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Planificación financiera y patrimonial

Etiqueta "ahorro": 8 resultados

Lo mejor es lo que viene

Desde hace tiempo, vengo observando un movimiento importante en el mundo de la gestión de activos en España; como mucha gente del sector financiero creemos, y como en muchos otros sectores, tenemos una excelente materia prima, gestores y analistas financieros tan competentes como los mejores extranjeros y con una reputación entre las mejores del mundo.
 

Fondos de Inversión y planes de pensiones

Sin embargo, esta no es la percepción de la mayoría de la población; un porcentaje significativo de los ciudadanos no confía de los fondos de inversión y de los planes de pensiones. ¿Los motivos? El desconocimiento del funcionamiento de estos productos, la falta de información clara por parte de las gestoras (detalles fundamentales) o malas experiencias. Estos tres motivos  suelen ser factores importantes, pero también lo es la extendida percepción de que este tipo de productos “no son buenos”, es decir, que hay alternativas que proporcionan mejores rendimientos o que dan “menos sustos”.
 
 
Evidentemente, todos estos factores son muy importantes, y muchos profesionales de la gestión se están dando cuenta de que no se está aprovechando todo el potencial que tenemos para llegar a un amplio segmento de la sociedad; muchos llevan mucho tiempo haciendo una labor sorda de cambio, confiando en que muchos pequeños cambios den un vuelco a una situación donde priman los intereses de las mega-gestoras de entidades bancarias frente al interés “del que manda de verdad”, el cliente. Pero algunos se están dando cuenta de que este trabajo “sordo” no tiene ningún sentido si no llega a quien tiene que llegar, y en un gran porcentaje este es el cliente de la calle. Por ello, esa pequeña revolución interna está llegando, poco a poco, gracias, entre otros muchos, a gente como Martín Huete.
 
 
El responsable de la gestora de fondos del Banco CEISS, y miembro de la junta directiva de Inverco, la patronal del sector, lleva realizando, desde hace algún tiempo una labor de divulgación que solo puede calificarse como excelente, gracias en gran medida a su blog personal (que recomiendo sin ninguna duda) y a su ética profesional, ya que no ha dudado en pedir públicamente un cambio de rumbo al sector y a su patronal, tratando de alinear los intereses de estos con los de los clientes finales.
 

Rentabilidad de los Fondos de Inversión españoles

Una de las últimas muestras de ese intento por generar una mayor transparencia en el sector es el análisis que hizo, hace varias semanas, del demoledor informe que, desde hace algunos años, vienen realizando los profesores del IESE Fernández, Linares y Fernández Acin sobre la rentabilidad generada en el largo plazo de los fondos de inversión españoles, estudio que, por desgracia, deja en no muy buen lugar al sector. De los 871 productos analizados, 614 fondos y 257 planes con al menos 15 años de antigüedad, tan sólo 29 han sido capaces en este periodo de superar la rentabilidad que ofrecieron en el mismo tiempo el bono a 15 años español (un 4,40%) o el Ibex 35 (4,00%), llegando 77 de ellos a obtener promedios de rentabilidad negativos en este mismo periodo; es decir, menos de un 3,50% de los fondos y planes españoles baten sus referencias, frente a casi el 9,00% que son incapaces de generar rentabilidad para sus partícipes.
 
 
Con cifras como estas, no es extraño que exista esta falta de confianza respecto a este tipo de inversiones, más aún cuando son estos fondos y planes, aquellos que no son capaces de batir sus principales referencias, los que han sido ofrecidos de manera sistemática y casi generalizada a los clientes de las principales entidades de nuestro país, con excepción (muy honrosas, pero existentes) de aquellas que por su estrategia empresarial no cuentan con producto propio.
 

¿Son los Fondos de inversión o los planes de pensiones un buen producto para cualquier tipo de ahorrador?

¿Significa esto que los fondos de inversión o los planes de pensiones no son un buen producto para cualquier tipo de ahorrador? En absoluto. Cabe destacar un detalle importante. Este estudio sólo se realiza sobre productos españoles, no sobre el total de productos comercializados en España (aunque en el caso de los planes todos los productos comercializados son españoles). Este matiz es fundamental, ya que la oferta total de fondos y planes (26.232) es lo suficientemente amplia como poder acceder a una gestión que mejore las rentabilidades de referencia y que se adapte a las necesidades, circunstancias y perfil del cliente. 
 
