Geopolítica energética en Asia

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1. Introducción  

El espectacular desarrollo de Asia en las últimas décadas sorprende a los países más avanzados y al mundo entero que, con creciente interés, sigue día a día la evolución de los indicadores socioeconómicos de los  nuevos poderes emergentes asiáticos. Su arrolladora expansión ha alcanzado cotas de crecimiento sin precedentes en el capitalismo global del siglo XXI.

Nos encontramos ante una evolución económica de países asiáticos de vertiginoso dinamismo que afecta singularmente a sus economías, estructuras sociales y relaciones internacionales.  Estos nuevos poderes económicos emergentes han cambiado el centro de gravedad mundial, anclado durante mucho tiempo en Europa y Estados Unidos.

La extraordinaria magnitud del ámbito geográfico del continente asiático, el más grande y poblado del planeta, con su amplia diversidad geopolítica, nos obligan a centrarnos en Asia Oriental y Meridional. Más concretamente, en las grandes potencias "reemergentes" (en 1820 el PIB de China suponía el 28,7% del PIB mundial) de China, India y Japón,  que destacan por su amplitud territorial y demográfica, su desbordante crecimiento económico, la progresiva integración de sus enormes economías en el capitalismo global y por ende su impacto en la geopolítica mundial.

El enfoque de este informe pasa por analizar la perspectiva general, y la geopolítica energética principalmente de estos tres paises desde un carácter marcadamente económico y estratégico dentro del contexto regional y mundial, con especial atención a su relación con las geopolíticas de las superpotencias occidentales, EEUU y Rusia, de tan decisiva influencia en Asia y en el contexto internacional

China concita el mayor interés de analistas e investigadores y tendrá especial dedicación en este trabajo de investigación. Su dimensión continental, sus astronómicas magnitudes demográficas y económicas, y sobre todo su vertiginoso y espectacular crecimiento económico alteran sustancialmente el orden geopolítico global que dominó el Siglo XX. Con un pie plantado en el pasado y otro adelantado hacia el futuro, China es, al mismo tiempo, la principal potencia emergente y el país que ha realizado un cambio de rumbo más marcado en su política.

Además del sorprendente giro de éste “titán” en su larga marcha de la dictadura del proletariado hacia una edulcorada dictadura capitalista, escorada hacia un consumismo salvaje de una emergente élite social de nuevos “mandarines”, supone un auténtico reto para cualquier investigación sobre la materia.

Existen muchas coincidencias entre los tres pesos pesados de Asia la región más dinámica del mundo; un vibrante y acelerado desarrollo económico que, de momento –en los casos de China e India-, no han sido capaces de reducir sus alarmantes diferencias sociales. Esto se traduce en abismales fracturas entre los más y menos beneficiados por el cambio, que suponen inquietantes amenazas para la estabilidad del orden social y político, impuesto por la “nomenclatura” de Pekín y el tradicional sistema de castas hindú.
 
Estas dos naciones a finales de 1997 escogieron un rumbo exactamente opuesto al aconsejado por el FMI para paliar los efectos de la crisis económica más grave desde la Gran Depresión, que se extendió desde Asia y amenazó al mundo entero. Mientras que los países del mundo subdesarrollado que liberalizaron sus mercados de capitales vieron caer sus rentas, las de India y China siguieron creciendo imparables.

Las dos nuevas superpotencias se suman así a un industrializado Japón que parece haber superado claramente su fase de recesión y que vuelve al ámbito internacional con renovado vigor. El papel del subcontinente hindu es de especial importancia ya que Washington ha decidido imperiosamente “convertirla en una potencia global”, como contrapoder a China y estabilizar el marco geopolítico asiático.

En declaraciones recientes, el Alto Representante de la UE para Seguridad y Política Exterior, Javier Solana, ha manifestado que “…en el año 2057, el paisaje económico estará mucho menos dominado por los actuales miembros del G-8 que por los llamados E-7: China, India, Rusia, Indonesia, Brasil, México y Turquía”.

Cada uno de estos países es un mundo, pero todos juntos suponen ya un serio desafío para la hegemonía de las superpotencias occidentales, Estados Unidos, la UE y la propia Rusia, además de un impacto descomunal de consumo energético que altera los mercados y contribuye a una dramática degradación medioambiental acelerada, que asombra y estremece al mundo.

2. Demografía

Podríamos destacar como punto de partida, que la población conjunta de China, India y Japón, supera el 40 por ciento del mundial. En 2050, según previsión de la División de Población de Naciones Unidas, los habitantes de Asia serán 5.217 millones, el 57,5 % del total del planeta.

Siempre se ha considerado a China “un mundo lleno”. Con 1.320 millones de habitantes y un crecimiento de 6,92 millones de su población el año pasado, es el país más poblado, aunque su extensión territorial sea la cuarta más grande (9,6 millones de km2) y su renta per capita sea tan solo de 2.280 dólares , aunque desigualmente distribuida (su índice de Gini se sitúa en el 44,7).

Parece claro que su población es la clave para entender el mundo chino. Su presidente, Wen Jibau, admitió recientemente que el país se enfrenta a una nueva explosión de natalidad por lo que endurecería el cumplimiento de la política del “hijo único”. Con ello se espera cumplir el actual plan de desarrollo demográfico, manteniendo la población en 1.360 millones y alcanzar sólo los 1.450 para el 2020, como única forma de mantener el ritmo sostenido de crecimiento económico, paliar la pobreza y reducir las diferencias en la calidad de vida de entre la población urbana y la rural.

India, con una población de 1.130 millones , es un país muy joven con 560 millones de personas con menos de 25 años a los 32. Su población aumenta en torno a los 19 millones cada año, consecuencia de una fecundidad de 3,1 hijo/mujer, contra 1,7 en China, que a consecuencia tiene una población más envejecida (se estima que a mediados de siglo será el país con más ancianos del mundo 438 mill, el 31,1% de su población).

Con una renta p/c de 830 dólares, superará, con 1.658 millones,  a la de China en 2050, según la ONU, siempre que no introduzca drásticas políticas demográficas restrictivas . El Índice de Gini de India se sitúa en 32,5, según cálculos del Banco Mundial, que confirma, en este caso, la enorme desigualdad social del país. Tan solo el 20% del país, los 200 millones que integran a sus élites y privilegiada clase media se encuentra en la esfera de las pautas consumistas del mundo occidental.

Japón con una población de 127 millones y un PIB p/c de 41.480 dólares, ha experimentado un rápido descenso de su tasa media de natalidad (1,3 hijos/mujer), un cambio súbito hacia una sociedad envejecida que pone en riesgo sus privilegiadas condiciones sociales y desbarata las magnitudes relativamente estables de la economía japonesa.

Pero, a pesar de estas reducciones más o menos drásticas de población y  la atención de  estos tres gigantes, se centra en la imperiosa necesidad de conseguir  ingentes recursos energéticos para mantener y consolidar su crecimiento económico y su lucha por el liderazgo geopolítico en la región.

3. Economía

Asia ha experimentado el crecimiento económico más alto del resto del mundo en los últimos decenios. Dos quintas partes del crecimiento mundial entre 2006 y 2020 se deberán a China y la India.

