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Planificación financiera y patrimonial

Etiqueta "Bancos": 10 resultados

¿Hay vida más allá del depósito?

Sin ninguna duda, el producto estrella de las inversiones financieras en España ha sido, tradicionalmente, el depósito bancario; este tipo de producto proporcionaba al cliente la seguridad de tener su dinero “más o menos” disponible y, mientras no necesitase el dinero, podía proporcionarle una rentabilidad razonable, sabiendo que sus ahorros estarían seguros y no sufriría ningún tipo de problema. Evidentemente, los tipos ofertados en estos productos varían a lo largo del tiempo (no hace tantos años podíamos ver depósitos al 9 o 10%, incluso más), pero esta circunstancia es asumida por el cliente como algo natural.
 
Sin embargo, un aspecto que no suele tenerse en cuenta es el aspecto fiscal de las inversiones, y es aquí donde el factor del asesoramiento se vuelve muy importante para aquel tipo de inversor que quiere su dinero en activos lo más seguros posibles, pero, si es posible, mejorando su rentabilidad.
 

Depósitos vs Fondo de inversión monetario

Por este motivo, surge la duda: ¿Realmente un fondo de inversión monetario puede competir con un depósito?¿Puede proporcionar al cliente mejores rentabilidades con un nivel de riesgo similar?
Evidentemente, el conocer la rentabilidad inicial proporciona un grado de seguridad que el fondo de inversión no puede alcanzar, y el hecho de que sea un producto cotizado no ayuda a que sea percibido como un riesgo similar, pero, sin ninguna duda, los fondos cuentan con una ventaja inicial: la disponibilidad. En este caso, el dinero no está “cautivo”, por lo que el cliente puede retirarlo en cualquier momento sin que nadie nos ponga pegas al realizar esta operación.
 

Pero, ¿realmente los depósitos son más rentables?

Para responder a esta cuestión, hagamos números. Supongamos una persona que, a finales de 2007, se plantea realizar una inversión de 10.000,00 €, que no va a necesitar, en un depósito a un año (el plazo más habitual) y, para ello, busca cada año la entidad que le ofrezca el mejor depósito sin que esto suponga la contratación de productos accesorios; asimismo, el inversor no necesita este dinero, por lo que va renovando esta operación año a año, aunque siempre buscando la mejor opción en el mercado. En este sentido, y para simplificar el cálculo, vamos a suponer que el cliente invierte el día 1 de enero de cada año los 10.000 € más los intereses obtenidos en la oferta más alta del mes de enero de cada año. Con ello, y si uno hace números, podrá comprobar que este cliente habrá obtenido hasta este año una rentabilidad promedio de un 4,28%, lo cual no está nada mal… pero, realmente, ¿ha obtenido esta rentabilidad? La respuesta es clara y sencilla: No.
 
El motivo es muy sencillo: nuestro “socio invisible” toma todos los años su parte del beneficio, por lo que dicha rentabilidad promedio se reduce, en realidad, a un 3,44%, que, dicho sea de paso, supone batir a la inflación del mismo periodo, situada en el 1,66%.
Por otro lado, otra persona en idénticas circunstancias, decide realizar la misma inversión, pero en un fondo monetario; para ello, tomamos como referencia los resultados de dos de los mejores fondos del mercado. El resultado es claro:
depósito
 
Pese a batir a la inflación, un 3,03% de rentabilidad promedio es insuficiente para batir a los mejores depósitos.
Sin embargo, y reconociendo que cada vez más inversores buscan esta información, siguen siendo mayoría los que, como mucho, consultan dos o tres entidades (evitando los inconvenientes de ir abriendo cuentas en varios bancos o buscando la seguridad de aquellas entidades con imagen de solvencia), con las que suelen llevar trabajando varios años y, el que mejor interés ofrece, se queda con el depósito… pero ese interés suele distar mucho de los intereses que pagan los depósitos antes indicados, por lo que no conviene desechar aún los fondos monetarios. Asumiendo que en este caso, la rentabilidad de los depósitos es el 75% de lo que ofrecían los mejores depósitos (es decir, si el mejor depósito ofrecía un 4%, supondremos que estas entidades ofrecen un 3%), veamos que ocurre…
Fondo inversión monetario
 
