, por ejemplo, a la deuda publica española en los últimos años.
renta-fija-españa
Continuará...
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La gran pregunta

Una vez que tenemos ordenado nuestro patrimonio, es el momento de hacernos la  gran pregunta: ¿Es correcta la estructura de inversión que tenemos, es la adecuada para mi edad y mi perfil de riesgo?

Existen varios factores que son fundamentales a la hora de tener claro cual puede ser nuestra estructura de inversión óptima.

En primer lugar, tenemos que ser plenamente conscientes de qué hitos nos vamos a encontrar en el camino, es decir, qué situaciones conocidas en este momento van a provocar un replanteamiento en nuestra situación patrimonial, al tener que disponer de una parte del mismo. Desde la compra de una vivienda al pago de la formación de nuestros hijos, todos deben ser tenidos en cuenta, ya que existe un buen número de productos en los que el plazo de la inversión es un elemento fundamental. Por ejemplo, si necesitásemos disponer del dinero en dos años, seria peligroso comprar un bono cuyo vencimiento tuviese lugar dentro de cinco. Por tanto, resulta fundamental que el dinero que destinemos a este tipo de necesidades ya previstas sea invertido en activos con un nivel de riesgo bajo (aunque podamos elevarlo cuanto más lejana en el tiempo se sitúe la necesidad) y en instrumentos que presenten un muy elevado nivel de liquidez o cuyo vencimiento se produzca antes de la fecha prevista de uso del mismo.   Leer más

Preparando la maleta

Los elementos básicos para la elaboración de nuestro Plan Patrimonial son el ahorro que generamos y nuestro patrimonio personal, en especial el financiero e inmobiliario. Son, de alguna manera, el equipaje que va a acompañarnos.

En lo que respecta al ahorro que generamos, poco debemos comentar. Una simple formula, ingresos menos gastos, bien sean reales o estimados, y obtendremos esta cifra, sencilla pero fundamental para determinar el impacto de cualquier imprevisto.

En cuanto a la composición de nuestro patrimonio, es muy importante tener claro qué elementos forman parte de él, como si del balance de una empresa se tratase. Existen múltiples formas de realizar esta tarea, aunque, personalmente, hay dos que, siendo complementarias, creo que resultan muy útiles. Hoy nos centraremos en la más directa.   Leer más

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    Daniel López Vega. Analista financiero y patrimonial. Asesor Financiero Independiente. Apasionado de los mercados desde hace casi 20 años. Y bloguero en los ratos (pocos) libres...

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