Su peso en el Producto Bruto Mundial, en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) ha aumentado del 21 % en 1980 al 37 % en 2005. Se prevé que en 2020 el Peso en el Producto Mundial Bruto alcance el 43%. La actividad de los 43 países de la región, exceptuando Japón, crecerá una media del 7,6%, este año 2007 y del 7,7% en 2008, ritmos más moderados que el 8,3% de 2006 . Parece que Asia se da un respiro tras lustros de crecimiento trepidante.

Por otra parte, es de interés destacar que China continúa siendo un importante cliente del Banco Mundial. tal como manifestó su presidente en octubre de 2005. “A pesar de su enorme éxito, todavía hay mucha pobreza en este país”, aseveró Paul Wolfowitz , lo que la coloca en una situación delicada de cara a los grandes prestamistas mundiales para el desarrollo, controlados fundamentalmente por los países occidentales.

Uno de los principales problemas es la pobreza. Las actuales tendencias indican que será posible lograr el objetivo de desarrollo del milenio (ODM) de reducir la extrema pobreza en 50% respecto del nivel de 1990, de aquí al año 2015.  A nivel mundial, esto significa que en 2015 el 10% de la población de los países en desarrollo vivirá con un dólar al día o menos .

La disminución de la pobreza evidencia importantes disparidades en todas las regiones. En Asia oriental y el Pacífico, el porcentaje de personas que viven con un dólar al día descenderá a 1% de aquí al año 2015. En ese mismo  año se prevé reducir a un 60 % el porcentaje de pobreza en el mundo, aunque Asía concentrará el 70 % del total del planeta (1.840 millones de personas con ingresos diarios inferiores a 2 $).

Recientemente, el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) advirtió a los gobiernos de la zona la necesidad de hacer mejor uso de sus enormes reservas de divisas, unos 2,3 billones de dólares. De estas reservas, la mayor parte son estadounidenses, con tenencias en deuda del Tesoro por un total de 984.000 de USD, de los cuales China (416.000 millones de USD en bonos y acciones estadounidenses ) y Japón (644.000 millones de USD), y pueden suponer una amenaza latente a la economía de Estados Unidos y los mercados bursátiles mundiales.

4. Republica Popular China

El día que China despierte, temblará el mundo”, afirmaba ya Napoleón Bonaparte . El dragón asiático, está sacudiendo con fuerza su cola en el mar de China, provocando agitadas olas en todos los mares del planeta. Su desbordante crecimiento económico y la imperiosa necesidad de abastecimiento energético son imparables.

Desde la liberalización y la teoría del socialismo de mercado de Deng Xiaoping en 1978, China ha dado un vertiginoso “paso adelante”, hasta convertirse, mediante su nueva política de “emergencia pacífica” y “apego al multilateralismo”, en un coloso de la economía global y ya supone más del 5% del PIB mundial. China ha hecho en una generación lo que a la mayoría de los países le ha costado un siglo. Asimismo, se ha convertido en el mayor receptor de inversión directa extranjera, con más de 60.630 millones en 2004  instalándose en el país medio millón de compañías.

Con la firma del Acta de Adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, su comercio exterior tomó un gran impulso con crecimientos por encima del 30%  anual, alcanzando ya el 5% del mundial. China ocupa el tercer puesto en el ranking de socios comerciales del mundo.

En marzo de 1990, el IV Pleno del Comité central del Partido (PCCh) coloca la modernización de la administración en el centro de la política. Dos años después, Deng Xiaoping, a sus ochenta y ocho años, pragmático, visionario y clarividente consigue que sea avalado oficialmente por el XIV Congreso del Partido Comunista,el concepto de “economía socialista de mercado”. El alquimista que acuñó el concepto “un país, dos sistemas” que constituyó un paso decisivo para la transición de la dictadura comunista a la dictadura capitalista. El paso de un sistema de planificación central de la economía a una sociedad abierta a la economía de mercado, sin embargo férreamente tutelada por el Estado mediante el impulso de reformas estructurales y económicas de sesgo capitalista.

Podríamos afirmar, sin equivocarnos, que actualmente, el comunismo chino ya se codea con un neocapitalismo rampante. Aunque, si el sistema se democratizara, mediante un ansiado cambio político interno, China podría alcanzar, como cree Sir Anthony Giddens, una forma de socialdemocracia, en el devenir intrincado y lento de su estrictamente controlada evolución sociopolítica.

China aportará más riqueza a la economía mundial que ninguna otra nación en 2007, en términos de paridad de poder adquisitivo (PPP). La economía china ha crecido una media anual de 9,7% desde hace 27 años. No obstante, las desigualdades sociales son ahora mayores que cuando Mao Zedon, ”El Gran Timonel”, llegó al poder en 1949 y siguen aumentando. Las campañas populistas de Mao con su “gran salto adelante” plasmado en su primer plan quinquenal de marcado carácter soviético (1953-57) arrancaron fuertes controversias sociales. El último informe del Banco Asiático de Desarrollo prevé para 2007 un avance del 10% en la economía china. Estos niveles pueden ser negativos para el desarrollo a largo plazo, por lo que el gobierno está intentado enfriar la tendencia.

La reforma económica liderada por el dirigente histórico Den Xiaoping en 1978 ha dado un vuelco trascendental que ha mejorado el nivel de vida, si bien principalmente de una parte privilegiada de la población, esencialmente la urbana, desigualdades sociales y una peligrosa brecha social que ha levantado fuertes protestas principalmente en las zonas rurales perjudicadas. Los disturbios en reacción al afán recaudatorio del estado afectan fundamentalmente a los campesinos que sobreviven en el umbral de la pobreza cuyos ingresos medios anuales no alcanzan 100 euros. El éxito de China, su crecimiento económico, su renacimiento cultural y su estabilidad social, sus reformas parecen no haber llegado a los 1000 millones de personas de la China moderna.

Pero el desarrollo económico, primera justificación del marxismo, de la Gran China, reflejado en “sus estadísticas” no siempre verificables, no es precisamente un milagroso éxito, según Mao Yushi, uno de los economistas más relevantes del país, ya que está produciendo serios efectos negativos. “China sigue siendo una de las naciones mas pobres del mundo” Guy Sorman. “A pesar de su enorme éxito todavía hay mucha pobreza en este país”

Para Mao Yushi, el desarrollo económico no es precisamente un milagroso éxito. Se están produciendo serios desajustes: China sigue siendo una de las naciones mas pobres del mundo, sólo 200 millones de ciudadanos chinos disfrutan de un nivel de vida de clase media. Los mil restantes constituyen una de las poblaciones más pobres del planeta. Al índice de crecimiento convendría deducirle los efectos negativos que son característicos del modelo chino; desastres ecológicos, agotamiento del suelo, contaminación, epidemias, y problemas sociales, individuales y colectivos ocasionados por las migraciones masivas.

La disparidad social entre el campo y la ciudad y entre las provincias del interior y de la costa se ha convertido en una bomba de relojería. Para tratar de paliar este potencial conflicto político, en un golpe de pragmatismo, el Presidente Hun Jintao , intenta rehabilitar la esencia del confucionismo bajo el mensaje críptico de la creación de “una sociedad armoniosa” con el fin de restañar los agujeros negros de su actual política con algunas dosis de valores morales como contrapeso a los síntomas de corrupción y represión social.