¡Sorpresa! La elección de un buen fondo monetario supone haber mejorado las rentabilidades obtenidas por un depósito medio en los últimos 6 años, como queda claro en el siguiente cuadro:
 
De hecho, pese a que lo que ocurrido en 2012 pueda tomarse como una excepción (donde el fondo bate al mejor de los depósitos que en enero había en el mercado, teniendo en cuenta los impuestos), puede que sea la futura tendencia. La recomendación de Banco de España de limitar la rentabilidad de los depósitos ha hecho que estos reduzcan significativamente su remuneración (hasta el 1,75% a un año), pero sólo para los particulares. Si observamos la cartera de los 2 fondos de inversión utilizados, podemos comprobar que aún disponen de depósitos con rentabilidades en torno al 3%, lo que hace de ellos opciones más atractivas que un depósito, no sólo por su disponibilidad y su fiscalidad más favorable, como sucedía hasta ahora, sino también por su rentabilidad.
Todo ello, sin olvidar que, en función del perfil inversor que tengamos y los importes que deseemos invertir, existen otras dos alternativas a tener en cuenta frente a los depósitos: los seguros de ahorro y los títulos de Renta Fija.
 
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Regalos y Planes de Pensiones

Una de las inequívocas señales de que el final de año se acerca son las campañas que comienzan a verse en las entidades financieras, invitándonos, con toda clase de regalos, a invertir parte de nuestros ahorros en algún plan de pensiones, generalmente el plan “estrella”(do) del año; desde cualquier clase de equipamiento para el hogar (TV, tablets, consolas de videojuegos, sartenes, edredones…) hasta alimentos gourmet, pasando por invitaciones a grandes eventos deportivos desde lujosos palcos, depósitos extratipados o bonificaciones (bien sea en dinero contante y sonante o en forma de participaciones a coste cero…) puras y duras, cualquier regalo es interesante para poder atraer clientes hacia la gama de productos que más necesite la entidad en cada momento. Pero, ¿nos interesa obtener estos regalos a cualquier precio?
Obviamente, la respuesta es no.
 
Por lo general, este tipo de regalos no es gratuito; para poder acceder a ellos debemos de consentir que la entidad disponga de nuestro dinero o inversiones durante un periodo estipulado de tiempo (generalmente años), o contratar un tipo de producto que puede encajar en nuestra filosofía de inversión o (si disponemos de ella) en nuestra planificación financiera… o no. Y es en este punto donde debemos ser especialmente cuidadosos.
Porque, ¿es conveniente sacrificar parte de nuestras inversiones o de nuestro plan financiero en aras de obtener determinado beneficio?
En este sentido, me ha llamado la atención este post de hace unas semanas en GurusBlog; en él, podemos leer cómo la directora de una oficina de CaixaBank trata de retener a un cliente que quiere traspasar sus planes de pensiones (uno de ellos garantizado, qué raro!!!) a un plan de Bestinver. Para ello, aparte de realizar unas afirmaciones cuando menos discutibles respecto a Bestinver, tildándola casi de chiringuito financiero (lo que denota una profunda incultura financiera o la presuposición de que el cliente es tonto… extraño, ¿verdad?), le ofrece como regalo o “premio” un 2-3% del total que mantuviese en estos planes, abonando estos porcentajes directamente en cuenta corriente. ¿Le compensa a esta persona mantenerse en CaixaBank?
 

Bestinver

En este caso, tenemos la suerte de conocer las tres alternativas que maneja el cliente, por lo que podemos ver qué habría pasado en los tres casos si hubiese depositado el dinero de sus planes de pensiones en cada uno de ellos, teniendo presente que uno de los planes de Vida Caixa es de Renta Variable española y no europea, como los otros dos (y que, por descontado, rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras). Como una imagen vale más que mil palabras, les dejo el gráfico de lo que hubiera pasado con 10.000,00€ invertidos a finales de 2005:
 
bestinver
 
Evidentemente, cabe pensar que, pese a que el PlanCaixa Bolsa III lo hace mejor durante los 4 primeros años, en el largo plazo la mejor elección es, sin duda, el plan de Bestinver; pero, incluso suponiendo que ese 3% de regalo fuese invertido íntegramente en alguno de los planes de Vida Caixa, y variando las fechas en las que fuese realizada la inversión (tomando como referencia estática la fecha final), solo en un caso de 21 posibles uno de los planes de la Caixa (el Selección) es capaz de batir al Bestinver.
Por tanto, y ciñéndonos al plano estrictamente financiero, en este caso el regalo ofertado por la entidad no compensa en absoluto la falta de calidad de los productos ofertados.
 
