Desde que empezó la crisis económica, se han disparado los casos de embargo de viviendas por impago de hipotecas. La hipoteca es un crédito personal que, además, tiene una garantía real y, a veces, una adicional. El titular de la vivienda que la garantiza y la entidad crediticia han instrumentado las dos operaciones ante un fedatario público, el notario, y las han inscrito en el Registro de la Propiedad, que es público. Con todo esto, los derechos de ambas partes están definidos con claridad, la operación es segura para ambas partes, si cumplen con sus obligaciones, y los derechos pueden exigirse con rapidez. Si el acreditado no puede pagar, el prestamista vende la vivienda (previo embargo) y cobra el importe. Si el precio obtenido excede al valor pendiente, se devuelve la diferencia al acreditado, pero si queda por debajo, éste deberá abonar lo que falte.

A lo largo de este año se han cuestionado las hipotecas por que están aumentando los casos en que las entidades financieras, después de vender las viviendas financiadas, continúan reclamando al acreditado la parte del préstamo no cubierta por el importe de la venta. Es comprensible el malestar de quién, tras pagar durante meses y verse desposeído de la vivienda, sigue endeudado.

Situaciones como estas, no se habrían producido si se hubieran hecho las cosas bien, es decir, si se hubieran realizado estas operaciones cumpliendo unos requisitos adecuados como :

  • Que el crédito no sobrepase el 60% del valor de mercado bien calculado, así se sabe que el acreditado es capaz de ahorrar.
  • Que el importe de los pagos mensuales no rebase el 30% de los ingresos corrientes, para que quede margen con el que atender a circunstancias imprevistas, como la posibilidad de que un aumento en el tipo de interés, que cuestione la capacidad de pago.
  • Que la entidad evaluara la seguridad de ingresos recurrentes del cliente, como podría ser la antigüedad en la empresa, cualificación....
  • Que la entidad evitara plazos excesivamente dilatados.

La gran mayoría de bancos / cajas prescindieron de estos requisitos. Las valoraciones eran excesivas, el crédito servía para la vivienda, los muebles, el coche, la boda, el banquete y el viaje para personas que tenían un contrato de trabajo temporal y con una experiencia laboral en su puesto de trabajo reducida. En otras palabras, estos trabajos eran frágiles y claro está, se sabía que el cliente tenía la posibilidad de que otro banco / caja le concediera el crédito.

Una alternativa al crédito hipotecario hubiera sido el alquiler de la vivienda. Esta modalidad está muy desarrollada en Europa. De hecho, países como Alemania, Holanda o Gran Bretaña  han resurgido económicamente, en parte, gracias a la extensión de la cultura de vivir alquilado, ya que esto ha hecho que la deuda privada sea menor y no ha obligado a las familias a endeudarse en exceso y destinar todos los ahorros a la adquisición de la vivienda, pudiendo invertirlos en cualquier iniciativa empresarial. Está claro que con  un parque de viviendas en alquiler no se reduciría la deuda pública ni empresarial, pero la salida de la crisis no estaría tan lejos, la deuda privada sería menor y la dependencia del exterior se cubriría, en parte, con ahorro interno.

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