El gobierno debe mejorar la labor de cobertura social y asegurar las necesidades básicas de las rentas bajas, manifestó recientemente su Primer Ministro Wen Jiabao, durante la Asamblea Anual Nacional de China ante más de 3000 delegados. Su explosivo crecimiento ha sido incapaz de frenar la desigualdad social. Los ingresos medios urbanos (353 euros) suponen más del triple de la renta per cápita de los campesinos.

El progreso económico de China contrasta llamativamente con su lentísima evolución democrática, social y de derechos humanos.  Un dato significativo es el de que no cuentan con un poder judicial independiente, que está subordinado a la autoridad del partido. Desde 1970 el gobierno de Pekín estudia desarrollar un sistema legal inspirado en el derecho continental europeo. Sólo en Hong Kong y en Macao, tienen sistemas jurídicos de origen británico y portugués respectivamente y se pueden considerar modernos.

Sus relaciones estratégicas se afirman principalmente en el comercio. Se ha convertido desde 2004 en el principal socio comercial de la Unión Europea, sustituyendo a Estados Unidos. Sin duda la entrada de China en la OMC, ha cambiado la situación de poder con los países desarrollados. Según primeras estimaciones difundidas por la OMC, ocupa el tercer lugar como potencia comercial, con un 8% de las exportaciones del comercio mundial en 2006. El gigante asiático registró el mayor incremento de los 30 primeros países del mundo, con una tasa del 27%, sin descontar el efecto de los precios. Respecto a los servicios, se situó por primera vez entre los 10 primeros países.

China se ha ganado a pulso el sobrenombre de la “mayor fábrica del mundo” y, al mismo tiempo, la de “mayor mercado mundial” y sigue progresando en todos los sectores industriales, extendiéndose como una gran mancha de “peligro amarillo”. Un 25% de todos los bienes manufacturados a nivel global proceden de China.
 
Pero, “China no representa la amenaza que acecha a la mundialización, sino que personifica el éxito de la misma”, según Peter Mandelson, Comisario de la Unión Europea. También Chris Patten, último gobernador británico de Hong Kong coincide con Mandelson añadiendo que China constituye una gran oportunidad para Europa y el desarrollo económico mundial.  Bruselas apoyó a China para su entrada en la OMC, aunque sin insistir en que aplicara la Declaración de Derechos Humanos de la ONU.

No todo es favorable. Además de la profunda quiebra social, en 2008 adelantará a Estados Unidos como mayor emisor de dióxido de carbono. El consumo energético por unidad del PIB es siete veces superior al de Japón, seis al de Estados Unidos y casi triplica al de India. Reducir estos números  supondrá un duro sacrificio para su crecimiento económico.

Como señala Xu Xiaonian, profesor del CEIBS.( China Europe Intenational Business School, Shanghai), la espina dorsal del desarrollo chino es quebradiza  “China es ahora un atleta que corre muy rápido los 100 metros , pero tiene un cáncer de hígado”. El ritmo de crecimiento no parece sostenible, pues se enfrenta a serias carencias de energía, de materias primas y de lo más importante, el agua. Las materias primas o la energía pueden importarse pero no el agua, que además de ser escasa se gestiona mal en China.

A pesar de todo lo anterior, el país es cada día más rico, educado, informado y abierto. Hay nuevas clases sociales y una nueva mentalidad. En definitiva, progreso. Un espectacular progreso que aúpa a China a la cima del mundo y por el que refuerza su aparato armamentista, en su estrategia militar de defensa nacional y de alejar al mismo tiempo los fantasmas de la guerra.

5. República de India

El rugido de India, estado democrático, socialista y secular, se extiende por toda Asia. India acelera en la carrera de la globalización. Registró un crecimiento récord el año pasado, con un PIB impresionante del 9,2%, pisando los talones a China, con un 10,4%. Su inflación de 4,9%, fue superior a la de China con 2,3% y a Japón con 1,3% .

India sigue firme en la senda del crecimiento, si bien su actual ritmo de expansión presenta cierta fragilidad. Mientras, sus grandes empresas ganan peso en el escenario internacional.

Las corporaciones indias han anunciado este año 34 adquisiciones en el exterior por un valor de unos 10.700 millones de dólares . En 2006, esta cifra alcanzó los 23.000 millones en 2006, cantidad que supera a las inversiones foráneas en empresas indias.

En algún momento de este año, la tasa de crecimiento superará a la de China y en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA), pronto superará a Japón, convirtiéndose en la tercera economía más grande del mundo, solamente detrás de Estados Unidos y China  El plan del gobierno de cinco años prevé que India podrá mantener una media de crecimiento del 9%, pero los signos de sobrecalentamiento sugieren que este ritmo no podrá sostenerse.

Un reciente estudio de Standard&Poor’s destaca el “crecimiento acelerado” de la economía, empujado por la demanda interna, con un mercado en crecimiento, inversión extranjera, la industria y los servicios, aunque advierte de los riesgos, básicamente la dependencia energética del exterior y la falta de infraestructuras, puntos débiles evidentes.

Pese a que la cuarta parte de la nación está por debajo del umbral de la pobreza, la apertura económica de los años 90 ha dado sus frutos, pasando de un PIB del 4,4% al inicio de la década a un crecimiento anual en torno al 9%. India cuenta con un mercado en crecimiento con 300 millones de consumidores de clase media.

El gobierno indio ha suprimido barreras en algunas zonas especiales de India, pero al mismo tiempo ha endurecido su legislación de exención de impuestos para reducir la creciente presión social. Se ha pasado gradualmente de un elevado control estatal del sector privado, control del comercio e inversión exterior a una apertura de los mercados a través de reformas que están encaminadas a reducir la presencia del estado en la economía.

Sus continuos problemas políticos desvelan las dificultades indias en tratar de imitar la emergencia de China como una fábrica global en un entorno en el que los tecnócratas tratan de imponerse a sus políticos populistas. De la misma forma que en China, las desigualdades sociales son sobrecogedoras, estando un 25% de la población por debajo de línea de la pobreza.

El ejecutivo indio pretende impulsar la industrialización en India, donde dos tercios de la población todavía depende de la agricultura y la ganadería y al mismo tiempo lucha por encontrar un consenso político que apoye las muchas de las reformas que ayudarían a realizar en un cambio estructural en la economía.  

6. Japón

La economía de Japón es desde hace cuarenta años una de las más punteras de la OCDE. Durante dos décadas lideró la expansión del sudeste asiático, su zona de expansión “natural”. Miembro del G-8, de la APEC, segunda mayor potencia mundial, se está recuperando del prolongado estancamiento de los años 90. Su tasa de crecimiento se estima este año en un 2,5%, continuando la sostenida recuperación económica iniciada en 2002, después de una década de deflación, quiebras y recesión. Es un país desarrollado, con desigualdades sociales similares a otro países occidentales (su índice Gini es del 24,9).

Su actividad económica se aceleró en la recta final del 2006 al registrar una avance del 1,2%, en tasa intertrimestral no anualizada, la más elevada en casi tres años, gracias a la recuperación del consumo privado y de la inversión empresarial en construcción y de una atinada política de contención del gasto público. Este impulso situó el crecimiento del PIB en un 2,2% anual.