Y es que este es el gran problema de los regalos/premios/promociones/obsequios que ofrecen las entidades: en su mayor parte suelen utilizarse para ocultar las carencias que los productos incluidos mantienen frente a la competencia, no compensando en la gran mayoría de los casos el menor rendimiento obtenido con los productos promocionados frente a sus comparables.
 

Evitar los regalos

En todo caso, y dado que no siempre estas promociones responden a esta estrategia de “disimular carencias propias”, conviene tener presente algunos detalles para evitar que estas promociones perjudiquen nuestra situación patrimonial: tener muy clara la mecánica de la promoción (leer detenidamente las bases de la misma o exigir los detalles por escrito en caso de que sean promociones “personalizadas”), en caso de que el obsequio sea en especie, como televisores, tabletas… conocer el valor del mismo (que debería de estar especificado en las bases), recabar información sobre la fiscalidad aplicada (en muchos casos, supone un rendimiento de capital mobiliario, a tener en cuenta en la próxima declaración del I.R.P.F.), analizar nuestras necesidades y nuestro horizonte de inversión en caso de que se exija la inmovilización de las inversiones durante un periodo de tiempo determinado (que puede llegar a varios años) y, sobre todo, y especialmente en caso de que la promoción se ciña a un determinado producto, analizar las alternativas existentes en el mercado, con el fin de determinar el beneficio, tanto presente como futuro, que podríamos obtener en cada caso.
Siguiendo estos pasos, podremos estar tranquilos: ningún regalo vendrá “envenenado”…
 
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El futuro drama de ser jubilado

Mucho se ha escrito en las últimas semanas (casi puedo hablar de meses…) sobre el tema de las pensiones en España. Y la verdad es que, sin hacer muchos números, cualquiera puede darse cuenta de que, a menos que sea pensionista o este próximo a la jubilación, cobrar una pensión “decente” en este país va a ser misión imposible.

Parece bastante claro que factores como el descenso de cotizaciones y cotizantes, una pirámide poblacional invertida y un modelo de gestión que no se supo (o no se quiso) modificar a tiempo, y que ahora se contempla casi como una estafa piramidal, otorgan una importancia cada vez mayor a la generación de ahorro privado destinado a cubrir las necesidades que surjan en el momento de nuestro cese de la vida laboral.

Sin embargo, existen ciertos “nubarrones” que se ciernen sobre el ahorro privado (en general) destinado a las pensiones (en particular), nubarrones que de cuando en cuando asoman a la opinión pública pero sin mucho ruido, ya que no conviene (a quienes los gestionan) que el público en general esté alerta. Y si la crisis del sistema público de pensiones puede generar dolores de cabeza, no digamos estos nubarrones…   Leer más

Carta abierta a un ahorrador indignado

Estimado Sasha,

me permito contestar a tu intervención en mi anterior post a través de este, ya que creo que planteas una serie de cuestiones lo suficientemente interesantes como para que sean tratadas en el blog.

Antes de nada, deduzco de tus palabras que tus padres se han visto afectados por las quitas de las preferentes de Bankia. Si es así, lo lamento, sinceramente, y espero que puedan recuperar todo lo que puedan de dicha inversión.

Planteas en tu comentario varios temas entremezclados, e intentaré contestarte a todos ellos.

En primer lugar, ironizas sobre cómo formar al gran público. Vaya por delante que, de todos los colectivos que mencionas, creo que al menos uno puede y debe formarse en temas económicos de carácter general: los estudiantes. ¿Tan malo es que un joven de 17-18 años acabe su enseñanza secundaria sabiendo qué es el Euribor, o que implica endeudarse o cómo puede gestionar su propia economía? Conceptos básicos, nada de complicadas formulas, lo necesario para poder defender sus intereses como adulto. ¿Tan malo resulta? En mi opinión, no, y es algo de lo que hemos carecido y creo que en su mayor parte carece la sociedad. Y teniendo en cuenta lo ocurrido en los últimos años, tal vez le hubiese ahorrado muchos disgustos a mucha gente…   Leer más

Gestión de deudas con sentido financiero

 

Más allá de los efectos que haya podido tener sobre el conjunto de la economía española, uno de los puntos más delicados de la gestión del patrimonio personal es la gestión de los pasivos o deudas. 
 
