Cada vez es más frecuente que los usuarios se fijen en si pueden o no cancelar sus productos bancarios y, en qué condiciones lo hacen, eliminando posibles incertidumbres en su economía doméstica, fundamentalmente ante situaciones de urgencia en que necesiten dotarse de liquidez y, que probablemente necesitarán deshacer sus posiciones para afrontar sus gastos.

Productos Bancarios

No es ningún secreto que para contratar cualquier producto bancario destinado para el ahorro (imposiciones, pagarés, fondos de inversión, etc.), no solamente hay que fijarse en su rentabilidad y a los plazos a los que van dirigidos.

También es preciso que se valore, si pueden cancelarse o no antes de su vencimiento y si esta operación puede conllevar algún tipo de penalización en forma de comisiones, que pueda lastrar las operaciones de los clientes sobre su planteamiento inicial.

 

Cada vez son más los usuarios bancarios que toman este parámetro en su toma de decisiones para conformar su cartera de ahorro y, eliminar de esta forma posibles incertidumbres en sus cuentas personales. Y, por una razón muy sencilla, que no es otra que dotarse de la liquidez suficiente ante los muchos gastos que tienen que afrontar y, que en momentos puntuales necesitan deshacer sus posiciones en los productos contratados para disponer de los recursos económicos suficientes en su cuenta corriente. Las facturas domésticas, el colegio de los “peques”, la cuota mensual de la hipoteca o algún gasto no previsto puede ser el detonante para que cancelen su producto para dotarse de la suficiente fluidez monetaria

Y, que especialmente cobra mayor relevancia al no regirse todos ellos por las más mismas normas, ya que para recuperar los ahorros no será lo mismo quien tenga suscrita una imposición a plazo que un fondo de inversión, que se regulan con planteamientos diferentes. No en vano, una cancelación parcial o total puede conllevar a que la rentabilidad anunciada no se aplique finalmente y quede recortada en un porcentaje significativo que merme sus beneficios.

De ahí que, antes de plantearse una toma de contacto con alguno de estos productos, sea necesario establecer una estrategia en la que se contemple en qué plazo de tiempo no se necesitarán las aportaciones y, en función de ello, decantarse por aquel modelo que mejor se adapte a su perfil como ahorrador.

Se trata, en definitiva, de que no sean penalizadas sus aportaciones y, por supuesto, que a su vencimiento se consiga la mejor rentabilidad

Productos Bancarios: Renta Fija

Los productos de renta fija son los más complejos para estas operaciones ya que en la mayoría de casos están diseñados con un vencimiento, que si no se cumple puede anular o disminuir su rentabilidad, incluso generando penalizaciones.

No obstante hay muchas variaciones de unos a otros, por lo que es preciso analizarlos para evitar cualquier clase de contratiempo.  

  • Imposiciones a plazo: si se contrata un depósito, y antes de su vencimiento sus titulares necesiten de sus aportaciones (parcial o totalmente) para dotarse de liquidez ante cualquier circunstancia, lo podrá realizar, pero sin el interés ofrecido o con una comisión de cancelación anticipada que puede oscilar entre el 1% y 2%. Por ello, antes de contratarlos es necesario considerar su respuesta a este problema con el objetivo de no verse sorprendidos por alguna cláusula que mengue sus ahorros. 
  • Pagarés bancarios: sus plazos deben respetarse escrupulosamente ya que se trata de un modelo de ahorro mucho más rígido, a no ser que se vendan en el mercado secundario, en donde el valor de venta será sensiblemente más bajo que el de compra, con una pérdida no solamente de los intereses sino del capital aportado, y que en cualquier caso no supone una operación recomendable para los suscriptores.

  • Letras y bonos del estado: su contratación requiere también del cumplimiento de sus plazos, ya que para hacer un rescate de las aportaciones realizadas habría que acudir al mercado a venderlas, probablemente con un valor por debajo del de su compra que amortigüe la inversión inicial.

  • Otros productos bancarios: las cuentas bancarias, libretas de ahorro o planes de ahorro son los productos que tienen menos problemas para recuperar las aportaciones ya que cuentan con una total disponibilidad y sin comisiones ni gastos por sus operaciones de cancelación. No están penalizados.

Poductos Bancarios: Renta Variable

Los productos derivados de la renta variable no ofrecen ningún problema para que puedan ser recuperados sus importes en cualquier momento, sino al contrario sus operaciones son rápidas y permiten disponer del dinero invertido en el mismo día.

Su problema radica en que pueda hacerse con minusvalías, es decir, que el precio de venta sea inferior al de compra y, que para aliviar la cuenta corriente de los inversores ante alguna necesidad pierdan parte de su capital.

Para evitar estos problemas se han confeccionado una serie de préstamos que permiten recuperar la liquidez sin tener que malvender las inversiones, pero que a cambio genera unos intereses que pueden llegar al 10%, lo que también es insatisfactorio para los clientes.

  • Bolsa: se refiere a la compra y venta de acciones en los mercados bursátiles, pero no exclusivamente, ya que también tienen cabida otros diseños para invertir (ETF,s, ventas a créditos, operaciones de futuros…). En todos los casos la recuperación de nuestros ahorros será inmediata, incluso en el mismo día, pero puede que con cambios diferentes con respecto al precio de compra, tanto al alza como a la baja. 
  • Fondos de inversión: son otro de los productos que cuentan con una liquidez total, y cuya recuperación de los aportes económicos se solucionará en el mismo día, aunque también en este caso dependerá de la evolución del propio diseño de cada gestora para finiquitar las operaciones positiva o negativamente a través de una orden de venta por parte de sus titulares, y que puede ser parcial o total en función de sus necesidades.

 

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