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Bitácora de crisis

La crisis económica en tiempo real

Desinformación económica

Leo en un diario económico que el BCE podría pensarse dos veces lo de subir tipos en septiembre y que ello sería un respiro para las hipotecas. Para empezar me remito a mis incipientes Apuntes de Economía y mi explicación sobre el tipo de interés oficial y el euribor, que no son lo mismo, aunque en condiciones normales siguen tendencias similares. Esa normalidad no la tenemos en este momento porque nuestros bancos europeos no se fían un pelo los unos de los otros (crisis de confianza) debido a que algunos de ellos tienen dinero metido en productos financieros inseguros (crisis de riesgo) y necesitan euros en metálico para devolvérselos a los incautos inversores, arrepentidos y presos del pánico (crisis de liquidez).

Así que de respiro nada. Con independencia de lo que haga Trichet en septiembre, el euribor puede hacer malabarismos en los próximos meses y vamos a ver muchos dientes de sierra en la trayectoria ascendente del interés hipotecario. El euribor se comporta como el precio de la leche: si millones de chinos de ponen de acuerdo para beber más, su valor en el mercado sube porque las vacas dan lo que pueden dar. Lo mismo con el precio del dinero: las colas de los cajeros se empiezan a saturar y los bancos necesitan billetes físicos para reponer. Y claro, los billetes también son escasos porque se imprimen de forma controlada, si no no tendrían valor.
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Made in China

Hace un par de años me preguntaban en una prueba de selección lo que pensaba sobre la deslocalización de empresas. Mi respuesta fue distinguir entre el corto, el medio y el largo plazo. A largo plazo todos muertos -célebre keynesianada que nadie ha rebatido hasta la fecha. A corto las empresas industriales clásicas pierden los nervios por el coste laboral/beneficio. Pero a medio plazo siempre podemos pensar que el tiempo y el mercado harán los ajustes oportunos para que cada uno se coloque en su sitio.
Desgraciadamente, muchos trabajadores de Delphi no podrán ver a su antigua empresa irse de Marruecos antes del 2020, una vez amortizada la subvención concedida por nuestro vecino. Y los que sí lo vean entonarán el yatelodije. En cambio, aquellas empresas que se han ido a reducir costes a Polonia, Rumanía o Bulgaria tardarán menos años en comprobar con horror que sus trabajadores también tienen aspiraciones económicas occidentales que el tiempo y el mercado acaban concediendo.
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Un 4% de confianza


Pues lo cierto es que me parece una cifra muy redonda y positiva, a pesar de la aureola dramática de esos titulares que hablan de desaceleración. Otra cosa es lo que se percibe en la calle. La gente se mira el bolsillo y ve que tiene agujeros. Te vas a dar un paseo por el Sardinero y ves menos gente que otros años por estas fechas, además de más coches caros en venta. Tu amigo el director de sucursal te cuenta que ahora la gente es más remolona con los pagos. Aquel conocido que vende pisos dice que no hay manera. Y el de la tienda de la esquina te dice lo mismo, que la gente está pillada por culpa de ese tal euribor y de la madre que parió a ZP. Encima la gente se encuentra con la crisis crediticia en la tele y no sabe lo que pasa porque no entiende de ingeniería financiera pero no suena muy bien la cosa.

Sólidos, líquidos y gaseosos


Abrumado por la cantidad de noticias monetarias que están saliendo en pleno verano, me propongo hacer un esfuerzo de síntesis y explicar algo de lo que está pasando de forma que se me entienda. Vamos por partes.


La verdad es que elementos sólidos en economía no hay muchos últimamente. Durante siglos lo único que tenía valor eran los metales, principalmente el oro y también la plata -que hoy sólo se venera en Argentina y algún país hermano. Después llegaron los bancos y empezaron a custodiar el vil metal ofreciendo al propietario un justificante por el valor de su tesoro. Con el tiempo, los bancos consiguieron que ese justificante tuviera valor en sí mismo y que la gente se olvidara del metal, que era más difícil de imprimir. Los justificantes pasaron a llamarse billetes, se convirtieron en la base de la economía y en el salvavidas del Estado, desde que asumió el monopolio de la "impresora" y adjudicó su explotación al Banco Central. Durante algún tiempo, a algunos bancos centrales se les fue la mano imprimiendo billetes y descubrieron la inflación, pero no tardaron en ponerse de acuerdo para hacer las cosas bien mediante sistemas mejor o peor avenidos como el patrón-oro, dolar-oro o el actual, con un puñado de divisas fuertes controladas con independencia y disciplina férrea.
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De ladrillos y chimeneas