Si hasta ahora habíamos analizado la optimización del ahorro que generamos, una deficiente gestión de este punto puede llevarse por delante los efectos positivos que hayamos podido generar previamente. Y es que el efecto que tuvo en su momento el coste tan reducido de la liquidez y las facilidades que las entidades financieras otorgaron, tanto a particulares como a empresas, para endeudarse se mantiene en el subconsciente colectivo, de manera que, habitualmente, no se analiza la conveniencia o no de endeudarse, dadas las necesidades, los costes y los recursos propios con los que contamos. 
 
Centrándonos en el caso de las finanzas personales, podemos distinguir 3 destinos diferenciados para el endeudamiento (con carácter más o menos general): Elementos de consumo, activos hipotecarios y activos financieros. ¿Qué elementos debemos tener en cuenta al analizar la conveniencia o no del endeudamiento?
 
En el caso de la financiación al consumo, la premisa debe ser clara: disponiendo del importe a amortizar, lo recomendable es financiar la compra sólo si el coste es inferior a la rentabilidad que podríamos obtener invirtiendo de manera segura dicho importe. Por ejemplo, suponiendo que podemos obtener un 3% a un año en un seguro, depósito o título de Renta Fija, convendría aceptar financiación a un tipo inferior.
 
Obviamente, la decisión se complica de forma ostensible cuando el coste se sitúa en el entorno de lo que podemos obtener por nuestra inversión, lo cual nos lleva a tener en cuenta, además, el coste en el que incurriríamos en caso de perder toda la liquidez disponible y, consecuentemente, tener que volver a solicitar un préstamo, a nuestra entidad financiera o a través de nuestras tarjetas de crédito (a tipos de interés que pueden rayar la usura, aunque entraremos en este tema en próximos post…), coste que es fundamental en el caso de que no dispongamos del total del dinero o tengamos la incertidumbre de que podamos necesitarlo más adelante para otras necesidades. En este sentido, conviene aceptar la financiación siempre que este coste posterior sea superior al de la financiación de la compra.
 
En el caso de las operaciones hipotecarias, más allá del coste de la operación y de la autorización de la misma por parte de la entidad (que no suelen variar en exceso entre entidades y que, en los últimos tiempos, se ha vuelto más caro y complejo que nunca), conviene tener en cuenta el importe que supone la cuota mensual en relación al nivel de ingresos que tenemos y prevemos mantener en el futuro. Es decir, si, dados los ingresos que tenemos y el coste mensual de la cuota, dicha cuota supone en torno al 35-40% de los mismos, convendría no realizar ninguna operación. El motivo, muy simple. Siempre que el coste de la financiación sea variable, que suele ser la más habitual, ha de tenerse muy en cuenta que nos encontramos en unos niveles históricamente bajos, con el Euribor a un 1 año por debajo del 1%, lo que implica que la cuota jamás tenderá a bajar (muy al contrario). Por lo que, en caso de que nuestra situación económica pueda empeorar, lo que no es descabellado dado el entorno económico, podemos encontrarnos ante una situación muy complicada, lo que desaconsejaría dicha operación. En definitiva, en esta situación conviene estudiar qué pasaría si nuestros ingresos se viesen reducidos, si la cuota aumentase (para lo cual existen múltiples webs, como esta, donde podemos calcular las cuotas resultantes en distintas circunstancias) y en qué medida nuestra economía puede absorber ambas situaciones de forma simultánea.
 
Finalmente, en el caso de que queramos aumentar nuestra capacidad inversora a través del endeudamiento, debemos de tener en cuenta, fundamentalmente, dos elementos. A parte del coste de la financiación, que, obviamente, debe ser inferior a la rentabilidad esperada, el más importante es el destino del importe que vamos a tomar prestado. En el caso de que conozcamos de antemano la rentabilidad mínima que obtendríamos (caso de los títulos de Renta Fija o fondos de inversión garantizados), conviene tener en cuenta qué alternativas tenemos y el grado de riesgo asumido en el producto en caso de que necesitemos deshacer la operación de forma anticipada.
 