La decisión del Banco Central de Japón de elevar el tipo de interés, situándolo tan solo en un 0,5%, pudo haber influido favorablemente junto a una tasa de inflación que sigue siendo nula, en su recuperación económica.  Tras la devaluación de su moneda con respecto al euro, las exportaciones han fortalecido decisivamente la economía nipona, alimentando una mayor actividad en la inversión empresarial. Sine embargo, su recuperación económica continúa lejos de ser total, y de hecho, sigue siendo débil e inestable.

Sus exportaciones han registrado un incremento de un 18,9% el pasado enero. Hechos significativos ha sido la recuperación en el exterior de sus grandes corporaciones (Toyota, Nissan, Canon, Nippon Steel) y la consolidación de su musculatura financiera, así como la caída de la factura del petróleo y el aumento del 50% de sus ventas a China . El capital japonés ha invertido más de 6.000 millones de dólares en China en 2005, un 20% más que en el año anterior.

Las empresas japonesas que operan en China han empleado unos 1,4 millones de personas en 2006, un 18% más que el año anterior y su alcanzó los 200.000 millones de dólares el año pasado, y en 2007, China (excluida Hong Kong) superará a Estados Unidos como mayor  socio comercial de Japón.

Según el Banco Mundial, Japón sería uno de los mayores beneficiarios en Asia del reciente boom de las exportaciones procedentes de China, especialmente desde la adhesión de ésta a la OMC en el 2001.

En la última visita, en octubre 2006, del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, a China, ambos países acordaron dejar de lado sus diferencias políticas e históricas para crear una "relación estratégica beneficiosa para ambas partes".

No todo son datos favorables. Japón tiene la mayor deuda pública del mundo, equivalente al 150,2% del PIB, la más alta de los países industrializados. El gobierno japonés sigue impulsando el crecimiento económico y al mismo tiempo, trata de reducir su deuda pública a un 148% en 2007. Además, la OCDE afirma que el principal desafío al que se enfrenta ahora la economía japonesa es aumentar el gasto de las familias, lo que supondría un crecimiento más equilibrado, reduciendo la excesiva dependencia de las exportaciones.

Su “economía marcha a buen paso”, subrayando la tendencia de recuperación, afirmó recientemente el Ministerio de Finanzas Japonés.

7. Recursos energéticos (petróleo y carbón)

“El petróleo es el combustible mas versátil que conocemos; se ha posicionado en el centro de la moderna economía industrial, pese a la rivalidad del gas natural y de la energía nuclear, ha conservado su preeminencia principalmente por tratarse de la única fuente de energía multiuso, que además no tiene rival para el sector del transporte”, afirma Edward L. Morse.  Según Michael T. Klare, en el 2020 el petróleo se mantendrá como principal fuente de energía, aportando un 37% del consumo mundial de energía.

Para mantener el crecimiento sostenido de estas fulgurantes economías ”petrodependientes”, Asia necesita ingentes cantidades de crudo y gas natural. La demanda voraz de estos tres países crece desmesuradamente, mientras que surgen alarmantes señales del “ocaso del petróleo”, del “peak oil”, sobre el agotamiento a largo plazo del petróleo y otros combustibles fósiles, según la “teoría del pico” del geofísico M. King Hubbert.

Además, en opinión del Centro de Política y Legislación sobre Energía de la Universidad de Dundee, China, India y Japón supondrán también una fuerte demanda de consumo energético de carbón, de alto nivel contaminante. China, con un 70% de demanda mundial, India un 55% y Japón, con Corea del Sur, un 24%. 

Según estadísticas de BP, Asia-Pacífico consumió 1.650 mtep de carbón, 1.116 millones de toneladas de petróleo y 366 mtep de gas natural. Es autosuficiente en carbón, ya que su producción ascendió a 1.645 mtep y en un 90% en gas natural, pero la producción de petróleo fue de apenas 382 millones de toneladas, esto es, la región tuvo que importar dos terceras partes de sus necesidades de petróleo. 

Al mismo tiempo, la demanda mundial de energía continuará creciendo, con un aumento previsto del 3,1% en el consumo en 2007, liderado por China, el segundo consumidor mundial, detrás de Estados Unidos, el mayor consumidor de petróleo del mundo, al absorber el 25% de la producción mundial.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), China importó en 2004, 123 millones de toneladas de crudo para completar su producción nacional de 170 millones, sin que con ello alcanzara a cubrir la demanda total de 308 millones.
 
El déficit del gigante asiático no ha hecho nada más que empezar. El FMI sostiene que de 2005 a 2013, las economías emergentes supondrán casi tres cuartas partes del incremento de la demanda energética y que China representará un tercio de la demanda total. El país asiático duplicará con creces su consumo y triplicará sus importaciones de petróleo en los próximos diez años. Se prevé que para 2025, importará un total de 10,2 millones de b/d (en comparación con los 4,1 mbd de 2005).

A esto hay que añadir que la demanda energética de Japón fue de 11 millones b/d en 2004 y se estima que alcance los 12 millones en 2030  La importación de crudo del “país del sol naciente”, carente de recursos petrolíferos, fue de 5,7 mbd en 2005 y se estima se situará en 4 mbd para 2025. 

Cabe señalar a China e India como protagonistas destacados de la competencia global por el crudo. India sigue a China en el ritmo de crecimiento de la demanda de crudo más alta de todas las economías del mundo. Juntos, representarán un 17% del total mundial, superando la estimación prevista de un 5% para Japón.

India sexto consumidor de energía del mundo, cuenta con refinerías de petróleo, si bien tiene escasos recursos de metano y petróleo. Importa el 70% de su demanda petrolífera. La previsión de crecimiento de crudo se estima en un 10% anual.
 
Las previsiones de crecimiento de la EIA  indican que entre 2002 y 2025 el consumo de petróleo aumentará a una tasa anual media del 4,5% en China (3,5% en la India, 1,4% en EEUU, 0% en Japón, 1,3% en Corea del Sur y 1,9% en el mundo).

8. Recursos energéticos (gas)

La escasez del petróleo y la teórica mayor limpieza medioambiental del gas ha hecho que la demanda mundial de gas natural ha crecido exponencialmente, incluyendo la demanda de los países de nuestro estudio: China, India y Japón.

Concretamente, China consumió 12 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtoe) en 1990, 33 en 2004 y se prevé llegar a 59 millones de toneladas en 2015, India 6 millones de toneladas  en 1990, 9 en 2004 y previstos 18 en 2015 y Japón, 15 millones de toneladas en 1990, 27 en 2004 y previstos 32 en 2015 .

Se estima que las reservas probadas de gas natural del mundo eran, a finales de 2005, de unos 180.000 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep). La producción mundial fue en 2005 de 2487 Mtep.

El gas natural está muy concentrado en unas pocas áreas. El 56% de las reservas mundiales están situadas en sólo tres países (Federación Rusa, 26,7%, Irán, 15,3% y Qatar, 14,4%) en tanto que Arabia Saudí, cuarto país por reservas, no llega al 4%. 