No quería dejar pasar más tiempo sin colgar algo relacionado con la economía de la Tierruca, que, al fin y al cabo, es lo que me queda más cerca. Y me he tropezado con la prensa regional y las quejas de algunos ciudadanos del barrio de Nueva Montaña que sufren lo mucho que contamina la mole industrial que allí se levanta. Mole que lleva allí cien años y da de comer a más de 600 personas, sin contar con la actividad económica indirecta que genera. Mole que ahora estropea las vistas de la megaurbanización aledaña, además de la salud de sus habitantes.
Pues la verdad es que yo nunca he creído en la rentabilidad de una Cantabria Gran Reserva, así que poco voy a contribuir al argumentario verde. Me interesa echar una lanza en favor del sector industrial de la región, en contraposición con aquellos que piensan que nuestro futuro pasa por el monocultivo del ladrillo. Lo cual no implica que haya que ser exigente y buscar soluciones sostenibles (me encanta este término y pienso seguir utilizándolo hasta el desgaste). Pero no podemos acostumbrarnos a que los halcones del ladrillo nos vendan la moto del pisito con fórmulas como la utilizada por algunos comerciales: - "Ah, la fábrica esa, en dos años la cierran, pero no se lo digas a nadie". Es curioso que, a pesar de que esta urbanización está construida sobre marismas y el entorno no es el más apropiado para la salud, se han pagado fortunas "como inversión". Y no me meto con los que han comprado para vivir o los que lo han conseguido por sorteo, que tienen todo el derecho a quejarse por salud. Me meto con los que pretenden forrarse a costa de un futuro cierre de una fuente de actividad económica no especulativa, que aporta empleo de verdad y valor añadido, cosa que la "locomotora nacional" no va a permitir por mucho más tiempo. Si es que ha hecho algo en los últimos diez años aparte de quemar suelo y bolsillos.
No sé por qué me da que este artículo lo tendré que repetir pero cambiando la fábrica de Nueva Montaña por otras de nuestra región. Tiempo al tiempo.
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Los del ladrillo se enfadan


Ustedes se han presentado ante nuestros dirigentes indignados por lo que consideran una campaña de desprestigio, como si esto fuera un problema ético. Nada de eso. El problema es de eficiencia, señores. Porque la economía española no puede seguir cogida por las nobles partes. Al fin y al cabo lo único que ofrecen ustedes es suelo, techo y paredes. Osea: nada. Lo que realmente vale es la actividad que se puede generar dentro, llámese hogar consumidor o ahorrador, empresa productora, comercial o de servicios. A pesar de ello, los españoles nos hemos endeudado de por vida para pagar por algo que no vale nada en sí mismo. Esta es la gran contradicción de nuestra economía: dilapidamos todos nuestros recursos para POSEER algo que NO VALE y luego no nos queda con qué empezar a darle un USO que SI VALE. Y encima exigimos al Estado ayudas para todo. Lógico, con todos los huevos en la cesta del ladrillo cómo vamos a pagar la guardería. Pero el problema no es la falta de ayudas sino nuestra incapacidad para apostar por organizar nuestra economía en torno al valor real de las cosas.   Leer más

El problema es el bolsillo

Si uno tiene cinco amigos, les pregunta cuál es el principal problema de la economía española y consigue que no le manden a tomar viento, seguro que tres de ellos responderán que los salarios bajos, uno que el precio de la vivienda y otro -el más sesudo del grupo- la competitividad con el exterior. Es más, me la juego a que una encuesta con rigor científico y una muestra aceptable daría el mismo resultado.

Lo lógico es que, ante semejante cuestión, el preguntado se mire el bolsillo y lo vea lleno de telarañas. En mi círculo de amigos y conocidos es así, lo cual no impide que un importante número de ellos esté embarcado en aventuras hipotecarias. Además, estoy seguro de que el precio de la vivienda no lo ven como un problema sino como una ley de vida que se llevaría mejor con una nómina más presentable o, incluso, como el atractivo que justificó la "inversión". Posiblemente, el que dijo que el problema principal es el precio de la vivienda vive con sus padres. Y el que se refiere a la competitividad de las empresas tiene cierto conocimiento de la causa y no creo que muchos problemas para llegar a fin de mes.
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Verdades, mentiras y estadísticas

Esta mañana me he levantado con una perla socio-periodística muy interesante: los españoles se consideran "católicos y liberales". Me ha costado bastante encontrar la fuente de esta conclusión y parece ser que se trata de la encuesta del CIS del mes de abril, sólo que ningún dato de la famosa estadística oficial permite correlacionar catolicismo con liberalismo, como no es posible mezclar churras con merinas por mucho que se intente. El caso es que llevo ya algún tiempo viendo más coincidencias del mensaje evangélico con la social-democracia que con la mezcla de corrientes de la derecha. Cierto es que a la primera no le gusta nada identificarse con la Iglesia ni a la inversa. Pero no es menos cierto que ese matrimonio de conveniencia de la derecha con los representantes de Jesús en la tierra desentona bastante con las Bienaventuranzas.
Toda esta declaración pública de mis convicciones religiosas y políticas viene a cuento porque yo me considero creyente en la libertad de mercado (en la otra vida, claro) y, en ese sentido soy liberal, pero también cristiano convencido y practicante, lo cual me obliga a ser crítico con las contradicciones de este mundo. Así que, mientras llega la otra vida con su verdadera libre-economía, bueno es un poco de intervencionismo para equilibrar las miserias de este mundo. Que con la ayuda de los 2500 euros dar vida ya es más fácil que construir un mercado energético eficiente. Pero eso no quita para que crea que el cielo sea un paraíso donde no harán falta medidas electoralistas y donde nunca tendremos apagones.
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Ha comenzado la subasta

Primero fueron los 2500 euros de ZP. Después la promesa de bajada de impuestos de Rajoy. Ahora le llega el turno a la vivienda joven. Antes de pasar a un análisis pormenorizado de las promesas tengo que reconocer que no esperaba un entusiasmo tan decidido por hablar del alquiler, en un país que cada vez cree menos en los políticos y que sólo entiende de cuota mensual a pagar al banco. Al fin y el cabo, alquilar es tirar el dinero y el objetivo de todos pasa por comprar, aunque sea pagando intereses durante toda la vida (que es otra forma de pagar alquiler, en este caso, por el dinero prestado).
Así que hablar de facilitar el alquiler no me parece muy electoralista que digamos. Pero, a la espera de promesas más vendibles -aunque no mejores, por supuesto- paso a comentar lo poco que han soltado nuestros líderes.
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