Caso distinto es aquel en el que la obtención de la rentabilidad depende de la evolución de un activo, como los fondos de inversión no garantizados, los títulos de Renta Variable o la inmensa mayoría de los productos estructurados. En este caso, aparte de ser absolutamente desaconsejable para aquellos perfiles más conservadores, conviene estudiar las probabilidades de que la operación obtenga rentabilidades superiores al coste de la misma. Elementos como el VaR (Value at Risk, o valor en riesgo, entendido como la pérdida máxima esperada, con un elevado porcentaje de probabilidades (95-99%)) o simulaciones históricas pueden darnos una perspectiva de cuál puede ser el resultado final, aunque, obviamente, el resultado depende de factores totalmente no controlables, por lo que la decisión de endeudarse o no debe meditarse en profundidad, teniendo muy en cuenta los efectos adversos que habría que asumir.
 
En resumen, conviene analizar en profundidad los distintos efectos que el endeudamiento puede tener en nuestra economía particular antes de que el aumento de nuestras obligaciones nos ponga en un aprieto.
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Los productos estructurados y la cuadratura del círculo

Uno de los productos que más han proliferado en los últimos años son los estructurados. En sus múltiples variantes (Depósitos, simples o combinados con depósitos tradicionales, bonos, notas, seguro de ahorro, etc.), este tipo de productos ha sido ofrecido a innumerables ahorradores que, hartos de ver como sus inversiones bursátiles no dejaban de perder dinero, veían en este tipo de productos una excelente oportunidad de obtener unos buenos beneficios sin necesidad de poner en riesgo toda su inversión. Pero, ¿existe la cuadratura del círculo?

 
En primer lugar, cabe preguntarse ¿qué es un producto estructurado? Podemos definir un producto estructurado a cualquier tipo de producto cuya rentabilidad y/o duración depende de la evolución de uno o varios valores o índices bursátiles (aunque existen y han existido también productos dependientes de la evolución materias primas, tipos de cambio, índices de precios o índices de Renta Fija como el Euribor), a los cuales definimos como subyacentes.
 
La composición de este tipo de productos suele ser muy similar a la de un fondo de inversión garantizado, con una parte (la mayoritaria) invertida en un título de Renta Fija que suele garantizar al menos una parte del importe invertido (otra característica bastante común, aunque no todos los estructurados sean garantizados) y el resto (que suelen ser todos o parte de los intereses que genera ese bono) invertido en un derivado, generalmente opción exótica, sobre el subyacente o la cesta de subyacentes elegidos. La principal diferencia con los fondos garantizados es que los estructurados suelen tener la posibilidad de auto cancelarse antes de la fecha de vencimiento prevista si se dan una serie de circunstancias predefinidas, hecho que no se da en los citados fondos. Suelen ser, asimismo, productos alcistas, es decir, donde se obtiene dinero si el subyacente sube, aunque también existen estructurados bajistas.
 
Otra característica común a todos ellos es la complejidad de los contratos. He tenido la oportunidad de analizar un buen número de contratos de este tipo de productos y, en algunos casos he necesitado leer los contratos más de 5 y 6 veces… para empezar a vislumbrar como funcionaban las formulas de calculo que proporcionaban los valores determinantes de la rentabilidad del producto (y en algún caso, todavía me daba a cuenta a posteriori de que había cometido un error…).
 
Pese a ello, su funcionamiento suele poder explicarse de forma muy sencilla, con el fin, entre otros motivos, de que el posible inversor pueda centrar su atención en el tipo de interés de los cupones que puede cobrar, o en que podrá ver como gana dinero si la bolsa sube y no perderlo si baja…, aunque eso no siempre sea así…
 
En mi opinión, los productos financieros son “buenos” o “malos” en función del resultado que obtenga el inversor, no debiendo desechar de mano ninguno. En este caso, han existido autenticas “joyas” que han permitido obtener a sus inversores rendimientos del 5, 8 o 10%, con subidas del subyacente inferiores al 1%.
 
Sin embargo, y por desgracia, no puede decirse que la mayoría hayan obtenido resultados si quiera similares. Lo cierto es que la gran mayoría de inversores en estos productos han recibido, en el mejor de los casos, el importe invertido, cuando no una sustancial pérdida en sus inversiones. Pocos son los que pueden decir que hayan obtenido rentabilidades positivas, y aun menos los que hayan podido obtener rentabilidades por encima de las ofrecidas por alternativas como los fondos de inversión.
 