Dando por bueno el ratio de productos “buenos” obtenido por el estudio, y extrapolándolo al total de fondos y planes comercializados en España, nos encontraríamos con más de 870 referencias, número que, entiendo, es más que suficiente para poder realizar una cartera que cumpla las exigencias y necesidades de cualquier cliente. Pero si, además, tenemos en cuenta la rentabilidad promedio de los últimos 10 años, periodo suficientemente amplio como para poder ser tomado como muestra de largo plazo, las estadísticas mejoran significativamente. Teniendo como referencia la rentabilidad del S&P 500, quizás el índice bursátil más importante del mundo, y cuyo comportamiento (5,12% de rentabilidad promedio, sin contar con el efecto divisa, a 30 de marzo de 2014) en este periodo ha superado a otros como el Euro Stoxx 50, el Ibex 35 o el bono español a 10 años, más de un 35% de los productos superan esta referencia, lo que supone 2.226 fondos de inversión y planes de pensiones que superan dicho umbral. Un número más que suficiente para conseguir la cartera que se adecúe a nuestras necesidades, contando con que solo algo más de un 4,25% de los planes y fondos obtiene rentabilidades negativas, es decir, 268 de los 6.262 productos con más de 10 años.
 
 
Sin embargo, manteniéndome en la idea de que existe un número enorme de grandes profesionales nacionales en el sector, y que el proceso de cambio que han iniciado algunos será lento pero imparable, queda una tarea fundamental para aquellos que tratamos con los clientes en nuestro quehacer diario, sin la cual toda mejora proveniente del mundo de la gestión se quedará en absolutamente nada: Ser capaces de transmitir a nuestros clientes,  toda la información que necesiten de manera clara, transparente y con un lenguaje despojado de tecnicismos innecesarios, para que entiendan perfectamente qué pueden esperar de cada producto y qué riesgos está asumiendo con su inversión; en definitiva, alineando nuestros intereses con los del cliente al 100% para evitar malos entendidos y malas experiencias.
 
 
Afortunadamente, cada vez son más los asesores que entienden que la relación con sus clientes debe basarse en dos pilares fundamentales: la confianza y el crecimiento mutuo. 
 

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¿Hay vida más allá del depósito?

Sin ninguna duda, el producto estrella de las inversiones financieras en España ha sido, tradicionalmente, el depósito bancario; este tipo de producto proporcionaba al cliente la seguridad de tener su dinero “más o menos” disponible y, mientras no necesitase el dinero, podía proporcionarle una rentabilidad razonable, sabiendo que sus ahorros estarían seguros y no sufriría ningún tipo de problema. Evidentemente, los tipos ofertados en estos productos varían a lo largo del tiempo (no hace tantos años podíamos ver depósitos al 9 o 10%, incluso más), pero esta circunstancia es asumida por el cliente como algo natural.
 
Sin embargo, un aspecto que no suele tenerse en cuenta es el aspecto fiscal de las inversiones, y es aquí donde el factor del asesoramiento se vuelve muy importante para aquel tipo de inversor que quiere su dinero en activos lo más seguros posibles, pero, si es posible, mejorando su rentabilidad.
 

Depósitos vs Fondo de inversión monetario

Por este motivo, surge la duda: ¿Realmente un fondo de inversión monetario puede competir con un depósito?¿Puede proporcionar al cliente mejores rentabilidades con un nivel de riesgo similar?
Evidentemente, el conocer la rentabilidad inicial proporciona un grado de seguridad que el fondo de inversión no puede alcanzar, y el hecho de que sea un producto cotizado no ayuda a que sea percibido como un riesgo similar, pero, sin ninguna duda, los fondos cuentan con una ventaja inicial: la disponibilidad. En este caso, el dinero no está “cautivo”, por lo que el cliente puede retirarlo en cualquier momento sin que nadie nos ponga pegas al realizar esta operación.
 

Pero, ¿realmente los depósitos son más rentables?