En las últimas tres décadas el crecimiento de su uso ha sido moderado, un 3,5% anual, y en la última década se ha reducido hasta el 2,6%. Tres factores podrían acelerarlo de nuevo: las crecientes necesidades de energía de los países emergentes, especialmente de China e India, por su enorme población; la menor disponibilidad de crudo, especialmente de los tipos más ligeros, y la presión para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera que se deriva del Protocolo de Kyoto, 2001, circunstancias que, previsiblemente, se agudizarán en los próximos años.

El gas natural está llamado a cubrir un hueco importante en el panorama energético del futuro, por las menores emisiones que comporta su consumo respecto a otros combustibles fósiles y, concretamente, el gas natural licuado (GNL) cumplirá un papel relevante, por las ventajas que presenta su transporte frente a los gasoductos.

La importancia que concede Rusia a este valioso producto energético ha motivado a Putin a liderar la creación de un poderoso cártel de los principales productores de este combustible, la  posible “OPEP del gas”. Una iniciativa en la que toma parte activa Irán, Argelia, Qatar y Venezuela, que en conjunto controlan el 73% de las reservas de gas natural del planeta y que puede crear de nuevo problemas para los países dependientes.

Rusia es ya una superpotencia energética. Gracias a la subida de los precios del petróleo y del gas, ha recobrado su poder, reclamando su posición preferente en el escenario mundial como potencia independiente. Esto podría fomentar la escalada futura de viejas y nuevas rivalidades, especialmente con Estados Unidos, que parece indeciso sobre si sus relaciones con Rusia deben ser consideradas como potencia rival o como un socio difícil . 

Estados Unidos, Europa y nuestros gigantes asiáticos, ven alarmados cómo cobra fuerza este poderoso cartel gasista, una concentración de poder en el negocio energético, que puede suponer una seria amenaza para sus intereses energéticos, que ya soportan la fuerte presión del cartel petrolero OPEP.

Más de un 25% del gas que consume Europa proviene de Rusia. Argelia, uno de los cinco países que formaría la “nueva OPEP del gas”, es también importante suministrador de España, que importa 33.118 millones de m3 de este país.
 
Reacciones contrarias a este todavía incierto proyecto a medio plazo, no se han hecho esperar. El Comisario para la Energía de la Unión Europea, amenazó con impulsar, como alternativas, el desarrollo de la energía nuclear y el “carbón limpio” si Argelia y Rusia llegan a constituir el referido cartel. Cabe añadir que una posible alianza con Irán podría ser considerada por Estados Unidos y la Unión Europea como una amenaza para Occidente. 

9. Crisis energéticas

Las predicciones de científicos, analistas financieros del mundo del petróleo y de empresas petrolíferas multinacionales y la misma AIE han coincidido en advertir sobre las enormes dificultades para mantener el crecimiento de la producción de crudo al ritmo de la demanda.

Michael T. Klare, experto en seguridad internacional e influyente analista en temas de defensa predice que estamos muy cerca del “Ocaso de la Era del Petróleo”, una época de escasez crónica de energía y estancamiento económico, así como de constantes crisis y conflictos. “El petróleo seguirá disponible en la gasolinera más próxima para aquellos que lo puedan pagar, pero no será barato ni abundante como ha sido durante los últimos treinta años”. La era del petróleo barato y fácil ha terminado.

Estados Unidos, primer consumidor mundial, tendrá que competir con más fuerza con China e India, voraces consumidores, para tener acceso al cada vez más escaso suministro de crudo, considerado como vital material estratégico. 

A su vez, Matthew Simmons, experto en mercados energéticos, apoyado en la teoría del  “cenit del petróleo” o “teoría del pico de Hubbert” -influyente teoría acerca de la tasa de agotamiento a largo plazo del petróleo y de otros combustibles fósiles-, advirtió el pasado febrero, que la producción mundial esta a punto de alcanzar su máximo, lo que podría impulsar el precio del petróleo a 100 dólares barril. “De los tres mayores yacimientos de petróleo del mundo por producción –Ghawar en Arabia Saudí, Cantarell en México y Burgan en Kuwait-, continúa Simmons, “Burgan ha alcanzado su pico máximo de producción y Cantarell está en caída libre”.

La AIE ya alertó en  2006 sobre la caída de producción en los yacimientos del Reino Unido, Noruega y México, lo que supondría casi medio millón de barriles menos al día. Simmons, por su parte, pronostica que este descenso podría suponer un millón en 2007”, añadiendo que “a mediados de los noventa ya le sorprendió el ratio de agotamiento de los yacimientos de Arabia Saudí, pues la tasa se estaba acelerando en algunas zonas desde el 3%-8% anual a un sorprendente retroceso del 20%”.

Así mismo, la AIE afirma que el cenit de la producción de crudo convencional no-OPEP se alcanzará en el 2015, mientras que la demanda sigue aumentando inexorablemente, pudiendo tocar techo entre los años 2020-2023. La mayoría de los análisis proyectan un incremento del consumo de energía en el mundo para el periodo 2002-2025 del 57%, lo que supone un  incremento medio anual del 2% en los 23 años proyectados.

La Asociación Internacional de la Energía (AIE), en su último informe, “World Energy Outlook 2006”,  presenta un panorama oscuro sobre el futuro energético global. Según su director ejecutivo Claude Mandil: “El mundo encara un mañana sucio, inseguro y caro en el que los países consumidores serán más vulnerables a severas interrupciones del suministro, al mismo tiempo que se acelerarán los riesgos asociados al cambio climático global”. Parece evidente, que incluso por razones ecológicas, la producción de un yacimiento o a escala mundial, no puede aumentar indefinidamente. 

“Hemos entrado en una nueva era de los precios del petróleo”, dijo el experto en energía, Daniel Yergin a Times Magazine. “Veremos mucha volatilidad y podremos ver subir los precios hasta 65 o 85 dólares”.

Los analistas de Goldman Sachs son incluso más pesimistas, sugiriendo que el petróleo podría alcanzar un precio de hasta 105 dólares/barril en un futuro cercano. “Creemos que el mercado del petróleo ha entrado en las primeras etapas de lo que llamamos el periodo “superpico”.

Las últimas crisis energéticas del petróleo, la del 73, por el embargo de la exportación de petróleo de los países árabes miembros de la OPEP en respuesta al apoyo de los países occidentales a Israel,  la crisis del 79, motivada por la revolución iraní, la de 1990, con la drástica subida de los precios del petróleo por la Guerra del Golfo y finalmente la de 2004, con fuertes incrementos del precio del crudo por los márgenes de suministro frente a la creciente demanda, han disparado el crecimiento del consumo de estos años y  han hecho saltar las alarmas a pasos agigantados.

En las últimas décadas se ha producido una seria incertidumbre geopolítica y un cambio radical de geoestrategias, a lo largo y ancho del globo, de las superpotencias occidentales y de las reemergentes, China, India y Japón, hacia la apremiada búsqueda del ansiado “oro negro”.

Una auténtica estampida, no sólo en el ámbito de recursos energéticos, si no también en el comercial, económico, político y de seguridad, mediante  despliegues diplomáticos de gran calado, favoreciendo un  decidido impulso y fortalecimiento del asociacionismo intrarregional y hacia el amplio mundo.