El motivo de esta situación es claro. Las entidades, a la hora de montar este tipo de productos, utilizan aquellos subyacentes que, estando entre los más conocidos para el público general, tengan las mayores probabilidades de caer en bolsa, con el fin de ofrecer rentabilidades lo más atractivas posibles; otra opción es utilizar subyacentes muy conocidos y fórmulas de cálculo lo suficientemente complejas como para evitar que, aunque se dé un ciclo alcista, el producto no solo devuelva el principal sino que, además, no pague cupones.
 
Ejemplos de estas situaciones hay cientos, aunque me quedaré con uno, no especialmente negativo, y un detalle para la reflexión.
El ejemplo es el de una Nota Garantizada a dos años de CaixaBank que toma como subyacente el Ibex 35. Este producto garantiza tanto el capital como un cupón anual del 3,25%, así como un cupón del 8% a fecha de vencimiento en caso de que la suma de rendimientos del índice durante los 24 meses que dura el contrato sea positiva, computando para ello el 100% de las caídas y las subidas, con un límite, en este último caso, del 1,00%. Durante el periodo de comercialización, a principios del presente 2012, tuve la oportunidad de analizarlo y, teniendo en cuenta que tomaba la cotizaciones de referencia los días 28 de cada mes, o inmediatamente posterior, pude comprobar que, tomando los datos históricos del Ibex, el citado cupón extra se habría cobrado en 14 de 229 ocasiones posible, es decir, la probabilidad de obtener el cupón ascendía a un 6,11%. El resultado, el esperado: desde mayo, los titulares del producto saben que solo cobrarán los cupones anuales del 3,25%, nunca el 8% extra.
 
La reflexión es que, en caso de que les ofrezcan este tipo de productos y considere que encaja tanto en su perfil inversor, como en su cartera, opten por productos cotizados, ya que a veces una venta a tiempo, previa al vencimiento, supone la diferencia entre ganar y perder dinero. Tengan en cuenta un par de datos. Casi diariamente puedo comprobar la evolución en la cotización de unos 170 productos estructurados. Actualmente, un 40,83% cotiza con pérdidas de hasta el 20% o beneficios; el casi 60% restante, tiene pérdidas superiores a ese 20%, aunque hay que decir que hace menos de 6 meses, el porcentaje de estructuras con pérdidas superiores al 20% suponía…  el 81,64% de las estructuras.
 
A partir de aquí, pueden ustedes opinar sobre si existe o no la cuadratura del circulo…
 
PD: Me permito desearles desde aquí  unas muy felices fiestas a todos los lectores de este blog, deseando que hasta el momento les haya sido de alguna utilidad, y que lo siga siendo en 2013. Y como un poco de optimismo no viene mal, aquí les dejo una felicitación que creo transmite un mensaje que conviene recordar en los tiempos que corren…
 
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Renta fija: ese gran desconocido

Dada la seguridad y la rentabilidad que aporta, la Renta Fija debe ser considerada como el núcleo central de nuestras inversiones, ya que, como ya hemos indicado, sea cual sea nuestro perfil, debe tender a sobreponderarse frente a la Renta Variable a medida que nos vayamos acercando a la jubilación.
 
Existen tres formas de acercarse a este tipo de productos: a través de la compra directa de títulos, a través de productos de ahorro / previsión (seguros de ahorro, P.I.A.S., P.P.A., P.P.I., etc.) y fondos de inversión.
 
Con respecto a la primera de ellas, existe un fenómeno muy curioso. Estoy convencido de que mucha gente respondería afirmativamente si preguntásemos si alguna vez han contratado letras o bonos del estado, incluso pagares de bancos, aunque si preguntásemos si alguna vez han contratado Renta Fija, las respuestas afirmativas descenderían notablemente. Al contrario de lo que ocurre con las acciones (que se identifican sin problemas con la Renta Variable), la multitud de nombres aplicados a este producto, así como la "curiosa" costumbre de algunas entidades de incluir dentro de esta categoría a los productos estructurados, hace que mucha gente no tenga claro que tipo de productos engloba esta categoría de activos.
Y es que existen multitud de productos que pueden encuadrarse en esta categoría. Desde los Pagares o Letras del Tesoro hasta las tristemente famosas Acciones o Participaciones Preferentes, pasando por los Bonos, las Obligaciones (en ambos casos, Senior, Subordinada y/o Convertibles en acciones) o las Cedulas Hipotecarias, emitidos tanto por organismos públicos (incluidos gobiernos o entidades supranacionales) como por empresas.
 