Para responder a esta cuestión, hagamos números. Supongamos una persona que, a finales de 2007, se plantea realizar una inversión de 10.000,00 €, que no va a necesitar, en un depósito a un año (el plazo más habitual) y, para ello, busca cada año la entidad que le ofrezca el mejor depósito sin que esto suponga la contratación de productos accesorios; asimismo, el inversor no necesita este dinero, por lo que va renovando esta operación año a año, aunque siempre buscando la mejor opción en el mercado. En este sentido, y para simplificar el cálculo, vamos a suponer que el cliente invierte el día 1 de enero de cada año los 10.000 € más los intereses obtenidos en la oferta más alta del mes de enero de cada año. Con ello, y si uno hace números, podrá comprobar que este cliente habrá obtenido hasta este año una rentabilidad promedio de un 4,28%, lo cual no está nada mal… pero, realmente, ¿ha obtenido esta rentabilidad? La respuesta es clara y sencilla: No.
 
El motivo es muy sencillo: nuestro “socio invisible” toma todos los años su parte del beneficio, por lo que dicha rentabilidad promedio se reduce, en realidad, a un 3,44%, que, dicho sea de paso, supone batir a la inflación del mismo periodo, situada en el 1,66%.
Por otro lado, otra persona en idénticas circunstancias, decide realizar la misma inversión, pero en un fondo monetario; para ello, tomamos como referencia los resultados de dos de los mejores fondos del mercado. El resultado es claro:
depósito
 
Pese a batir a la inflación, un 3,03% de rentabilidad promedio es insuficiente para batir a los mejores depósitos.
Sin embargo, y reconociendo que cada vez más inversores buscan esta información, siguen siendo mayoría los que, como mucho, consultan dos o tres entidades (evitando los inconvenientes de ir abriendo cuentas en varios bancos o buscando la seguridad de aquellas entidades con imagen de solvencia), con las que suelen llevar trabajando varios años y, el que mejor interés ofrece, se queda con el depósito… pero ese interés suele distar mucho de los intereses que pagan los depósitos antes indicados, por lo que no conviene desechar aún los fondos monetarios. Asumiendo que en este caso, la rentabilidad de los depósitos es el 75% de lo que ofrecían los mejores depósitos (es decir, si el mejor depósito ofrecía un 4%, supondremos que estas entidades ofrecen un 3%), veamos que ocurre…
Fondo inversión monetario
 
¡Sorpresa! La elección de un buen fondo monetario supone haber mejorado las rentabilidades obtenidas por un depósito medio en los últimos 6 años, como queda claro en el siguiente cuadro:
 
De hecho, pese a que lo que ocurrido en 2012 pueda tomarse como una excepción (donde el fondo bate al mejor de los depósitos que en enero había en el mercado, teniendo en cuenta los impuestos), puede que sea la futura tendencia. La recomendación de Banco de España de limitar la rentabilidad de los depósitos ha hecho que estos reduzcan significativamente su remuneración (hasta el 1,75% a un año), pero sólo para los particulares. Si observamos la cartera de los 2 fondos de inversión utilizados, podemos comprobar que aún disponen de depósitos con rentabilidades en torno al 3%, lo que hace de ellos opciones más atractivas que un depósito, no sólo por su disponibilidad y su fiscalidad más favorable, como sucedía hasta ahora, sino también por su rentabilidad.
Todo ello, sin olvidar que, en función del perfil inversor que tengamos y los importes que deseemos invertir, existen otras dos alternativas a tener en cuenta frente a los depósitos: los seguros de ahorro y los títulos de Renta Fija.
 
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El futuro drama de ser jubilado

Mucho se ha escrito en las últimas semanas (casi puedo hablar de meses…) sobre el tema de las pensiones en España. Y la verdad es que, sin hacer muchos números, cualquiera puede darse cuenta de que, a menos que sea pensionista o este próximo a la jubilación, cobrar una pensión “decente” en este país va a ser misión imposible.

Parece bastante claro que factores como el descenso de cotizaciones y cotizantes, una pirámide poblacional invertida y un modelo de gestión que no se supo (o no se quiso) modificar a tiempo, y que ahora se contempla casi como una estafa piramidal, otorgan una importancia cada vez mayor a la generación de ahorro privado destinado a cubrir las necesidades que surjan en el momento de nuestro cese de la vida laboral.