Las áreas neurálgicas de producción petrolífera son objetivos prioritarios para las superpotencias occidentales y nuestros gigantes emergentes, escenarios donde pugnan por el acceso a las fuentes de petróleo y gas natural, hidrocarburos imprescindibles para mantener un crecimiento económico sostenido, como consecuencia principal de un desaforado consumo.

“En este siglo que comienza, los más importantes recursos energéticos se encuentran, fundamentalmente en tres grandes áreas: en el triángulo euroasiático (con más del 60% de los recursos mundiales), cuyos vértices se apoyan sensiblemente en el Cáucaso, en Asia Central y en Oriente Medio, en África subsahariana y en Iberoamérica” .

Cabría añadir el Golfo Pérsico, Irak e Irán, el Mar Caspio, Mar del Sur de China, los estados exsovitéticos de Asia Central, Afganistán, Rusia, África Occidental, Magreb, Mar de China y Canadá, entre otros. El resto de áreas de producción petrolífera se encuentra en marcado declive.

Frente a las predicciones pesimistas de los “cenitistas”, Klare y Simmons, surge entre los “anticenitistas”, el premio Pulitzer, Daniel Yergin, quien confía en la tecnología para descubrir nuevos yacimientos de hidrocarburos en el planeta.

La corriente optimista apunta que existen diversas tecnologías “no convencionales” capaces de conseguir energías alternativas, mediante la recuperación de enormes reservas, pizarras bituminosas, pozos muy profundos en alta mar, arenas asfálticas, bituminosas, hidratos de metano. Más complicado será el desarrollo de la energía nuclear y otras energías renovables están todavía muy poco desarrolladas en la zona.

Se estima que la demanda de crudo continuará su subida en 2008, pero la nueva producción y capacidad de refinado en marcha tenderá a estabilizar la volatilidad de su precio.

El desarrollo de proyectos de pozos petrolíferos en marcha en Arabia Saudi, Emiratos, Algeria, Kuwait, Rusia y África Occidental, también aliviaría la preocupación por la posible caída del suministro de oro negro. Siempre que una crisis geopolítica no deje fuera de juego a Irán, gran productor.

Los combustibles fósiles seguirán, no obstante, dominado el suministro de energía, el 80% del incremento esperado, porque se supone que no hay sustituto eficaz de los combustibles fósiles para automóviles y aeronaves.

La búsqueda de “energías limpias”, de biocombustibles, ha llevado incluso a considerar al etanol como nueva geoestrategia diplomática de Estados Unidos. La reciente gira de Bush a Iberoamérica en el mes de marzo se centró principalmente en conseguir alianzas en la región y, especialmente, con Brasil. Estados Unidos elabora 20 millones de m3 de etanol, tan solo el 3% del combustible que consume.

Mientras tanto, el mundo sigue persiguiendo con urgencia la generación de energías renovables de cara a 2020 que puedan paliar la posible crisis energética que se avecina y al mismo tiempo, reconducir las relaciones entre energía y medioambiente.

 “Las potenciales tensiones geopolíticas vinculadas a las disputas por las fuentes de energía, podrían ser evitadas si se cumplen las previsiones de la OIE de Fusión. Si tiene éxito el ITER (Reactor Internacional Termonuclear Experimental) ayudará a resolver problemas como el cambio climático”.

“También si otros avances en células de combustibles, nano y biotecnologías se materializan, cambiarán nuestros conceptos sobre qué tipo de futuro tendremos que afrontar”.   Además del planteamiento de una economía basada en hidrógeno y en la energía nuclear.

James Lovelock, geofísico y colaborador de la NASA y autor de la teoría de “Gaia”, señaló el pasado 25 de marzo, que “el uso de la energía nuclear, aunque transitorio, supone un medio para permitir a la humanidad salir del paso en el que está ahora”. “La energía nuclear es la única medicina para curar nuestro planeta enfermo. Se trata de una fuente segura y constante de electricidad hasta que esté disponible la energía de fusión”.

10. Lucha por los recursos energéticos

La acusada subida de los precios del petróleo durante los últimos cuatro años ha producido toda una conmoción que ha desatado una lucha global entre las superpotencias occidentales y las emergentes en búsqueda de la seguridad energética ya que como señaló Wall Street Journal en enero 2007, “la seguridad energética representa uno de los desafíos políticos, económicos y militares del siglo”.

El “ocaso del petróleo” ha desvelado de golpe, el creciente “ocaso de las ideologías”, hundiendo en el fango del beneficio propio, la esencia de los verdaderos valores de las civilizaciones de Oriente y Occidente. Por encima de la “exportación de democracia” y de derechos humanos despuntan los icebergs de intereses materialistas que ha llevado a Nursultán Nazarbáyev, Presidente de Kazajistán, a calificar hace días de “interés malsano” a la preocupación por las fuentes energéticas.

Ejemplo de este interés es el hecho de que petroleras estatales de China e India se han convertido en feroces competidores con las empresas líderes en el mundo de los sectores petrolero y gasista en la caza de yacimientos por el mundo , a pesar de que genera el 60% del petróleo que consume.

Petrochina, líder en el mercado de gas y petróleo, Sinopec y  CNOOC , con importantes capitalizaciones bursátiles, que han desplegado una intensa actividad en el extranjero. Estas multinacionales emergentes con aspiraciones globales, son en su mayoría, monopolios o semimonopolios públicos o empresas de capital mixto semipúblicas. Sin embargo, según Peter Nolan, de la Universidad de Cambridge “ninguno de estos gigantes es verdaderamente competitivo”.  Para Julio Arias, Senior Consultant de APCO China, esto se debe en gran parte a una diferencia de énfasis: al gobierno de Pekín le importa más desarrollar empresas globales que empresas competitivas. China cuenta todavía con 100.000 empresas públicas que siguen funcionando según el antiguo modelo maoísta.

Así mismo, las compañías estatales petroleras (NOC) chinas e indias, vienen realizando al alza recientes adquisiciones en el exterior . El creciente consumo energético de la India impulsa a sus empresas a competir con las de China en acuerdos e inversiones internacionales en Rusia y en sectores punta de países africanos como Angola, Costa de Marfil, Burkina Faso, Chad, Senegal, Kazajstán, etc.

Las previsiones muestran el crecimiento de una fuerte dependencia de importaciones de crudo, que le han impulsado a realizar incursiones prospectivas en la exploración y explotación en Kazajstán, Rusia, Irán, Sudán, África Occidental, Arabia Saudita, Canadá y Venezuela. Pero, a pesar de su esfuerzo en diversificar sus recursos, China depende cada vez más del petróleo de Oriente Medio, del que importa el 58% de sus importaciones, que en 2015 alcanzará un 70%.

El interés del gigante asiático por los recursos energéticos de África, que ya supone más del 25% de las importaciones petrolíferas chinas de crudo y gas natural, obligó a Hu Jintao a viajar por segunda vez en un año al continente africano para garantizar el suministro de petróleo y materias primas.

Pekín concedió créditos preferenciales por un total de 8.500 millones de dólares a los países africanos, negociados durante la cumbre chino-africana de Pekín en noviembre, 2006. Asimismo, condonará la deuda a 33 países subdesarrollados de África, libres de condiciones políticas  y, entre otros compromisos, construirá escuelas e instalaciones contra la malaria en una treintena de países antes del 2009. La estrategia de China es valorada como “un espléndido plan para crear una exclusiva esfera de influencia en África”.