Todos ellos tienen en común un funcionamiento muy similar al de los depósitos. Es decir, el cliente invierte un importe y, de manera periódica (o a vencimiento del producto), recibe una remuneración, denominada “cupón” (y que puede ser fijo o referenciado a algún índice interbancario, como el Euribor o el Mid-Swap) por prestar su dinero al emisor del titulo. Esa remuneración depende fundamentalmente del riesgo percibido por la inversión realizada, riesgo que depende de tres factores fundamentales.
Por un lado, el plazo al que esta emitido el titulo. Por regla general, a mayor plazo, mayor cupón debe pagar el emisor, ya que, obviamente, el riesgo asumido es mayor. El segundo factor a tener en cuenta es el riesgo asumido por el tipo de titulo emitido; podemos distinguir hasta tres tipos de emisiones (de mayor a menor riesgo asumido): Preferente, Subordinada y Senior. La diferencia entre las 3 es el orden de prelación de cobro en caso de quiebra y liquidación del emisor, siendo los primeros en cobrar los titulares de Deuda Senior y los últimos (solo por encima de los accionistas) los Preferentes. Cabe destacar que, en el caso de las entidades financieras existe una cuarta categoría, la de las Cedulas Hipotecarias, situada por encima de la deuda senior al estar "sobregarantizada", entre otros factores, por el respaldo de un activo concreto, como es el conjunto de la cartera de prestamos hipotecarios (teóricamente de alta calidad) de la entidad.
 
Finalmente, el ultimo de los factores de riesgo, y que subyace en todos ellos, es el riesgo de quiebra del emisor, que implicaría la perdida, total o parcial, del importe invertido. En este punto es donde entran en juego las ya famosas agencias de calificación de riesgo, ya que su calificación del emisor nos indica un nivel aproximado del riesgo que estamos asumiendo en nuestras inversiones. Cada una tiene su propia clasificación, aunque todas coinciden en establecer dos categorías principales: el grado inversión, que engloba a aquellos emisores cuya situación financiera es mejor (lo que implica una remuneración menor) y el grado especulación, o High Yield (también conocidos como “Bonos Basura”), que engloba a aquellos emisores que se encuentran en una situación financiera más delicada. Pese a que la actuación de estas agencias ha sido puesta en entredicho en múltiples ocasiones, sus análisis merecen ser tenidos en cuenta a la hora de realizar inversiones en este tipo de instrumentos (cabe destacar los análisis que realiza la agencia Egan Jones, quizás no muy conocida, aunque, sin duda, la que refleja de manera más cruda la situación de los emisores).
 
En todo caso, y esta es una de las principales diferencias con los depósitos (junto con la ausencia de cobertura por el F.G.D.), el hecho de que estos instrumentos coticen en mercados secundarios hace que este valor, su cotización, nos proporcione una imagen fiel del nivel de riesgo que estamos asumiendo en cada inversión, ya que, a su vez, será nos proporcionara la T.I.R. de la inversión, es decir, la rentabilidad anual promedio que obtendremos en caso de mantener nuestra inversión hasta su vencimiento y, no tengan duda, cuanto mayor sea esta rentabilidad, mayor será el riesgo que estamos asumiendo. Si bien es cierto que, dado que la situación financiera de los emisores evoluciona a lo largo del tiempo, podemos encontrarnos con que títulos con rentabilidades muy altas (por encima del 7%) pasan con el tiempo a ser consideradas como inversiones "seguras", y viceversa, como le ha sucedido, por ejemplo, a la deuda publica española en los últimos años.
renta-fija-españa
Continuará...
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Gestión de liquidez: selección de cuentas

Una vez que ya tenemos claro cuál es nuestro plan de actuación en cuanto a la distribución de activos, es el momento de empezar a actuar e implementar los cambios necesarios para que nuestra cartera refleje de manera fiel este escenario óptimo.

Un primer elemento a tener en cuenta son tanto el número como las entidades con las que vamos a trabajar.