Sin embargo, existen ciertos “nubarrones” que se ciernen sobre el ahorro privado (en general) destinado a las pensiones (en particular), nubarrones que de cuando en cuando asoman a la opinión pública pero sin mucho ruido, ya que no conviene (a quienes los gestionan) que el público en general esté alerta. Y si la crisis del sistema público de pensiones puede generar dolores de cabeza, no digamos estos nubarrones…   Leer más

El seguro de vida, un gran olvidado

Uno de los productos que menos suele recordarse a la hora de invertir es el seguro de vida. Los motivos pueden resultar evidentes, ya que, por un lado, tenemos el efecto rechazo que supone una inversión "a fondo perdido", dado que sólo el beneficiario recupera las primas pagadas una vez fallecido el asegurado, lo que puede suponer décadas de "espera" (eso en el caso de que antes la compañía no decida que ya no puede asegurar...); esto supone que sea considerado más un gasto que una inversión. Si a ello le unimos el rechazo que genera plantearse la muerte de uno mismo, podemos entender el porqué de este olvido. Pero, ¿en qué condiciones es interesante mantener un seguro de vida? 

 
En primer lugar, debemos plantearnos si existe alguien que, desde un punto de vista estricta y exclusivamente económico, puede verse perjudicado por nuestro fallecimiento. La respuesta es obvia en el caso de que tengamos pareja y/o hijos, lo cual nos lleva al siguiente paso, que es pensar si deben asegurarse los 2 miembros de la pareja.
 
En términos generales, es aconsejable que ambos miembros mantengan un seguro, si bien las cantidades aseguradoras oscilarán en función del peso económico que cada uno tenga en los ingresos aportados a la unidad familiar. Así, si ambos miembros mantienen un nivel similar de ingresos, ambos deberían asegurarse por la misma cuantía.
 
El caso completamente opuesto es aquel en el que uno de los miembros soporta el peso total de la economía familiar; en este caso, esta persona debería de ser quien soportase el peso fundamental de la cobertura, manteniendo el segundo miembro una cobertura que podríamos denominar simbólica, lo cual nos conduce a la siguiente duda... ¿por qué importe realizar nuestra póliza?
La respuesta a esta duda es complicada, ya que lo que a priori puede parecer una cifra suficiente puede no serlo en la práctica. En todo caso, algunos criterios a tener en cuenta podrían ser:
 

Endeudamiento que mantenemos: Partiendo, como mínimo, de la mitad de nuestras deudas, habría que tener en cuenta en qué medida sería asequible para el/los superviviente/s el importe de las cuotas resultantes en caso de no contar con nuestros ingresos o los de nuestra pareja. Si observamos que, aun con el efecto anulación de deuda del seguro, las cuotas ascienden a más de un 40% de los ingresos del superviviente, convendría aumentar las coberturas.   Leer más

Gestión de deudas con sentido financiero

 

Más allá de los efectos que haya podido tener sobre el conjunto de la economía española, uno de los puntos más delicados de la gestión del patrimonio personal es la gestión de los pasivos o deudas. 
 
Si hasta ahora habíamos analizado la optimización del ahorro que generamos, una deficiente gestión de este punto puede llevarse por delante los efectos positivos que hayamos podido generar previamente. Y es que el efecto que tuvo en su momento el coste tan reducido de la liquidez y las facilidades que las entidades financieras otorgaron, tanto a particulares como a empresas, para endeudarse se mantiene en el subconsciente colectivo, de manera que, habitualmente, no se analiza la conveniencia o no de endeudarse, dadas las necesidades, los costes y los recursos propios con los que contamos. 
 
Centrándonos en el caso de las finanzas personales, podemos distinguir 3 destinos diferenciados para el endeudamiento (con carácter más o menos general): Elementos de consumo, activos hipotecarios y activos financieros. ¿Qué elementos debemos tener en cuenta al analizar la conveniencia o no del endeudamiento?
 
En el caso de la financiación al consumo, la premisa debe ser clara: disponiendo del importe a amortizar, lo recomendable es financiar la compra sólo si el coste es inferior a la rentabilidad que podríamos obtener invirtiendo de manera segura dicho importe. Por ejemplo, suponiendo que podemos obtener un 3% a un año en un seguro, depósito o título de Renta Fija, convendría aceptar financiación a un tipo inferior.
 