Según el Carnegie Endowment for Internacional Peace, durante los últimos cinco años el titán asiático ha ganado presencia en veinte naciones africanas distintas, empleando unos quince mil millones de dólares en la compra de pozos petrolíferos y empresas locales de producción de crudo. China ha establecido relaciones formales, esencialmente económicas, con la República de Sudáfrica, Gabón, Angola, Nigeria y Níger.

También Sudán se ha beneficiado de su “generosidad”. A cambio de petróleo Pekín vende armamento a Jartum. Esta relación económica explica la abstención de China en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU por el genocidio de Darfur.

Al mismo tiempo, sus prácticas negociadoras han suscitado fuertes críticas en el propio corazón africano, donde el Presidente surafricano, Thabo Mbeki, declaró el mes pasado que “la expansión del China en África es una reminiscencia de comportamiento neocolonial”. Es evidente por tanto que desea asegurarse un aprovisionamiento regular de los países productores africanos a cualquier precio y así diversificar sus  riesgos energéticos. 

Por otro lado China reconoce que su seguridad energética depende cada vez más de la cooperación con Estados Unidos y de no entrar en competencia para disfrutar de beneficios económicos y estratégicos derivados de esa posible cooperación. Esta estrategia política enfrenta al sentimiento de los líderes chinos de que Estados Unidos busca el dominio y control del Golfo Pérsico, tratando de frenar las aspiraciones chinas en esta región. China sigue considerando a los americanos como una grave amenaza para su seguridad energética a largo plazo.

Washington, a su vez, recela y desaprueba la estrategia China de penetración en Oriente Medio, así como la consolidación de relaciones estratégicas con países hostiles a Estados Unidos, especialmente por la venta de armas en la región y su apoyo a estados que patrocinan el terrorismo, lo que supone serios obstáculos para el establecimiento de sólidas relaciones.

Como ejemplo, China también proporciona armamento convencional que pudiera amenazar la seguridad de las fuerzas militares estadounidenses en el Golfo Pérsico. Es preocupante la venta a Irán de misiles antibuques , lo que supone una amenaza al tráfico de petroleros y buques americanos que operan en la zona.

Un componente clave en la estrategia china para garantizar el acceso al petróleo del Golfo Pérsico ha sido cultivar sus relaciones con Arabia Saudí, que se remontan a 1980, materializadas con la visita de estado del Presidente Jian Zemin, quien anunció una “alianza estratégica del petróleo”  entre los dos países. China ofreció vender a los saudíes misiles balísticos intercontinentales.

Por el momento, Arabia Saudí se pliega a sus relaciones con Estados Unidos de “protección por acceso ilimitado” a sus campos petrolíferos iniciados por el Franklin D. Roosevelt, desarrollada en detalle en la llamada “Doctrina Carter” de 1980, que establece usar la fuerza militar, cuando sea necesario repeler a cualquier ataque hostil que impida el flujo del petróleo a Oriente Medio,  geopolítica estadounidense continuada por sucesivos presidentes hasta G.W. Bush. Estados Unidos considera a los recursos energéticos como vitales para la seguridad del país y de sus aliados.

Fuera de Oriente Medio, persigue múltiples frentes en el Mar de China Meridional, Mar de China Oriental, países del Cáucaso y Mar Caspio y Asia Central, áreas estratégicas de enorme recursos energéticos, que tanto Estados Unidos como países de la zona consideran de extrema importancia.

Estados Unidos estima que los recursos energéticos, sus fuentes y vías de distribución, son asunto de seguridad nacional, es decir, que están dentro del ámbito de competencias del Departamento de Defensa y de otros organismos responsables de salvaguardar los intereses vitales del país, “que los recursos petrolíferos fluyan libres de restricciones desde los países productores amigos hasta las refinerías y plantas de procesado de todo el planeta, para mantener en marcha la maquinaria económica mundial” .

Así por ejemplo ha desarrollado el Cuartel General del Comando Central Estadounidense (Central Command. CENTCOM), con sede en Tampa (Florida). Su misión principal, entre otras, es precisamente, la de proteger y asegurar sus vías de suministro energético y las de sus aliados mediante la protección de explotaciones petroleras, gaseoductos y rutas comerciales marítimas.

11. Nueva geografía de conflictos internacionales

La globalización económica fomenta el apetito por los recursos naturales, conduciendo a su escasez. La creciente competencia por acceder a fuentes de petróleo, gas natural, suministros de agua compartida, minerales y maderas, delimitan la nueva geografía de los conflictos en el Siglo XXI. La nueva preeminencia de Asia Central y de su potencial riqueza petrolera, junto con los recursos del Golfo Pérsico, cuenca del Mar Caspio y Mar de China Meridional, no es sino un signo de una transformación mayor en el pensamiento estratégico de las grandes potencias.

Tras ese cambio de la geografía estratégica surge un nuevo énfasis en la protección al suministro de recursos vitales, sobre todo el petróleo y el gas natural.  Cualquier interrupción en el abastecimiento de recursos naturales tendría graves consecuencias de todo orden, los principales países importadores consideran hoy que la protección de ese flujo es una seria preocupación nacional.

Aunque, concretamente China, segunda consumidora mundial de crudo, no se ha visto nunca sometida  a un bloqueo por causas políticas, sigue existiendo el riesgo de un conflicto militar en el Estrecho de Taiwán. Escenario similar al que se enfrentaría con respecto a Oriente Medio, la fuente del 60% de sus importaciones, lo que la obliga a mantenerse neutral respecto al conflicto palestino-israelí.

El cierre del cuello de botella del Estrecho de Ormuz, tras una posible intervención militar en Irán, resultaría igualmente muy perjudicial para China.

Otra fuente de tensión es el acceso al petróleo ruso. Durante muchos meses, China y Japón luchan por conseguir un importante acuerdo del suministro del petróleo ruso desde el Este de Siberia.  

También se prevén conflictos potenciales con Japón por los recursos del Mar del Este de China, y en menor medida, por los de Asia Central. La preferencia rusa por el oleoducto Taishet-Najodka ha irritado a China, que llegó incluso a suspender temporalmente las importaciones desde Dajing a Japón.

En el Mar del Este de China, la controversia afecta, principalmente, a los campos de gas de Chun Xiao, Dunquiao y Tianwaitan, y las reservas de petróleo de las islas Senkaku o Diayou, ocupadas por Japón y reclamadas por China. Con Vietnam y otros países de la zona existen riesgos de confrontación por los recursos del Mar del Sur de China y del Golfo de Tonkin.

Las islas Parcel, situadas en el cuadrante noroeste del Mar de China Meridional, ocupadas por China tras expulsar a las fuerzas vietnamitas en 1974, son reclamadas en su totalidad por China, Vietnam y Taiwán, y parcialmente por Filipinas, Brunei, Indonesia y Malasia.

En Asía, China e Indonesia compiten por conseguir derechos de perforación marítima de una importante bolsa submarina de gas en el Mar de Natuna, en el cuadrante del Mar de China Meridional, mientras que Indonesia ha otorgado concesiones de explotación a empresas extranjeras, China reclama la zona como parte de sus aguas territoriales.