Personalmente, y dado que los planteamientos sencillos facilitan las tomas de decisiones, soy partidario de trabajar con pocas entidades, como máximo 2.

En una de ellas, centralizaríamos los gastos corrientes que realizamos (recibos, hipotecas, compras...). Para la elección de esta entidad, sería conveniente tener en cuenta algunos detalles. En primer lugar, deberíamos de seleccionar una entidad que no cobre comisiones por los gastos que realizamos a través de ellos (mantenimiento de cuentas, de tarjetas, transferencias...), ya que esta va a ser la cuenta base, desde donde distribuiremos nuestro gasto/inversión. Si, además, podemos obtener un rendimiento de los saldos que mantenemos (cuentas remuneradas) o del gasto que realizamos, a través de la bonificación que algunas entidades ofrecen por el pago de recibos habituales, podremos obtener una rentabilidad adicional por nuestro dinero (características que comparten ING Direct e IBanesto, entre otros bancos). En todo caso, para esta primera cuenta debemos de tener presente que, en el caso de que mantengamos un préstamo hipotecario, este puede incluir clausulas por las que, en función de determinados requisitos, podamos bonificar el diferencial que se nos aplica, y dado que la situación del mercado hipotecario dista mucho de la observada hace unos pocos años, donde un cambio de hipoteca podía suponer un importante ahorro, esto puede condicionar de manera decisiva la elección de esta cuenta.   Leer más

Cómo clasificar los activos que forman nuestro patrimonio

Como ya comentamos en el post anterior, existe una segunda forma de clasificar los activos que forman nuestro patrimonio, que, además, nos servirá de referencia para poder analizar la composición del mismo y decidir si es necesario realizar algún tipo de modificación en su estructura.

Esta consiste en ordenar el patrimonio según el activo final en el que se encuentra invertido, pudiendo distinguir hasta cinco grandes familias (aunque solo nos centraremos en las cuatro principales).

Ordenándolas por el grado de seguridad que ofrecen, la primera es la Liquidez. Debemos englobar aquí tanto cuentas corrientes, como cuentas de ahorro e imposiciones a plazo fijo (I.P.F.), mas conocidas como depósitos. En relación a este ultimo producto, los puristas objetaran que deberían de incluirse aquellos cuyos vencimientos no superen el año o los 18 meses. Personalmente, suelo incluir todos aquellos que, ofreciendo un tipo fijo, o un variable referenciado al Euribor, pueden ser cancelados sin que ello suponga minoración alguna del capital invertido.   Leer más

Empezando a movernos

Probablemente tengan la siguiente situación fresca en la memoria. Toman la decisión de irse de vacaciones. Eligen un lugar, eligen un alojamiento y, a partir de estas premisas, toman una decisión… ¿planeamos todos los detalles del viaje o dejamos todo a la improvisación?

Si optaron por la primera opción, muy probablemente, sus vacaciones hayan sido como esperaban, o al menos se habrán acercado mucho. En el segundo caso… el resultado puede ser completamente impredecible. Tal vez hayan pasado las mejores vacaciones de su vida, aunque, si han improvisado todos los detalles, es más probable que se hayan sentido decepcionados.

Esta situación podemos extrapolarla a nuestra situación económica. Una buena planificación, sabiendo con que contamos y que queremos conseguir, nos otorga un mayor número de probabilidades de alcanzar los objetivos que nos planteemos a lo largo de la vida, bien sea a corto, medio o largo plazo, haciendo más fácil la consecución de los mismos.   Leer más

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María Blanco Martínez. ¿Estás ahorrando para comprar una casa o coche? Scotiabank te ofrece numerosas formas de ahorrar para cualquiera que sea tu objetivo. Hay numerosas formas tradicionales de ahorro pero ahora vamos a conocer una nueva alternativa de ahorro: la Cuenta Renta Diaria.

¿Quién fija las tasas de interés?

Luisas. En Colombia existen varias tasas de interés, la cuales son las que determinan el precio del dinero en el mercado del país. Por lo que es importante, saber que cuando hay más dinero entrando en el país, la tasa baja y cuando hay poco dinero en intercambio, por consiguiente, la tasa sube.

Autor del blog

  • Danlopveg

    Daniel López Vega. Analista financiero y patrimonial. Asesor Financiero Independiente. Apasionado de los mercados desde hace casi 20 años. Y bloguero en los ratos (pocos) libres...

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