Obviamente, la decisión se complica de forma ostensible cuando el coste se sitúa en el entorno de lo que podemos obtener por nuestra inversión, lo cual nos lleva a tener en cuenta, además, el coste en el que incurriríamos en caso de perder toda la liquidez disponible y, consecuentemente, tener que volver a solicitar un préstamo, a nuestra entidad financiera o a través de nuestras tarjetas de crédito (a tipos de interés que pueden rayar la usura, aunque entraremos en este tema en próximos post…), coste que es fundamental en el caso de que no dispongamos del total del dinero o tengamos la incertidumbre de que podamos necesitarlo más adelante para otras necesidades. En este sentido, conviene aceptar la financiación siempre que este coste posterior sea superior al de la financiación de la compra.
 
En el caso de las operaciones hipotecarias, más allá del coste de la operación y de la autorización de la misma por parte de la entidad (que no suelen variar en exceso entre entidades y que, en los últimos tiempos, se ha vuelto más caro y complejo que nunca), conviene tener en cuenta el importe que supone la cuota mensual en relación al nivel de ingresos que tenemos y prevemos mantener en el futuro. Es decir, si, dados los ingresos que tenemos y el coste mensual de la cuota, dicha cuota supone en torno al 35-40% de los mismos, convendría no realizar ninguna operación. El motivo, muy simple. Siempre que el coste de la financiación sea variable, que suele ser la más habitual, ha de tenerse muy en cuenta que nos encontramos en unos niveles históricamente bajos, con el Euribor a un 1 año por debajo del 1%, lo que implica que la cuota jamás tenderá a bajar (muy al contrario). Por lo que, en caso de que nuestra situación económica pueda empeorar, lo que no es descabellado dado el entorno económico, podemos encontrarnos ante una situación muy complicada, lo que desaconsejaría dicha operación. En definitiva, en esta situación conviene estudiar qué pasaría si nuestros ingresos se viesen reducidos, si la cuota aumentase (para lo cual existen múltiples webs, como esta, donde podemos calcular las cuotas resultantes en distintas circunstancias) y en qué medida nuestra economía puede absorber ambas situaciones de forma simultánea.
 
Finalmente, en el caso de que queramos aumentar nuestra capacidad inversora a través del endeudamiento, debemos de tener en cuenta, fundamentalmente, dos elementos. A parte del coste de la financiación, que, obviamente, debe ser inferior a la rentabilidad esperada, el más importante es el destino del importe que vamos a tomar prestado. En el caso de que conozcamos de antemano la rentabilidad mínima que obtendríamos (caso de los títulos de Renta Fija o fondos de inversión garantizados), conviene tener en cuenta qué alternativas tenemos y el grado de riesgo asumido en el producto en caso de que necesitemos deshacer la operación de forma anticipada.
 
Caso distinto es aquel en el que la obtención de la rentabilidad depende de la evolución de un activo, como los fondos de inversión no garantizados, los títulos de Renta Variable o la inmensa mayoría de los productos estructurados. En este caso, aparte de ser absolutamente desaconsejable para aquellos perfiles más conservadores, conviene estudiar las probabilidades de que la operación obtenga rentabilidades superiores al coste de la misma. Elementos como el VaR (Value at Risk, o valor en riesgo, entendido como la pérdida máxima esperada, con un elevado porcentaje de probabilidades (95-99%)) o simulaciones históricas pueden darnos una perspectiva de cuál puede ser el resultado final, aunque, obviamente, el resultado depende de factores totalmente no controlables, por lo que la decisión de endeudarse o no debe meditarse en profundidad, teniendo muy en cuenta los efectos adversos que habría que asumir.
 