El archipiélago de Diaoyu/Senkaku, en el Mar de China Oriental, ha sido el escenario de choques periódicos de unidades navales de China, Taiwán y Japón. Aunque estas islas no son habitables, parece que hay valiosos yacimientos submarinos de gas y petróleo.

También, existen disputas territoriales entre Australia, Indonesia y Timor Oriental por los derechos de perforación marítima en un extenso yacimiento de crudo y gas natural en el Mar de Timor, concretamente la extensión marítima comprendida entre Timor y Australia.

Podría afirmarse, sin duda, que la pretensión china de aumentar y diversificar las fuentes de suministro y las rutas de transporte de petróleo está produciendo serias consecuencias geopolíticas en Asia-Pacífico.
 
Aún a pesar de estos riesgos de conflicto de China con sus vecinos principales -Japón, Corea del Sur, India-, también podría existir una posible cooperación para un acceso conjunto y coordinado a los recursos -Dannreuther, 2003-, como evidenció, por ejemplo, la “iniciativa de Qingdao”  en 2004 .

Por otra parte, la expansión de la Armada del Ejército de Liberación Popular (ELP) puede entenderse, al menos en parte, como la expresión de voluntad de Pekín de proteger las vías marítimas de abastecimiento de petróleo y, en años venideros, también de gas natural.

12. Asociaciones regionales

Paralelamente a los fuertes despliegues diplomáticos y comerciales de China, India y Japón, fuera de su propia región de Asia, en rabiosa competencia con Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea, nuestros gigantes asiáticos vienen fomentando sus relaciones intrarregionales mediante asociaciones que han cobrado gran importancia y les han permitido consensuar una geopolítica local auténticamente propia, favoreciendo el diálogo con países de la zona, lejos de las constantes presiones y presencias de potencias foráneas, como principalmente Estados Unidos y Rusia.

Esta geopolítica se define en la siguiente relación de organizaciones regionales asiáticas, entre las que destacan la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ANSEA o ASEAN), fundada en 1967, con un mercado de 550 millones de consumidores y un PIB cercano a los 737.000 millones de dólares desde la primavera de 2006 también trata temas de defensa o la Asociación de Cooperación Económica en Asia-Pacífico (APEC), impulsando el diálogo económico entre los países de los continentes asiático y americano.

China no cesa de tejer su red de influencia en la región, como insólita promotora en 1996 de la ya consolidada Organización de Cooperación de Shangai (OCS) en Asia Central, orientada a Occidente, ampliada actualmente a Mongolia admitiendo como observadores a India, Irán y Pakistán .

Moscú y Beijing dominan la OCS, un bloque regional de seguridad, formado por China, Rusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán, tiene un claro componente energético, además del de seguridad y lucha contra el terrorismo, a lo que se añade un fuerte rechazo a la presencia militar de Estados Unidos en esta estratégica región que cuenta con importantes recursos naturales.

No obstante, la política de oposición a las sanciones energéticas en la lucha contra la proliferación nuclear y la utilización de los oleoductos, fundamentalmente desde el Caspio y los intercambios sobre seguridad en el seno del Foro Regional de ANSEA, entre Asia y sus tres socios en cuestiones de seguridad, América del Norte, Unión Europea y Rusia, se ha convertido en la razón primordial de la OCS .

Al margen de este asociacionismo regional, seis actores clave de la región Asia-Pacífico (Estados Unidos, China, India, Japón, Corea del Sur y Australia), acordaron colaborar en su desarrollo propio y contra el calentamiento climático en Asia. Estos “socios” firmaron en enero de 2006, en Sydney, un Protocolo de Kyoto “descafeinado”, pues no limita la emisión de gases de efecto invernadero y tan solo promueve el desarrollo de tecnologías menos contaminantes.

La primera Cumbre de Asia Oriental en 2005, en Kuala Lumpur (Malasia), bajo el lema de “una visión, una identidad, una comunidad”, consiguió reunir a China, Japón, India, Corea del Sur y los diez países de ASEAN, para favorecer el libre comercio, regulaciones económicas y financieras, tomando conciencia de una cierta “comunidad de destino”.

Toda una apoteosis de regionalismo asiático, donde Estados Unidos   –que había participado en los demás diálogos regionales de Asia Oriental- fue marginado, con la intención de apartarle progresivamente del ámbito asiático, la Unión Europea se abstuvo y Rusia se movió entre bastidores. También se produjeron tensiones debido a que China no pudo oponerse a la incorporación de India y Australia.

La segunda Cumbre de Asia Oriental se celebró en Cebú (Filipinas) en 2007. Este encuentro volvió a contar con el pleno de jefes de Estado de los diez países de ASEAN y de Japón, Corea del Sur, India y de Australia y Nueva Zelanda, con participación muy activa del primer ministro chino, Wen Jiabao.

Su principal objetivo fue establecer nuevas bases para una mayor solidaridad, cohesión y cooperación en toda Asia Oriental. La presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal-Arroyo subrayó el compromiso inequívoco de todos los líderes de la región hacia la paz, estabilidad, y prosperidad económica de sus pueblos. 

En esta reunión se aprobó la “Declaración de Cebú sobre seguridad energética en Asia Oriental”, Con ella, los países firmantes pretenden atajar los tres problemas principales del sector de la energía en Asia Pacífico: aumentar la eficiencia energética, con el fin de frenar el consumo claramente excesivo en relación con el PIB; reducir la dependencia con respecto a los combustibles fósiles, mediante el desarrollo de energías alternativas, con el fin de que la región diversifique sus fuentes de energía, a la vez que reduzca sus emisiones de dióxido de carbono; y garantizar un suministro estable de energía, especialmente en los países que han visto aumentar su dependencia con respecto a las importaciones, mediante el desarrollo de las infraestructuras regionales o la creación de reservas estratégicas de petróleo .

13. Degradación ambiental

El enorme crecimiento de las economías de China e India, auténticos motores de la economía mundial, supone una alarmante dependencia y un altísimo consumo energético de combustibles biodegradantes. Ello comporta  consecuencias indeseadas de “efecto invernadero” oque producen el llamado calentamiento climático global.

Según datos de la BP Statistical Review of World Energy en el conjunto de la región esos tres combustibles, de alto poder contaminante, suponen más del 90% del consumo de energía comercial. Como ya hemos indicado, China depende en el 70% del carbón, el 21% del petróleo y el 3% del gas natural. En el caso de Japón, las proporciones son del 23%, 46% y 14% y en el de la India, del 55%, 30% y 8%, respectivamente.

A efectos comparativos, señala el Profesor Pablo Bustelo el conjunto de la energía nuclear, hidroeléctrica y otras renovables supone el 12% del consumo en España y el 45% en Francia, frente al 9% en Asia-Pacífico y al 7% en China y en la India. En consecuencia, la energía nuclear, la hidroeléctrica y las otras energías renovables están todavía muy poco desarrolladas en Asia-Pacífico.

Esa extrema dependencia de los combustibles fósiles tiene como consecuencia que la emisión de gases de invernadero, y en particular de CO2, que es extremadamente elevada en relación al PIB. Esta situación se produce en parte por el uso de carbón, que seguirá

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