En resumen, conviene analizar en profundidad los distintos efectos que el endeudamiento puede tener en nuestra economía particular antes de que el aumento de nuestras obligaciones nos ponga en un aprieto.
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Productos de Ahorro/Previsión: Características de P.I.A.S. y Seguros de Ahorro

 

Continuando con el análisis que comenzamos en el post de la semana pasada, repasaremos, a continuación, las características de aquellos productos de Ahorro/Previsión no destinados específicamente a la jubilación, diferenciando entre aquellos productos que mantienen ventajas fiscales (los P.I.A.S.) de los que no las tienen (Seguros de Ahorro, Planes de Jubilación (que no de Pensiones, importante matiz), Unit Link…); con respecto a estos, solo haremos una excepción, los Seguros de Ahorro Estructurados, productos que analizaremos más adelante junto con sus “primos” (Depósitos, Bonos, Notas, etc.).

Un Plan Individual de Ahorro Sistemático (P.I.A.S.) no es más que un seguro de ahorro que, con una serie de limitaciones, referentes a las aportaciones y periodo mínimo de duración de la inversión, proporciona unas ventajas fiscales a la hora de rescatar las aportaciones realizadas. Las mencionadas limitaciones afectan tanto a las aportaciones anuales (con un máximo de 8.000€) como al total aportado (con un máximo de 240.000€), así como a la duración mínima del producto (debe haber transcurrido al menos 10 años desde la aportación de la primera prima), además de que tomador, asegurado y beneficiaron han de ser obligatoriamente la misma persona. Además, el producto tiene que denominarse específicamente P.I.A.S. (si bien, los seguros de ahorro o planes de jubilación que cumplan las limitaciones descritas anteriormente y hayan sido contratados con anterioridad al 1 de enero de 2007 podrán acogerse a las ventajas fiscales siempre que se traspasen a un P.I.A.S. antes de ser rescatados) y solo puede existir un contrato por cliente. Cumpliendo todas estas características, el cliente que constituya una renta vitalicia al rescate del mismo podrá ver reducido el porcentaje de renta sujeta a tributación (a través de la base imponible del ahorro) de manera sustancial, y en función de la edad del titular; así, si constituimos la citada renta vitalicia a una edad inferior a los 40 años, el porcentaje de la misma sujeto a tributación asciende a solo el 40%, pero si la constituimos con más de 70 años, el porcentaje sujeto a tributación se reduce a tan solo el 8%. En todo caso, tanto los porcentajes sujetos a tributación como la carga máxima efectiva que soportará el titular del contrato quedan descritos en la tabla adjunta:   Leer más

Preparando la maleta

Los elementos básicos para la elaboración de nuestro Plan Patrimonial son el ahorro que generamos y nuestro patrimonio personal, en especial el financiero e inmobiliario. Son, de alguna manera, el equipaje que va a acompañarnos.

En lo que respecta al ahorro que generamos, poco debemos comentar. Una simple formula, ingresos menos gastos, bien sean reales o estimados, y obtendremos esta cifra, sencilla pero fundamental para determinar el impacto de cualquier imprevisto.

En cuanto a la composición de nuestro patrimonio, es muy importante tener claro qué elementos forman parte de él, como si del balance de una empresa se tratase. Existen múltiples formas de realizar esta tarea, aunque, personalmente, hay dos que, siendo complementarias, creo que resultan muy útiles. Hoy nos centraremos en la más directa.   Leer más

Empezando a movernos

Probablemente tengan la siguiente situación fresca en la memoria. Toman la decisión de irse de vacaciones. Eligen un lugar, eligen un alojamiento y, a partir de estas premisas, toman una decisión… ¿planeamos todos los detalles del viaje o dejamos todo a la improvisación?

Si optaron por la primera opción, muy probablemente, sus vacaciones hayan sido como esperaban, o al menos se habrán acercado mucho. En el segundo caso… el resultado puede ser completamente impredecible. Tal vez hayan pasado las mejores vacaciones de su vida, aunque, si han improvisado todos los detalles, es más probable que se hayan sentido decepcionados.

Esta situación podemos extrapolarla a nuestra situación económica. Una buena planificación, sabiendo con que contamos y que queremos conseguir, nos otorga un mayor número de probabilidades de alcanzar los objetivos que nos planteemos a lo largo de la vida, bien sea a corto, medio o largo plazo, haciendo más fácil la consecución de los mismos.   Leer más

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Autor del blog

  • Danlopveg

    Daniel López Vega. Analista financiero y patrimonial. Asesor Financiero Independiente. Apasionado de los mercados desde hace casi 20 años. Y bloguero en los ratos (pocos) libres...

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